30.1.08

La herida abierta de Uchuraccay

Escribe
Rocío Silva Santisteban


Hace algunos meses, en noviembre de 2007, Ricardo Uceda en una conferencia en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya confesó uno de sus fracasos periodísticos: su investigación sobre Uchuraccay. "La ideología nos cegó y tuvimos conclusiones falaces", refiriéndose a las fotos de los comuneros en las que creyeron ver uniformes militares ocultos bajo los ponchos. A los pocos minutos Edmundo Cruz señaló que quizás Uceda esté equivocado. De hecho, hace unos años, Raúl Wiener sobre este punto ha dicho: "Entonces… ¿lo que yo vi el 30 de enero de 1983 no eran militares vestidos de campesinos sino campesinos vestidos de militares y "sinchis?". Han pasado 25 años y todavía existen más preguntas y ambigüedades que respuestas rotundas sobre lo que sucedió. Los familiares de las víctimas siguen pidiendo justicia.

En ese entonces la Comisión Uchuraccay validó la tesis del "salvajismo, la barbarie y la postergación" como causales de los asesinatos, cuando en realidad se estaban obviando las tensiones que se habían producido por el miedo a la presencia de Sendero Luminoso, la llegada de los "sinchis" y la felicitación que hizo el gobierno a la comunidad de Huaychao de una situación similar pero acontecida contra senderistas. Todas estas circunstancias pesaron mucho más en los hechos luctuosos que la supuesta otredad del sujeto andino.

Y lo más patético del caso es que posteriormente, debido a distintas circunstancias intrincadas vinculadas a la violencia de ronderos y senderistas, 135 uchuraccaínos fueron muriendo de diversas maneras; entonces el pueblo se desoló porque se había convertido en un espacio maldito. En 1993 un grupo que había estado en la selva regresó y decidieron re-fundar Uchuraccay unos metros más arriba. Y a pesar del PAR y otros programas, la nueva plaza de Uchuraccay, menos amplia que la anterior, sigue siendo uno de los lugares más desolados del Perú.

Según informe de Aprodeh, los comuneros actuaron instigados por los Infantes de Marina, quienes días antes habían llegado a Uchuraccay con víveres, para promocionar la nueva estrategia antisubversiva planteada por el general Clemente Noel, jefe político-militar de la zona: cooptar a la población de las zonas altas para evitar el "corredor" de los comandos senderistas por las montañas. A los comuneros se les indicó que los "amigos vienen por el aire, los enemigos por la tierra". Noel, en su defensa, sostuvo que los comuneros habían confundido a los periodistas con senderistas pues los primeros portaban una bandera roja y entonaban canciones subversivas, responsabilizando a la temeridad de los periodistas y la ignorancia de los comuneros como los causantes de la masacre. Nuevamente la otredad aparece como respuesta ante la responsabilidad y la duda.

Muchos años después, salió a la luz una probable razón por la cual la Comisión Uchuraccay había llegado a una conclusión tan genérica, que no resolvía sino que por el contrario empantanaba la búsqueda de una verdadera justicia: prefirieron evitar las consecuencias político militares de inculpar a miembros de las fuerzas armadas difuminando la responsabilidad que, en 1987, recayó sobre tres miembros de la comunidad, Dionisio Morales, Simeón Aucatoma y Mariano Ccasani, quienes fueron condenados a penas privativas de la libertad entre 6 y 10 años. De esta manera se intentó silenciar la reclamación de los deudos de las víctimas y de la prensa en general, utilizando una vez más a la parte más débil, la población indígena, como chivos expiatorios.

Mientras tanto el racismo en el Perú, que encendió y sigue manteniendo la indiferencia de amplios sectores frente a las desapariciones, asesinatos y torturas de la población andina, fue la razón principal para que los periódicos avivaran estereotipos sacados de la racionalidad más retrógrada de la sociedad criolla. Un diario –como lo señala el historiador Nelson Manrique– tituló como encabezado de la noticia una sola palabra:"¡Bestias!". Este titular recoge el mismo adjetivo que el Código Penal de 1924 usaba para minimizar las penas o considerar inimputables a los indígenas "bestializados por el alcohol". En otras palabras, el titular del periódico no hizo sino responder a una racionalidad y a un imaginario que son el sustrato de la dependencia, la dominación y la exclusión sobre las que hoy, peligrosamente, sigue sustentándose el país.

(Publicado originalmente en La República, Lima, 27 de enero de 2008)

27.1.08

Feminismo abajo y a la izquierda

Escribe
Sylvia Marcos*


El zapatismo ha incluido desde sus inicios la lucha de las mujeres por sus derechos, insistiendo y poniendo de relieve sus contribuciones. El zapatismo es hoy la respuesta más acabada y completa a las luchas mundiales de resistencia en contra de ambiciones desmedidas que están acabando con el planeta. Aquellos que lo niegan son los que nunca comprendieron a fondo sus propuestas radicales a otra forma de hacer política y de gobernar, a otra forma de cotidianidad donde las mujeres tengamos derecho a la misma dignidad y respeto que los varones. Es otra forma de concretar y resolver las carencias y los anhelos de todos los desposeídos, y entre ellos los pueblos indios. Sin el zapatismo vivo y propositivo nuestra esperanza se desvanecería, quizás sobre todo la mía como mujer y mexicana.

Hace un tiempo los zapatistas, por medio de su vocero, reconocían “falta lo que falta” al referirse a la situación de las mujeres en el medio de su organización y su lucha.

La voz de una comandanta ante el foro alternativo a la OMC en Cancún en 2003 lo expresaba así:

“Hermanas mujeres indígenas y campesinas: les queremos decir que se organicen para luchar contra el neoliberalismo que nos humilla, que nos explota, que nos quiere desaparecer como indígenas… y como mujeres.”

Su grito despierta conciencias en todas nosotras mujeres. Hay que luchar al lado de los hombres para la creación de otro mundo que sí es posible. Con lucidez impresionante, la comandanta continuó su discurso tintado de sintaxis tzotzil:

“Tambien queremos decir a los hombres que nos respeten nuestro derecho como mujer… pero no lo vamos a pedir como favor, sino que lo vamos a obligar a los hombres que nos respeten.”

Después de esta actitud retadora, añadió con un dejo de tristeza: “porque muchas veces el maltrato que recibimos las mujeres no sólo lo hace el rico explotador. También lo hacen los hombres que son pobres como nosotras… nuestros esposos, nuestros hermanos, nuestros padres e hijos, nuestros compañeros de lucha y los que trabajan y están organizados junto con nosotras” (“Mensaje de la comandanta Esther a la movilización”, La Jornada, 10/9/03).

Así pues, el zapatismo es una propuesta innovadora, una promesa en camino de cumplirse totalmente, una fuerza que admite en sus rangos las múltiples luchas por la justicia de los desposeídos que se movilizan en nuestro planeta hoy. Logra unir la lucha por la dignidad, el respeto y la justicia con los pueblos indios y las reivindicaciones feministas de nuestro gran movimiento intergaláctico de mujeres.

Las y los zapatistas lo están logrando y su movimiento es el más esperanzador para las feministas que estamos abajo y a la izquierda.

La participación de las mujeres en la construcción de un nuevo mundo donde quepan todos los mundos es imprescindible. Pero su participación tiene que ampliarse para incluirnos en todos los niveles de organización y decisión.

Las mujeres zapatistas nos han puesto su ejemplo con sus aportes y avances en las prácticas cotidianas y de liderazgo político. Cito a la comandanta Hortensia:

“Queremos decirles que nosotras las mujeres indígenas zapatistas estamos tratando de participar a todos los niveles de lucha, estamos tratando de levantarnos y de despertarnos de nuestro dolor y de nuestra muerte, porque nosotras las mujeres somos las que más hemos sufrido las grandes injusticias de humillación, porque nosotras las mujeres somos las que menos oportunidades hemos tenido para vivir dignamente, nunca hemos tenido derecho a ningun tipo de servicio” (Crónicas intergalácticas EZLN, Planeta Tierra, México, 1996, p. 19).

Esto mismo podría expresarse en términos teóricos y académicos. Pero prefiero dejarles la voz a mis lúcidas colegas zapatistas. Sus palabras sencillas y a la vez profundas lo explican todo. Las mujeres sufrimos diferencialmente a los varones las mismas condiciones. Sea la pobreza, sea la humillación, el abuso o la discriminación por ser indígenas. A las mujeres –en estos regímenes patriarcales– nos toca un bonche más. Así porque sí, porque somos mujeres biológicas y nada más.

No pienso extenderme en las complejas teorías feministas que sistematizan estas diferencias. No caben aquí, la compañera zapatista ya lo dijo como vocera de todo el movimiento. No es la voz individual de ella como mujer zapatista, sino la voz de una comandanta que expresa la colectividad zapatista. (Palabras de bienvenida de la comandancia general del EZLN en la voz de la comandanta Hortensia, 1996.)

Por eso estoy enamorada del zapatismo. Por la búsqueda, permanentemente reasumida de una inclusión, respeto y dignidad de las mujeres. Y también porque sus posturas y demandas recobran las configuraciones indias mesoamericanas. Configuraciones ancestrales, pero también contemporáneas, que nos inspiraran a forjar ese nuevo “otro” mundo que anhelamos.

Respetar y recobrar selectivamente configuraciones ancestrales indígenas –como la toma de decisiones por consenso, o la conceptualización de la dualidad varón/mujer, entre otras varias– contribuye en crear una sociedad no sexista. Estos dos proyectos no están organizados jerárquicamente. Según entiendo, son proyectos interconectados.

En su teoría de la posicionalidad, la afroestadunidense Bell Hooks insiste en proponer que no se prioriza uno sobre lo otro. Apoyar al uno no implica ningún descuido al otro.

Uno es tan importante como el otro y caminan a la par, caminar parejos, usando una metáfora predilecta de las zapatistas para definir la relación equitativa con los varones que ellas anhelan.

Pero este amor mío por las propuestas zapatistas y que dura al atravesar no sólo años, sino épocas, se construye con la tolerancia por las incompletudes, los intentos fallidos, las buenas voluntades de corregir fallas. Falta lo que falta. Y ahí estamos, albergando esperanzas de que el empuje de las zapatistas, por ellas mismas y sin tutelajes de feminismos hegemónicos, logre sus derechos, y a la vez los de todas nosotras las mujeres organizadas. Por esto y por sus logros son nuestro ejemplo.

* Extractos de la ponencia presentada en el Coloquio Andrés Aubry, EZLN, 13 de diciembre de 2007. La doctora Sylvia Marcos es una sicóloga que desde la década de los 60 del siglo pasado se colocó del lado de la antisiquiatría y de la postura antinstitucional en siquiatría. Junto con Ronald Laing, David Cooper, Franco Basaglia, Thomaz Zazz y Carlos Monsiváis impulsaron un grupo denominado Red de Alternativas a la Psiquiatría en América Latina.

(Publicado en La Jornada, México D.F., 26 de enero de 2008)

23.1.08

Recordando a Rosa Luxemburgo

Escribe
Antonio Zapata

En estos días se cumple un aniversario del asesinato de Rosa Luxemburgo, una importante lideresa revolucionaria que fue ultimada por tropas irregulares de la extrema derecha alemana en 1919. Ella fue una personalidad excepcional, que contribuyó a fundar el socialismo democrático y liberal. Por ejemplo, anticipó el curso que tomaría la revolución rusa, denunciando la amenaza de burocratismo y autoritarismo que conllevaba el poder bolchevique. En octubre de 1917, Lenin y sus camaradas habían tomado el poder en la vieja y atrasada Rusia zarista. Pero, durante 1918 disolvieron la Asamblea Constituyente y establecieron el sistema de partido único. Con esas reglas políticas, en diez años, la revolución rusa caería en manos de Stalin, quien ordenó purgas inmensas y el ajusticiamiento de toda la vieja guardia revolucionaria. Pero, cuando esos males comenzaban, la única que los vio y denunció fue Rosa Luxemburgo. Ella fue la primera crítica del comunismo en nombre de la libertad popular.

Joven judía polaca, había crecido y estudiado en Varsovia. Luego fue a la universidad en Zurich y se formó en economía política. En 1898 se instaló en Berlín, donde realizó una brillante carrera como dirigente del poderoso partido socialista alemán, fundado por el viejo Engels y que se había enrumbado por la ruta del parlamentarismo. Era una mente creativa y talentosa oradora. Intentó combinar la organización obrera propia del socialismo alemán con las ideas libertarias que tenían su origen en el anarquismo. Pronto fue arrinconada por la dirección del PS que la relegó a tareas de educación y le quitó capacidad de decisión política. Opuesta a la Primera Guerra Mundial fue arrestada y acusada de traición a la nación germánica. Formó una tendencia revolucionaria dentro del viejo PS denominada espartaquista, en recuerdo de Espartaco, el esclavo romano que había conducido la gran revuelta contra el sistema esclavista de la antigüedad clásica. Fue liberada recién en noviembre de 1918, apenas dos meses antes de ser asesinada, en medio de la gran crisis que siguió a la derrota del Káiser en la Primera Guerra Mundial.

Mujer en una Europa donde sólo los hombres se ocupaban de la cosa pública, polaca en tierras germanas, Rosa Luxemburgo supo estar en contra del sentido común. Por ello fue libertaria en un mundo que amaba la organización, el funcionamiento de la maquinaria partidaria que asemejaba el trabajo de los obreros en la fábrica. Ella había discrepado de Lenin y sus escritos desde tiempo antes de la revolución rusa. Le parecía demasiado autoritario, muy centralista, emparentado con los conspiradores amantes del golpe de estado, pero no de la revolución fruto de la conciencia popular. Rosa quería convencer, ganar adeptos gracias a la madurez del programa socialista y la entereza moral de sus líderes.

En un breve libro escrito hace casi 90 años anticipó la censura de prensa que vendría tras el triunfo bolchevique, la dictadura del partido único, el terror en masa y hasta los campos de concentración. En oposición a ese curso, Rosa Luxemburgo concibió el socialismo como prolongación de la democracia. Es decir, luchaba por una radicalización social de las libertades políticas. Ya que gobernaban las mayorías a través de las urnas, pues que las mayorías también impongan su voz en el reparto de la riqueza.

Su muerte como heroína le permitió intervenir en el imaginario político colaborando con una tradición: la del socialismo democrático. Esta propuesta no tuvo un destino masivo durante el siglo XX, dominado por los grandes totalitarismos: el comunista y el fascista. Pero, al final del siglo, el inesperado triunfo de la democracia parlamentaria le ha devuelto actualidad a su actitud básica. ¿Es ella un anticipo del caviar? Difícil, porque en el caviar prototípico hay una sumisión al poder social del dinero. El caviar ama el fasto, por ello recibe ese nombre. El caviar peruano, que es objeto de reflexión de la última edición peruana de Le Monde Diplomatique, es un ser muy mundano que circula intensamente en fiestas e inauguraciones. Es en ese espacio que realiza su práctica política. Mientras que, por el contrario, el campo abierto por Rosa Luxemburgo es la democracia radical, una tradición revolucionaria que propugna la libertad irrestricta como camino de la justicia social.

(Publicado originalmente en La República, Lima, 23 de enero de 2008)

12.1.08

Atilio Borón y la izquierda latinoamericana

Por Francisco Herreros
(El Siglo, 09/01/2008)

El 2 de febrero de 1999 es un hito clave en la historiografía latinoamericana, y también mundial, porque ese día asumió la Presidencia de Venezuela el ex teniente coronel Hugo Chávez Frías, hecho que rompió con la secuencia de derrotas de la izquierda que se venía sucediendo sin pausas desde el mismo 11 de septiembre de 1973, con el derrocamiento militar de Allende. Fue, por consiguiente, algo así como el principio del fin del fin de la historia, entendida como aquel proceso que va desde el absolutismo y la oligarquía, a la democratización de las sociedades y el socialismo. En menos de una década, se instalan, por la vía democrática e institucional, otros gobiernos de izquierda en Latinoamérica, que empiezan a prefigurar el embrión de un nuevo bloque de poder, y por tanto a cambiar el balance del poder mundial y a redefinir la propia historia. ¿Cuáles son las perspectivas de esos gobiernos?, ¿cuáles son sus fortalezas y debilidades?, ¿de qué manera influyen en el cuadro latinoamericano y mundial? Son interrogantes que El Siglo tuvo el privilegio de analizar, en el contexto del balance internacional del año 2007, con el sociólogo argentino Atilio Borón, Profesor de Teoría Política y Social, de la Universidad de Buenos Aires, investigador principal del CONICET, ex Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, autor de innumerables libros, y tal vez el intelectual marxista vivo más importante de América latina.

Partidos y movimientos


Hace unos años, usted planteaba que los movimientos sociales en América Latina eran capaces de derribar gobiernos, pero no instalarlos. Las cosas han cambiado con tal velocidad, que hoy el desafío de esos movimientos populares parece consistir en defender aquellos gobiernos que han instalado mediante el voto…

Sí, eso fue hace unos tres o cuatro años. Lo que yo veía era la dificultad de los movimientos sociales para poder darse una expresión orgánica que les permitiera acceder al poder y gobernar. Esto era así porque los movimientos se debatían entre avanzar por una vía que podemos llamar no electoral, incluso insurreccional en algunos casos, que tenía límites que no podían franquear, y por tanto se encontraban con un callejón electoral para el cual no estaban preparados, o como en el caso de Ecuador, donde los movimientos triunfan, deponen un presidente tras otro, pero los que vienen continúan con las políticas de sus predecesores. Finalmente, se produce el quiebre de este círculo vicioso con el triunfo de Rafael Correa, que se da al margen de los movimientos. Contando con su apoyo, pero que no es un producto de los movimientos, cosa que sí pasó en Bolivia. El caso de Bolivia es muy interesante porque allí los movimientos convergen en el MAS, que se transforma en el partido político de los movimientos, lo que es necesario, porque si tienes una estrategia insurreccional, puedes prescindir del camino institucional, pero estos movimientos no la tienen. Tienen una estrategia de protesta, de confrontación, de resistencia, pero no se plantean la toma del poder por una vía extra constitucional. Habría que discutir si hoy en América latina están dadas las condiciones para ello. Yo creo que no, en general, prácticamente en ningún país. Pero de todas maneras, esa discusión no se da, y estos movimientos se encuentran con que tienen que enfrentarse con la competencia electoral, donde son otros los recursos y los mecanismos. Ahora, el panorama ha cambiado, y creo que la experiencia más importante en ese sentido es la de Bolivia, pero que no está exenta de dificultades. Los movimientos no tienen una visión de conjunto, sino que son reactivos; salen a defenderse de las agresiones a las que los somete el capitalismo en su dinámica predadora. Cuando llegan al gobierno, les cuesta conformar un equipo. Eso se ha visto en el primer tramo de la gestión de Evo Morales, donde hubo mucha circulación de cargos ministeriales, porque venía gente muy representativa de los movimientos, pero no lograba tener un proyecto para Bolivia como nación. Creo que la gran función del partido, ese intelectual orgánico del que hablaba Gramsci, es precisamente elaborar un proyecto para la nación, para el conjunto de las clases y las capas subalternas. Entonces, los movimientos se tropiezan con esas limitaciones, lo cual no quiere decir que los partidos estén exentos de ellas. Los partidos también tienen dificultades, algunas muy serias, a la hora de gobernar. Con todo, creo que hoy el panorama presenta un aspecto más alentador, pero igual hay que andar con mucho cuidado.

Fortalezas y debilidades

¿Qué nivel de consolidación y qué nivel de vulnerabilidad percibe al conjunto de gobiernos de izquierda en América latina, categoría entre los que incluyo a Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua?

Claro, esos son los gobiernos de izquierda. Los otros son gobiernos de otro tipo. Podemos discutir cómo los llamamos, pero no son realmente gobiernos de izquierda. Ni los gobiernos de Bachelet, Lula, Kirchner, Alan García y Tabaré Vásquez son de izquierda. Son de centro, y en algunos casos tienen en el pasado una trayectoria de izquierda, pero nada más. Usted me pregunta por fortalezas y debilidades de los gobiernos de izquierda. En general, diría que son gobiernos que tienen una fortaleza relativa. En el caso de Venezuela, se suponía que Chávez tenía mayor fortaleza que la que mostró en el referendo. Lo que pasa es que el peso de la derecha es enorme. He dicho en varias ocasiones, y los hechos parecen demostrarlo, que no es cierto que Chávez haya conquistado el poder en Venezuela. Chávez tiene una parte del gobierno y nada más que eso, pero la estructura del poder en Venezuela sigue teniendo algunos baluartes que están absolutamente más allá de lo que hace el gobierno. Difícilmente el gobierno podrá quebrarle la mano a esos factores de poder tan importantes como los que hay en Venezuela. Una prueba de ello es que Chávez quería que Telesur saliera por aire, y eso le llevó casi cinco años de negociaciones, porque no controla todo el aparato del Estado. No controla el sistema judicial, no controla la mayor parte de los medios de comunicación, hay muchas cosas que no controla. Estar en el Palacio de Miraflores le da una perspectiva muy importante para gobernar, y le ofrece posibilidades que no hay en ningún otro lugar, pero eso no significa que la cuestión del poder esté resuelta a favor del campo popular. El único país donde la cuestión del poder ha sido resuelta a favor del campo popular de manera perdurable, ha sido Cuba. En todos los demás casos tenemos gobiernos que están sometidos a enormes presiones de parte de una oposición combinada en todos los casos con las fuerzas más agresivas del imperialismo, que intentan desbancarlos. El caso de Venezuela es muy interesante porque probablemente nos vamos a encontrar con una ofensiva muy fuerte de la derecha en los próximos meses, procurando acortar el mandato de Chávez por la vía del referendo revocatorio. El problema de Chávez es que no tiene una organización o instrumento político. No tiene ni partido ni movimiento. Ese es un grave problema. Chávez tiene un enorme liderazgo carismático que suple esa deficiencia, pero la suple hasta cierto punto. Evo Morales, por contraste, tiene movimientos muy sólidos en su favor, pero al mismo tiempo, una situación mucho más frágil y precaria, donde el riesgo de una secesión, de una partición, de una separación de algunas provincias del cuerpo central, se autonomizan y declaran su independencia, es muy elevado, además porque es una medida calculada por los estrategas norteamericanos, que creen que para Bolivia, la solución pasa por el desmembramiento territorial. O sea, dejar aislado en el altiplano a Evo Morales y recomponer la medialuna con una federación de provincias separadas de Bolivia, que son las provincias que tienen el patrimonio y las riquezas que le interesan a Estados Unidos, entre ellas, las reservas de hidrocarburos, sobre todo gas, y biodiversidad. El altiplano no tiene nada que les interese. Entonces, pretenden dejarlo a Evo Morales en el altiplano, y hacer posible que estas provincias se autonomicen. Evo tiene un movimiento muy fuerte, pero es un movimiento que está en el occidente de Bolivia y no en el oriente, que es la zona peligrosa. Evo tiene el instrumento, pero el instrumento no tiene cobertura nacional. Y Chávez no tiene instrumento. La creación del PSU ha sido artificial, hasta ahora. El partido de la revolución bolivariana no surge como producto del impulso desde abajo, sino que es una decisión tomada desde arriba. Que había que tomarla y está muy bien que Chávez la haya tomado, pero hasta que eso se logre materializar, tomar cuerpo y hacerse carne en la conciencia de la gente, va a pasar mucho tiempo. La prueba es que no hubo quién movilizara la gente en vísperas de una elección crucial, como el referendo constitucional del 2 de diciembre. Ahí veo una situación muy complicada. La otra es la de Rafael Correa, que todavía es un poco prematura para el análisis. Correa tiene mucha fuerza. Ha demostrado una gran capacidad de maniobra, pero tampoco tiene un aparato político. Habrá que ver de qué manera resiste. Por ahora, tiene una comunicación muy fluida con su base, con su pueblo. Es una persona muy admirada, respetada y querida, pero habrá que ver, cuando las cosas se pongan malas, si tiene fuerza para resistirlas.

Crisis de la izquierda

Hace un tiempo atrás se hablaba de las tres crisis de la izquierda. Crisis de liderazgo, crisis de propuesta y crisis orgánica. Sin embargo, al poco andar, esa discusión se desvaneció y ahora más bien el debate apunta a cómo preservar los avances de aquellos gobiernos de izquierda que llegaron al poder por la vía electoral. Es complejo el tema de la izquierda ¿no cree?

Es muy complejo. En eso de los liderazgos, puedo decir que estos urgen y no se encargan a la medida. Son productos históricos, de una sociedad determinada. Aparece un líder que encarna las aspiraciones populares y eso liquida gran parte del problema. O a veces no aparece, y eso es un problema serio. Ahora, las propuestas contra el neoliberalismo son claves. Cuando uno piensa cómo salir de este marasmo neoliberal, una de las condiciones es, en estos países, reconstruir los estados. Los estados han sido duramente castigados por las políticas neoliberales. En algunos países se ha llegado a un proceso de destrucción estatal impresionante, como en Argentina. En Chile ha sido menor, pero igual el impacto se ha sentido muy fuerte. La destrucción de aparato estatal ha sido realmente impresionante. Entonces, primer elemento fundamental, se requiere la reconstrucción del Estado; además, por que si no la hay, tampoco hay vida democrática. No existe una democracia que funcione de la mano de un Estado en descomposición.

Si el Estado no tiene un funcionamiento eficaz, adecuado, no tiene ninguna condición para ser el sostén de un proyecto democrático. Reconstrucción del Estado no quiere decir solamente poner más dinero en el Estado, sino dotarlo de autonomía y capacidad de gestión para enfrentar a las clases dominantes, que es lo que no vemos en América latina. En general, lo que hacen los estados latinoamericanos es representar esos intereses, y nada más, excluyendo los intereses no sólo de las clases y capas subalternas, sino también los intereses nacionales en su conjunto. Son estados que funcionan para facilitar los negocios privados de un sector social muy limitado. Entonces, si usted no reconstruye eso, aquí no hay ninguna salida; ni neoliberal ni no neoliberal. Esto es decisivo, pero evidentemente supone un cambio en la orientación de los gobiernos, y que suban gobiernos con una orientación genuinamente de izquierda, que sean capaces de acometer esa tarea. La segunda tarea es el combate a la pobreza. En América latina crece cada vez más la proporción de pobres, porque el fracaso de las políticas neoliberales es sin atenuantes. Ahí hay un segundo punto muy importante en la agenda: incorporar grandes sectores de las sociedades latinoamericanas, que están totalmente destruidos. Tercer elemento, la reforma tributaria. Todos los países latinoamericanos tienen una regresividad tributaria fenomenal. Los casos que están mejor, básicamente han logrado capturar a la clase media, pero las transnacionales y los grandes intereses económicos tienen mecanismos perfectamente legales de elusión de sus responsabilidades tributarias, y los gobiernos no hacen absolutamente nada para acabar con eso. En el caso de Chile y Argentina, el acuerdo minero es un verdadero escándalo. Ambos gobiernos consintieron en la creación, en toda la zona de la cordillera, de verdaderos estados independientes, autónomos, dentro de nuestros dos países. Eso lo hicieron gobiernos supuestamente progresistas, en el caso de Chile, y un gobierno ultraconservador, como el de Menem. Hay que acabar con esa situación, entre otras cosas, porque dentro de esos enclaves autónomos hay regimenes de exención impositiva absolutamente insultantes, sobre todo si consideramos el esfuerzo que tiene que hacer el ciudadano común para pagar sus impuestos.

Otro tema es el agro y la reforma agraria. La reforma agraria tiene hoy tanta actualidad como en los años 60 y 70, sólo que ahora el problema es diferente. El problema del agro ahora es la penetración del llamado agronegocio, y lo que esto significa desde el punto de vista de la superexplotación de la población del campo y de la depredación ecológica brutal a que está siendo sometida América Latina, que entre otras cosas, está acabando con el agua. Algunos países ya están con una crisis de agua muy, pero muy seria. Algunas zonas en el altiplano, parte de Perú y otras regiones. Y los gobiernos el tema del agro ni lo plantean. Todo lo contrario, abren la puerta a la penetración del gran capital en el agro. O sea, hay una agenda muy importante, sobretodo, la modificación del patrón del desarrollo. Acabar con esa idea, muy arraigada en Chile, de que el motor primario de la expansión económica son los negocios de la exportación. Ningún país en la historia económica mundial se desarrolló consolidando sus mercados externos. Los países que se desarrollaron, lo hicieron siempre acompasando una expansión del comercio internacional con el fortalecimiento del mercado interno. Lo que estamos haciendo en América Latina es deprimir el mercado y el consumo interno, para tener saldos exportables. Esa es una bomba de tiempo que puede estallar en cuatro, cinco o más años, pero que va a estallar. Entonces, no es cierto que la izquierda no tiene propuesta. Lo que no hay es un plan, una receta única, como había en los años 60 y 70, que teníamos el modelo soviético como modelo alternativo. Hay que decirlo sin vergüenza, porque ese modelo resultó ser extraordinariamente exitoso hasta la década de los 60. Lo demuestran los mejores historiadores económicos, como Angus Madison y otros grandes especialistas. Ellos señalan que el modelo soviético es uno de los grandes casos de expansión económica en la primera mitad del siglo XX. Lo que pasó es Unión Soviética no pudo absorber la tercera revolución científico técnica de los años 60, con los semiconductores, los microprocesadores y la informática, unido a la rigidez del sistema político y social, y al enorme gasto militar que se vio obligada a hacer para defenderse de la agresión norteamericana. Pero en ese momento teníamos una alternativa, que era la planificación centralizada, que durante cincuenta años funcionó muy bien. No hay que olvidar que Rusia era el país más atrasado de Europa, y al final de los 50 estaba a la cabeza de la exploración del espacio. Eso no lo hace una economía subdesarrollada. Lo que pasó es que fue una economía que tuvo que deformarse para dar respuesta a la situación de guerra permanente a la que la sometía Estados Unidos. Pensemos si no lo que pasaría con Cuba si no tuviera que destinar casi la mitad de su gasto público a la defensa. Si no tuviera un bloqueo brutal desde hace casi 50 años, Cuba sería, sino un país desarrollado como los europeos, pero de lejos muchísimo más desarrollado que la gran mayoría de los países del tercer mundo, y desde luego que el resto de América latina. Pero tiene que incurrir en déficit e ineficiencia sistémica, producto de la carrera armamentista a la que se ve obligada. No por vocación de los cubanos, sino porque no tienen más remedio. Los soviéticos tuvieron que hacer lo mismo. Bueno, pero esto viene del hecho de que en los años 60 teníamos un modelo alternativo y hoy no lo tenemos, lo que no quiere decir que no tengamos alternativa. Hay muchas. Por ejemplo, dentro del mismo mundo desarrollado, y yo quisiera agarrar a algunos ideólogos acá en Chile para que me digan por qué en un país como Singapur, que no es comunista ni socialista, la peor palabra que se puede decir es jubilación privada, porque el sistema de jubilación que ellos tienen es el sistema de reparto. En Singapur la mitad de las casas son construidas por el Estado y rentadas a precios subsidiados a la población, cosa que sería una maravilla en Chile o Argentina. O que me expliquen por qué Corea, de un éxito sensacional en materia económica, es un país que le ha dado la espalda a todas las recetas neoliberales. Los norteamericanos trataron de provocar la gran crisis asiática de fines del siglo XX justamente para intentar meter una cuña en el sistema bancario coreano. Que expliquen por qué Corea es el mayor productor mundial de buques tanques de gran escala, cuando todos los informes del Banco Mundial decían que Corea no podía dedicarse a la industria pesada. En lugar de lo que hicimos nosotros, los coreanos eligieron un camino propio y tiraron esos informes a la basura. Corea es el único país 'el único' que en el siglo XX pasa del subdesarrollo al desarrollo, y es el único que no aplicó ninguna de las recetas del consenso de Washington. Entonces, hay alternativas. Claro, no son alternativas que construyen el socialismo, pero ahí tenemos que tener en cuenta que en la fase defensiva en que nos encontramos, la construcción del socialismo comienza por recortar el despotismo del capital y sus prerrogativas. No estamos en una fase ofensiva, hemos encajado una enorme derrota histórica, como el colapso de la Unión Soviética, y estamos en una fase de recomposición. Es absurdo pretender salir con todo para el frente en un momento como este, donde lo importante es consolidar nuestras bases políticas, las bases partidarias, el movimiento sindical, los movimientos sociales, los movimientos de mujeres, de los jóvenes; rearmar ese entramado que tenían las fuerzas de izquierda hace treinta o cuarenta años. No olvidemos que vino un baño de sangre en nuestros países, y vino el exilio, la decepción, y vino el cansancio y el cambio de posición de algunos de los referentes de la izquierda, que se pasaron a las filas del neoliberalismo. O sea, en este momento no hay que pensar que la alternativa es comenzar ya la construcción del socialismo. Hay países más avanzados. Venezuela ha dado una serie de pasos muy importantes. Ahora han sufrido un traspié, pero de todas maneras han tenido un avance muy significativo en muchas áreas y están en condiciones de avanzar un poco más, pero aún así la idea de redactar una Constitución inspirada en el socialismo generó el rechazo de la mitad de la población. O sea, el famoso factor subjetivo de Lenin no estaba presente en las condiciones actuales, en Venezuela. Por una razón muy simple. El Che lo decía en El Socialismo y el Hombre en Cuba: el capitalismo viene educando a la población hace 500 años. Es ingenuo que pretendamos con una campaña de un año o dos, deshacer lo que tiene medio milenio de historia. Entonces, creo importante ganar pequeñas batallas, muy concretas, pero en la medida en que se van ganando, se va cambiando el ritmo de opinión. Hay muchas batallas que se pueden ganar, y se están ganando. El hecho es que hoy tenemos a Cuba, que ha sobrevivido; a Venezuela, con problemas, pero está ahí; a Bolivia, también con problemas, a Ecuador, a Nicaragua recuperada, que hay otros países donde, para que no haya una expresión claramente progresista y de izquierda, hubo que hacer un fraude escandaloso, como en México. En Colombia gana Uribe, pero con una tasa de abstención del 60% de la población. Hace quince años, cuando la guerrilla trató de organizarse como una fuerza política y armó la Unión Patriótica, le asesinaron a cinco mil cuadros en menos de un año. En esas condiciones, es muy difícil que vuelvan a surgir alternativas con el nivel de fuerza y coherencia que tenían en el pasado. Tenemos que tener consciencia de dónde estamos saliendo. Pero creo que estamos saliendo bien. Tenemos otros gobiernos, como los de Lula, Kirchner y ahora su mujer, y Tabaré Vásquez, que si bien no tienen un proyecto de izquierda, por lo menos tienen que pagar un tributo retórico a la izquierda, lo cual ya es algo muy importante, porque deja sembrada en la población la idea que algo anda mal con el neoliberalismo. Si bien estos gobiernos frustraron las expectativas populares, en el caso de Kirchner, dejó la idea de que el gran capital es usurero, predatorio y una especie de vampiro que le succiona los mejores recursos al país, porque de alguna manera lo sintieron en los discursos presidenciales, y eso va creando una conciencia alternativa. En Chile eso todavía no se logra. Chile es el país donde se ha construido más a fondo el proyecto neoliberal. Incluso algunos sociólogos hablan de Chile no ya como una economía neoliberal, sino como una sociedad neoliberal, lo cual habla de la penetración profunda, porque Chile fue castigado muy duramente. Chile quiso probar, con gran audacia, en los años 70, que se podía hacer una transición al socialismo en democracia, y eso el imperio no lo puede permitir, jamás. Puede permitir que haya un golpe militar que avance al socialismo, pero no que se haga en democracia, porque entonces queda completamente desbaratada su concepción del mundo y su proyecto. Entonces, el castigo sobre Chile fue tremendo, y ellos venían estudiando el fenómeno este, desde mucho tiempo atrás. Si usted analiza los ministros de hacienda o economía que tuvo Chile, fueron todos formados por los norteamericanos en un proyecto que arranca ya en los años 50. Ellos tenían claro que Chile era uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista latinoamericana, y desde ahí empezaron. Tuvieron gran sagacidad y por eso hay que ser muy estudiosos del pensamiento político de la derecha. A veces veo con gran desánimo que muchos compañeros están más interesados en polemizar dentro de la izquierda que en estudiar seriamente los proyectos de la derecha. Si hubiéramos estudiado seriamente el proyecto de la derecha, nos habríamos dado cuenta de que había un plan que se estaba armando muy cuidadosamente para hacer que en un momento determinado, cuando las condiciones estuvieran maduras, hubiera en Chile toda una camada de economistas dispuestos a trabajar a favor de los intereses imperiales y en contra de los intereses de Chile, lo cual no quiere decir que en Chile no hubiera habido un cambio económico, o un crecimiento de la economía. La economía chilena creció, pero el país no se desarrolló. Y eso no lo digo yo, sino Osvaldo Sunkel, un representante del pensamiento de la CEPAL, en una nota muy reciente, planteando que Chile no se ha desarrollado. Es más, Chile está más vulnerable ahora que lo que estaba en el pasado. Es un país que tiene una dependencia externa fenomenal.

Declinación imperial

¿Qué piensa de la paradoja de que el imperialismo, ahora en que el mundo es unipolar, es más débil de lo que era en la década de los 50 y de los 70, cuando ponía o sacaba gobiernos latinoamericanos a voluntad, por no mencionar su crisis económica, su crisis social y sus limitaciones en el terreno militar?

Claro, es más débil; no hay duda. Es un caso muy interesante. Tengo unos gráficos, unos pictogramas, donde se ve la proyección de la economía mundial para el 2015. Se aprecia como Estados Unidos se encoge, se encoge Europa y crece como un gigante China. Es impresionante de ver, porque uno cuando lo dice, no se forma la idea. Pero cuando lo ve como un gráfico, se muestra claramente un imperialismo cada vez más debilitado, con su moneda cada vez más debilitada, con una capacidad militar de destrucción, pero no de construcción. Como dice Noam Chomsky, las tropas de Hitler, brutales como eran –no tan brutales como las nuestras, dice Chomsky' por lo menos llegaban a un lugar, hacían sus actos de brutalidad y ponían en funcionamiento el país ocupado. Estos no. Llevan cuatro años ocupando Irak y no lo pueden poner en marcha, lo cual revela que desde el aire usted puede destruir un país entero, pero después no lo puede poner a funcionar. La guerra no se gana cuando uno destruye al enemigo, sino cuando lo pone a funcionar para provecho propio. Tampoco pueden resolver el tema de Afganistán, uno de los países más pobres y atrasados del planeta. De todas maneras, han logrado penetrar muy profundamente en las clases dominantes locales. Tienen sus personeros que de alguna manera se las arreglan para mantener el sistema, a pesar de todo este escenario convulsionado con que se enfrenta el imperio. Un imperio muy debilitado, pero que ha delegado gran parte de la mantención de sus privilegios, que antes hacía con los militares, en las clases políticas locales, en los intelectuales y en los medios de comunicación de masas. El otro elemento importante que opera en todo esto, es que Estados Unidos, desde el punto de vista geopolítico, la última región del planeta que va a desatender, es América latina, porque a pesar de lo que se dice, esta es la región más importante del mundo para ellos. Cuando ellos negocian con nuestros gobiernos, en su gran mayoría muy serviles, nos dicen que somos irrelevantes. Y luego los periodistas, sociólogos y politólogos repiten esa tontería. Cómo va a ser irrelevante un continente que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, además a corta distancia de las fronteras norteamericanas; que tiene más de la mitad del agua dulce del planeta; que tiene la mayor parte de la reserva en materia de biodiversidad. Este es de lejos el continente más importante. Por eso ellos pueden permitir algunos experimentos en Africa o en Asia, pero en América latina son sumamente rigurosos. Un gobierno como el de Evo Morales en el Africa subsahariana, no provocaría la menor preocupación de Estados Unidos, pero en América latina es un escándalo. Esto no es nuevo. En los años 50, Estados Unidos hacía la reforma agraria en Corea y organizaba el golpe de Estado contra Arbenz, que estaba haciendo la reforma agraria en Guatemala. Para el imperio, somos absolutamente decisivos porque somos el cinturón exterior que protege su integridad territorial, económica, política y militar. Encuentran estos políticos venales y genuflexos, en estos intelectuales colonizados de América latina, un eco favorable cuando dicen, bueno, nosotros no somos relevantes y tenemos que aceptar lo que nos den. Como el obrero sin conciencia que acepta la paga que le da el patrón porque el patrón es el dueño de la verdad. Así actúan nuestros políticos. Chávez se planta frente a eso, Fidel lo hizo mucho antes. Evo también y ahora lo está haciendo Rafael Correa, un hombre muy valiente, claro y conciente; lo está empezando a hacer Daniel Ortega y hay otros gobiernos que van a seguir el ejemplo. Entonces tienen que robar elecciones, como hicieron en Costa Rica, un verdadero escándalo, con dos ex presidentes presos o procesados. Lo hicieron ganar a oscar Arias, cuando no había ganado. Eso los costarricenses lo tienen probado hasta el cansancio. Robaron el TLC también. Tienen que acudir a esta clase de expedientes que hacen que sea cada vez más costoso mantener la obediencia dentro del sistema regional.

Toma de conciencia

Bueno sin ir más lejos, el año 2006 las transnacionales sacaron, por concepto de utilidades, 25 mil millones de Chile. ¿Ese dato es conocido afuera?

Sí, claro. Se llevaron en un año mucho más que el flujo de inversiones extranjeras desde 1990. Ese es creo, un estudio de Caputo y Galarce.

Lo notable es que nadie responde. Por más que se intenta poner el tema, las mineras, el gobierno, la elite política y los medios de comunicación guardan silencio…

Pero hay que insistir e insistir. Por más que parezca que eso no tiene efecto, a la larga lo tiene, y mucho. Hay que volver a insistir, y decir, señores, esto es una farsa. No es cierto lo que no están diciendo. Al cabo de un tiempo la verdad va a salir a resplandecer. Ese dato es escandaloso, lo mismo que otros datos que hay en otros países de América latina. Sí, son inversiones extranjeras en tal y tal nivel, pero ¿y las remesas? ¿y lo que está perdiendo Argentina por las remesas de las grandes empresas privatizadas, que se vieron favorecidas con una apreciación del peso que les permitió sacar remesas fabulosas sin ninguna clase de control estatal?. Entonces, creo que ese punto es muy importante de marcar, y la gente en algún momento empezará a tomar nota. También hay que tener en cuenta que este proceso de toma de conciencia ocurre a veces muy súbitamente, y hay que estar preparados para eso.

9.1.08

Leguía o la sombra de la dictadura

El día de ayer, el diario La República, de Lima, publicó el interesante artículo de opinión “Sucedió. Fujimori y Leguía”, de Antonio Zapata, cuya lectura permite comprender algunas continuidades de la historia política del Perú y, posiblemente, de otros países de Latinoamérica.

¿Fue el gobierno de Fujimori un caso singular, sin mayores antecedentes en la política peruana? Pareciera que sí, porque terminó con el ciclo populista y reformó en profundidad el sistema heredado de sus antecesores. Pero, si se observa bien se encuentra que registra numerosos antecedentes en la historia política nacional. El ejemplo más comentado es la comparación con el régimen de Augusto B. Leguía, conocido como el "oncenio". Ambos son los gobiernos más largos del siglo XX, aunque Leguía lleva la delantera porque sumando to-dos sus años en el poder llega a quince, cantidad que sólo algunos pocos virreyes habían disfrutado. El segundo en duración es Fujimori, con su decenio a cuestas. Por otro lado, empezaron por la izquierda y rápidamente viraron a la derecha, para estacionarse en esta postura a lo largo de su mandato. Es más, cuando ascendieron al poder, les ganaron la carrera electoral a señorones de derecha, como fueron Ántero Aspíllaga y Mario Vargas Llosa. También, terminaron envueltos en escándalos de DDHH y peculado, habiendo afrontado sendos juicios una vez fuera del poder. En efecto, tanto Leguía como Fujimori son los únicos presidentes peruanos que se han sentado en el banquillo de acusados.

Una semejanza adicional tiene relación con el tiempo en política. Decía Trotski que el tiempo era más importante en política que en la misma gramática. Leguía y Fujimori gobernaron dos períodos seguidos y su caída ocurrió cuando quisieron quedarse por tercera vez consecutiva. Existe un límite al aguante del ciudadano peruano frente a la dictadura. El promedio se resigna con facilidad al gobierno autoritario, puesto que ha habido tantos que hasta parecen naturales. Pero no tolera demasiado tiempo. A la tercera ocasión, la gente está harta, la juventud se encrespa y los tumba un declive económico o un estremecimiento internacional. Si Fujimori se hubiera ido pacíficamente el 2000 posiblemente hubiera podido realizar una transición con impunidad. Así lo hicieron tanto Benavides como Odría. Las enormes dificultades legales que afronta Fujimori son consecuencia directa de su ilegal proyecto de obtener un tercer mandato.

Pero no hay que olvidar las diferencias. Para empezar, completamente desacreditado después de su caída y abandonado por todos, Leguía murió en prisión, mientras que Fujimori continúa siendo un factor de la política peruana. El prestigio de Leguía se hizo humo, mientras que Fujimori estando en la cárcel conserva una bancada parlamentaria y pretensiones políticas. En el mismo sentido, aunque Leguía también promovió la exportación de materias primas, lo hizo a través de un fuerte compromiso del Estado. El principal agente del desarrollo en época del "oncenio" fue el mismo gobierno. Leguía endeudó al país tremendamente y puso al Estado a la cabeza de un proyecto nacional de modernización. Mientras que Fujimori redujo el Estado, creó algunas entidades pequeñas y eficientes y desmanteló el resto. Fujimori fue un devoto del mercado y gracias a la ortodoxia económica obtuvo tanto sus éxitos como sus fracasos. Ante la pregunta por quién es el motor del progreso nacional, la respuesta de Leguía fue distinta a la de Fujimori y el primero más se parece a Velasco que al último.

Sin embargo, un último punto que compartieron Fujimori y Leguía es la elevada venalidad de sus gobiernos. El historiador Alfonso Quiroz ha escrito un balance histórico de la corrupción en el Perú, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. El resultado es desalentador; Quiroz argumenta que hemos oscilado entre muy alta y alta corrupción, no habiendo habido, en 250 años, gobierno alguno de baja o nula corrupción. En medio de ese pantano, destacan negativamente los gobiernos de Leguía y Fujimori. Son los peores del siglo XX y también los que más huellas dejaron, posiblemente porque se sentían impunes y soñaron quedarse para siempre. En suma, Leguía y Fujimori avanzaron a grandes trancos en un camino que los gobiernos han recorrido sin interrupciones: el uso del Estado como un patrimonio personal de quien ejerce el mando.

5.1.08

Muere el escritor cubano Lisandro Otero

El escritor, periodista y ex diplomático cubano Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura 2002, falleció en La Habana, Cuba,l a los 75 años de edad, informaron este viernes diversos medios periodísticos de América Latina. Otero fue fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), organización que expresó su "profundo dolor" por el deceso del autor cubano, al igual que el Ministerio de Cultura y la Academia Cubana de la Lengua, de la cual era presidente.

El extinto escritor fue también Premio de Novela en el Concurso Casa de las Américas de 1963 con el libro La situación, obra que lo colocó en un lugar sobresaliente dentro del panorama cultural. Asimismo fue autor de Temporadas de Angeles (1983), premio de la crítica literaria, y Arbol de la vida (1992), además de una extensa labor periodística que le mereció el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

Otero colaboró en más de una decena de publicaciones incluidas las especializadas de cultura en Cuba, Francia y México. En este último país recibió el Premio Nacional de Periodismo, otorgado por el club de periodistas. Consejero cultural de Cuba en Chile y Gran Bretaña, Lisandro Otero participó en varios Congresos de escritores y visitó numerosas naciones de América Latina y Europa.

Granma informó que por voluntad propia sus restos mortales serán cremados y que en los próximos días el Instituto Cubano del Libro, la Uneac y la Academia Cubana de la Lengua convocarán a un homenaje póstumo.

2.1.08

Gonzalo Rojas al Casa de las Américas

El chileno Gonzalo Rojas, uno de los grandes poetas latinoamericanos del siglo XX, según lo que informa el diario mexicano La Jornada, inaugurará el próximo 21 de enero el Premio Casa de las Américas 2008, cercano a cumplir medio siglo de existencia.

Rojas, quien cumplirá 90 años un día antes, será el invitado especial a este certamen considerado uno de los más prestigiosos de la región, fundado en 1959 por Haydee Santamaría, quien luchó al lado del líder cubano Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), informaron medios locales.

Hasta el 31 de enero de 2008, el jurado desarrollará intensas jornadas de intercambio entre creadores, lectura de obras y entrega de galardones, dijo un portavoz del premio que comenzó a otorgarse a partir de 1960, “para estimular y difundir las letras del continente”, según la fuente.

En esta ocasión concursarán libros inéditos en los géneros de poesía, cuento y ensayo de tema histórico-social, de autores latinoamericanos o naturalizados.

Para la categoría ensayística podrán competir escritores de cualquier otra procedencia, siempre que su obra trate sobre América Latina o el Caribe.

Según la convocatoria, tendrán oportunidad de participar autores de Brasil con libros de no ficción escritos en portugués y publicados en esa lengua durante el bienio 2006-2007.

También tomarán parte escritores del Caribe de expresión francesa, con una obra editada en esa lengua o en creole, en el periodo 2004-2007.

La Casa de las Américas entregará tres premios de carácter honorífico: el José Lezama Lima, de poesía; José María Arguedas, de narrativa, y Ezequiel Martínez Estrada, de ensayo.

Estos lauros, destinados a obras relevantes, son nominados por un comité creado con ese fin. Escritores de Argentina, Colombia, Brasil, Costa Rica, Uruguay y Cuba recibieron esos galardones de honor en la edición anterior.