2.7.08

Salvador Allende y el Perú

Por Antonio Zapata
La República, Lima, 03/07/08


Hace pocos días se celebró el centenario del ex presidente chileno Salvador Allende. Con este motivo, en Tacna algunos periodistas han recordado que pasó su infancia en esa ciudad. En efecto, Allende nació en Valparaíso pero muy niño llegó a Tacna y ahí estuvo sus diez primeros años. El niño Salvador Allende fue a la primaria durante la época más dura de la ocupación. Esos años se conocen como la chilenización, un proceso violento y drástico ordenado por el ocupante; se expulsaron a los peruanos recalcitrantes y toda la sociedad adoptó un patriotismo chileno encendido.

El padre de Allende era notario y participó del nacionalismo de sus días, escribiendo versos que celebraban la victoria mapochina contra el Perú. El niño Salvador Allende no conoció a su abuelo, pero él había sido médico, gran maestre de los masones y fundador del Partido Radical. El abuelo ausente había sido un decidido anticlerical y se convirtió en el paradigma del futuro presidente. Más tarde, al terminar la secundaria en su Valparaíso natal, Allende hizo el servicio militar y se alistó como subteniente en el regimiento Lanceros de Tacna. Según sus biógrafos sentimentales, quería lucir el uniforme delante de su primer amor, la joven peruana Blanca Barreto.

Más de tres décadas después, convertido en un político experimentado, Allende visitó Lima en un momento fundamental. Pocas semanas antes de su llegada, el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, emprendió una gira latinoamericana y fue recibido con marcada hostilidad en Lima. En San Marcos los estudiantes lo abuchearon ruidosamente y se tuvo que retirar de la Casona. Los estudiantes eran firmes entusiastas de la revolución cubana. La protesta antinorteamericana fue dirigida por el entonces presidente de la Federación de Estudiantes, Alfonso Barrantes. Los jóvenes apristas se dividieron en dos grupos. Unos con Barrantes junto a Cuba y contra los EEUU. Los otros jóvenes apristas, con Orestes Rodríguez a la cabeza, prestaron apoyo al desplazamiento de Nixon.

En un ambiente de intensa lucha interna, Alfonso Barrantes y Héctor Cordero fueron separados del PAP, que a continuación convocó a la IV Convención Aprista. Este evento se realizó en octubre de 1959 en el local de Alfonso Ugarte. Fue una convocatoria masiva que se desarrolló contando con más de 2,500 delegados plenos. El tema fue la infiltración marxista y se resolvió expulsando a ocho militantes, entre los que se encontraban Luis de la Puente Uceda, Carlos Malpica y Gonzalo Fernández Gasco. La mayor parte del núcleo de expulsados formó luego el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, que protagonizó la trágica guerrilla de 1965. Los otros se encuentran entre los forjadores de la izquierda legal de los años 80.

En esa ocasión, Allende visitaba Lima como parte de una delegación invitada por el APRA. Eran varios líderes de partidos socialdemócratas latinoamericanos que habían venido para el mitin de la Fraternidad de 1960. Fue multitudinario, se reunieron miles de personas para escuchar a Ramiro Prialé y a Víctor Raúl Haya de la Torre. Eran los días de la convivencia con Manuel Prado y el mensaje fue bastante conciliador.

Al día siguiente hubo una nueva concentración. Fue en Chacra Ríos para escuchar a los invitados internacionales. En esa manifestación se produjo un serio debate entre José Figueres, ex presidente de Costa Rica y Salvador Allende, quien había sido candidato a presidente por la izquierda chilena, arribando en segundo lugar muy cerca del ganador. Figueres estuvo a favor del alineamiento con los EEUU contra la insurgencia comunista. Por el contrario, Allende defendió la unidad de las izquierdas contra el imperio. La multitud se alineó completamente con el líder chileno y lo premió con calurosos aplausos. Cuentan que Haya se molestó mucho, tanto que pronunció el discurso más corto de su vida. Apenas unos minutos para agradecer y despedirse.

Así era Allende. Conoció el Perú desde pequeño y fue muy cercano al APRA de ese entonces. Su simpatía se basaba en una idea básica: buscar la igualdad social dentro de la democracia. Pero, discrepaba del PAP porque era partidario de marchar con la izquierda por un camino antiimperialista. Ese rumbo lo llevó al martirologio. Como él mismo dijo en su último mensaje, "se abrirán las anchas alamedas". Por ellas transitan los héroes populares

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