30.5.08

El dominio enloquece al mundo

Por Armando G. Tejeda (Corresponsal)
La Jornada, Ciudad de México, 30/05/08


Madrid, 29 de mayo. A sus 63 años, Eduardo Galeano se dedica a diario a intentar resolver el mayor desafío del lenguaje, sabedor de que eso es “imposible”: utilizar en sus textos únicamente las palabras que sean mejores que el silencio.

Desde esa voluntad de depuración del idioma, el escritor uruguayo escribió su libro más reciente, Espejos: una historia casi universal (Siglo XXI), en el cual mediante 600 historias breves ofrece un panorama inquietante sobre el devenir del mundo y la historia de la humanidad.

En entrevista con La Jornada, Galeano levanta la voz ante el “sistema mundial de dominio que nos está llevando a todos al matadero o al manicomio”.

Ante el empecinamiento del ser humano por “mutilar” el arco iris terrestre con “el racismo, el machismo, el elitismo y el militarismo”.

Todos somos africanos emigrados

–Da la impresión de que con este libro se ha vaciado, ha volcado el conocimiento, las lecturas y los aprendizajes acumulados a lo largo de su vida.

–Creo que sí. La idea era reunir en un solo libro estas 600 historias o relatos que viajan por el mundo y por el tiempo sin límites, sin fronteras.

“Y van y vienen por el mapa del mundo y por el del tiempo. Y sí que recogen una experiencia de toda la vida, muchas lecturas y muchas preguntas.

“Sobre todo recoge las preguntas que yo me he ido formulando a lo largo de mi propia vida.

“Desde que era chiquito e iba a la escuela y la maestra me decía que el vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio los dos océanos desde una cumbre de Panamá. Y yo levantaba la mano y le decía: ‘Señorita, señorita, entonces los que vivían ahí eran ciegos’. Y ella me echaba de la clase por insolente.

“Y las preguntas que después me fui formulando, que se fueron quedando y esperando respuestas que fueran a su vez nuevas preguntas.

“Por ejemplo, otra que abre el libro, cuando pregunto que si Adán y Eva eran negros, porque si el viaje humano empezó en África, desde ahí partieron nuestros abuelos a la conquista del planeta y el Sol fue el que hizo el reparto de todos los colores, pues somos todos africanos y somos todos emigrados.

“Es bueno recordar ahora que todos somos africanos emigrados, ante tanta demonización que hay de la emigración como si fuera un crimen.

“Pero sí, también es un libro de las preguntas incómodas. Yo siempre digo que una buena respuesta es una fuente de nuevas preguntas, así que el libro está escrito por un preguntón, por un curioso, que quiere despertar curiosidad en quien lo lee.”

–Esas 600 historias, contadas así, de manera aparentemente inconexa, ¿es porque también pretendía llamar la atención ante la anarquía que hay en el mundo y en la historia de la propia humanidad?

–Sí, pero que están atadas por hilos invisibles que hacen que esa aparente desconexión no sea más que una expresión de la diversidad de la vida humana, de la historia y de la presencia dominante en esa diversidad de los negados por la historia oficial. Que es una historia que sacrificó, que mutiló el arco iris terrestre.

“Siempre digo que el arco iris terrestre tiene más colores que el celeste. Es mucho más bello, más fulgurante, pero ha sido mutilado por el racismo, el machismo, el elitismo, el militarismo… Entonces no somos capaces de vernos en toda nuestra plenitud asombrosa, en toda nuestra prodigiosa capacidad de hermosura.

“El libro rinde homenaje a la diversidad humana y a la diversidad de la naturaleza, de la que también formamos parte.

“Entonces en apariencia puede parecer inconexo, pero cuando uno se mete a leerlo está armado de tal manera que hay muchísimo trabajo detrás. Es como un río que corre a veces por debajo de la tierra, otras por arriba, pero que nunca deja de correr. Es un solo flujo de un río de muchos ríos.”

Discípulo de Juan Rulfo

–Como una sinfonía.

–La literatura y la música se parecen mucho. Por eso es bueno leer en voz alta. Cuando uno escribe, cuando uno termina un texto se lee en voz alta porque esa lectura te da la música de las palabras. Y la música manda. Tiene que haber una continuidad de la música.

–Después de tantos libros y, sobre todo, aprendizajes, ¿cree que ha llegado al máximo de depuración de su propio lenguaje literario?

–Creo que sí. El lenguaje que yo utilizo no quiero que se vea, pero cada uno de estos relatos ha tenido 15 o 20 tentativas. Como decía un escritor chileno cuando reditaba sus cuentos: edición corregida y disminuida. Yo también los voy disminuyendo, en un trabajo de quitar la grasa para que sólo quede la carne y el hueso de lo que se quiere contar. Es un trabajo de desnudamiento y purificación del lenguaje.

–Un lenguaje poco frecuente en las letras latinoamericanas, en ocasiones demasiado tendentes a la verborrea, ¿no le parece?

–Puede ser, pero yo no creo que la literatura latinoamericana deba ser esto o lo otro, porque lo mejor que tiene esta región nuestra es que es tan diversa. O sea que contiene todos los colores, los olores, los sabores del mundo.

“Si lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene, pocas regiones del mundo contienen tantos mundos como la nuestra. Y, por tanto, hay una diversidad de lenguajes y esa es nuestra riqueza.

“Yo escribo a mi manera, lo que siento y me sale, pero hay muchas otras formas de escribir. Todo lenguaje es legítimo en la medida que las palabras nazcan de la necesidad de decir.”

–Pero hay influencias, generaciones literarias.

–Sí, yo escribo a mi manera, que es a su vez una manera muy influida por mi maestro Juan Rulfo. En una entrevista, hace ya algún tiempo, me pidieron que eligiera a los escritores más importantes en mi formación literaria. Yo contesté: Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo.

Historias sentipensantes

–En su búsqueda de nuevos lenguajes, supongo que también está al tanto de la evolución de nuestro idioma en la sociedad actual.

–Sí, es un aprendizaje cotidiano. Recibo muchas voces de la calle, que son las que más me alimentan. Y es un trabajo de recreación de las voces que uno recibe. Cuando Rulfo me decía que se escribe más con la goma que con el lápiz, y eso es verdad, pero no toda. Porque también hay que ver cuáles son las palabras.

“Otro maestro mío, Juan Carlos Onetti, con quien compartí pocas palabras y muchos silencios, siempre me decía que había un proverbio chino que decía que las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio.

“Es una idea muy hermosa, porque el silencio es un lenguaje hondísimo y profundo; entonces es muy difícil que las palabras sean mejores que el silencio.

“En realidad eso es imposible, pero uno tiene que intentar esos imposibles. Es el mayor desafío del lenguaje.”

–Precisamente su libro Espejos tiene muchos silencios y mucha calma en su lectura.

–El libro pide lentitud como el amor. Y silencio para que las palabras suenen de verdad.

–¿Usted también asume la literatura como ese juglar que va de pueblo en pueblo contando historias, declamando, leyendo en voz alta esas historias?

–Sí, pero si son conocimientos solos, es decir, mensajes de la razón van a tener poco recorrido. Tienen que ser historias sentipensantes para llegar a quien las lea, tienen que venir de la razón y del corazón. Tienen que unir lo que ha sido desvinculado por la cultura del desvinculo, que es la cultura dominante. Que entre otras cosas ha desvinculado la razón de la emoción, como ha desvinculado el pasado del presente.

“Por eso en el libro se mezcla muchísimo el pasado y el presente; el exterminio de Irak a manos de un señor que cree que la escritura fue inventada en Texas y, al mismo tiempo, el nacimiento del primer poema de amor de la historia humana, que es un poema escrito en Irak, cuando todavía no se llamaba así, en lengua sumeria y en tablillas de barro.”

–Una de esas líneas invisibles que dan sentido a las 600 historias de Espejos, ¿sería la vocación del hombre por la guerra, por esa tendencia a destruirse a sí mismo?

–Creo que los que creyeron que la contradicción es el motor de la vida humana no se han equivocado. Somos una contradicción incesante. Y eso te ayuda a sobrevivir en un mundo difícil; la certeza de que no hay horror que no implique alguna maravilla. La certeza de que somos mitad basura y mitad hermosura. Entonces el libro se alimenta de esa contradicción incesantemente. No sólo del horror sino también del amor.’

–Con especial fijación en las guerras, ¿no cree?

–Sí, porque la guerra es parte del horror. No pienso que la guerra sea un destino humano, pero sí sigue siendo una realidad de nuestro tiempo.

“Cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños en el mundo. ¡Cada minuto! ¡Y cada minuto Estados Unidos gasta medio millón de dólares matando inocentes en Irak!”

–También el machismo es una constante de la historia de la humanidad.

–Sí, por eso menciono la paradoja de las vidas de Santa Teresa y Sor Juana Inés de la Cruz. Las dos perseguidas por la Inquisición, los sectores más dogmáticos y feroces de la Iglesia católica y de sus verdades únicas. Sospechosas por ser mujeres inteligentes, creativas, por tener tanto o más talento que los hombres. Y, por tanto, culpables del imperdonable delito de ser ellas mismas.

“El caso de Santa Teresa es el más trágico. Pienso que un brazo de Santa Teresa acompaña a Francisco Franco en su larguísima agonía porque la descuartizaron y mandaron los pedazos a todas partes, y el brazo incorruptible –como le dicen– en la mesita de luz de Franco. Es una broma de mal gusto de la historia.

“Ella, que había sido víctima de los equivalentes de Franco en su tiempo.”

–¿Cómo ve Eduardo Galeano lo que ocurrió recientemente en Sudáfrica, que desconcertó al mundo: el estallido xenófobo en el país que sufrió durante tantas décadas el apartheid?

–Creo que hay un sistema mundial de dominio que está convirtiendo al mundo en un matadero y también en un manicomio. Nos está enloqueciendo a todos y la prueba de esto se está convirtiendo en una locura total es que ese sistema de dominio mundial ha logrado que los negros se maten entre ellos, como está ocurriendo en África del Sur, o que los iraquíes se maten entre sí, como ocurre en Irak, o que los palestinos se maten entre ellos. Nos enloquecen. Ya no sabemos quién es quién, ni por qué ni para qué.

“Ahora el mundo ha entrado en un periodo de crisis muy peligroso y esto va a generar explosiones de racismo por todas partes. El inmigrante, el venido de fuera, sobre todo si es de piel oscura será el chivo expiatorio del paro, del desempleo, de la desocupación.”

–Da la impresión de que el mundo no reflexiona ni guarda silencio para analizar esto así, como sí podemos hacer con su libro, por ejemplo…

–Sí, porque vivimos en un vértigo incesante. Somos presos. Instrumentos de nuestros instrumentos. Máquinas de nuestras máquinas. Y el vértigo de la vida urbana nos impide disponer del tiempo necesario para recuperar la memoria perdida y para recordar las cosas más obvias. Que a Colón nadie le pidió pasaporte, que a Hernán Cortés nadie le exigió contrato de trabajo, que a Francisco Pizarro nadie le exigió certificado de buena conducta, que además no lo hubiera obtenido porque era un tipo con antecedentes muy jodidos.

“Como decía al principio, somos todos africanos emigrados. Son cosas elementales que hemos olvidado por completo y que debemos recuperar para hacer preguntas, como: ¿es un destino este mundo?, ¿no estará embarazado de otro?”

–En el libro también reflexiona sobre la conquista, después de cinco siglos. ¿Cómo ve la situación de los pueblos indígenas?

–Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor.

“Todas estas cosas que se han heredado de las culturas originales y que han tenido una persistencia admirable porque han sobrevivido a todo y que se manifiestan ahora.

“Por ejemplo, la nueva Constitución de Ecuador, que lleva nombre indígena, por primera vez en la historia de la humanidad consagra a la naturaleza como sujeto de derecho. Nunca a nadie se le había ocurrido.

“En Ecuador, a pesar de ser un país muy infectado de racismo, como México y todos en América Latina, se ha podido perpetuar una memoria subterránea que hace posible esta recuperación de verdades pronunciadas por voces del pasado más remoto, pero que hablan al futuro.”

Muda de amo

–Y el hecho de que ahora se esté en plena “celebración” del bicentenario de las independencias, ¿qué le parece?

–Las independencias fueron en general los certificados de nacimiento de las naciones, mentira en las que vivimos. Porque todas las constituciones de nuestras repúblicas independientes negaron los derechos a quienes habían derramado la sangre por conseguir esas independencias. Fueron emboscadas contra los hijos más pobres de las Américas. Eso fue unánime y siempre fue así.

“Fueron repúblicas nacidas para la negación de derechos, para la maldición y para el desprecio de la mayoría de sus habitantes, muchos de los cuales pasaron a una peor vida de la que tenían bajo el predominio colonial. O en todo caso se limitaron a mudar de amos. Como decía un grafiti anónimo en una pared de Quito, cuando se promulga la independencia de Ecuador: ‘Último día del despotismo y primero de lo mismo’.”

23.5.08

El Che de Steven Soderbergh

Por Carlos Boyero,
El País, Madrid, 23/05/2008


Aunque el cine nos esté acostumbrando desgraciadamente a la eterna duración de películas que podían haberse contado en un tiempo razonable, o incluso no haberse realizado, me asaltan algunos temblores al saber que Che, el proyecto arriesgado y faraónico de Steven Soderbergh, sólo dura cuatro horas y media. En su estreno comercial serán dos partes que no se presentarán a la vez, pero como aquí todo se hace a lo bestia y se supone que lo que más amamos los presentes es pasarnos infinitas horas en la butaca y en medio de la oscuridad, la proyectan de un tirón, eso sí, con un agradecible intermedio en el que al igual que en el colegio o cuando nos llevaban los papás a los añorados programas dobles, nos obsequian con una bolsa con el anagrama de Che que contiene un bocadillo, una chocolatina y una botella de agua, algo insólito en un lugar en el que no acostumbran a regalar ni la hora.

Y te preguntas cómo han permitido a Steven Soderbergh hacer una película tan larga y de semejante riesgo. Elemental, querido Watson. Soderbergh, aquel señor que comenzó pariendo el mejor cine independiente, que triunfó, se estrelló y desapareció temporalmente, se puede ahora permitir el lujo de seguir haciendo experimentos, películas muy personales o vocacionalmente raras, a condición de que no olvide sus puntuales obligaciones con la serie de Ocean y siga engordando a la gallina de los huevos de oro en el fenicio Hollywood.

Soderbergh también ha demostrado que en medio de grandes estrellas y presupuestos enormes es capaz de lograr una penetrante, nada convencional, extraordinaria crónica del narcotráfico en Traffic. Los temores de que los tópicos o la hagiografía edulcorada se hubieran apoderado del retrato de ese personaje histórico, complejo, que nunca ha dejado de estar de moda aunque lleve muerto tanto tiempo, modélico no sólo para el izquierdismo antiguo y el renovado, sino también explotado por el merchandising y el esnobista mundo del diseño, se evaporan a los 10 minutos de proyección. Estamos ante una película muy seria, primorosamente ambientada, con actores que nunca parecen estar interpretando ni recitando, con un lenguaje, un tono, un cuidado en los acentos y en la fisicidad que te hacen creer que están en Sierra Maestra y en compañía de los personajes verdaderos, que lo que ves y escuchas es un documento riguroso sobre aquella realidad que cambió la historia de Cuba.

Soderbergh intercala con maestría en la primera parte de Che los diversos y trascendentes hechos que éste protagonizó desde el arranque de la revolución hasta la toma de La Habana, incluidas sus posteriores intervenciones como embajador de Cuba en Estados Unidos y en la ONU, intentando explicar y defender la legitimidad de la toma del poder en Cuba.

Utilizando alternativamente y con sentido el color y el blanco y negro, mezclando imágenes y discursos extraídos de la realidad con la ficción, Soderbergh y su guionista Peter Buchman evidencian haberse currado a fondo los libros de historia, escuchado opiniones contrastadas y testimonios de los que vivieron aquellos tiempos, recolección de multitud de datos. La batalla guerrillera en Sierra Maestra, la fe en la victoria, la captación de gente humilde que está harta del estado de las cosas y de la corrupta dictadura de Batista, la deserción de algunos y el glacial y letal castigo que se impone a la indisciplina o a la traición, la descripción del siempre estratega, autoritario, retorcido y político Fidel Castro y de la personalidad del Che Guevara, hombre de acción y asmático, humano e implacable, cercano y distante, estoico y rocoso, convencido de que la lucha no debe parar aunque se haya conseguido el objetivo, las enfrentadas concepciones ideológicas sobre el futuro de Cuba entre los insurgentes, todo ello está descrito por Soderbergh con fuerza y matices, eludiendo la tentación del panfleto y del esquematismo, con cine del bueno.

La segunda parte se centra en la organización de la guerrilla en Bolivia que hace el Che y acaba con su muerte. El cambio de escenario también hace el relato más lineal. Puede empezar a pesarte el cuerpo, a dar vueltas en la butaca, a acabar ligeramente saturado de tanta lucha campestre, a mirar frecuentemente el reloj y desear que llegue el final. El atracón pasa factura, es excesivo. Y eso no le quita mérito al gran trabajo de Soderbergh, a su comprensión de una época compulsiva y de un personaje con anverso y reverso. Los actores secundarios están perfectos, sin impostura en su gestualidad y en lo que expresan verbalmente, pero el trabajo de Benicio del Toro es tan impresionante como sobrio, tan complicado como veraz.

Imagino que va a haber movida con Che, que no va a dejar muy contento a nadie que la juzgue con motivos estrictamente ideológicos, pero es indudable el talento, el sentido del cine, la honestidad, el mimo y el esfuerzo de este director tan inquietante como necesario llamado Soderbergh.

22.5.08

Las raíces intelectuales de la izquierda

Por Luis Muñoz Oliveira
Milenio Diario, México, 22/05/08

La izquierda perdió fuerza creativa y polémica cuando dejó de ser universitaria y se volvió legislativa, señala el escritor Héctor Aguilar Camín. En la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, en Ciudad de México, la gente charlaba mientras esperaba la presentación de Pensando en la izquierda, nuevo libro de Héctor Aguilar Camín. Martí Soler introdujo a Jesús Silva-Herzog Márquez y al autor: “No vienen a presentar sino a dialogar”.

Silva-Herzog agradeció: “Las presentaciones son espectáculos bastante incómodos pero si esta fuera una presentación tendría que decir que… celebro los argumentos, el tono del análisis que siendo severo es cordial, riguroso pero sin saña ni rabia. Para comenzar el diálogo diré que hay dos fechas clave para la izquierda actual mexicana: 1988, la toma priísta de la izquierda, y 1994, año en el que el EZLN se levantó contra el Estado”.

Héctor Aguilar Camín: Así es, 1988 es el momento en el que se fundó la izquierda con capacidad de ganar elecciones. Esta izquierda surgió de la mezcla resistente a la mezcla de un PRI desgarrado y las izquierdas legalizadas en 1978.

S-HM: Anthony Giddens escribió hace poco que hay que cruzar el eje “izquierda-derecha” con el eje “liberal-conservador”. Si hacemos esto con la izquierda mexicana nos topamos que es izquierda, pero también profundamente conservadora, “hay izquierdas que ven el futuro como propio, la mexicana lo ve con recelo, está anclada al pasado”.

AC: Y es que la izquierda de este país se olvidó del espíritu internacionalista que quería, por ejemplo, la universalización de los derechos, la izquierda mexicana ha perdido la dimensión de sentirse cómoda en el mundo, no tiene propuesta de futuro, tiene propuesta de resistencia, y se refugia en el nacionalismo y el estatismo.

S-HM: Al hablar de la izquierda te refieres a dos linajes: la izquierda revolucionaria y la utópica. Yo veo más una izquierda pragmática, la toma de tribuna no es la toma de palacio, es aprender que los actos de fuerza reditúan; en cambio, a los linajes que mencionas los veo muy disminuidos.

AC: Las izquierdas que nombro no tienen contingentes pero no son importantes por la cantidad de gente que las apoya sino por las pulsiones que representan. La izquierda mexicana se mueve entre la utopía y la revolución. No se van al monte a empuñar las armas, pero en su discurso siempre subyace la legitimidad de la violencia.

S-HM: ¿Pero no es esta una pulsión mexicana?

AC: Sí, pero gracias a ello embonan tan bien la izquierda revolucionaria y el nacionalismo. Es una pulsión constante. La otra es la utopía, nunca una reforma es suficiente, siempre hay una reforma que no se ha hecho. En mis épocas, cuando sugerías cambios graduales te decían “traidorefo", "traidor reformista”.

S-HM: Y la izquierda intelectual está en extinción.

AC: La izquierda perdió fuerza creativa y polémica cuando dejó de ser universitaria y se volvió legislativa. La izquierda con pasión por el debate y la teoría se perdió en la inmediatez, los intelectuales en el pragmatismo de izquierda pierden peso, no hay espacio para las ideas.

S-HM: Yo te propondría un capítulo: “la izquierda emocional”. Ahora se trata de inscribirse del lado correcto de la historia, los argumentos valen por quién los esgrime, no por su fuerza.

AC: La izquierda necesita volver a sus raíces intelectuales y reconocer que las sociedades que más se parecen a sus ideales son las capitalistas desarrolladas, donde la socialdemocracia moduló el capitalismo.

S-HM: Tu libro es una denuncia desesperada ante una izquierda sin ideas, pero creo que esta es una enfermedad nacional.

AC: Claro, pero es que hoy hablamos de la izquierda, si habláramos del PRI o del PAN encontraríamos “un desierto de ideas igual o peor”. La épica de la Revolución Mexicana se acabó y la democracia no tiene aquella fuerza. Nadie ha planteado algo que le de a la sociedad mexicana esperanza de futuro, es ahí donde la socialdemocracia tiene un gran espacio de crecimiento para construir un proyecto que le ofrezca al país un futuro deseable.

18.5.08

Declaración de la Cumbre de los Pueblos

Enlazando alternativas III
Lima, 13 al 16 de mayo de 2008


Las organizaciones sociales, políticas y populares, de trabajadores y trabajadoras, de migrantes, las comunidades indígenas y campesinas, el movimiento de mujeres, de jóvenes y sindical de América Latina, el Caribe y Europa, reunidos en Lima durante la Cumbre de los Pueblos, Enlazando Alternativas III, declaramos:

La cooperación y la integración de nuestros pueblos pasan en primer lugar por la construcción de un sistema en el cual los derechos económicos, políticos, sociales, culturales y ambientales de las mayorías sean prioridad y razón de ser de las políticas gubernamentales. Por lo mismo, rechazamos el proyecto de Acuerdos de Asociación propuesto por la Unión Europea y avalado por diversos gobiernos latinoamericanos y caribeños que solo buscan profundizar y perpetuar el actual sistema de dominación que tanto daño a hecho a nuestros pueblos.

La estrategia de la Unión Europea “Europa Global: Competir en el mundo”, supone la profundización de las políticas de competitividad y crecimiento económico que buscan implementar la agenda de sus transnacionales y profundizar las políticas neoliberales, incompatibles con el discurso sobre el cambio climático, la reducción de la pobreza y la cohesión social. A pesar de que se pretende velar su naturaleza incorporando temas de cooperación y diálogo político, la esencia de la propuesta es abrir los mercados de capitales, bienes y servicios, proteger la inversión extranjera y reducir la capacidad del Estado de promover el desarrollo económico y social. Esto tiene implicaciones en ambas regiones:

Para América Latina y el Caribe, esta estrategia reproduce el esquema de los Tratados de Libre Comercio que han suscrito la mayoría de países de la región con Estados Unidos y van más allá del las políticas de la OMC que rechazamos. Los recursos naturales de estos países están siendo explotados indiscriminadamente, desplazando a comunidades enteras, devastando la biodiversidad, agotando las fuentes hídricas, y pauperizando a la mano de obra, y en ello tienen mucha responsabilidad las multinacionales europeas. América Latina ha sido víctima secular del saqueo de las transnacionales y, ahora, cuando avances democráticos estimulan la búsqueda de caminos propios de desarrollo en diversos países y de formas de integración al servicio de los pueblos, varios gobiernos que siguen las recetas del libre comercio estimulan la fragmentación de la región, los enfrentamientos nacionales y las contradicciones entre ellos.

En Europa una de las grandes amenazas para la democracia, la justicia, la paz y el equilibrio ecológico, es el Tratado de Lisboa, que está siendo ratificado por las elites sin consultar a la población y que rechazamos como ya lo hicimos en el pasado. Este tratado refuerza una Europa neoliberal, aumenta la militarización, la exclusión, las desigualdades y la mercantilización, así como endurece las políticas securitarias-represivas. Ello se refleja en un aumento de la precariedad, un ataque generalizado a todos los derechos sociales, en particular a las conquistas laborales. Al mismo tiempo, se acelera la construcción de la “Europa Fortaleza”, lo que implica cerrar las fronteras, violando el derecho de asilo y criminalizando los migrantes y los movimientos sociales, creando muros virtuales o reales, que no se diferencian con los que construyen en la frontera al Norte de América.

Los Acuerdos de Asociación que ha firmado la Unión Europea con México y Chile han profundizado las desigualdades y muestran el camino que seguirán quienes firmen estos Acuerdos en Centro América, la Comunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR cuyas negociaciones se quiere resucitar. Para los países del Caribe, estos Acuerdos, recientemente firmados, aumentarán la vulnerabilidad y dependencia de sus economías, al mismo tiempo que fracturan la dinámica de integración subregional.

En el momento en que en Lima los gobiernos hablan de cohesión social, cambio climático y reducción de la pobreza, conviene recordar que la principal causa de desigualdad, polarización social, degradación ambiental y discriminaciones, es la primacía del mercado por sobre los derechos de las personas y el otorgamiento de todas las garantías a las corporaciones que eliminan la capacidad estatal de definir proyectos nacionales de desarrollo con la complicidad de los gobiernos. Las transnacionales actúan bajo un doble rasero apoyándose en las asimetrías que los Acuerdos de Asociación tienden a reforzar. En consecuencia, el discurso sobre Cooperación y Diálogo Político es la carnada que esconde el anzuelo de los intereses de esas corporaciones.

Frente a la crisis alimentaria que afecta a decenas de países, denunciamos la hipocresía y las políticas de las instituciones multilaterales (OMC, FMI, BM, BID, BEI) que pretenden esconder sus verdaderas causas: direccionamiento de la producción de los países a la exportación, pérdida del papel del Estado en la regulación alimentaria y conversión de los alimentos en fuente de especulación financiera, todo ello como resultado de las políticas de “libre comercio”. Por lo mismo, es inadmisible que se proponga, como salida a la crisis, más liberalización y desprotección. La producción masiva de agrocombustibles agrava las ya difíciles condiciones de vida de millones de habitantes. Rechazamos una vez más esta pretendida salida a la crisis energética y climática.

Ante esta situación, las organizaciones que hacemos parte de Enlazando Alternativas, reiteramos que es posible una integración distinta basada en la libre determinación de los pueblos, el respeto al medio ambiente, a los derechos humanos y a los procesos democráticos emprendido por aquellos gobiernos que se alejan del neoliberalismo y buscan para sus pueblos relaciones de igualdad con todos los países del mundo. Esto supone el fortalecimiento de la cooperación en todos los ámbitos entre los pueblos, el reforzamiento de la solidaridad, el fin de toda forma de discriminaciones y la superación de prácticas violatorias de la soberanía de los países. Como ha mostrado la II Sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos, exigimos justicia y la reparación de los agravios, daños y perjuicios, provocados por las empresas europeas, y el replanteamiento de las relaciones con estas empresas, de tal forma que asuman los pasivos sociales y ambientales en que incurren.

Saludamos las acciones de nacionalización de empresas estratégicas para el desarrollo nacional y los recursos naturales, que pertenecen a los pueblos, no a las transnacionales, como por ejemplo la de la empresa boliviana de telecomunicaciones ETI/ENTEL. Llamamos a los gobiernos que promuevan políticas progresistas a sumarse al proceso de transformación que impulsamos. Rechazamos las desafiantes intervenciones de EE.UU. y la Unión Europea contra la soberanía de los pueblos. La Unión Europea debe asumir su deuda histórica con los pueblos de América Latina y el Caribe, en particular con los pueblos originarios. Llamamos la atención sobre la dramática situación de Haití, resultado de décadas de expoliación, agravada por la actual ocupación militar. Así mismo denunciamos la política complaciente de la Unión Europea con el gobierno de Colombia.

La única salida de los pueblos latinoamericanos, caribeños y europeos es unirse en torno a la defensa de su bienestar y fortalecer la resistencia y movilización contra las políticas neoliberales. Ella debe nutrirse de los aportes de mujeres, pueblos originarios, campesinos y demás fuerza sociales que, con su presencia masiva en la Cumbre Social, han dado ejemplo de combatividad y de elaboración de alternativas en búsqueda de un progreso sustentado en la armonía con la naturaleza, los derechos humanos y la eliminación de todas las formas de discriminación.

Exigimos a los gobiernos atender efectivamente las demandas de los pueblos por construir otro tipo de relaciones entre las regiones, basadas en la superación del modelo de mercado. Hacemos un llamado a la población a no dejarse engañar más por gobiernos autoritarios que pretenden criminalizar la justa protesta civil. Instamos a los habitantes de América Latina, el Caribe y Europa a sumarse a la fuerza cada vez mayor de organizaciones que buscan un mundo mejor para todos, y así estar a la altura de los desafíos que hoy enfrenta la humanidad.

Invitamos a todas las organizaciones sociales y populares de ambos Continentes a preparar desde ahora la próxima Cumbre Social de los Pueblos, Enlazando Alternativas IV, que tendrá cita en el Estado Español en el año 2010.

14.5.08

La Cumbre de los Pueblos

Empezó la Cumbre de los Pueblos, con presencia de delegados nacionales e internacionales. El encuentro continental comenzó entre ritos, mucha espiritualidad y poesía.

Más que el tinte político, el marco para empezar la fiesta continental, el encuentro de opiniones, propuestas, pedido de reivindicaciones, fue la poesía y el sentido de hermandad. Arengas, rituales espirituales y mucho entusiasmo marcaron la inauguración de la Cumbre de los Pueblos, Enlazando Alternativas 3. Empezó con voces y oídos para quien quiera expresarse...

La ceremonia, en el auditorio de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), sede de las muchas reuniones que integran este encuentro, se inició cerca del mediodía con la participación de unos tres mil delegados de diversos países de ­América Latina, el Caribe y Europa, así como personajes como el secretario general de la Comunidad Andina, Freddy Ehlers, la congresista nacionalista María Sumire, el embajador de Bolivia en Lima, Franz Solano, entre otros.

El acto fue inaugurado por la actriz nacional Delfina Paredes, quien recitó el poema “Los desgraciados” de César Vallejo, emocionando a la audiencia entera. Acto seguido, Rosa Guillén, subcoordinadora general de Enlazando Alternativas 3, dio la bienvenida a los participantes, y detalló la problemática de las comunidades y poblaciones en los paí­ses de América Latina, el Caribe y Europa.

El momento más significativo de la ceremonia de bienvenida fue, sin duda, cuando diferentes comunidades herederas del Tahuantinsuyo realizaron una ofrenda a los dioses, para que protejan y den éxito a la Cumbre de los Pueblos.

“Lo más importante es la espiritualidad. Si un pueblo no tiene espiritualidad propia, sigue siendo un colonizado espiritual”, señaló uno de los campesinos. Esta ceremonia, que duró cerca de 20 minutos, fue montada ante los delegados frente a un brasero ardiendo, donde se entregaron diversas ofrendas a la Pachamama, como la hoja de coca, mientras se tocaban pututos, o caracoles de viento.

Asimismo, los miembros de la mesa principal participaron del ritual, presentando ellos mismos hojas de coca, y bebiendo de un vaso ceremonial chicha de jora, mientras los representantes de las comunidades andinas, que se encontraban en la audiencia, gritaban arengas como “Vivan los pueblos andinos” y “Por una integración desde y para los pueblos”.

Se rompieron los fuegos, empiezan las muchas reuniones sobre temas que importan a todos. El pedido de justicia y la búsqueda de una fuerza internacional permanentemente alerta mueve a los miles de participantes en esta Cumbre que ya remece al mundo… con epicentro en el Perú.

(Fuente: La Primera, Lima, 14/05/08)

4.5.08

Javier Heraud desenterrado

El día de ayer, con motivo del reciente traslado a Lima de los restos mortales del poeta peruano Javier Heraud, quien hace cerca de 45 años cayera abatido en Madre de Dios, César Hildebrandt publicó, en el diario La Primera, este excelente artículo que los invitamos a leer.

Javier Heraud había nacido seis años antes que yo, así que cuando se murió de treinta balazos disparados por la Guardia Civil yo tenía quince años, estaba en el colegio militar Leoncio Prado y apenas me enteré del ­asunto.

Dos años después, sin embargo, liberado de la ceguera que imponía el colegio, leí a Heraud, quise a Heraud y juré que jamás lo olvidaría.

Más tarde, en Caretas, cuando entrevisté a su familia para una nota, percibí que a ellos –sus padres, su hermana– lo que había hecho Heraud les parecía romántico y suicida pero no heroico.

Heraud era mellizo generacional de César Calvo, con quien compartió el premio “El poeta joven del Perú”. Pero mientras a César lo habían secuestrado las palabras y las mujeres –en ese orden–, a Javier lo raptaron las ideas.

Había estudiado en el “Markham”, donde siempre fue uno de los primeros, y había ingresado a la Católica con el primer puesto en Letras. Era buenmozo sin remordimientos, talentoso hasta la precocidad, tierno y buenazo hasta la pared de enfrente.

Con “El viaje” había ganado un premio –en esa época los premios no se daban al toma que te doy– y con “El río”, en 1960, había sorprendido a la crítica. Su poesía tenía mucho de agua limpia que discurre y ­alimenta y a mí lo primero que me impactó fue la limpia de retórica que Heraud había hecho con sus textos. Heraud no quería escribir para impresionar y por eso impresionaba, no aspiraba a ser citado y por eso llamó tanto la atención y no quiso hacer poesía social al uso en los cincuenta y por eso sus poemas tenían la serenidad geográfica de un mundo que él no parecía crear sino descubrir al mismo tiempo que sus lectores. Y por todo eso era casi imposible ­aceptar que el autor de “El río” tenía apenas 18 años. Sólo la poesía francesa había producido precipitaciones tan magníficas.

Todo en Javier fue vértigo impaciente. Fue profesor de inglés y lenguaje a los 17 ­años, apenas salido del colegio, y teacher en el Guadalupe a los 18. Y habiendo ingresado a la Católica se matricula también en San Marcos, donde empezaría sin ganas ­una carrera que sólo podía hacerlo infeliz: la abogacía.

La revolución cubana tronaba en sus oídos, los movimientos anticoloniales cantaban himnos y ganaban guerras, a Jacobo Arbenz lo había depuesto la CIA hacía seis ­años, Juan Bosch estaba a punto de gobernar República Domicana –la CIA lo sacaría del poder siete meses después y luego Lyndon Johnson enviaría 50,000 hombres para respaldar al mequetrefe de Balaguer–, a Jesús Galíndez no le encontraban el cadáver, a Patricio Lumumba ya lo habían empezado a matar entre belgas y norteamericanos, y por todas partes los jóvenes peleaban para que el mundo fuese más de Gramsci que de Mussolini, más de los justos que de los esbirros.

Así que Heraud se fue a la Unión Soviética, invitado; a París, por gracia de unos amigos próximos al socialprogresismo peruano –al que Heraud se había adscrito–; y a Cuba, invitado por el régimen que en ese momento parecía encarnar todas las virtudes y carecer de todos los defectos.

De regreso, Javier no pudo ser el mismo. ¿Le mortificaba la conciencia haber sido un niño de clase media al que nada le faltó? ¿Lo envenenaba esa culpa gratuita que persiguió a Vallejo, cuya tumba parisina había visitado? ¿Lo convencieron los argumentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, una escisión temprana del Apra decidida a imponer por la fuerza un modelo de sociedad más próximo a los valores de la civilización? ¿Fue engatusado –como dicen los mezquinos y los parásitos de las becas– por astutos camaradas que lo llevaron al suicidio?

Lo que se sabe es que el 15 de mayo de 1963 Javier Heraud está huyendo de un destacamento policial que ha dado con su paradero de guerrillero perdido en medio de la selva. Heraud y Alain Elías, que sobreviviría milagrosamente, van corriente abajo por el río Madre de Dios cuando los policías los avistan. Los primeros testigos –los que valen– dijeron que, viéndose perdidos, uno de ellos mostró y agitó algo blanco en señal de rendición. Pero ya en 1963 era difícil rendirse en el Perú. Los policías dispararon sus FAL calibre 7.62. Al cadáver de Heraud le contaron, para el protocolo de la morgue, 29 impactos. “El río” se había ensangrentado para siempre. El poeta caudaloso y el guerrillero estupefacto desaparecieron. Y la consigna de la Caverna peruana –o sea la derecha analfa que lee sus periódicos y sigue siendo analfa– ha sido silenciar a Heraud, prohibir su entrada a los parnasos a los que él jamás hubiese querido entrar.

Ayer, en una silenciosa ceremonia de tono familiar, lo que quedaba de Heraud fue trasladado del cementerio “Los Pioneros”, en Puerto Maldonado, a los Jardines de la Paz, en Lima. Allí están sitos sus huesos, junto a los de su padre y 45 años después de la tragedia.

Si Javier hubiese tenido las prerrogativas de Cristo y hubiese resucitado ayer, en plena ceremonia, podría haber repetido las palabras de otro gran poeta odiado por la Caverna española –o sea la casa matriz de los de ­aquí–: Gabriel Celaya:

“Pensadlo: ser poeta no es decirse a sí mismo.
Es asumir la pena de todo lo existente,
es hablar por los otros, es cargar con el peso
mortal de lo no dicho, contar años por siglos,
ser cualquiera o ser nadie, ser la voz ambulante
que recorre los limbos procurando poblarlos”.

1.5.08

1° de Mayo, historia de lucha

El texto siguiente del conocido periodista peruano César Lévano fue publicado originalmente el 29 de abril de 1975 en La Jornada, suplemento laboral del diario La Prensa, de Lima. Hoy, con algunos fragmentos de menos, acaba de volver a ser publicado en La Primera, el diario que con tanto acierto y coraje ahora Lévano dirige.

“La aurora de este día con sus resplandores fortalecientes, nos saluda cariñosamente y besa con sus labios de fuego nuestras frentes erguidas ante el común enemigo como un reto de desafío a los prepotentes que ultrajan nuestros derechos y escarnecen la dignidad humana”.

“Cuando los obreros de Estados Unidos, el 1º de Mayo de 1886 se lanzaron a la huelga general en demanda de la jornada de ocho horas, no fueron a festejar días de paz y fraternidad con sus explotadores, sino a luchar varonilmente, afirmando como clase desheredada el derecho a una mejor vida”.

Con estas palabras iniciaba Delfín Lévano su editorial de La Protesta del Primero de Mayo de 1913. Y continuaba así: “Consecuencia de esta lucha fue que el 14 de mayo, mientras la policía cargaba contra una indefensa multitud de huelguistas estallara una bomba en las filas de los legales asesinos de casaca. ¿Se trató de buscar al autor de este hecho, premeditado por capitalistas y autoridades? No. Estaba demás y era peligrosa toda investigación.

“Se quería sofocar el despertar proletario, y la autoridad se concretó a apresar a los que, por su valentía, inteligencia y entusiasmo en la lucha, se habían distinguido entre sus compañeros. La rabia patronal se ensañó con ocho obreros que, por su verbo candente de luz y verdad, habían sido el alma del colosal movimiento de reivindicación. Spies, Fischer, Engels, Parsons y Lingg fueron condenados a muerte, y el 11 de noviembre, los cuatro primeros subían al patíbulo, siempre altivos, desafiantes y temibles hasta el último momento de sus heroicas vidas. Lingg se suicidó en la prisión mordiendo un cartucho de dinamita. Fue rebelde al extremo, pues no permitió que sus verdugos saciaran sus cobardes venganzas, viéndolo pender de la horca. Schwabb, Neebé y Fielden fueron condenados a cadena perpetua”.

El relato de Delfín Lévano subraya la continuidad en las ideas y la lucha de la clase obrera peruana. La primera manifestación de Primero de Mayo en el país, la de 1905 (en que se lanza el reclamo de las ocho horas ante una gran asamblea obrera) y este artículo de 1913 son hitos que revelan la comprensión constante de los primeros organizadores del movimiento obrero, respecto al carácter de esa fecha como día de protesta, de lucha y de solidaridad internacional.

Iniciadores en EE.UU.

Corresponde a los trabajadores avanzados de Estados Unidos el haber iniciado la lucha por la jornada de ocho horas de una manera centralizada y planificada. Lo recuerda Marx en El Capital, en el fascinante capítulo titulado precisamente “La jornada de Trabajo”. A lo que hay que agregar que fue Marx quien imprimió a la tarea su carácter mundial.

A mediados del siglo XIX vivía en un tugurio de Nueva York el obrero William Sylvis, padre de 5 hijos. Su salario era de 12 dólares semanales por una jornada diaria de 12 horas. Corresponde a este titán proletario el haber sido uno de los iniciadores de la lucha por la organización sindical y por la jornada de ocho horas. Una de sus primeras hazañas fue crear la organización sindical de su gremio, el de fundidores. Más tarde contribuyó a crear la “National Labor Union” (Unión Nacional de Trabajadores), a la que sin embargo criticó el no incluir negros en sus filas, una tendencia que todavía subsiste en el sindicalismo estadounidense.

Fue dicha Unión la que acordó en 1866, en Baltimore, en su convención inaugural, la campaña por las ocho horas, que se sumaba a la emprendida poco antes por una Liga por las Ocho Horas.

La lucha sindical obtuvo en 1868 una primera victoria al dictar el gobierno federal de Washington una ley que establecía las ocho horas para los empleados gubernamentales.

A partir de entonces, nuevas organizaciones obreras se sumaron a la acción en pro de la reducción de jornada. Entre ellas, los “Caballeros del Trabajo” y la recién fundada Federación Americana del Trabajo. Esta acordó, en convención de 1884, que el 1ª de Mayo de 1886 se efectuara una gran manifestación por las ocho horas.

Eran años en que las filas de la clase obrera de los Estados Unidos se incrementaban velozmente. Fernando Braudel precisa, en Las civilizaciones actuales, que la población rural de ese país disminuyó del 65 por ciento del total en 1880 a 51.7 por ciento en 1899.

Parejamente con el crecimiento de la clase obrera, la burguesía monopolista yanqui iba sacando las garras. En la década de 1880 apareció la siniestra organización policial privada de Robert A. Pinkerton, que contaba con fuerzas de caballería, infantería y artillería. Esta muestra temprana del potencial fascista norteamericano rompía huelgas, infiltraba agentes provocadores, asesinaba dirigentes sindicales, producía actos de violencia para desacreditar el movimiento obrero.

Centro de la lucha por las ocho horas fueron anarquistas y socialistas, algunos de ellos emigrados alemanes, polacos, rusos, italianos. Principal animador a la altura de 1889 era Alberto Parsons. Richard O. Boyer y Herbert A. Morais en su Labor’s Untold History (La historia silenciada de los trabajadores) recuerdan que aquel gran precursor había nacido el 20 de junio de 1848, en Montgomery, Alabama. A los cinco años de edad, Parsons quedó huérfano. A los once años era obrero tipógrafo y a los trece, ingresó en la guerra civil como voluntario. Ha de recordarse que toda la vanguardia sindical de la Unión se lanzó a la guerra en las filas norteñas, en lucha contra la secesión y el esclavismo. Cuando la guerra terminó, Parsons era, a los 17 años, un veterano que había contribuido a salvar, por las armas, la unidad de su país.

Era asimismo un hombre con las mejores cualidades de su pueblo: enérgico, alegre, práctico, innovador. Poco después fundó el periódico Spectator en que reclamaba derechos para los negros, a pesar de amenazas de otros hombres blancos que lo veían como un renegado de su propia raza.

En el claro mediodía de su vida, a los 25 años de edad, Parsons se casó con la india mexicana Lucy Eldine González, que fue su gran inspiradora y compañera de lucha. Trece años después, en 1868, la brega masiva por la jornada de ocho horas contaba en su núcleo con la irradiante presencia de Parsons y de su periódico Alarm, en que colaboraba a menudo la suave y enérgica Lucy, para entonces madre de dos niños.

Ese abril de 1886 quedó grabado con caracteres de fuego en la memoria del proletariado de Norteamérica. Inmensas manifestaciones preparatorias del 1º de Mayo inminente se celebraron en varias ciudades. Marchas y canciones llenaron el ambiente.

Era una amenaza “comunista”, según dijo la prensa burguesa. The New York Times calificó de “un-american” (antiamericano) el movimiento, y aseguró que “las perturbaciones laborales son introducidas por extranjeros”. Entre los diarios más violentamente contrarios a los trabajadores figuraba ciertamente el Chicago Tribune, el archirreaccionario cotidiano de la familia McCormick, propietaria asimismo de la Compañía International Harvester, encarnizada enemiga de las reivindicaciones obreras. (Sesenta años después, el Coronel Robert McCormick, digno vástago de la familia, iba a ser uno de los integrantes de la “American Action Inc.”, que ayudó a ungir senador a Joseph McCarthy y que fue descrita por el Representante Wright Patmann, de Texas, como “un grupo de fascistas que buscan preservar los derechos de propiedad e ignoran los derechos humanos”).

Pocas veces la desnaturalización de los objetivos obreros ha sido tan grotesca como en ese abril de 1886. Los diarios declaraban que los preparativos para el Primero de Mayo constituían “comunismo espeluznante y rampante” y, que la jornada de ocho horas conduciría a “la holgazanería, el juego, el libertinaje y el alcoholismo”.

Parsons, norteamericano puro

Pero el día llegó. En Chicago le abrió paso una mañana luminosa y suave, de primavera. Aunque era sábado, día laborable, ochenta mil trabajadores de la ciudad se habían declarado en huelga exigiendo la jornada de ocho horas. En todo el país, unos 390,000 se habían manifestado en marchas, no menos de 190,000 habían parado. Era un gran estreno del Primero de Mayo.

Parsons estaba allí, henchido de alegría, caminando por la Avenida Michigan de Chicago, al lado de su mujer y sus dos críos. Muy pronto se le acercó Augusto Spies, un anarquista alemán con once años de residencia en el país, director del Arbeiter Zeitung (Gaceta de los Trabajadores). Mientras esperaban que comenzara el desfile, Spies le mostró una información del Chicago Mail: “Hay dos peligrosos rufianes sueltos en esta ciudad; dos cobardes huidizos que están tramando crear agitación. Uno de ellos se llama Parsons; el otro es Spies… Márquenlos por hoy. Ténganlos a la vista. Háganlos personalmente responsables de cualquier desorden que ocurra. Hagan con ellos algo ejemplar si se producen los disturbios”.

A pesar de tanto anuncio siniestro, no hubo ningún desorden. Miles y miles de trabajadores desfilaron en Chicago, ordenada y pacíficamente, bajo el Sol de la primavera y de la esperanza. Entre los oradores estuvieron Parsons, Spies, el socialista Samuel Fielden y Miguel Schwabb, otro emigrado de Alemania, con ideas anarquistas.

Al día siguiente de ese Primero de Mayo inaugural, Parsons partió a Cincinnatti, donde se realizó otro mitin en que fue orador. El lunes 3 se produjo en Chicago un desorden inesperado. En las fábricas de tractores de los McCormick, en las que en 1885 se había producido una matanza de obreros a manos de los “Pinkertons”, una multitud obrera arremetió contra 300 rompehuelgas.

Estos crumiros eran “Pinkertons”, es decir, alquilones pagados por la organización policíaca ya mencionada. La fuerza pública intervino. Disparó desde la retaguardia de los huelguistas y mató a seis de éstos. Esta defensa salvaje de los amarillos indignó sobremanera a los trabajadores.

Spies escribió esa misma noche en su periódico en alemán una famosa “Circular del desquite”. Las organizaciones obreras decidieron convocar un mitin de protesta para el 4 de mayo.

Al mediar ese día, Parsons retornó de Cincinatti. En la noche debía acudir al mitin de protesta, citado para la Plaza Haymarket, pero su esposa le informó de que había convocado para esa misma hora una asamblea de costureras desde tiempo atrás deseosas de organizarse. Parsons decidió faltar al mitin central y acudir, con Fielden y otros dirigentes, a la reunión de las obreras. Precisamente cuando Parsons y familia se dirigían a la reunión de costureras, fueron alcanzados por un emisario de Spies. El mitin de Haymarket hervía de gente pero carecía de oradores.

En el centro de la Plaza Haymarket, Spies había colocado un vagón para que sirviera de tribuna. Allí arengó él mismo a la multitud. Luego tocó el turno a Parsons. Cuando éste concluyó, eran las diez de la noche. Quince mil personas, según testimonios contemporáneos, llenaban en ese momento el lugar. El alcalde de Chicago, Carter Harrison, que no sentía ninguna particular amistad por los obreros, iba a recordar más tarde la atmósfera de esos comicios: “Con excepción de algún fragmento de un minuto de duración y durante el cual temí ser inducido a disolver la reunión, el discurso de mister Spies era tan moderado que lo califiqué de “inofensivo” ante el capitán Bonfield. El pasaje del discurso de Parsons que provocó la mayor agitación se refería a una estadística sobre la proporción de las ganancias del capitalista en perjuicio del trabajador”.

“Me parece –continúa el alcalde– que dijo que el capitalista recibe 85 por ciento y el trabajador el restante quince por ciento. Volví al comisariado y le dije a Bonfield que, según mi opinión, los discursos habían terminado sin que nada ocurriese. Estaba claro que nada iba a ocurrir que exigiese una intervención. Sugerí que sería mejor que Bonfield impartiese órdenes para el retiro de las fuerzas de policía”.

Mientras hablaba Samuel Fielden, el tercer orador de la noche, empezó una lluvia torrencial, que dispersó a la muchedumbre. Sólo unas quinientas personas quedaron en la plaza. En ese momento se acercó el capitán John “Clubber” (Cachiporrazo) Bonfield, al mando de 180 hombres, al vagón. Intimó: “En nombre del pueblo del Estado de Illinois, ordeno que este mitin se disperse pacíficamente de inmediato”.

“Pero capitán”, exclamó Bielden, “estamos actuando pacíficamente”.

Una provocación

De pronto, desde una calle lateral se levantó hacia el espacio un objeto llameante. Era una bomba que fue a hacer explosión en las filas policiales. Un custodio del orden murió instantáneamente y otros siete quedaron gravemente heridos. Los policías empezaron una balacera enloquecida, a diestra y siniestra, contra el gentío que huía espantado. Hasta hoy no se ha podido averiguar cuántos obreros murieron en esa noche trágica.

Luego se produjo una bacanal del odio en la prensa y en la opinión pública “bienpensante”. El juicio fue una farsa a la que concurrieron testigos pagados, cuando no aterrorizados por las torturas. El jurado elegido estuvo conformado por empresarios y sus escribientes. Uno de los cargos aseguraba que los acusados formaban parte de una conjura para derribar el gobierno de los Estados Unidos y que la bomba de Haymarket era la señal para el asalto general. En todo el país se inició una cacería de dirigentes obreros.

La solidaridad obrera y popular no tardó, sin embargo, en tomar la contraofensiva. El comportamiento altivo, la inteligencia clara de los acusados, les atrajeron las simpatías de lo mejor de Estados Unidos. Hasta hubo el caso de una heredera, la bella Nina Van Zandt, que se casó con Spies por poder en la esperanza de aliviar en algo la suerte de éste.

Lucy, la compañera de Parsons, emprendió una campaña por la libertad de los líderes obreros. Acompañada por sus dos pequeños recorrió dieciséis Estados de la Unión, pronunció discursos, reunió dinero, escribió a las organizaciones obreras, fue apresada, injuriada, impedida de hablar. Todo por “salvar la vida de siete hombres inocentes, uno de los cuales me es más querido que la vida misma”.

Las autoridades de los Estados Unidos no prestaron oídos a nada. La Corte Suprema rehusó revisar el caso.

Los parlamentarios no prestaron el menor interés a un acuerdo de la Cámara de Diputados de Francia en pro de la clemencia. Poco antes del 11 de noviembre de 1887, día fijado para la ejecución, Parsons escribió a su mujer una de las más bellas cartas de amor que haya dictado un corazón varonil: “Mi pobre, querida esposa… Te dejo en herencia al pueblo, mujer del pueblo. Tengo que formularte un ruego; no cometas ninguna imprudencia cuando me haya marchado. Abraza en cambio la gran causa del socialismo, por la cual doy la vida”.

Seis años después de la ejecución, John V. Altgeld, Juez del Estado de Illinois, iba a proclamar la inocencia de los mártires de Chicago. “Los documentos que tengo ante mí demuestran que fue un proceso injusto y no me queda más, en nombre de la justicia, que declarar inocentes a los procesados y ordenar la libertad de Samuel Fielden, Oscar Neebe y Miguel Schwab.- Chicago, 26 de junio de 1893”.