30.11.07

Un premio a la dignidad humana

Escribe
JOSÉ SARAMAGO
Escritor Premio Nobel

Si yo tenía que recibir hoy una alegría, debía ser ésta del premio Cervantes de Juan Gelman. En primer lugar porque es un gran poeta. Cabe decir que durante muchos años se ha mantenido -quizá a sí mismo- en una especie de penumbra. Todo el mundo era consciente de la grandeza de su obra, pero no aparecía a menudo en los periódicos. Sólo hace pocos años, y quizá también desde la concesión del premio Reina Sofía, su nombre empezó a ocupar en las preferencias literarias y artísticas -y humanas en general- de mucha gente el lugar que le corresponde.

Yo tuve una pequeña parte en la carta que escribió al presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, quien no parecía dispuesto a dar orden de profundizar en la investigación sobre los restos del hijo de Juan Gelman. Creo que la carta produjo su efecto y al cabo se llegó al descubrimiento de una nieta de Juan y a su encuentro con ella. Juan ha vivido momentos muy duros con la preocupación casi obsesiva de no saber dónde estaban los suyos e hizo de esa preocupación casi el objetivo de su vida, que en parte ya ha logrado.

Pilar, mi mujer, y yo, estuvimos hace casi un mes en Buenos Aires y visitamos el Parque de la Memoria donde, de una manera absolutamente emocionante, se ha levantado un muro de treinta mil ladrillos, cada uno de ellos con el nombre de un desaparecido. Las personas que visitan el parque y llevan flores las lanzan al Río de la Plata en memoria de todos los que fueron torturados. Pero, claro, el premio no es por esto.

Gelman es gran poeta y hoy ha tenido un reconocimiento porque a lo largo de los años, como escritor y como persona, ha mantenido una lucha en busca de la verdad. Por eso creo que el ladrillo que tiene el nombre de su hijo, el nombre y nada más -al igual que el resto de los 30.000, que recuerdan a los que perdimos- se convertirá en una especie de lugar de peregrinación. Con esa pérdida, y con tantas otras, nosotros también ganamos, en el sentido de que si necesitáramos héroes sabemos que los tenemos allí. Había incluso chicos de 14 años, mujeres embarazadas... Es un lugar de sufrimiento. Aunque creo que el ser humano no es susceptible de aprender con su propia experiencia.

La obra de Gelman tiene un componente moral, no moralizante -está por encima de las buenas intenciones y las palabras bonitas-, sino radicado, producido por la vida misma que le ha impuesto al poeta ser como persona aquello que en el pasado jamás pudo imaginar. Y como esto está en la obra de Juan Gelman, se quiera o no se quiera, debemos interpretar el Cervantes de este año como un premio a la dignidad humana.

(Publicado originalmente en ABC, Madrid, 30 de noviembre de 2007)

29.11.07

Juan Gelman galardonado con el Premio Cervantes 2007

El poeta argentino Juan Gelman, de 77 años, fue galardonado hoy en España con el máximo premio de literatura de la lengua española, el "Cervantes", se informó oficialmente en Madrid. El galardón, instituido en 1974, es otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Este reconocimiento se suma a los ya recibidos por Gelman como el Nacional de Poesía argentino, el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El Ministerio español de Cultura otorga el Cervantes en reconocimiento al conjunto de la obra de un escritor.

El premio está dotado con 90.450 euros (133.300 dólares) y fue anunciado por el ministro de Cultura de España, César Antonio Molina, tras la reunión que mantuvo el jurado, presidido por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha.

Jorge Luis Borges figura entre los destacados escritores argentinos, además de españoles y latinoamericanos que -por lo general, de manera alternativa- se hicieron acreedores de este galardón. Algunos otros fueron Alejo Carpentier (Cuba), Dámaso Alonso y Rafael Alberti (España), Juan Carlos Onetti (Uruguay), Octavio Paz y Carlos Fuentes (México), Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares (Argentina), Augusto Roa Bastos (Paraguay), Mario Vargas Llosa (Perú), Jorge Edwards (Chile).

El 23 de abril de 2008, coincidiendo con la fecha en que se conmemora la muerte de Miguel de Cervantes, el rey de España, Juan Carlos I, presidirá la entrega del galardón a Gelman, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá.

El poema

Entra como un ladrón, roba desastres, se lleva
calles donde morí,
lo que ha fingido ser en una
estación sin viaje, guarida
de los besos caídos.

¿Qué hace
con la tierra sin brisa,
los arrabales del ninguno?

No primavera en su pañuelo tibio
como una desnudez. Se prueba
el dolor y cumple
su promesa de nuncas.

Todo lo que hace mal
en él canta.

Esta noche.
Hijo, podés venir.

(“El poema” forma parte de País que fue será, recién editado por Visor, que además ha reunido en Sidney West y otros poemas tres libros de Gelman anteriores a su exilio en 1975).

Daniel Viglietti en Uppsala

(Federación de Organizaciones de Uruguayos en Suecia/
Uruguayanska Riksförbundet)
F.O.U.S.

Presenta al mundialmente conocido cantautor uruguayo/
den världsberömda folksångaren från Uruguay

Sábado 1 de diciembre
/Lördag 1 december

Dirección/Adress:
Slottsbiografen / Nedre Slottsgatan 6B /
753 09 Uppsala

Hora/Tid: 19.30

Entrada/Entré: 160 kr

Artista invitado/ Kvällens gästartist: Jan Hammarlund

Entradas/ Biljetter

Veronika Engler: veronika.engler@bredband.net
Sergio Acosta: sergio.acosta@sll.se

Telf.:
018 244684
0707317436

LAS ENTRADAS SE PAGAN AL PLUSGIRO DE LA F.O.U.S : 228287 - 9

Lo recaudado en las actuaciones se destinará a apoyar el
Fondo Raúl Sendic en Uruguay


INVITAN

F.O.U.S.
CASA URUGUAY DE UPPSALA
ABF

25.11.07

Un argentino en el París de los '60

José "Pepe" Fernández


Se instaló en Francia en 1954, y fue un fiel representante de la bohemia argentina en el exilio parisino. Murió hace un año, en su buhardilla de la rue du Four. Pepe Fernández era escritor y fotógrafo, amigo de Victoria Ocampo y su círculo. A esas personas con las que se codeaba retrató en fotos tomadas con espontaneidad, nunca en un estudio: momentos robados a Borges, Silvina Ocampo, Bioy Casares, Cortázar, María Elena Walsh, Italo Calvino, Pablo Neruda, Manuel Mujica Lainez. Y ahora algunas de esas tomas inéditas y privadas se pueden ver en la casa de Victoria Ocampo, apenas un preludio a las retrospectivas de su obra planeadas para el año que viene en galería Vasari y el Museo Fernández Blanco.

Julio Cortázar

Jorge Luis Borges

(Del suplemento Radar, Página/ 12, Buenos Aires, 25 de noviembre de 2007)

22.11.07

Ramonet y los private equities

Nuevo capitalismo

Escribe
Ignacio Ramonet

Al tiempo que el discurso crítico -llamado en otro tiempo altermundialista- contra el horror económico se enreda y se vuelve repentinamente inaudible, se instala un nuevo capitalismo, todavía más brutal y conquistador. Es el de una nueva categoría de fondos buitre, los private equities, fondos de inversión rapaces con apetito de ogro que disponen de capitales colosales (1).

El gran público no conoce bien los nombres de estos titanes: The Carlyle Group, KKR, The Blackstone Group, Colony Capital, Apollo Management, Partners Cerberus, Starwood Capital, Texas Pacific Group, Wendel, Eurazeo. Y al abrigo de esta discreción se aprestan a apoderarse de la economía mundial. En cuatro años, de 2002 a 2006, el monto de los capitales reunidos por estos fondos de inversión, que recogen dinero de los bancos, de las empresas de seguros, de los fondos de pensiones y de los bienes de particulares muy ricos, pasó de 94.000 millones de euros a 358.000 millones. Su capacidad financiera es fenomenal, supera los 1.100 millardos de euros. No hay quien se les resista. El año pasado en Estados Unidos los principales private equities invirtieron alrededor de 290.000 millones de euros en compra de empresas, y más de 220.000 millones sólo en el curso del primer semestre de 2007, haciéndose así con el control de 8.000 empresas... Ya un asalariado estadounidense de cada cuatro, y un asalariado francés de cada doce, trabaja para estos mastodontes (2).

Después del Reino Unido y Estados Unidos, Francia es el principal blanco. El año pasado se apoderaron de 400 empresas (por una suma de 10.000 millones de euros) y administran ya más de 1.600. Marcas muy conocidas, como Picard Surgelés, Dim, los restaurantes Quick, Buffalo Grill, Páginas Amarillas, Allociné o Afflelou, se encuentran bajo el control de los private equities, casi siempre anglosajones, que ahora planean sobre gigantes del CAC 40 (3).

El fenómeno de estos fondos rapaces surgió hace quince años, pero estimulado por créditos baratos y a favor de la creación de instrumentos financieros cada vez más sofisticados, cobró en los últimos tiempos una dimensión preocupante. El principio es simple: un club de inversores afortunados decide comprar empresas a las que inmediatamente después administra de manera privada, lejos de la Bolsa y sus normas coactivas, y sin tener que rendir cuentas a accionistas puntillosos (4). La idea es eludir los principios mismos de la ética del capitalismo apostando exclusivamente a las leyes de la jungla.

Concretamente, las cosas suceden así, según la explicación de dos especialistas: "Para adquirir una empresa que vale 100, el fondo pone 30 de su bolsillo (se trata de un porcentaje promedio) y pide prestados 70 a los bancos, aprovechando tasas de interés muy bajas. Durante tres o cuatro años reorganiza la empresa con los administradores que tenía, racionaliza la producción, desarrolla actividades y capta toda o parte de las ganancias para pagar los intereses... de su propia deuda. Después de lo cual, revende la empresa a 200, por lo general a otro fondo que hará lo mismo. Una vez devueltos los 70 pedidos en préstamo, le quedan 130 en el bolsillo, por una puesta inicial de 30, es decir, más del 300% de tasa de retorno sobre inversiones en cuatro años. ¿Quién da más? (5).

Mientras personalmente ganan fortunas demenciales, los dirigentes de estos fondos practican sin escrúpulo los cuatro grandes principios de la racionalización de las empresas: reducir el empleo, comprimir los salarios, aumentar los ritmos y deslocalizar. Alentados en esto por las autoridades públicas, que como hoy en Francia sueñan con "modernizar" el aparato de producción. Y en perjuicio de los sindicatos que ponen el grito en el cielo y denuncian el fin del contrato social.

Había quienes creían que con la globalización el capitalismo se daría finalmente por satisfecho. Ahora vemos que su voracidad parece sin límites. ¿Hasta cuándo?

NOTAS

(1) Véase Frederic Lordon, "El mundo, rehén de las finanzas", en Le Monde diplomatique, edición española, septiembre de 2007.

(2) Véase Sandrine Trouvelot y Philippe Eliakim, "Les fonds d'investissement, nouveaux maîtres du capitalisme mondial", Capital, París, julio de 2007.

(3) Cotation Assistée en Continu. Índice bursátil francés. Es una medida ponderada según la capitalización de los cuarenta valores más significativos de entre las 100 mayores empresas negociadas en la Bolsa de París.

(4) Véase Philippe Boulet-Gercourt, "Le retour des rapaces", Le Nouvel Observateur, París, 19 de julio de 2007.

(5) Véase Capital, op. cit.

(Publicado originalmente en Le Monde Diplomatique, Nº 145,
noviembre de 2007)

19.11.07

Charla sobre El Salvador en CETAL

Este miércoles 21 de noviembre, a las 19:00 horas, Jorge Schafik Handal Vega, hijo del histórico líder del FMLN y diputado del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), estará informando, en el marco de una charla organizada por CETAL (S:t Johannesgatan 2, 2 tr.), sobre la situación actual de El Salvador y también sobre las próximas elecciones para el 2009, donde, según ha trascendido, se dan muchas posibilidades para que el FMLN pueda obtener una victoria electoral.

Marx no era marxista

Escribe
Alejandro Michelena


Uno de los graffitis más originales fue el que se podía leer en Montevideo, en un muro frente al Parque Rodó. Estaba escrito en condicional y decía: “Si Groucho hubiera escrito El Capital...”

A más de un marxista dogmático debe haberle parecido una herejía. Pero otros la leyeron con amplitud y llegaron a la conclusión que el anónimo escriba era un buen lector de Marx. Como aquel aventajado discípulo del Gorgias en la parábola de Rodó, al atreverse a cuestionar con buen criterio e inteligencia al maestro le era fiel en lo esencial.

Esta pequeña anécdota viene a cuento a la hora de esbozar la figura y la significación de Carlos Marx en este nuevo milenio. No hay que olvidar que durante gran parte del siglo XX, la figura de este filósofo, economista y agitador prusiano fue mitificada a grados extremos. Y si bien fueron muchos los intelectuales que, aplicando la propia dialéctica marxiana osaron interpretarlo, cuestionarlo e interpelarlo, para millones de individuos en muchas partes del mundo los libros de éste operaron de manera idéntica que el Corán para los mahometanos o la Biblia para los cristianos.

Hoy se ha pasado al otro extremo. De ser infaltables en toda librería y hasta en los quioscos, los títulos de este Marx han sido condenados al purgatorio de las mesas de liquidación. Y no han faltado quienes, muy sueltos de cuerpo, han procurado decretar que Marx estaba equivocado, y que nada de lo que pensó y escribió conserva vigencia.

Esa manera de ver las cosas, que tanto se acepta al presente como “nueva verdad”, implica un sofisma equivalente a culpar a Jesucristo de la Inquisición, el dogmatismo católico, la crueldad calvinista y tantas otras tristezas que dejaron los muchos siglos de religión dogmática. El filósofo renano, que procuró darle a la utopía socialista una apoyatura conceptual, no es culpable de las abominaciones que invocando su nombre llevaron adelante personajes que –de haberlos conocido– hubiera vinculado al “despotismo asiático” que tan bien supo delinear.

Mal que le pese a tantos, el pensamiento marxiano seguirá siendo un referente insoslayable para disciplinas como la Economía, la Sociología y –mucho menos– la Filosofía.

En esta nueva fase, de todos modos, sería imposible volver a aquellos tiempos de los sesenta y setenta, en los cuales se tomaba como palabra revelada todo lo escrito por este pensador. Los aportes a la praxis social marxiana mantienen su vitalidad, con la ventaja que los aprovecharán no solamente quienes se consideren seguidores de las ideologías nacidas de la reflexión del autor de El capital. La posible “actualidad” de Carlos Marx en el siglo XXI se encuentra en medio de un caldo de cultivo esencialmente democrático –pluralista y sincrético en el más abarcador de los sentidos– que rescata como saludables las diferencias y los matices, y a partir de una concepción antropológica cada vez más integral de lo humano. Estamos muy lejos entonces del viejo materialismo mecanicista decimonónico, del chato positivismo de comienzos de la centuria pasada, y también del marxismo jacobino “de catecismo” vigente en los años setenta.

(Publicado originalmente en La Jornada Semanal, N° 663,
México, 18 de noviembre de 2007)

18.11.07

Tras las huellas del Che Guevara

Escribe
Rubén Mira


El 9 de octubre se conmemoró en el pueblo boliviano de La Higuera el 40º aniversario del asesinato del Che Guevara. El evento agotó los pasajes al lugar, previó la llegada de innumerables peregrinos de todo el continente, incluyó el recorrido de “la ruta del Che”, desde Santa Cruz de la Sierra hasta La Higuera pasando por Valle Grande, y fue una oportunidad única para medir el alcance y las formas con que la figura y el mito del Che habitan en el mundo hoy.

Santa Cruz de la Sierra

La higuera y el paraíso crecieron juntos. Abrazados, allá, en el fondo de la finca de Misiones, adonde Ernesto iba cuando era niño. El propietario del museo lleva a los visitantes a ver semejante testimonio. Pero la higuera y el paraíso, más que el resguardo de un maridaje anticipatorio, ofrecen una visión monstruosa. La higuera creció en un tirabuzón ascendente de protuberancias y brazos, envolviendo al paraíso que se esfuerza en subsistir. Michael me cuenta esta visión suya mientras buscábamos un taxi que nos lleve hasta Valle Grande, rumbo a La Higuera. Michael, mi compañero de viaje, es el corresponsal del Wall Street Journal en Argentina, está escribiendo un libro sobre el retrato del Che realizado por Korda. Ahora, la cumbia distorsionada por un volumen al máximo me impide escuchar su voz. Vamos en un taxi reacondicionado. Se llama así a los autos que fueron dados de baja en algún lugar de Oriente y llegan a Bolivia sin papeles, con el volante a la derecha. Los reacondicionan en un taller de La Paz. El volante queda a la izquierda, pero el instrumental sigue frente al asiento del acompañante. El nuestro tiene, de adentro, calcomanías en indescifrables caracteres, de afuera, sobre los guardabarros, en perfecta simetría, un calco del rostro del Che y otro del cowboy de Marlboro. Conozco este impensable nivel de condensación simbólica, este corrimiento extraño: es el cóctel boliviano. Está empezando a subir.

En el camino

El foco inicial del mito se encuentra en 1967. Al mismo tiempo en que se exhibe públicamente el cadáver del Che en Valle Grande, comienza en el mundo la difusión masiva de la imagen de Korda. Este pasaje, de la muerte a la inmortalidad, de la experiencia del monte a la cultura del poster, es el triunfo revolucionario de la era del pop sobre todo tiempo pasado. El traspaso de la energía del cuerpo a la de la imagen construye un símbolo que carga en sí todo el sentido necesario, como una granada lleva en su interior el estallido, la expansión y la muerte. Después el cuerpo y el retrato se fragmentaron en esquirlas: relatos, versiones, conjeturas. Michael escucha mi hipótesis como puede: el mito del Che nació perfecto, todo lo que vino después, el antes, es una consecuencia y no un origen. Por eso suena a redundancia y tiene, más que la intensidad épica de una construcción, el aroma amargo de una lenta descomposición. Cualquier intento de llenar los blancos se precipita en una estafa emocional. Es en su productividad en donde el mito debe ser interrogado, no en su origen.

Valle Grande

Lo primero que vimos al llegar fue el camión de Cuba el Che. Estaba cubierto con gigantografías: una imagen del retrato de Korda, una modelo en bikini con una botella de dos litros y, al fondo, una playa junto al mar. Cuba el Che, un cuba libre de izquierda, el cóctel boliviano envasado en origen en botellas individuales o de dos litros. El camión estaba en la plaza del mercado popular, rodeado de puestos de frutas y verduras, de curanderos vendiendo pociones mágicas y sacamuelas ambulantes, de niños sentados entre bolsas inmensas del pochoclo más grande del mundo que parecían esperar la llegada de gigantes o de extraterrestres, todo agitado por el ritmo de altoparlantes improvisados, con cumbias y voceadores. Alrededor del camión, se había organizado una improvisada fiesta de la que participaban incluso los policías. “Acá todos queremos ser como el Che”, fue el primer chiste en alusión a la proximidad de la imagen del guerrillero y la mujer semidesnuda. Uno de los participantes del chispeante jolgorio pidió una foto con la “niña”. “Si viene Evo le vamos a pedir que manden catorce o dieciséis de éstas”. Según ellos, el presidente de Bolivia llegaría, transformado en un ekeko representante de top models.

Pero este punto de llegada era sólo una de las caras de la ciudad durante la vigilia de la conmemoración del 40º aniversario de la muerte del Che. A sólo dos cuadras del mercado –atravesando una calle bordeada de maniquíes y almacenes, la remera del Che junto a la camiseta de Ronaldinho, el poster con la reseña de los últimos días del Che al lado de un envase de mayonesa Ri-k– está la plaza del Centro Cívico. Allí, mientras se seguía esperando a los 10 mil participantes que vendrían desde toda Latinoamérica y el mundo, casi todo era marcial. En un pequeño escenario se escuchaban himnos rituales, un grupo heterogéneo de hippies y funcionarios deambulaban desconcertados frente a la ausencia de las masas. “Los cambas les sacaron la licencia a los transportes y los caminos están cerrados. Quieren boicotear el evento”, se escuchaba. “Evo llegará esta noche y estará en La Higuera mañana”, se murmuraba como si se tratase de pasar por un teléfono descompuesto un valioso secreto de Estado. En un banco de la plaza se debatía sobre la revolución inconclusa que podría retomarse, pronto, con el enfrentamiento entre el este camba y el oeste kolla bolivianos. Mientras, frente al palco, se repartían unos volantes para un concierto de rock en homenaje al Che, auspiciado por Coca-Cola.

Esta duplicidad, una moneda transparente en donde se superponen dos capas, una con el rostro fotogafiado por Korda y otra con el mismo rostro, pero intervenido por algún artista bufo del stencil callejero, volvió a ocurrir en la famosa lavandería del Hospital Comunal. En la pared exterior un pintor improvisaba un mural frente a una artillería de cámaras de fotos y filmadoras de los distintos documentalistas y medios internacionales al acecho de algún acontecimiento relevante. En la trastienda, frente a la misma pileta donde se exhibió el cadáver del Che en 1967, estaba Milton. Tenía 8 años entonces. Ahora, con 48, ejecuta para los turistas una rutina tragicómica: pone el cuerpo del Che en la pileta, acomoda los cuerpos de Willy y Chino en el piso, hace el recorrido que hacía la gente al pasar alrededor de los cadáveres y en medio de la mímica va intercalando la lectura solemne de los grafittis tallados en la pared, incluso escritos en inglés y en alemán, farfullando una jerga de sonidos gangosos. “Dicen que lo encontraron abajo de otros cinco cuerpos. Pero esos guerrilleros fueron enterrados antes. ¿Quién iba a levantar los cadáveres para enterrar al Che abajo? Dicen que usaron una pala Caterpillar, pero si en 1967 hubiese habido en Valle Grande una pala Caterpillar funcionando de noche, hubiese estado todo el pueblo mirando. El Che sigue acá.”

En Valle Grande, la diáspora del cuerpo del Che se transformó en un problema patrimonial. Por un lado, se trata del núcleo de un acontecimiento extraño, un problema de los otros, como también lo fue la guerrilla. En resumen: llévenselo. Por otro, es un signo de identificación y trascendencia, un suceso que justifica a toda la comunidad. En síntesis: es nuestro. Por eso, mientras los relatos no dejan de proliferar y todo se sabe, o se sabe de alguien que sabe dónde está enterrado, quién tiene la chamarra, el cuchillo, la boina, la foto, en el revés de la trama se ejecuta la permanente desmentida, el chiste, el ninguneo del personaje, del protagonismo, esbozando la posible trama de una novela que la experiencia de estar en la ciudad vuelve prescindible. Es inútil ir tras sus pasos.

Valle Grande es la moneda en la que cotiza el valor actual del mito. Aquí el cuerpo se transformó en un cadáver exquisito que se sirve en la plaza pública. O mejor dicho, se ha desdoblado, su fantasma deambula en el Centro Cívico, la carne sigue estando en el mercado.

En el camino

En la plaza del mercado, Michael compró una gorra con la imagen del Che y logos de los New York Yankies. Trato de delimitar territorios en base a una pequeña historia de las pintadas callejeras. Dos, de los años ’80. Una: EN MI HABITACION TENGO EL POSTER DE TODOS USTEDES. Firmaba El Che. La pintaban, en la avenida Corrientes, Los Vergara, nuestros letristas marketineros, los mismos profetas que asociaron el Che heroico y el che de Marrone. Y otra. Estaba en la plaza Roberto Arlt. Alguien había escrito, con orgullo: SEREMOS COMO EL CHE. Y abajo, alguien había hecho un agregado: FIAMBRES. Dos pintadas y dos tipos de risa. La primera, inmediata, tan brillante como efímera. La risa que nace de la ocurrencia feliz y que se desvanece en el imaginario VideoMatch de los distendidos años ’90: la risa de la inversión. La segunda, una risa retardada que, si ocurre, nace del desconcierto, del desamparo, del déjà vu de lo que va a venir: una risa amarga para rumiar. Ahora, que el humor está en todos lados y la risa se transformó en new age, elegir entre las dos pintadas, o entre dos modos de reír, parece transformarse en una opción ética o una decisión moral. Entre estas dos pintadas, entre estas dos risas, deambula el mito y su productividad.

La Higuera

Michael no podía parar de reír frente a la forma desconcertante de ese parque temático impensado. La única calle del pueblo, bautizada avenida 8 de Octubre, reparte ranchos que desembocan en la plazoleta de los monumentos. Son tres, el original parece amasado en barro y tiene algo de kolla apaleado, vestigios de lo que fueron sus sucesivas destrucciones por parte de la policía y los sucesivos reimplantes realizados por estudiantes universitarios. Más atrás está la gran cabeza de cemento, el vigilante rostro retratado por Korda mirando con una insólita cruz a su lado. Por último, la amistosa y pagana figura en bronce, que saluda, con un inverosímil cigarro en la mano, a los recién llegados. Las edades del mito, de su edad de tierra a su edad dorada, culminan en su milagro testimonial: los replicantes. Van vestidos con guerrera, llevan el pelo y la barba, y la boina con la estrella, y algunos hasta fuman cigarros. Ellos son como el Che y confirman, literalmente, lo que el peregrino vino a buscar a la meca: el Che vive y está aquí, en La Higuera.

Unos cincuenta metros más allá, está La Escuelita. Del lugar en donde tuvieron prisionero y mataron al Che no subsiste más que la miseria, una puerta y unos banquitos, rodeados de fotocopias de fotocopias de las pocas fotos de la guerrilla, y en un despoblado depositario una camiseta de Boca. Todo por medio dólar, pagados a un hippie de dudosa oficialidad.

Fotou, guán dollar, mister”, nos gritan, medio en broma, medio en serio, desde la vereda del almacén La Estrella. Allí, entre el grupo de lugareños, está Doña Irma. Se dice que en su almacén se mantiene vivo el ritual del Santo Che, pero adentro no hay ni velas ni altares, sólo un poster del Comandante rodeado de mujeres rubias en bikini promocionando cervezas y un relato recitado casi de memoria, que culmina en una noche extraña, un plato de sopa, un hombre herido y una sola frase: “Gracias, niña”. Es todo lo que le dijo el Che a Doña Irma, la mujer que hoy atiende, con las mismas manos, a sus esporádicos comensales. Para un peregrino, comer en La Estrella vendría a ser como si un creyente pudiera comer, en un restaurante de Jerusalén, una porción de pan y vino, atendido por el mozo de la última cena. Doña Irma sirve la comida, se sienta frente a los comensales y permanece en silencio, con una expresión sonriente y perdida. Luego pide tres dólares por el plato y cinco por el relato de la noche definitiva.

La recorrida por La Higuera se revela como el primer parque temático antiparque temático o el grado cero de una imaginación política. La recorrida breve contrasta tanto con las 8 horas sufridas por caminos de tierra para llegar, que la sensación que deja no es de decepción sino de absoluto desconcierto. Por eso los escasos peregrinos que se adelantaron deambulan como inofensivos muertos vivos, confirmando la sonrisa irónica de los lugareños que, desde sus umbrales, se dejan fotografiar junto a las múltiples imágenes del retrato de Korda que decoran las paredes de los ranchos. Mientras tanto, el equipo de sonido del escenario armado frente a la escuelita para la celebración nocturna comienza a emitir la voz inconfundible de Carlos Puebla gracias a la electricidad suministrada por un ruidoso grupo electrógeno perteneciente a la misión sanitaria cubana.

Sentado sobre una pila de palos de luz está Juan, un francés que armó una posada en el mismo lugar desde donde partió el llamado telefónico delatando al Che. Juan confirma que muy pronto habrá un tendido eléctrico y que, si las promesas de Chávez se cumplen, el asfalto unirá Valle Grande con La Higuera antes que Valle Grande con Santa Cruz. “Piensan que trayendo la luz van a dar vida a un pueblo sin vida. Hay que dar vida de otra manera.” Dice Juan. El conoce las ruinas incas de las inmediaciones, la belleza de las caminatas por los valles y desmiente que la piedra que señala el lugar en donde atraparon al Che sea auténtica: “El verdadero Yuro está más allá, como a dos horas, no a media hora. Pero, ¿qué turista quiere caminar dos horas para ver una piedra?”. Y nos muestra como prueba dos cartuchos de Mauser encontrados en el Yuro verdadero.

Cerca de la medianoche, apenas iluminados por los resplandores blancos de unas bombitas de bajo consumo, se agrupan arriba del escenario los funcionarios cubanos, venezolanos y bolivianos. Mientras, desembocan por los laterales las pancartas con los rostros gigantes del Che. Son los estandartes de la Gran Marcha, unas quinientas personas friolentas, gastadas por la caminata. Entre ellas está Joan, es suiza. Nos convida ron cubano y nos presenta a Guadalupe, una campesina pequeña y simpática. Ella nos cuenta que el Che mismo curó a sus hermanas días antes de su muerte, que profesó el culto al Che durante años pero ahora, al fin, comprendió que estaba en el camino equivocado. Los pastores rotativos que llegan al pueblo la ganaron para el evangelismo y ahora está haciendo el curso de alfabetización para leer la Biblia. Hablando con Guadalupe la noche nos ahorró los discursos mientras el ron pasaba de mano en mano. Recuerdo la escena que denominamos dos en uno: un ministro del gabinete de Morales cantaba acompañándose con una guitarra acústica una canción de protesta. Y la escena que denominamos Hasta la Victoria: dos o tres expedicionarios se empeñaban con una pala y un pico, levantando chispas en el suelo de piedra, para plantar el sostén de una fogata que durase hasta la madrugada.

Cuando, ya mareados, nos fuimos a dormir, los expedicionarios se habían rendido, un replicante del Che ajetreaba una guitarra frente a una pila de ramas retorcidas, apiladas a la ligera, y las llamas daban movimiento a las sombras que deambulaban entre los monumentos. Algo más lejos, la avenida 8 de Octubre ofrecía un panorama más sombrío. De un lado, las camionetas 4x4 que habían trasladado a los funcionarios; del otro, un amontonamiento de cuerpos envueltos en mantas y tapados hasta sus cabezas. Dormían, pero parecían muertos.

En el camino

En el taxi del hijo de Doña Irma volvemos a Valle Grande. Trato de explicarle a Michael mi sensación de cansancio y de dolor. Le hablo de la importancia de la imagen del Che en la invención de la juventud latinoamericana, de mis hermanos mayores, de los muertos queridos. La ruta de la muerte, dice Michael. Tiene puesta una remera de su última travesía en bicicleta: la ruta que une La Paz con Coroico. Es poderoso el conflicto entre la fantasía del hogar y el espejismo del viaje, o mejor dicho, entre la política y la guerra. El viaje, propongo, viene a llenar el vacío que dejó la guerra. Vaivenes del mito: en el mismo momento histórico de la mausoleización del cadáver, el movimiento inverso, ir hacia el origen, hacia la adolescencia salvaje. Rituales en Valle Grande y en las mejores salas de tu barrio. Es lógico que en el regreso a casa del setentismo periférico a la lucha armada, el guerrillero heroico devenga en nuestro Jack Kerouac tardío.

Santa Cruz de la Sierra

El acto de cierre, con la presencia de Evo Morales, se realizó junto a la Fosa del Che, en Valle Grande, el lugar en donde supuestamente estuvo enterrado y sobre el cual se construyó un chalet al que sólo le falta la cruz para ser una iglesia. Las mismas personas, las mismas banderas, pero con sol y la guardia de niños del presidente de Bolivia. Iba a ser una gran fiesta, pero cuando volvió a cantar el ministro nos tuvimos que ir. No teníamos pasajes. Sabíamos que la tarea de volver sería difícil, pero nunca pensamos que podría resultar imposible. Los micros completos por tres días, los taxis desaparecidos. Sólo un milagro podría salvarnos de perder el avión. Y el milagro llegó porque lo necesitábamos, porque lo pedimos. Llegó de una forma explícita: el camión de Cuba el Che avanzando en la carretera polvorienta.

Ya recostados contra las pilas de botellas de refresco, frente a la pantalla perfecta que encuadraba la caja abierta del camión, la imponencia verde de la montaña al atardecer me trajo, por primera vez, ecos de un pasado bucólico. El hombre solo en el monte, lejos de los escritorios y las burocracias, luchando por darles un sentido a la vida y a su experiencia entre los hombres. Cierta complementariedad telepática vino al rescate. Michael comenzó a contarme una anécdota que a su vez le había contado un amigo suyo, un americano. Resulta que el amigo americano es gerente de un hotel galáctico. En ese hotel están terminantemente prohibidos los animales, contaba Michael mientras yo miraba las montañas. Pero llega un pasajero diabético. El pasajero tiene un perro que detecta sus ataques y su perro va con él a todos lados. El amigo americano le recuerda la prohibición. El cliente le presenta al perro: el perro tiene un collar de diamantes y un rolex en cada una de sus patas delanteras. Sigue Michael mientras yo escucho en silencio. Desde la ventana de su despacho, el amigo de Michael tuvo que ver cómo el perro se paseaba por el impecable jardín del hotel, mientras su jefe de botones lo seguía unos pasos atrás, con guantes de goma, una escobilla y una pala. La montaña ya era sólo un trozo de cielo negro chocando contra un trozo de cielo estrellado.

Sólo después pensé en el cóctel boliviano y su resaca: la lectura literal de cualquier contraste constituye una forma flagrante del analfabetismo. Pero recuerdo que entonces, en ese momento, pensé en la higuera poliforme ahogando al raquítico paraíso. La forma infernal que adquiere una ideología que lo invade todo nos hace desear un descanso edénico y palurdo: el viaje al lugar adonde, al fin, nada signifique nada.

(Publicado orignalmente en el suplemento Radar, del diario Página/ 12,
Buenos Aires, 18 de noviembre de 2007)

15.11.07

Hobsbawm, Marx y la globalización

Escribe
José Andrés Rojo


Eric Hobsbawm tiene 90 años y es un referente indiscutible en el mundo de los historiadores. Autor de Historia del siglo XX. 1914-1991, Guerra y paz en el siglo XXI y su autobiografía Años interesantes, entre otros muchos títulos, defiende el poder de las ideas de Marx para analizar lo que ocurre en el mundo actual. Ayer, junto a Donald Sassoon y Josep Fontana, participó en un ciclo sobre Europa que organiza el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Así que pidió no hablar del Viejo Continente, pero trató de otras múltiples cuestiones.

- Weimar y Hitler. "Era inevitable politizarse en aquellos días. Vivía entonces en Alemania, y no podía ser socialdemócrata (eran muy moderados), ni nacionalista (era inglés y judío), ni me interesaba el sionismo. Así que me alisté en una asociación juvenil que, aunque se llamara socialista, estaba marcada por los comunistas. Asistí al colapso de la República de Weimar y participé activamente (lo que suponía correr muchos riesgos) en las elecciones de 1933 que ganó Hitler. Fue entonces cuando salí a Inglaterra y empecé a estudiar en Cambridge".

- Treinta años de guerra. "Con la guerra de 1914 terminó el mundo de la gran cultura burguesa. Vinieron después más de treinta años de guerras, revoluciones, inestabilidad y crisis, una época catastrófica. Cuando terminó la II Guerra Mundial entramos en una aceleración de la economía, la sociedad y la cultura que no ha cesado. No fue un salto, fue un crecimiento continuado. Internet lo ha transformado todo, y sólo tiene 15 años".

- El poder del marxismo. "Los marxistas creían que la clase obrera iba a crecer, cuando lo que ha pasado es que ha decrecido y que países como Estados Unidos o Inglaterra incluso se están desindustrializando. La lucha política basada en la lucha de las clases ya no es muy efectiva. Pero Marx sobrevive en su concepción materialista de la historia y en su análisis del capitalismo. En el siglo XIX ya vaticinó la globalización, y cuando se celebraba el 150 aniversario del Manifiesto Comunista, las crisis económicas del sureste asiático y de Rusia en 1997 y 1998 confirmaban sus predicciones. El poder del marxismo sigue intacto. No así muchas ideas políticas de Marx que obedecían, más que al análisis, a sueños de igualdad".

- La revolución rusa. "El socialismo triunfó en países atrasados y su obsesión fue modernizarlos. En la Unión Soviética la idea era desencadenar una rápida industrialización, y si para hacerlo era necesario recurrir a procedimientos autoritarios, pues adelante. No quiero justificar los campos de trabajos forzados, que son injustificables, pero los logros fueron extraordinarios. Durante la II Guerra Mundial, la Unión Soviética no sucumbió, sino que derrotó al enemigo más poderoso: el ejército alemán. No lo hizo movilizando a las masas. Lo consiguió porque era un país industrializado con notables avances tecnológicos y con gente preparada. El modelo para conseguir una industrialización tan rápida fue el de la economía de guerra. El precio fue no lograr que la economía tuviera una dinámica propia".

- Putin y los gánsteres. "No se comprende sin la crisis de 1991. Entonces se vio claro que el afán de hacer de Rusia un Estado capitalista a toda velocidad era incluso más difícil que industrializar un país atrasado. Fue tal el cataclismo que Putin por lo menos ha conseguido que el Estado funcione. Si la economía cayó en manos de los gánsteres, lo que ha conseguido es que éstos obedezcan al Estado".

- Los fundamentalismos. "Afecta a todas las religiones. En el caso islámico, la revolución que triunfó en Irán tenía una fuerte voluntad de consolidar un Estado, centralizarlo y modernizarlo. Los fundamentalistas judíos son desde 1967 los más acérrimos defensores de Israel y reclaman sus ambiciones imperialistas. Y no hay que olvidar el giro fundamentalista de los católicos con los últimos papas y de las comunidades protestantes en Estados Unidos".

- El terrorismo islamista. "Su poder militar es mínimo. El atentado en Nueva York no llegó a desestabilizar la ciudad salvo durante unas horas. Hay que subrayar que hay lugares (Afganistán, Pakistán, el Oriente Medio) donde los grupos terroristas juegan políticamente un papel importante, y no se los puede despreciar. Otra cosa es el terrorismo islamista en nuestros países. Responde a una reacción antiimperialista, y no quieren que en sus países se imponga el capitalismo occidental. En Inglaterra, los terroristas reaccionan también contra la religión heredada de sus padres, más moderada. Suelen pertenecer a las élites, y su educación es superior a la media de sus países".

(Publicado originalmente en El País, Madrid, 13-11-2007)

13.11.07

90 aniversario de la revolución rusa

Escribe
Jorge Gómez Barata

De modo análogo a como ocurre en la naturaleza, en el desarrollo social predomina la evolución por medio de la cual se realiza una permanente e ininterrumpida acumulación de cambios cuantitativos y cualitativos que imperceptiblemente, sin que nadie lo auspicie, dan lugar al advenimiento de lo nuevo y de lo progresivo. En su magnifica combinación de evolución orgánica y progreso cultural, ciencia y espiritualidad, materia y conciencia, la historia humana reafirma la vigencia de tales procesos.

Para su normal desenvolvimiento, los procesos evolutivos requieren de condiciones ideales y de ambientes que permitan actuar a las leyes del desarrollo. En esas circunstancias predomina la llamada “la paz social”, etapas en las que, como ocurre en los países desarrollados, las elites dominantes, aunque no pueden evitarlas, logran administrar las contradicciones de clases y las crisis para alejar, incluso excluir las explosiones sociales y la ruptura del orden vigente.

Con todo y su magnificencia, las revoluciones sociales son sucesos extraordinarios, por cierto, sumamente escasos. Nunca hubo una revolución social en la esclavitud, jamás se desató una en África y en el Nuevo Mundo sólo Estados Unidos, México, Cuba y más recientemente Venezuela transitaron esos caminos.

Las revoluciones son grandes conmociones sociales, capaces de cambiar el perfil de una época, acelerar los ritmos del desarrollo de grandes regiones, incluso de todo la humanidad, modificar la secuencia de los procesos históricos y acelerar el progreso.

Auque hunden sus raíces en las contradicciones y necesidades económicas, las revoluciones son hechos políticos, jalones mediante los cuales las clases emergentes desplazan a los representantes del viejo orden, destruyen las estructuras que sostenían su poder e imponen las suyas.

Las revoluciones sociales son hechos positivos orientados en la dirección del progreso y, aunque son celebradas por sus protagonistas, suelen ser traumáticas y violentas, no tanto por ellas mismas como por la enconada resistencia que han de vencer. La crueldad, las venganzas, los ajustes de cuentas y el terrorismo caracterizan mejor a la contrarrevolución que a la revolución.

Por la grandeza de sus metas y propuestas, las revoluciones se abren paso con dificultad, no sólo por lo arduo que resulta destruir el viejo orden, sino por lo complejo de construir uno nuevo. Nada e más importante para la revolución que honrar sus compromisos y satisfacer las expectativas creadas por ella misma que, cuando no son resueltas, se levantan como adversarios formidables.

Con aquellas revoluciones que como la norteamericana y la francesa lograron llevar al poder a una nueva clase y concretar sus programas básicos, la historia se ha mostrado indulgente, sin echarle en cara que sus objetivos esenciales y sus tareas más universales no hayan sido todavía resueltas.

Nadie desmiente a la revolución de las 13 Colonias de Norteamérica por no haber cumplido lo preceptuado en la Declaración de Independencia y todavía se suspira por las promesas de: Igualdad, Libertad, Fraternidad de la Revolución Francesa.

El lento y zigzagueante avance de las grandes revoluciones, lejos de significar su fracaso ilustra acerca de la complejidad y trascendencia de sus tareas. La revolución norteamericana no liberó a los esclavos, no impidió el genocidio de los pueblos originarios ni emancipó a la mujer y, en cambio dio lugar al nacimiento de un imperio, rasgos negativos que no anulan su significado.

Lo que convirtió a la independencia norteamericana en una revolución e hizo de ella un paradigma, no fueron sus carencias sino la determinación y coherencia con que la vanguardia integrada por Jefferson, Adams, Hamilton, Washington y otros, iniciaron la lucha por la independencia en el Nuevo Mundo, fueron los primeros en deshacer el dominio colonial, creando además la primera república regida por leyes, con una Constitución y por una Declaración de Derechos.

La Revolución Bolchevique no fue igualmente afortunada, no porque fuera peor, sino porque desde el hondón del primitivo imperio de los zares, retó al capitalismo y se propuso tareas para la cuales probablemente la humanidad no estaba todavía lista. Tal vez fue adecuada pero prematura. Quizás el socialismo no es cosa del pasado sino del porvenir.

(Publicado originalmente en Librínsula, Año 4, Nº 201, 9 de noviembre del 2007)

10.11.07

Nuevo libro sobre el Che Guevara

Los historiadores e investigadores Froilán González y Adys Cupull son los autores del libro Sin olvido crímenes en La Higuera, publicado por la Editora Política (La Habana, 2007), y presentado en la Feria del Libro de la Paz, capital de Bolivia, así como en la patria chica del comandante Ernesto Guevara de la Serna.

En ese texto, escrito con apego a la verdad histórica y afecto entrañable a la legendaria figura del Guerrillero Heroico, los también escritores y periodistas incluyen las palabras de los colegas Miralys Sánchez Pupo y José Dos Santos, vicepresidente primero de la Unión de Periodistas de Cuba, así como las reflexiones del escritor Enrique Cirules y una valoración del analista político Ramiro Bouzón García.

Dicha obra se sustenta en una exhaustiva pesquisa histórica que duró varios años, y se estructura en una serie de valiosísimos testimonios obtenidos mediante entrevistas a militares, intelectuales, periodistas, médicos forenses, sacerdotes y ciudadanos bolivianos, pertenecientes a los más disímiles estratos sociales, que estuvieron implicados -de una u otra forma- en los hechos que culminaron con el asesinato del Che en la escuelita pública de La Higuera el 8 de octubre de 1967; y que, en una primera indagación realizada in situ por los colegas Froilán González y Adys Cupull, se negaron a revelar su verdadera identidad, porque sobre ellos pesaba la “ley del silencio” (al estilo de la mafia siciliana), ya que la orden de eliminar al mítico combatiente argentino-cubano salió de la Casa Blanca, mientras que la tenebrosa CIA -a través de sus agentes en la nación andina- la transmitió al general René Barrientos y a un selecto grupo de oficiales, para que se cumpliera sin excusa ni pretexto… Lo que ignoraban, tanto en Washington, como en el cuartel boliviano de la CIA y en la cúpula militar gobernante, era que ese monstruoso crimen le abriría la puerta ancha de la historia, y por ende de la inmortalidad, al Héroe de la Batalla de Santa Clara. Ahora bien, los entrevistados accedieron a revelar sus nombres, direcciones, profesiones y demás datos generales que permiten su identificación, ya que esa página sangrienta en los anales de la historia del país suramericano quedó sepultada para siempre.

En Sin olvido…, los autores muestran el dossier de los asesinos directos e indirectos del Che: el sargento del ejército boliviano Mario Terán (ejecutor material), así como los cubano-americanos Félix Rodríguez, quien le ordenó al militar “[…] que debía dispararle [al comandante Guevara] por debajo del cuello, porque tenía que parecer muerto en combate [...]” (p. 146), Julio Gabriel García, quien le mutiló las manos al cadáver, y Gustavo Villoldo Sampera, quien maltrató de obra y de palabra al combatiente herido y lo despojó de muchas de sus pertenencias personales, que ahora está subastando en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana.

Froilán González y Adys Cupull describen -por boca de los oficiales entrevistados- las tirantes relaciones entre las fuerzas castrenses, los diplomáticos norteamericanos y los agentes de la CIA (el poder oculto), quienes consideraban intelectualmente inferiores a los bolivianos, así como al resto de los hijos de Nuestra América; actitud prepotente, que José Martí recoge en una de sus frases antológicas: “[…] solo desdeña a los demás quien en el conocimiento de sí halla razón para desdeñarse a sí mismo”.

Con apoyo en fuentes documentales y en informes aportados por los legítimos protagonistas de Sin olvido…, se demuestra la autenticidad de los restos del comandante Guevara, que hoy duermen el sueño eterno en el monumento escultórico erigido en honor al Guerrillero Heroico en la indómita ciudad de Santa Clara, donde los miembros del Destacamento de Retaguardia esperan la orden de su jefe para entrar de nuevo en combate por la libertad de la patria grande latinoamericana soñada por Bolívar, Martí y el Che.

La lectura serena y profunda del libro Sin olvido crímenes en La Higuera, cuyo proceso de elaboración y redacción Froilán González y Adys Cupull lo percibieron como vivificante ejercicio intelectual y espiritual, deviene suave caricia a la mente y el alma de los amantes de la vida y la obra del comandante Ernesto Guevara de la Serna.

7.11.07

Viajeros argentinos de izquierda

Silvia Saítta acaba de publicar el libro Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda (Buenos Aires, FCE, 2007), donde reúne un conjunto de textos de escritores, intelectuales y periodistas argentinos que viajaron, a lo largo del siglo XX, a los tres destinos emblemáticos de la revolución: la Unión Soviética, China y Cuba.

¿Cómo es ese mundo nuevo, allá lejos, en lo que antes era Rusia, y que parece encerrar tantas promesas? ¿De qué manera la antigua China, con su imaginario pleno de exotismo, se convierte en el nuevo horizonte de la igualdad entre los hombres? ¿Puede acaso ser la isla de Cuba la esperanza revolucionaria de toda América Latina? Estos interrogantes sobrevuelan inevitablemente los relatos, aunque en cada caso se les dé una solución diferente. Si Aníbal Ponce responde en su ensayo con un tono serio y analítico cómo será el hombre del futuro, Elías Castelnuovo nos divierte con sus anécdotas sobre la vida conyugal en Rusia y las costumbres de la mujer moderna. En China, la mirada objetiva de María Rosa Oliver, que describe paisajes e informa sobre la situación política, contrasta con el registro poético propio de la fascinación que siente Bernardo Kordon en cada regreso, mientras, como telón de fondo, se escucha la voz de Mao Tse Tung en la entrevista que le hizo Carlos Astrada. Por su parte, en Cuba, el temprano registro de los preparativos revolucionarios que hace Jorge Ricardo Masetti se complementa con la revelación ideológica que sufre Leopoldo Marechal. Asimismo, el tono netamente periodístico de León Rudnitzky o de Enrique Raab puede cotejarse con el tono más doctrinario de Rodolfo Ghioldi o con el más ensayístico de Martínez Estrada.

Leídas por miles de lectores, ya sea a través de diarios y revistas o de libros publicados por sus autores, las crónicas de los viajeros a la Unión Soviética, a la China maoísta y a Cuba se convirtieron en las mediadoras entre los grandes tratados de ciencia política y el gran público, que estaba ávido de leer los relatos de una experiencia revolucionaria. Así, como sostiene Sylvia Saítta en el prólogo, las "distintas voces narran, además de la experiencia de un viaje, un capítulo de la historia del intelectual argentino de izquierda".

5.11.07

Nuevos Ulises y viejas Ítacas

Escribe
Mohamed Choukri

Aquellos que han leído mi autobiografía, El pan desnudo, saben que soy hijo de la inmigración. Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio unos hacia Orán, otros ha
cia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un sólo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.


Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución:

"Vete de aquí, hijo del hambre". "¡Largo! ¡Fuera, rifeño!"

¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.

En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio.

Todavía hoy, el Mediterráneo es un espacio de exilio, de inmigración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los accidentes ecológicos, la guerra étnica, todos vectores del mismo efecto inhumano, todos fuente de desestabilización.

Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la historia -antigua y moderna-, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del Mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad.

EXPULSADO POR LAS CARENCIAS Y LA SEQUÍA, ARROJADO EN BRAZOS DE LA AVENTURA, EL EMIGRANTE NO LLEVA CON ÉL MÁS QUE UN RAYO DE ESPERANZA Y UN ASUSTADO SOPLO DE DIGNIDAD

El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico, como ya constaté en 1993 en otra comunicación.

Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar:

• El fenómeno de los espaldas mojadas.

• El fenómeno de las barcas de la muerte (pateras).

La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica.

La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad. Conozco los asuntos de la vida errante. Yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores. Es verdad que intentaba entonces disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños. Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa, clara y extranjera. La sometí a mi ley. La vencí.

¿De qué triunfo se jacta el actual emigrante? ¿Sobre quién?

Asistimos actualmente a una pérdida de valores morales que provoca por todas partes un estallido de las sociedades que las han producido. La costa sur ha aceptado también la filosofía de "el tiempo es oro". Intenta, también ella y por todos los medios, hacer suyas las ideas utilitaristas y la lógica cartesiana. Favorece a los grupos económicamente fuertes. Aparca a sus marginados en las zonas periféricas. Todo eso tiene como consecuencia que los jóvenes, hombres y mujeres, sueñen con otra tierra, con otra vida. Ocurre que son justamente los menos tocados por el virus del fracaso. Ocurre que, justo frente a ellos, en la punta de sus miradas, espejea una tierra más clemente, o así lo creen ellos, la de la ribera norte. La desean. La codician. La acarician. Desean, cueste lo que cueste, fundirse con ella.

Adelante, hacia la aniquilación. El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora. El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo también han emigrado.

El abismo que separa los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del Tercer Mundo. En los países ex-comunistas, millares de personas tenían sus maletas ya hechas, aguardando una aparente esperanza, para venir a la Europa rica. En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte. Italia conoce este problema. Europa actualmente asiste a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse, intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.

La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. ¿Qué quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza?

En el Mediterráneo la situación es esquizofrénica. Los países, divididos geográfica y psicológicamente por un modelo nórdico y materialista, buscan soluciones tecnológicas a problemas culturales y sociales y, con la intuición de que las soluciones no podrán ser más que intelectuales, adoptan estrategias inadecuadas. Pues la respuesta a todas nuestras cuestiones puede encontrarse en el pensamiento mediterráneo y orientalista de nuestros humanistas. La hazaña de Ulises puede servir de modelo. Este héroe que surca los mares, errando durante diez años en busca de la verdad, era un emigrante que Ítaca ve volver tranquilizado por la sabiduría y profundamente humanista gracias a su periplo.

Yo fui Ulises, en un momento de mi vida. ¿He dejado de serlo?

He recorrido un periplo como el suyo. Lo recorro aún. Mi espacio de aventura es un espacio escriptural. Mi madre es la escritura. Mis pruebas son de orden intelectual.

Recuerdo que mi madre me obligaba a hablar en rifeño y me prohibía hablar otra lengua que no fuese aquélla. Nacido en el Rif, yo debía continua hablando la lengua de mi tierra, decía. La muerte libró a mi hermano Abdelkader de esta guerra. A mis otros hermanos y hermanas, hijos e hijas del exilio, no les concernía esta batalla. Eran libres de utilizar la lengua de sus ancestros o la de su tierra natal.

Como ustedes saben sin duda, no supe leer y escribir hasta los veinte años. Aprender una lengua que no era la mía y poseerla fue una prueba, un desafío antes de ser una profesión. Aprendí el árabe clásico con los límites que se imponen a un autodidacta. Sin embargo, alcancé a enseñarlo en las escuelas primarias y secundarias. He podido escribir libros gracias a esta lengua. Solamente, a pesar de mis esfuerzos, a pesar de toda mi voluntad de expresarme en esta nueva lengua, una nostalgia silenciosa y no obstante viva me ata a la orilla de mi lengua materna y sólo se aplaca con su utilización. No soy más que un niño adoptivo en todas las lenguas que utilizo para hablar o para escribir, incluso la lengua del Profeta: no puede colmar el vacío que me ocasiona la ausencia de mi primera lengua, aquélla de la que fui desposeído. En el exilio, cuando todas las lenguas valen, he hecho de la lengua árabe un instrumento para comunicarme con la sociedad en la que vivo. No me arrepiento de haber aprendido el árabe y de haber escrito en árabe todos mis libros. Diré más, me siento privilegiado frente a mis compatriotas que utilizan otras lenguas distintas a la de su sociedad de origen y que son tratados de ingratos y renegados a pesar de su genio.

No me digan que este juicio es anacrónico... La sociedad árabe posee un pensamiento atrofiado, y tenemos el ejemplo de este poeta bereber que escribe sus poemas en un francés sublime y que, sin embargo, ha soñado siempre con poder hacerlo en árabe. Reconocía que esta lengua era superior. Era el único que la recordaba tal como la había aprendido en la escuela coránica. Mohamed Kheireddine murió sin poder poseer esta lengua árabe, pura y grandiosa.

Entonces, ¿qué es la escritura? ¿Qué es la expresión?

Imaginad una lengua en hibernación. Imaginad un hombre que intenta usar esta lengua para expresarse. Tal es mi situación cara a esta lengua que me es extranjera.

Dicen que el que encuentra refugio en una lengua que no es la suya está mejor armado para dominarla. La perfecciona mejor que sus nativos. Este es el caso de Conrad, Beckett, Nadokov, Ionesco, Khalil Gibran... ¿Por qué? La única cosa que puedo afirmar es que la escritura tiene sus secretos, sus misterios que no penetramos impunemente: nos poseen y nos sentimos poseídos por ellos.

Actualmente, mi lengua es la que me permite escribir y el rifeño ha terminado por ser una nostalgia, la de un sueño.

Para el niño de la emigración, para el amante de la escritura, para el autodidacta que no ha cesado de sumergirse en la nostalgia de un sueño, el Mediterráneo es un mar, un periplo, un sueño iniciático, el espacio del Humanismo, el crisol de civilizaciones. Pero ninguna civilización es producto del azar. Es un largo proceso de humanización. No importa qué tribu puede poseer una cultura pero, ¿podemos hablar también de civilización? Los pueblos del Mediterráneo han vivido siempre en ciudades: Alejandría, Cartago, Atenas, Roma, Cádiz (Gades), Tánger... Ellos han forjado una civilización y, es por ello, por lo que estoy convencido de la fuerza de la percepción, de la capacidad intelectual que nosotros, mediterráneos, tenemos para hacer frente al peligro que amenaza nuestras riberas, nuestras culturas y nuestros hombres, si persistimos en querer seguir ciegamente el modelo nórdico.

El modelo nórdico, utilitarista y racionalista, es útil cuando se trata de organizar el trabajo o de optimizar el rendimiento; pero corresponde al Humanismo de las viejas culturas mediterráneas colmar ese modelo nórdico, insuflarle valores humanos.

Se me alcanza que, para sobrepasar el actual peligro, no hay que culpar ni a las religiones ni a las razas. Después de todo, es el hombre quien interpreta los libros y es de sus actos de los que brota la ambigüedad. Es necesario volver a los fundamentos de las culturas, al humanismo que tuvo nacimiento en el Mediterráneo. Es el único modo de humanizar las sociedades de consumo. Acaso algunas veces con poco se puede llegar a encontrar encontrar bastante...

(De la revista Intramuros, Nº 26, Madrid,Verano / Otoño 2007)