26.1.09

Obama, Guantánamo y el terror

Carlos Fazio
La Jornada, México, 26/01/09


Las órdenes ejecutivas firmadas por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para cerrar el campo de concentración de Guantánamo y acabar con la tortura, las cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y los traslados de prisioneros de guerra a regímenes autoritarios clientes, van en la dirección correcta. Pero quedan aún muchas dudas. La principal: si Obama dará luz verde para que Bush, Cheney, Rumsfeld, Powell, Rice, Negroponte y otros sean juzgados por crímenes de guerra.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Camp Five (antes X-Ray y Campo Delta) de Guantánamo –esa daga estadunidense clavada en el centro de la cubanía donde todavía permanecen cerca de 250 prisioneros– se convirtió en el “no lugar” de la justicia mundial. Pero no era el único símbolo del terrorismo de Estado a escala planetaria practicado por la administración de Bush. Incluso antes de Abu Ghraib, símbolo de la capucha y el sadismo sexual como herramientas de tortura, y de los campos de concentración de Whitehorse, Cropper, Qaim y Samarra, todos en Irak, ya habían sido asesinados, mediante tormentos, detenidos afganos en la base aérea de Bagram, cerca de Kabul.

Asimismo, decenas de “combatientes enemigos”, que durante años permanecieron en un limbo legal como rehenes de Washington al margen de las convenciones de Ginebra para los prisioneros de guerra, fueron trasladados en vuelos secretos de la CIA, a “sitios negros” o “prisiones fantasmas” que formaron un Gulag americano (Al Gore dixit) desparramado por 40 países, 14 de ellos de Europa (incluidos España, Alemania, Rumania, Polonia, Portugal) y a barcos-prisión fondeados cerca del territorio británico de Diego García, una isla en el océano Índico.

En nombre de la orwelliana “guerra al terrorismo” –un enemigo al que no se puede vencer porque es sólo una forma de violencia política, y que fue creado para generar miedo paranoico en función de la guerra permanente de Bush necesaria para la construcción del “imperio americano del siglo XXI”–, la Casa Blanca autorizó el uso de la tortura en esos apartheid de la legalidad y la justicia, por medio de documentos secretos emitidos por el Departamento de Justicia cuando el fiscal general era Alberto Gonzales. Ya antes, el fascista Donald Rumsfeld había dado la orden: “Atrapen a quien deban. Hagan con ellos lo que quieran”. Entonces, junto a nuevos métodos de experimentación humana para probar el aguante al sufrimiento y la “conversión” de la víctima, reaparecieron la picana eléctrica, el submarino (waterboarding o asfixia simulada), el pentotal sódico y los perros de ataque. La tortura como estrategia de gobierno, exhibida mediáticamente para amedrentar a la población dominada. Y también los secuestros, las desapariciones forzosas y los asesinatos selectivos. Al respecto, George W. Bush se ufanó en varias ocasiones de “haber sacado de circulación a unos 3 mil terroristas”.

Como dijo en septiembre de 2006 Gideon Levy a propósito de las matanzas en Gaza por los ocupantes israelíes, “que nadie diga yo no sabía”. Igual que en la Alemania nazi, los horrores de Guantánamo, Bagram, Abu Ghraib y el archipiélago de cárceles clandestinas de la CIA estuvieron siempre expuestos para quien quisiera ver y entender.

Los demócratas Barack Obama y Hillary Clinton sabían. Como recordó James D. Cockcroft, ambos aceptaron la guerra al terrorismo y votaron en el Congreso en favor de los presupuestos de guerra de Cheney/Bush, incluido el espionaje interno, la tortura y otras violaciones de derechos civiles.

Prisionero del clintonismo, rodeado de halcones guerreros como Zbigniew Brzezinski y el ex asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Anthony Lake, quien en 1993 proclamó el nuevo paradigma del enlargement (ampliación) que modificó el mapa geopolítico de Europa central, Obama prometió ahora renovar la guerra global contra el terror.

Parece obvio, pero no hay que olvidar que Obama llega a la jefatura de un país imperialista, que se encuentra en el cenit de su poderío militar y no va a cambiar su esencia ni su lógica expansionista depredadora por un cambio de hombres en la Oficina Oval. Como Bush padre y Clinton, quienes sostuvieron las políticas esenciales del reaganismo, de manera más astuta y sutil Obama/Clinton continuarán la diplomacia de guerra de Washington.

Cabe aclarar que en 1996, con el Acta Antiterrorista de Janet Reno, Bill Clinton se anticipó y allanó el camino a la Ley Patriótica de John Ashcroft y Alberto Gonzales. Es previsible, pues, que la nueva fase de militarización imperial adoptará un “rostro más humano”.

No más tortura y nadie por encima de la ley, dijo Obama. Bien. Pero para ello su gobierno deberá derribar el andamiaje seudo-legal construido por Bush y compañía para amparar la tortura y el asesinato al margen de las normas del derecho internacional. A su vez, la práctica de la tortura anula cualquier posibilidad posterior de enjuiciar a los detenidos, ya que las pruebas obtenidas de esa forma no resisten el filtro de legalidad de Estados Unidos y las convenciones de Ginebra que, según Obama, recobrarán ahora plena vigencia. Sin embargo, el cierre de campos de concentración en el plazo de un año representa un auténtico embrollo o quebradero de cabeza jurídico: ahora los únicos responsables son aquellos que permitieron o coadyuvaron a la existencia de esa red, aplicaron aberrantes métodos de coacción física y generaron la impunidad para dichas acciones.

Al final, la gran paradoja es que si el antiterrorismo tenía como objetivo acabar con el terrorismo yihadista –lo que no se logró–, existen ahora pruebas legalmente válidas que servirán para enjuiciar a quienes participaron directa e indirectamente en las más atroces prácticas del terrorismo de Estado bushista. Y como dijo el Nobel Paul Krugman en “¿Perdón y olvido?” (The New York Times, 20/1/09), si se encubre a quienes durante ocho años rompieron la ley sin remordimientos, se garantizará que vuelva a suceder.

12.1.09

Gaza: preguntas y respuestas

Emir Sader
La Jornada. México, 12/01/09


1) Las cuestiones de fondo en el conflicto palestino son el veto estadunidense y la oposición militar israelí a la resolución de Naciones Unidas acerca del derecho al establecimiento de un Estado de Israel y de un Estado palestino. El primero existe, por eso Estados Unidos –con su veto en el Consejo de Seguridad– e Israel, con la ocupación de los territorios palestinos, impiden que la resolución de la ONU sea puesta en práctica, única salida justa y con posibilidades de promover una paz duradera.

2) En las elecciones más democráticas realizadas en la región –de acuerdo con lo corroborado por la propia Fundación Carter– Hamas ganó. Las potencias occidentales, junto con Israel, promovieron el boicot a éstas, desconociendo la voluntad expresa de los palestinos. Esa es la razón coyuntural más cercana de los conflictos actuales.

3) Si Hamas es considerada una organización terrorista –que nunca invadió el territorio de Israel–, ¿cómo debe ser considerado el Ejército de ocupación israelí?

4) La teoría de las “guerras humanitarias” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), formulada por Tony Blair, promovió el bombardeo y la intervención en Yugoslavia, acusada de practicar una limpieza étnica. ¿No se aplica la mismísima teoría a Israel?

5) ¿Qué se debe hacer para que Israel pare la “carnicería” –según expresión de Lula– en Gaza?

6) La ruptura de la tregua no partió de Hamas sino de Israel, que en noviembre mató a seis dirigentes de esa organización.

7) El presidente de la República Checa, que también lo es de la Unión Europea desde el pasado 1º de enero, dice que “la acción de Israel es defensiva” (sic). Argumento similar utiliza la corriente revisionista de la historia alemana, que alega que los campos de concentración del nazismo fueron una acción preventiva (sic) equiparable –según el mismo razonamiento– a la represión bolchevique en la Unión Soviética.

8) La tesis central del sionismo señala que Israel es un pueblo escogido, de acuerdo con interpretaciones de textos religiosos anteriores al nazismo. De ahí que el holocausto sufrido en Alemania no puede ser comparado con nada. Esto es: el sufrimiento ajeno, inclusive el perpetrado por ellos, nunca es igual al propio. Comparte con Estados Unidos la tesis sobre el destino manifiesto, y acerca de Medio Oriente asume que le está predestinado y allí debe rescatar a la humanidad de la barbarie, imponiéndole su sistema político, fundado –supuestamente– en la libertad.

9) Israel justifica el bombardeo indiscriminado contra Gaza afirmando que en cualquier lugar, según ellos –mezquitas, escuelas, hospitales, etcétera–, podrían estar escondidas bombas y militantes de Hamas. La universidad atacada sería, según esta interpretación, un antro de profesores y estudiantes de Hamas. Atacan todo con la misma visión que los estadunidenses a Vietnam: hay que sacar el agua (el pueblo) a los peces (los militantes). Así se buscó destruir Vietnam, con bombas de napalm y terrestres, que hasta hoy los vietnamitas siguen removiendo.

10) Circula por ahí el desvergonzado argumento, para defender la carnicería israelí, que pregunta qué haría Brasil si un país fronterizo –algunos se atreven a mencionar a Uruguay– amenazara su existencia, sugiriendo que debiera hacer con ese vecino lo que Israel ejecuta contra palestinos de Gaza: una guerra de exterminio. En primer lugar, Brasil no ocupa ningún otro país y si algún gobierno aventurero lo intentara, no tendría ninguna posibilidad de conseguir el consenso interno que Israel obtiene para hacer la guerra a los palestinos: sus fuerzas democráticas se lo impedirían. Fue preciso que existiera en Brasil una feroz dictadura militar para enviar tropas a República Dominicana, junto con las de Estados Unidos, y ahogar así el movimiento democrático en aquel país. En segundo lugar, Uruguay, país de larga tradición democrática, nunca representará un riesgo de extinción para Brasil ni para ningún otro vecino. Es un sofisma ese argumento, al igual que el de Obama visitando Israel durante la campaña electoral, cuando dijo que si amenazaban a sus hijas, dormidas en su casa, se permitiría cualquier acción agresiva para defenderlas. Su silencio actual demuestra que las hijas de los israelíes son privilegiadas comparadas con las de los palestinos: éstas ocupan diariamente la prensa, heridas, aterrorizadas o en las morgues, esperando lugar para ser enterradas. Quien hoy no se indigna ante la masacre israelí y se refugia en el silencio o en sofismas, perdió su humanismo hace mucho tiempo.

11) Se puede hacer cualquier cosa con los misiles, menos sentarse encima de ellos (adaptando a esta época la fórmula clásica: antes eran las bayonetas). O sea que una victoria militar puede ser perdida políticamente por Israel. En Vietnam también la proporción era de una víctima estadunidense por 10 o 100 vietnamitas (allá también se mataba indiscriminadamente y se decía que eran guerrilleros: todo muerto se convertía en uno). En algún momento se exigirá el establecimiento de un nuevo acuerdo político, y éste, ¿Israel cree posible lograrlo con el odio que genera la carnicería que está produciendo, a lo que suma el extendido repudio de la opinión pública internacional?

12) Ningún pueblo del mundo que oprime a otro puede vivir en paz. Israel nunca tendrá paz mientras los palestinos persistan en defender su derecho a construir un Estado soberano.

13) Más que nunca los judíos de izquierda, progresistas o simplemente pacifistas, los que no están de acuerdo con la masacre de Israel al pueblo de Gaza, tienen que manifestarse para que no se los incluya en la justa condena a esa nación y al sionismo.

14) Yo no tengo raíces islámicas, a pesar de mi nombre. Soy hijo de libaneses católico-maronitas. Mi identificación con los palestinos hoy es la misma que tuve –como tantos– con los vietnamitas. Hoy, somos todos palestinos.