27.2.08

Saítta y los viajeros argentinos de izquierda

Sylvia Saítta es doctora en Letras, investigadora del Conicet y docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Publicó los libros Regueros de tinta. El diario 'Crítica' en la década de 1920, que recibió el primer premio al mejor libro argentino de historia argentina de la Fundación El Libro, y El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt, por el que obtuvo el "Diploma al mérito" otorgado por la Fundación Konex en el 2004.Dirigió El oficio se afirma, noveno tomo de la Historia Crítica de la Literatura Argentina, y preparó la edición y prólogo de Revista Multicolor de los Sábados, suplemento cultural del diario Crítica, dirigido por Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat, y Contra. La revista de los franco-tiradores, dirigida por Raúl González Tuñón. Realizó compilaciones de gran parte de la obra inédita de Roberto Arlt: Aguafuertes porteñas: Buenos Aires, vida cotidiana, Aguafuertes porteñas: cultura y política, En el país del viento. Viaje a la Patagonia, 1934, Aguafuertes gallegas y asturianas, Presagios de una guerra civil. Aguafuertes madrileñas y Aguafuertes vascas. Es directora del proyecto de investigación Ubacyt titulado "Frente a la underwood: modos de la intervención cultural, política y literaria en diarios y revistas de la Argentina del siglo veinte", aprobado por el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires hasta el 2009.

El libro Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda (Fondo de Cultura Económica), cuya selección y prólogo realizó Sylvia Saítta, está compuesto por textos de escritores, periodistas e intelectuales argentinos de izquierda que viajaron hacia la revolución y que publicaron sus relatos del viaje en diarios, revistas o libros. El libro está dividido en tres partes que corresponden a los países visitados por los viajeros. La primera está integrada por los relatos de cinco argentinos que viajaron a la Unión Soviética. La serie se abre con las crónicas de Rodolfo Ghioldi, quien viaja a la Rusia de Lenin en 1921, y se cierra con el relato de Alfredo Varela, que da cuenta de la situación que se vive en la Unión Soviética poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y ya en plena Guerra Fría. La segunda parte está conformada por tres relatos de viaje a China que, si bien coinciden en su perspectiva ideológica "el compromiso con la República Popular", exhiben modos distintos de narrar la experiencia; mientras María Rosa Oliver y Norberto Frontini ofrecen datos objetivos sobre la situación política, en el relato de Bernardo Kordon predomina una mirada poética sobre China. La última parte está formada por cuatro relatos sobre Cuba, desde los meses previos al ingreso de Fidel Castro y los revolucionarios a La Habana, en enero de 1959, hasta los '70, cuatro momentos que dan cuenta de los prolegómenos revolucionarios en el relato de Jorge Masetti; de la vida cultural, en los textos de Ezequiel Martínez Estrada y Leopoldo Marechal, y de la vida cotidiana, en las crónicas del periodista Enrique Raab

En Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda, Saítta reunió crónicas de escritores, intelectuales y periodistas que viajaron a los tres destinos emblemáticos del proceso en el siglo XX: la Unión Soviética, China y Cuba.

"En todas sus acepciones, la palabra revolución expresa un cambio violento y profundo, alzamiento o insurrecciones que generan conmoción tanto en las estructuras políticas y sociales existentes como en los sistemas de valores. Asimismo, designa a uno de los más poderosos mitos políticos modernos: el que considera la revolución como la única manera de hacer tabla rasa con el pasado para instalar definitivamente, y para siempre, un mundo nuevo para un hombre nuevo. A su vez, en ciertos períodos de la historia del siglo XX la revolución, además de un hecho político, social o cultural, se convierte en un 'lugar' determinado en el mapa. A partir de la Revolución Rusa de 1917, la noción misma de revolución se 'espacializa', porque desde entonces delimita un territorio y funda un escenario que, precisamente por eso, supo convocar a viajeros, cronistas, intelectuales y políticos de todo el mundo", expresa Sylvia Saítta al comienzo del prólogo de Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda, libro en el que reunió un conjunto de textos de escritores, intelectuales y periodistas argentinos que viajaron a países en que se concretaron revoluciones: la Unión Soviética, China y Cuba.

-¿Qué motivos la animaron a reunir estos relatos de viaje?

-En realidad, este libro es un desvío de un tema en el que venía trabajando hacía tiempo, que era el impacto que provocó la Revolución Rusa de 1917 en el ámbito cultural y, más precisamente, literario de Buenos Aires. Iniciada la investigación, encontré a los viajeros argentinos de izquierda y entonces decidí no sólo tomar la Revolución Rusa sino también la china y cubana.

-La Revolución Rusa demostró que era posible concretarla en un país de capitalismo periférico gobernado por una aristocracia secular, como bien señala el investigador Ricardo Falcón.

-Sobre todo para los argentinos y los latinoamericanos. En sus inicios, la Revolución Rusa representó un principio de transformación radical, como expresó alguna vez Beatriz Sarlo, cuyo atractivo residía en sus proporciones épicas, en la juventud de sus dirigentes y en el nacimiento de un nuevo orden que anunciaba el trastrocamiento de todos los lugares sociales. Ahora bien, cuando empecé a leer lo que se escribía en los primeros años de la década del '20 sobre Rusia, me pregunté: "¿Cómo saben lo que saben?". Por entonces era muy poco lo que se sabía en la Argentina sobre la revolución en la Unión Soviética. Al descubrir a los viajeros empecé a separar esos relatos de viaje que hacían de otro conjunto de textos, ya sea libros, conferencias, artículos periodísticos que hay del mismo período, y empiezan a armar una serie, se inscriben en un género, tienen una problemática particular. Lo que me planteaba era ver si efectivamente esta idea de la revolución como un espacio era propia de la Revolución Rusa o se fue reiterando en otros momentos de la historia.

-Además de narrar la experiencia de un viaje, usted afirma que las voces de estos viajeros narran un capítulo de la historia del intelectual argentino de izquierda.

-Exactamente. Hay una pregunta que no está escrita en el prólogo y que siempre me formulé: cómo vieron lo que vieron y por qué creyeron lo que creyeron intelectuales, periodistas, escritores, extremadamente críticos, extremadamente lúcidos. Me interesa ver cómo estos intelectuales construyeron en ese espacio, más allá de su experiencia, más allá de lo que vieron y más allá de las ideas que ellos tenían sobre esos modelos posibles de revolución. Este tipo de relatos de viajes que hacen los viajeros argentinos se diferencia de otros relatos de viaje donde el viajero da cuenta de lo que ve. En mi libro, el escritor y periodista comunista Alfredo Varela, quien en 1950 publicó el libro Un periodista argentino en la Unión Soviética, más allá de lo que está viendo está hablando de aquello que quisiera que efectivamente fuese así para que esto pudiera ser trasladado como un modelo al país del cual se proviene.

-En algunos casos se puede notar que hay un recorrido que va de la indiferencia a la identificación con los proyectos revolucionarios.

-Así es. En otros casos el viaje confirma lo que ya se sabe. Es el caso del teórico del marxismo y crítico literario Aníbal Ponce, para quien viajar es confirmar esa idea utópica que se tenía de ese espacio que efectivamente es como se creía que era. Es decir, se narra la constatación de aquello que ya se sabía. A su regreso de Moscú, Ponce le escribe una carta a Luis Reissig en la que le dice "Estoy deslumbrado, optimista, dichoso. He pasado en la Unión Soviética los mejores días de mi vida y regresaré a luchar con una confianza absoluta en los ideales que me son queridos".

-Usted cita una reflexión de Oscar Terán que dice que Ponce no mira la realidad soviética sino que constata la puesta en funcionamiento de un modelo teórico.

-En Ponce el viaje a Rusia contribuyó a delinear su visión teórica porque fue la comprobación experimental de sus principios, señalo en el prólogo del libro. Es tal la certeza en Ponce, que lo lleva a decir que la utopía enorme que parecía destinada a flotar entre las nubes ya tiene en los hechos su confirmación terminante.

-Lo de Elías Castelnuovo es diferente.

-Es diferente porque se narra un aprendizaje a lo largo del viaje. Lo dice el propio Castelnuovo cuando llega a Leningrado en 1931: "He venido a ver con los ojos la realización del socialismo y tocarlo después con las dos manos". Castelnuovo enfatiza el cambio experimentado a lo largo del viaje exclamando que, una vez entendido el "grave asunto de la plusvalía", comenzó a pensar la explotación del hombre desde la aritmética. En cambio, Jorge Masetti, subraya en el final del relato, más que la experiencia de un cambio, la sensación de pertenencia a Cuba.

-Tal vez el que sintetizó mejor el resultado del aprendizaje haya sido el escritor Bernardo Kordon...

-A pesar de que su compromiso ideológico es previo al viaje que hace a la República Popular China. Kordon, quien era un fanático de la política y la cultura chinas, sobre las que escribió varios ensayos, y país al que viajó ocho veces, abre su libro 600 millones y uno, publicado en 1940, con la siguiente explicación acerca del por qué de ese título. Kordon dice que al partir a China pensaba que un libro sobre el viaje podría llamarse Uno y 600 millones. "Pero resulta -aclara- que en el mundo de hoy la fraternidad se llama China. Difícil conocer ese pueblo sin identificarse con la suerte de 600 millones de chinos. Por eso 'Uno y 600 millones' se convierte en 600 millones y uno". Volviendo a esta cuestión del viaje como resultado del aprendizaje, en Castelnuovo y en Jorge Masetti la narración de la experiencia es también la narración de un aprendizaje y, por lo tanto, la presencia del yo es muy fuerte. En Rodolfo Ghioldi hay una reflexión más teórica y, por lo tanto, más distante, mientras que en Aníbal Ponce no hay yo del cronista, el lector no sabe lo que le va pasando al propio Ponce.

-¿Se produce un corte en la distancia entre la mirada del intelectual viajero que cuenta y el pueblo que lee esa experiencia?

-En el caso de la Unión Soviética el intelectual tiene que explicar lo que está viendo porque no hay otro que lo pueda hacer. En el caso de Cuba, más bien es como construir una cierta empatía con el lector, con aquello que tal vez conoce por otros medios. El libro Los que luchan y los que lloran de Jorge Masetti es espectacular porque él es parte de lo que está narrando. En este sentido, Masetti no va a constatar nada sino que vive una experiencia y aprende de ella. Y, por último, existe un convencimiento pleno de eso que se está viviendo.

-Otro de los rasgos propios de los relatos de viaje es la utilización de la comparación y de la analogía para describir esos nuevos escenarios.

-Cómo explicar lo que se supone que es nuevo: eso es parte de uno de los procedimientos más habituales del relato de viaje. Los viajeros recurren a muchas referencias de otros relatos de viaje, a los que se discute o se afirma. Para Kordon, la sensación de estar en el "corazón populoso del lejano Shanghai" coincide con la de haber recorrido "el corazón desolado de mi América del Sur". En la Unión Soviética prevalece la comparación entre aquello que ya sabían de Rusia por haberlo leído, ya sea en novelas, en otros libros de viajeros o en crónicas periodísticas, y su propia experiencia. En la constatación o la discusión con lo ya leído, los viajeros argentinos asumen lo que Edward Said denomina una actitud textual, aquella noción que hace referencia a uno de los comportamientos que experimenta el viajero cuando entra en contacto con algo desconocido. Para codificarlo y transmitirlo, el viajero recurre a las experiencias que ya ha tenido y que pueden aproximarse a lo nuevo, como también a lo que ya ha leído sobre el tema.

-¿Qué rol tuvieron los medios de comunicación por entonces para dar cuenta de lo que pasaba con las revoluciones?

-Creo que ciertos medios han sido fundamentales, como el caso del diario Crítica en los años ’20 o la revista Primera Plana en la década del '60. Si uno revisa los diarios de los años '20 lo que se escribe sobre la Revolución Rusa es a través de las agencias internacionales; en general son notas breves. Lo que marca la diferencia es si un diario manda a un periodista. Crítica lo pudo hacer. Es muy distinto leer la experiencia de alguien sobre lo que está pasando que la frialdad de un cable de una agencia de noticias. En los '60 creo que pasó lo mismo. Lo que distingue los textos de Masetti del resto es que la revolución todavía no se había concretado. Masetti fue enviado a Cuba como corresponsal de radio El Mundo en 1958 para entrevistar a Fidel Castro en Sierra Maestra. La mayoría de los viajeros accedió al viaje en su calidad de periodistas, distinto de lo que sucedió con el viaje estético y consumidor de los escritores pertenecientes a una elite para quienes el viaje a Europa era señal de prominencia social dentro del estatus literario.

-Un capítulo aparte en los relatos de los viajeros de izquierda es la entrevista a los líderes revolucionarios.

-La entrevista a los líderes políticos es central en estos relatos de viaje. La entrevista entre el viajero y el líder político se convierte en una conversación entre iguales. Ahí está el diálogo que mantiene Jorge Masetti en los montes de Sierra Maestra con el Che Guevara o Carlos Astrada entrevistando a Mao Tse Tung en agosto de 1960 en su residencia en Pekín, reportaje que está citado en cuanto estudio hay sobre la Revolución China. Quien está a cargo de ese proceso revolucionario es también un intelectual.

(Esta entrevista realizada por Pablo Montanaro fue publicada originalmente en Diario Río Negro, 17/02/08)

20.2.08

Una ética inquebrantable

Escribe
Néstor Kohan*

Sentimos un poquito de tristeza, ¿por qué no admitirlo? Sin embargo, como alguna vez dijo Julio Antonio Mella, todo tiempo futuro tiene que ser mejor. Fidel está enfermo y renuncia. Decisión lúcida y sabia, como siempre. No huye en helicóptero, como el patético presidente argentino Fernando de la Rúa, derribado por su pueblo en rebelión en diciembre del 2001. No se tiene que ir acusado de corrupción, enriquecido y millonario pero escupido por el pueblo, como tantos otros. No termina escapando en lo oscuro de la noche como los dictadores latinoamericanos, protegidos por el Pentágono y la CIA, con el traje manchado de sangre y los bolsillos llenos de dólares.

Fidel no se rinde. No se arrodilla. No implora clemencia. No se degrada ni se deteriora. Simplemente toma la decisión de renunciar por limitaciones de salud, pero conservando intacto su prestigio político, el cariño y el consenso de su pueblo y la admiración de numerosos pueblos del mundo. Si tuviéramos que sintetizar el núcleo de su pensamiento político creemos no equivocarnos si lo ubicamos en la ética. El marxismo de Fidel –como el de su entrañable hermano argentino, Ernesto “Che” Guevara– ha sido y es un marxismo eticista y culturalista. La clave de la historia humana no está en el desarrollo de las fuerzas productivas sino en los valores y la cultura. En todo caso, las principales fuerzas productivas de la historia han sido las fuerzas morales. La Revolución Cubana no se derrumbó, aun sin comida, dinero ni petróleo, debido a los valores, la ética y la cultura.

La “batalla de las ideas” con la que insiste Fidel es otro nombre para lo que Antonio Gramsci ha denominado la lucha por la hegemonía. Todo el pensamiento político de Fidel, su práctica revolucionaria al frente de Cuba durante tanto tiempo, sus discursos y sus escritos han sido una prolongada y larga marcha por la hegemonía socialista.

En esa batalla de las ideas y los valores, la ética ha jugado un papel fundamental. Ya de jovencito, muchos años antes de iniciar la guerra revolucionaria en Cuba, el joven Fidel lo había resumido con una sentencia fenomenal: “el verdadero ser humano no pregunta de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber”. Ese es, a nuestro juicio, el núcleo de fuego que ha recorrido como un hilo rojo todo el pensamiento de Fidel a lo largo de décadas.

¿Fue distinto el marxismo del Che? ¿Guevara no planteó que la mayor satisfacción posible para una persona revolucionaria no reside jamás en la búsqueda de dinero sino en sentirse pleno y feliz por haber cumplido con el deber social? ¿Quién influyó en quién? ¿El Che en Fidel o Fidel en el Che? Probablemente haya habido una influencia mutua y recíproca. Y en el medio de ambos, la ética de José Martí, el rechazo al “hombre mediocre” de José Ingenieros, el humanismo socialista, todos entretejidos en la perspectiva revolucionaria del viejo Carlitos Marx y su joven continuador, nuestro amigo Lenin. Eso ha sido Fidel. Ese es Fidel.

La mejor solidaridad con Cuba, con su pueblo, con el futuro del socialismo y con Fidel, sigue siendo la lucha popular. Una lucha contra el capitalismo y por el socialismo que no tiene fronteras. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.” Esa es la enseñanza que nos deja Fidel con su ejemplo de vida. ¡Una vida entera dedicada a la revolución! Cuánta razón tenía también Fidel cuando nos dijo: “nuestro campo de batalla abarca todo el mundo”. ¡Qué impactante actualidad!

A la larga, esta noticia dejará de ocupar la atención. Lo que permanecerá, a largo plazo, son las enseñanzas de Fidel. Las banderas de su pensamiento político rebelde y su ética revolucionaria inquebrantable. Esa misma que le permitió mantenerse de pie, sin trastabillar, durante medio siglo frente a la potencia más poderosa de la Tierra y de la historia.

Continuar, hoy y en el futuro, las enseñanzas de Fidel y del Che. Ese es el gran desafío para las nuevas generaciones. Dentro de Cuba pero también en toda América latina.

(*) Coordinador de la cátedra “Che Guevara-Colectivo Amauta” de Argentina, docente e investigador de la UBA y autor del libro Fidel para principiantes.

(Publicado originalmente en Página/12,
Buenos Aires, 20 de febrero de 2008)

18.2.08

El ejemplo del poeta Marcos Ana

Escribe
Pedro Almodóvar

El superviviente Marcos Ana representa el mejor modelo de reconciliación, una asignatura que cada década parece más pendiente en nuestro país. Marcos ha sobrevivido a varias penas de muerte, a muchas jornadas de tortura en las que le dejaban por imposible, convertido en un amasijo de carne, a la durísima vida carcelaria, en condiciones dantescas, expuesto a todas las enfermedades del cuerpo y de la mente. Pero especialmente, Marcos Ana ha sobrevivido con una limpieza impresionante al odio. Él es lo contrario al discurso de las "heridas abiertas", las suyas, profundas y persistentes (22 años, desde el año 39 al 61, arrastrándose por distintas cárceles franquistas, dan para muchas y variadas heridas) como decía, sus heridas las cerraron sus propias ganas de vivir y de convivir. Su pasión por la vida, y por la vida de los otros. Es emocionante, cuando en el libro decide no dar el nombre de un compañero que le denunció (aunque a causa de esta denuncia le cogieron y le condenaron a muerte), no le nombra pensando que el traidor tendrá en la actualidad, hijos, sobrinos y nietos, que no son responsables de su traición y que ahora se sentirían avergonzados.

Marcos Ana es un modelo de víctima, en estos años en que las víctimas salen a las calles (todo su derecho) a gritar su dolor (nada más humano) pero que en ocasiones desafinan de un modo estridente. Marcos es una víctima que no pide venganza. Pide que el horror que el pueblo español vivió durante y después de la guerra no se vuelva a repetir. Es muy importante, y ya sé que es un tema delicado (todo mi respeto y solidaridad a las víctimas de todo tipo de violencia), es esencial que las víctimas no sean un impedimento para la reconciliación. Marcos Ana representa todo esto. Y por ello le admiro, le quiero, y porque en el trato personal es lo más parecido a un ángel. No he conocido a nadie tan bueno. Por eso me gustaría hacer una película sobre su vida. No existen tantos hombres buenos sobre los que hacer películas, en mi cine, desde luego, brillan por su ausencia. Pero naturalmente no es por su bonhomía, por rara que sea esta cualidad, por lo que quiero hacer la película.

Su libro de memorias Decidme cómo es un árbol contiene en todos sus capítulos material cinematográfico de primer orden. Da para varias películas, muy distintas y de diversos géneros. La que a mí me interesa, la que espero abordar dentro de dos o tres años, una vez que termine las dos películas que tengo entre manos, empezaría con Marcos Ana saliendo de la cárcel en el año 61. Según él mismo confiesa era un niño de 42 años que se da de bruces con la libertad, en el Madrid de principio de los 60. La experiencia física fue durísima, sus sentidos no están acostumbrados a los espacios abiertos y extensos, ni a la luz, montar en un vehículo le provocaba vómitos. Tampoco está acostumbrado a la presencia de las mujeres jóvenes. Le atraen enormemente pero reacciona como un niño. Hay imágenes muy plásticas en el libro cuando describe su fascinación por el sexo opuesto. Cuando ve una mujer, la sigue a escondidas hasta que desaparece en la boca del metro, o tras la puerta de su casa. Una de las primeras noches en libertad encuentra a un antiguo compañero, que le lleva a un cabaret. Poco después le deja solo, con una de las prostitutas a la cual le ha pagado para que le atienda toda la noche. Esa primera noche con una mujer es lo que quiero contar. A lo largo de esa noche aparecerá todo su pasado, y el pasado de la prostituta a la que no me queda más remedio que relacionar con alguno de sus compañeros de prisión para cerrar la historia... Juntos recorrerán el Madrid nocturno de la época, intercambiando soledades. Es la historia del primer amor de Marcos Ana, una prostituta que al final de la noche no le cobró, porque noches como aquella no tienen precio.

(Publicado originalmente en El País, Madrid, 17-2-2008)

12.2.08

Cambio climático, agua y hambre

Escribe
Juan de la Puente


El PNUD presentó en Lima su Informe Mundial 2007/2008 dedicado al cambio climático. Se pueden encontrar en él conceptos definitorios muy útiles para impulsar las urgentes políticas públicas que el caso demanda: 1) que el cambio climático (CC) es una crisis que aún se puede detener pero que el mundo dispone de menos de 10 años para lograrlo; 2) que no es una posibilidad sino una realidad, un hecho comprobado por la ciencia: ya se inició; 3) que no es reversible, es decir, que la acción de los Estados podrá evitar males mayores pero no habrá retorno a la situación anterior; y 4) que en los últimos 100 años, la temperatura de la tierra aumentó 0.7 grados y que el objetivo es que no llegue a los 2 grados.

Según el Informe, el CC ha empezado a impactar el desarrollo humano. Dicho de otro modo, el CC frena los esfuerzos por reducir la pobreza y cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Señala cinco puntos de riesgo del CC para el desarrollo humano: 1) menor productividad agrícola por el desplome de los sistemas del agro, por la creciente exposición a sequías, altas temperaturas y a patrones irregulares de lluvias; 2) mayor inseguridad de agua. Si el planeta supera los 2°C cambiará la distribución de los recursos hídricos y en AL el fin de los glaciares tropicales amenazará las fuentes de agua de las poblaciones urbanas, la agricultura y la electricidad, especialmente en la región andina; 3) mayor exposición a inundaciones costeras y condiciones climáticas extremas. Con un aumento de las temperaturas sobre los 2ºC, los mares más calientes generarán ciclones más violentos. Las zonas afectadas por sequías crecerán en tamaño, lo que pondrá en peligro los medios de subsistencia; 4) colapso de ecosistemas. Superados los 2°C las tasas de extinción de especies se disparan y millones de personas que deben su subsistencia a la pesca serán afectadas; y 5) mayores riesgos de salud. Entre 220 y 400 millones más estarán en riesgo de contraer paludismo.

Por esa razón, la lucha contra la pobreza y contra el CC es una sola estrategia. Según el informe, el mundo avanza hacia un punto de inflexión que podría afectar a los países más pobres y a su gente más vulnerable. Propone adoptar un enfoque de dos vías contra el CC: 1) medidas de mitigación para limitar el calentamiento del planeta durante el siglo XXI a menos de 2ºC; 2) fortalecimiento de la cooperación internacional en la adaptación de la humanidad al CC. Pero señala que si la mitigación no se inicia ahora el costo de la adaptación en 20 ó 30 años será muy alto para los países pobres. Y sobre la inversión en CC, anota que no pueden enfrentarse de la misma manera que las decisiones de invertir en autos, máquinas industriales o lavavajillas. También advierte sobre las desigualdades en cuanto a las capacidades de adaptación, porque mientras los países ricos invierten en sistemas de protección contra el cambio climático, los países pobres tienen como única alternativa nadar o hundirse. A decir del obispo sudafricano Desmond Tutu, se abre un nuevo apartheid.

(Publicado originalmente en La República, Lima, 12 de febrero de 2008)

9.2.08

¿Puede salvarse todavía la humanidad?

Escribe
Koichiro Matsuura
(Director general de la UNESCO)


Hemos recibido en legado un solo planeta. ¿Qué hemos hecho con él? La Tierra es hoy un patrimonio en peligro, y la propia especie humana corre riesgo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) acaba de publicar, bajo la dirección de Jérôme Bindé, la tercera antología de los “Coloquios del siglo XXI”, titulada Firmemos la paz con la Tierra (Ediciones Unesco/Icaria). Con la colaboración de 15 científicos y expertos de fama mundial, como Paul Crutzen, Nicolas Hulot, Javier Pérez de Cuéllar, Michel Serres, Mustafá Tolba, Haroldo Mattos de Lemos y Edward O. Wilson, hemos efectuado una radiografía prospectiva de la crisis ecológica mundial, formulando a la vez una serie de propuestas de acción, y lo esencial se resume en dicho artículo.

Después de la Conferencia de Bali y de los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre los Cambios Climáticos (IPCC) debemos preguntarnos si hemos cobrado conciencia de la envergadura de los retos gigantescos que va a tener que afrontar la humanidad en un momento en que el tiempo empieza a faltarnos. No insistiré sobre el diagnóstico, ya que por desgracia el panorama es de sobra conocido: cambio climático, desertización, crisis mundial de los recursos hídricos, deforestación, deterioro de los océanos, erosión acelerada de la biodiversidad y contaminación de aire, suelo, agua dulce y mar.

Las consecuencias económicas y geopolíticas de una situación semejante se han empezado a cuantificar sólo de manera muy reciente. La guerra que hemos declarado a nuestro planeta puede costar tanto como una guerra mundial, tal como se ha señalado en el Informe Stern. Además, después de esa guerra contra la naturaleza corremos el riesgo de desembocar en la guerra de verdad, debido no sólo a la escasez cada vez mayor de energías fósiles y recursos naturales, sino también al desplazamiento de los 150 a 200 millones de “ecorrefugiados” que vaticinan los estudios prospectivos.

Lo que consideramos “problemas” –empezando por el cambio climático– son más bien síntomas de un problema, el del crecimiento material en un mundo finito, cuya existencia ya fue señalada desde 1972 en el informe Los límites del crecimiento, presentado al Club de Roma. Dennis Meadows, coautor de ese texto, nos dice que en ese año “la humanidad estaba por debajo de sus límites, pero ahora está por encima de ellos”. Así lo atestiguan los datos relativos a la huella ecológica de la especie humana, calculados por el equipo de Mathis Wackernagel. En 1972, la utilización humana de los recursos de la Tierra se aproximaba a 85 por ciento del nivel sostenible a largo plazo, mientras hoy día se sitúa en torno a 125 por ciento de ese nivel.

En esas condiciones, ¿puede salvarse todavía la humanidad? Respondemos por la afirmativa a esa interrogante. Sí, la humanidad puede salvarse sin que la especie humana tenga que renunciar al desarrollo y a la lucha contra la pobreza. En vez de contraponer el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, tenemos que armonizarlos.

Para lograr esa armonización necesitamos no sólo más ciencia, más sobriedad, menos materia y más acciones concretas, sino también más ética y política, en contra de lo que algunos puedan creer. Necesitamos, en definitiva, un nuevo contrato natural de la humanidad con la Tierra y una ética del futuro.

En primer lugar, requerimos más ciencia. Muchos creen que el enemigo es la tecnociencia. Sin embargo, la mano que inflige la herida es también la que cura. No conseguiremos salvaguardar nuestro planeta y hacer que se salve su “huésped”, la especie humana, si no logramos construir sociedades del conocimiento que den prioridad a la educación y a la investigación. Los desafíos planteados por el desarrollo sostenible exigen que reforcemos nuestras capacidades en materia de previsión y prospectiva. La Unesco, por su parte, ha venido construyendo una base de conocimientos de importancia mundial sobre el medio ambiente y el desarrollo sostenible desde hace varios decenios, en una época en que eran muy pocos los que habían cobrado conciencia de los problemas. Ya en 1949 la Unesco inició el primer estudio internacional sobre las zonas áridas del mundo, y en 1970 creó el Programa sobre el hombre y la biosfera (MAB). Además, sus programas científicos internacionales relativos a los océanos y las ciencias de la tierra son reconocidos como fuentes de recursos únicos en su género. El IPCC ha recurrido ampliamente a la base de conocimientos de todos esos programas de la Unesco, que será preciso seguir enriqueciendo y completando en el futuro.

En segundo lugar, tenemos que imponer más sobriedad. Va ser necesario inventar formas de consumo menos dispendiosas y más eficaces. No parece que tengamos otra opción, habida cuenta de la creciente propagación del modelo occidental de desarrollo y consumo a las economías emergentes del hemisferio sur. En efecto, la humanidad necesitaría disponer de los recursos naturales de tres o cuatro Tierras si llegan a extenderse por todo el planeta los modos actuales de consumo imperantes en América del Norte.

También debemos utilizar menos materia. Vamos a tener que desmaterializar la economía y el crecimiento. En efecto, es muy probable que no podamos detener el crecimiento económico y, por eso, tendremos que reducir en cada unidad de producción el consumo de recursos naturales y materias primas: energía, metales, minerales, agua, madera. La evolución de la economía hacia la desmaterialización ya se ha iniciado con la sustitución revolucionaria de los átomos por los bits, que es la base del auge de las nuevas tecnologías y las sociedades del conocimiento. La desmaterialización de la economía podrá incluso impulsar el desarrollo de los países del sur, a condición de que los países del norte se comprometan a desmaterializar su crecimiento a un ritmo algo más rápido que los primeros a lo largo de unos 50 años.

No obstante, la mayor transformación de nuestras sociedades ha de consistir en la modificación de nuestras actitudes y conductas. En efecto, ¿cómo podremos desmaterializar la producción si seguimos siendo materialistas? ¿Cómo podremos disminuir el consumo si el consumidor que todos llevamos dentro acaba por devorar nuestra conciencia cívica? La educación para el desarrollo sostenible será la impulsora de la imprescindible modificación de nuestro comportamiento.

Debemos, asimismo, llevar a cabo acciones más concretas, ejecutando proyectos precisos y realistas, incluso a escala internacional, con el fin de suprimir el gran trecho que media entre la utopía y la tiranía impuesta por las miras a corto plazo. Por ejemplo, respecto de la biodiversidad se necesitarían unos 50 mil millones de dólares –esto es, algo menos de 0.1 por ciento del producto interno bruto mundial– para preservar las 34 zonas ecológicas más prioritarias del planeta. Esas áreas, que sólo abarcan 2,3 por ciento de la superficie terrestre, albergan, sin embargo, 50 por ciento de las especies de plantas vasculares conocidas y 42 por ciento de mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

Necesitamos, en definitiva, un contrato natural de la humanidad con la Tierra para no ser más los parásitos de ésta. Tenemos que firmar un nuevo tratado de paz con la naturaleza. Al contrato social ya establecido entre los seres humanos hay que añadir ahora el contrato que vincule a éstos con la naturaleza. Esta idea de contrato natural podrá parecer peregrina a algunos, pero es la consecuencia lógica de la toma de conciencia ecológica. Estamos ya protegiendo determinadas especies de la fauna y la flora, y conservando una serie de paisajes con la creación de parques naturales. Eso quiere decir que vamos reconociendo paulatinamente que la naturaleza es un auténtico sujeto de derecho con el que es posible establecer un contrato. La verdadera democracia del futuro tendrá que ser forzosamente prospectiva. La ética del futuro, que exige que leguemos a nuestros hijos un mundo viable, sabrá armonizar la economía y la ecología, el crecimiento y el desarrollo sostenible.

7.2.08

Un caso de comunidad rebelde

Hace poco, en su blog “La jaula abierta”, el conocido escritor mexicano Roger Bartra publico este breve pero interesante comentario sobre la reciente aparición del libro La comunidad armada rebelde y el EZLN, de Marco Estrada Saavedra, que, por considerarlo de interés de nuestros lectores, nos permitimos reproducir a continuación.

Acaba de publicarse un nuevo libro sobre el EZLN y las comunidades indígenas que lo apoyan. Además de ser un libro que propone la discusión política, es sobre todo el resultado de una fructífera y amplia investigación sociológica e histórica llevada a cabo por Marco Estrada Saavedra. El libro, publicado por el Colmex, se titula La comunidad armada rebelde y el EZLN. Con el fin de estimular su lectura, resumo aquí algunas de sus tesis.

Marco Estrada explica el nacimiento del EZLN por la confluencia de tres expresiones comunitarias previas:

1. El surgimiento de lo que llama “la nueva comunidad”, constituida por los ejidos que nacen en los años treintas y que son comunidades tojolabales desprendidas de la vieja estructura agraria dominada por las fincas tradicionales. A esto se agrega un proceso paralelo de colonización de la selva, fragmentación de fincas y desarrollo de un sector de rancheros ladinos compuesto de ganaderos emprendedores individualistas ajenos a las comunidades.

2. Al mismo tiempo se amplió enormemente otra comunidad, una comunidad de orientación espiritual y religiosa, que fue tejiendo las redes de civilidad cristiana –civitas christi– conformadas por la labor pastoral de los catequistas.

3. Paralelamente surge lo que Estrada llama la comunidad republicana de masas, compuesta por organizaciones campesinas y uniones de muy diverso signo político (CIOAC, ARIC, etc.)

Durante los años ochentas, años de frustración, desilusión y desencanto entre los tojolabales, las tres comunidades (ejidal, pastoral y de masas organizadas) impulsan una nueva formación, el EZLN. En esta comunidad armada rebelde confluyen líderes indígenas, agentes de pastoral y asesores políticos. Lo que hace Estrada en su libro es estudiar detenidamente, en un meticuloso y laborioso trabajo de campo, la base social del EZLN y no tanto su cúspide, que es el fenómeno que más ha llamado la atención. El resultado es fascinante y nos descubre una situación extremadamente compleja.

Quienes fuimos a la convención zapatista de agosto de 1994, en el llamado “Aguascalientes”, pudimos apreciar durante un par de días un apretado microcosmos de lo que Estrada describe y analiza en detalle. Había allí una peculiar mezcla de autoritarismo y desorden, nuevas pero incoherentes identidades colectivas, prácticas militares rígidas, ridículas y solemnes, mandones obedientes a órdenes y consignas, promotores del folklore turístico revolucionario, disputa de los indígenas por las sobras del gran picnic revolucionario, rigidez política combinada con fragmentación, espíritu de catequistas transfigurados en soldados. Aquella reunión de 1994 fue una alucinante aglomeración de ejemplares de toda la izquierda mexicana en un enorme campo de concentración, todos privados de libertad de circulación en espera del show del subcomandante.

Estrada detalla y observa con cuidado lo que hubo detrás de este espectáculo. Presenta mucha información sobre la organización de las comunidades zapatistas, sus divisiones, sus pleitos internos, el chismorreo que las permea, su disfuncionalidad, la gestación de identidades, su carácter militar, la fragmentación y la exclusión.

Celebro que este libro constituya una refinada aproximación científica a un problema político. Deja atrás la chiapanología superficial, la demagogia de los políticos, la mitología fervorosa de intelectuales y las especulaciones periodísticas. Se trata de una extraordinaria aportación que recomiendo ampliamente a los lectores.

2.2.08

Volodia Teitelboim recuerda a Neruda

Volodia Teitelboim (1916-2008), que hace poco acaba de fallecer, fue uno de los amigos más cercanos de Pablo Neruda, a quien le dedicó una biografía y un nuevo texto, Neruda 100: Multiuso y Todoterreno, publicado en el año 2004 por la editorial chilena Catalonia. Por ese entonces, diversas publicaciones y agencias de noticias, como BBC Mundo, publicaron el texto de una hermosa entrevista con Teitelboim, “Neruda fue mi ídolo, amigo y camarada”, que vale la pena republicar aquí para recordar a esos dos grandes amigos y amantes de la literatura que fueron Neruda y Teitelboim.

Pablo Neruda fue un ídolo de mi infancia, como Gabriela Mistral. En el liceo, el profesor de castellano llevó unos libros que habían aparecido hacía poco, que se llamaban Crepusculario y Veinte poemas de amor. Y nos reveló no sólo otra dimensión de la poesía, sino también del hombre y de la mujer. Entonces, yo, que tenía pasión por la lectura, sentí de inmediato esa atracción y le rogué al profesor que me prestara esos libros para copiarlos a mano en un cuaderno. Efectivamente, tuvo el gesto de prestármelos y me los aprendí de memoria todos. O sea que era un gran ídolo, pero yo, que soy del centro del país, había nacido en Chillán, después viví un corto tiempo en Talca y en Curicó, cuando llegué a Santiago en 1932, Neruda, que estaba en el Oriente, venía regresando.

Máscaras

Se anunció por los diarios que él daría un recital esa tarde en un teatro, Miraflores. Me pareció la ocasión ideal para oírlo, para verlo. Y lo oí, pero no lo vi. Porque él hizo toda su declamación, de más de una hora, detrás de unos grandes biombos orientales y máscaras chinas. Se ocultó del público como figura. Lo que se escuchaba era sólo esa voz lamentosa, con sonsonete, extraña, de un declamador monótono, que recitaba una poesía que resultó desconcertante porque nada tenía que ver, al parecer, con la música melodiosa y la calidad cristalina que tienen los Veinte poemas de amor, por ejemplo. Eran los primeros poemas de Residencia en la Tierra, que hablaban también de su vida solitaria en un mundo que él no conocía y que lo cambiaron, y también revolucionaron su poesía que entró a una etapa completamente diferente. Porque una característica de Neruda fue el llamado carácter proteico, o sea él cambiaba de libro a libro, trataba de no repetirse nunca.

Huidobro sí, Neruda no

Yo, recién llegado a Santiago, era un estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, pero era también un aspirante a poeta y había quemado, a mi juicio, no sólo la etapa mistraliana, sino también nerudiana. Porque para mí Neruda todavía era un poco el poeta que yo había admirado y sigo admirando, de Veinte poemas de amor, pero yo tenía la edad del parricidio, en que se trata de matar a los padres. Entonces, yo traté de matar a la madre, a Gabriela, y traté de matar al joven padre, Neruda. Porque había recibido otra revelación, así como el rayo de Damasco, que era la llegada a Chile de un poeta vanguardista, que había vivido la vanguardia literaria y artística en el centro mundial de las artes, que entonces era París. Se trataba de Vicente Huidobro. Huidobro tomó contacto con un poeta joven que se llamaba Eduardo Anguita y conmigo, para que fuéramos algo así como sus lugartenientes. Pero él era decididamente antinerudiano y antimistraliano. Era la época de la crisis mundial, de la depresión del 29, y queríamos cambiar el mundo, queríamos cambiar la poesía, y para eso Huidobro sí, Neruda no.

Un don nadie

Entonces yo, que era absolutamente un don nadie, escribí una carta a Neruda, que estaba trabajando como cónsul en Madrid y le dije que se trataba de los muchachos, que querían hacer una antología de la poesía chilena nueva y consideraban indispensable su presencia y contar con poemas originales. Pensé que no me contestaría porque yo era un desconocido por completo, pero inmediatamente contestó y mandó poemas inéditos de sus futuras Residencias, que fueron publicados en la antología. Yo era un gran devorador de toda la poesía que pudiera y en distintas lenguas. Y un día, leyendo en la biblioteca nacional a un poeta hindú que en ese tiempo estaba de moda, Rabindranath Tagore, descubrí un texto en un libro llamado El jardinero que me pareció conocido y demasiado parecido al poema 16 de los 20 poemas de amor. Se lo mostré al encargado de la sección que era un poeta y gran amigo de Neruda, desde la infancia, Juvencio Valle, y me dijo "Sí, son iguales". Entonces esto cundió, se difundió. Lo aprovechó Huidobro para proclamar que Neruda era un plagiario, y que lo había plagiado a él y a otro poetas, inventando cosas. Esto suscitó, con la antología también, la mayor polémica literaria que hubo en Chile en el siglo XX, que para mí fue bastante penosa. Incluso, me penó la exclusión de Gabriela Mistral de la antología, que la sentí después como una injusticia, y traté de repararla. Siendo ya un hombre maduro, escribí una biografía sobre ella.

Entrevista

Siendo estudiante, para ganarme la vida, empecé a trabajar en una revista y su director, que era un gran amigo de Neruda, Luis Enrique Délano, un escritor, me ordenó que fuera a entrevistar, en el año 1937, a Neruda, que venía llegando de España, con el libro España en el corazón. Yo le dije: "Manda a otro porque he tenido cierto conflicto con él y no quiero que se produzca un encuentro desagradable". "No, anda tú", me insistió. Bueno, me lo ordenaba el director y fui. Allí conocí a Neruda, que me recibió como si nada hubiera pasado. Porque Neruda era muy inteligente y sabía que había problemas, daños permanentes, o cosas accidentales. Y él vio en mí un muchachito que quería la literatura, que se interesaba por su poesía y me concedió la entrevista. Me dio también algunos poemas para ser publicados y lo seguí viendo y fue una amistad que duró 36 años.

Amistad

Una amistad que al principio fue la del periodista, después fue la del hombre o del muchacho que tenía afinidad política con él, porque él llegó de España convertido en un comunista, pero no ingresó al Partido Comunista oficialmente sino en el año 1945, cuando era un hombre maduro. Yo era un militante de la juventud comunista y después del partido. Tenía cierta experiencia política, más que él. Eso a él le interesó porque también conversaba conmigo sobre problemas que no tenía claros. Alguna vez lo dijo, en alguna de sus obras, que yo lo habría ayudado en situaciones en que él hubiera podido naufragar desde el punto de vista político. Luego de la política, esta amistad se hizo una amistad personal, una amistad de hombre a hombre, de persona a persona, con mucha confianza en todo, llena también de los secretos de la vida, las opiniones. Él era una persona muy directa, en el fondo era un plebeyo, un plebeyo de genio naturalmente, que no establecía diferencias entre el hombre importante y el hombre insignificante. Sino que eran dos amigos. Siempre tuvo un gran sentido de la amistad. Contó con muchos amigos y ejercía la amistad. Para él, la primera categoría humana eran los poetas...y las mujeres. Era un hombre de grandes almuerzos, de reuniones, de invitaciones. Y entonces podía estar el Presidente de una república, pero él no lo sentaba al lado. Sentaba a una amiga que era tenista pero que a él le gustaba.

Confidencias

Sin embargo, él tuvo para el amor, que eran amores sucesivos, un sentimiento. Como en su poesía él mismo lo dijo: "Yo siempre he sido sincero y si me interesa una mujer es porque la siento". Y no es puramente, digamos, un objeto sexual, sino un sentimiento. En verdad, él necesitaba las mujeres porque eran las mujeres, porque necesitaba el acto sexual pero, sobre todo, porque yo creo que el amor y las relaciones alimentaban su poesía. Eran experiencias que él transformaba en poesía inmediatamente. Eso lo conversé con él varias veces y me dijo cosas sorprendentes. Le pregunté alguna vez si cuando era un muchacho, un joven, escribía tan directamente y sin correcciones como lo hacía el poeta maduro. Me dijo: "Sí. Yo escribía varios poemas al día e incluso aprovechaba los encuentros sexuales para -cuando todavía estaban, digamos, calientes, frescos, presentes- convertirlos en poesía". O sea, aprovechaba la experiencia viva y lo hacía rápidamente, de un momento a otro. Incluso, con el amor.

Campaña en versos

Yo acompañé a Neruda en toda su vida política porque yo era dirigente, tenía más experiencia política que él, pero trabajaba con él, desde que él fue candidato a senador por el norte, y a mí me tocó participar y organizar un poco su campaña. Él tenía gran resistencia a aceptar una candidatura porque habló con la gente y dijo: "Esto de ser candidato para mí es muy duro. El candidato tiene que hablar políticamente y yo no sé hablar políticamente, yo sé escribir versos". Entonces, la gente del Partido le dijo: "De eso se trata, no hables políticamente, eso lo harán otros. Pero lee versos, haz una campaña en versos". Entonces él escribe un largo poema que se llama algo así como "Canto al Norte", que en el fondo es un discurso poético de un candidato. Pero luego comenzó a preceder esas recitaciones con alguna cosa concreta que él sabía y empezó, en el fondo, a hacer discursos, cosa a la que se acostumbró.

Senador

Él fue un gran senador, muy fiel a la gente y se jugó enteramente. Trabajó por todos los candidatos populares a Presidente y no aceptó la política de Gabriel González Videla que traicionó, persiguió, estableció el campo de concentración de Pisagua e hizo imponer la llamada Ley de Defensa de la Democracia, que la gente llamó la "ley maldita". En esa ley maldita se borraban de los registros electorales, del derecho a voto, a 30.000 personas, entre ellos a Neruda, que era senador. Neruda contestó en el Senado, con un célebre discurso que tomó el nombre que le había puesto Émile Zola a su defensa de Dreyfus, "Yo acuso". Esto se publicó en varias partes y empezó la persecución contra Neruda. Se fue para la Argentina, escapó a caballo, con grandes riesgos, cruzó la cordillera de Los Andes, para llegar hasta San Martín de los Andes y de allí se fue a Europa, y permaneció varios años en el exilio.

Un hombre lúdico

En el exilio, se transformó en un poeta de fama mundial -porque él era conocido en Chile, luego en la Argentina, en América Latina, en España- pero fue Europa entera la que lo aceptó. Cuando el Partido tuvo de nuevo derecho a elegir, quiso que Neruda fuera candidato a senador por Santiago, pero él dijo: "No, con una vez basta, que sea Volodia". Y de ahí nació mi candidatura a senador por Santiago y fui elegido en dos ocasiones. Entonces él fue mi generalísimo, repugnante palabra que se usaba en Chile para significar el jefe electoral, un generalísimo juguetón que hacía frases, hacía cosas cómicas, compraba papeles de colores para hacer volantines, a fin de que la gente los encumbrara, como campaña electoral, porque se le ocurrían cosas novedosas, que no le ocurrían a los políticos tradicionales. A él sí. Él era un hombre lúdico también. Y muy responsable.