2.12.08

Otro número de "Wayra"

Cumplimos con informar que ya se encuentra en circulación el séptimo número de Wayra, la revista semestral de artes y letras del «Grupo Perú» del Centro de Estudios y Trabajo «América Latina» (Cetal) de la ciudad de Uppsala, Suecia. La nueva edición de la revista abre con tres poemas de Roxana Crisólogo, que forman parte de Trenes, un libro todavía sin publicar, y el cuento «La importancia del boxeador», de Carlos Meneses. El reciente número de Wayra trae también un dossier dedicado a la narrativa peruana de ayer y hoy, que está conformado por el texto de una interesantísima entrevista que el profesor Luis Veres, de la Universidad Cardenal Herrera, de Valencia, España, sostuvo con Santiago Roncagliolo, el celebrado autor de la novela Abril rojo y del reportaje periodístico La cuarta espada. Además, como si lo anterior fuese poco, el dossier incluye dos ensayos no menos interesantes: «Ciudad, periferia y retrato de época en la novela Bajo las lilas», de Alberto Sandro Chiri, y «Duque, de José Diez Canseco: La ciudad y el poder», de Gabriel Icochea Rodríguez. La revista incluye igualmente otros trabajos que seguramente concitarán la atención de más de un lector, como «Un cordobés por América, 1927-1930: José Malanca, Mariátegui y el Perú», de Sergio Raúl Díaz, y «Conflictos de la heterogeneidad: Pensar el Perú en perspectiva posmoderna», de Rafael Ojeda. Por último, Wayra cierra con su habitual sección de crónicas y revistas y un breve pero sentido homenaje a Alejandro Romualdo, que se expresa a través de la publicación de uno poemas más intensos y representativos.

Las personas, instituciones, colectivos o redes que deseen suscribirse a Wayra o adquirir ejemplares sueltos de la revista, pueden efectuar el pago a través del PlusGirot del «Grupo Perú» de Cetal, cuyo número es el siguiente: 178478-4. Suscripción anual: -Suecia: 120 coronas suecas; -Europa: 20 euros; -Fuera de Europa: 30 dólares USA. Ejemplar suelto: -Suecia 60 coronas suecas (más gastos de envío); -Europa: 10 euros (más gas-tos de envío); -Fuera de Europa: 15 dólares USA (más gastos de envío).

Para efecto de agilizar nuestros servicios de envío y distribución, les rogaríamos que, después de realizar el pago correspondiente, se comuniquen con el editor de la revista:

Carlos Arroyo Reyes,
Bernadottestigen 19 D
756 48 Uppsala – Suecia (Sweden)
Telf. 018-303514
E-mail: carlos.arroyoreyes@telia.com

21.11.08

Libro-homenaje a JCM

Convocatoria
Homenaje a José Carlos Mariátegui y sus
7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana

El Seminario Latinoamericano de la Universidad de Uppsala, Suecia, y la revista Wayra vienen trabajando en la preparación de un libro de homenaje a José Carlos Mariátegui y sus 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, que será publicado en el transcurso del año 2009.

El libro recogerá estudios sobre Mariátegui, sus 7 Ensayos, sus relaciones con la intelectualidad peruana de su tiempo y la vigencia de su pensamiento. Dichos estudios deben ser de entre 15 a 40 páginas en formato A4, escritas a espacio y medio y con letras Times New Roman de 12 puntos.

La fecha límite para la recepción de los trabajos, que serán evaluados por un comité especializado, será el 31 de diciembre de 2008.

Atentamente,

Hernán Horna
Uppsala universitet
Historiska institutionen
Thunbergsv. 3 A
751 26 Uppsala – Sweden
E-post: Hernan.Horna@hist.uu.se


Carlos Arroyo Reyes
Revista Wayra
Bernadottestigen 19 D
756 48 Uppsala – Sweden
E-post: carlos.arroyoreyes@telia.com

15.11.08

José Luis Mangieri

Por Horacio Tarcus
Página/12, Buenos Aires, 9/11/08


No me acuerdo si fue a fines de 1980 o principios de 1981. Laura Klein me preguntó si quería acompañarla a la Librería Finnegans de la Avenida Santa Fe. Había pasado por allí días atrás buscando un libro de Horacio Pilar, un poeta argentino entonces exiliado en el Brasil, y le habían dicho que volviera otro día, porque el dueño de la librería, José Luis Mangieri, que en ese momento no estaba, había conocido a Pilar y podría darle información.

–Mangieri, ¿el editor de La Rosa Blindada? Laura, ¡es imposible! Si hablamos de la misma persona, debería estar desaparecido, o exiliado, o muy bien guardado, no accesible en una librería de la Avenida Santa Fe...

La Librería Finnegans, especializada en literatura, psicoanálisis y filosofía, era regenteada por Cuca, su ex mujer, y atendida por un estudiante de filosofía llamado Jorge, pero Mangieri solía ir de visita por las tardes. Y esa tarde de fines del ‘80 o inicios del ’81 nos dirigimos a Finnegans y tuvimos la suerte de encontrarnos con José Luis Mangieri. Era por entonces un cincuentón flaco, ojeroso, con un ligero estrabismo que le daba cierto aire distraído y con un pelo lacio que se empeñaba en peinarse para atrás pero que a fuerza de rebelarse le terminaba cayendo sobre la cara. Allí no hizo gala del humor y el desparpajo que después le conocimos: contrariando su naturaleza más profunda, en la librería estaba más o menos compuesto y hablaba en voz baja.

Laura le consultó por el libro de poemas. Mangieri no recordaba que Pilar hubiese reunido sus poemas en un libro, pero quedó en averiguar mejor.

–¿Y cómo una piba como vos descubrió a un poeta medio secreto como Pilar?

–Bueno, leí unos poemas suyos en una revista de los ’60, Anthropos, y me interesaron mucho...

–Ahá.

Yo aproveché la ocasión y le pregunté, con la mayor de las cautelas (todavía estabámos en dictadura) por un librito de un marxista italiano, Paolo Chiarini, que había visto anunciado por las ediciones de La Rosa. Su título, La vanguardia y la poética del realismo, no era imposible de pronunciar en una librería durante aquellos años, años que nos enseñaron a establecer con mucha precisión cuáles eran los límites entre lo que se podía y no se podía pronunciar en un espacio público. Jamás hubiera pedido abiertamente un libro cuyo título incluyera las palabras “marxismo”, “lucha de clases”, o “imperialismo”, pero sí era posible solicitar, en el límite, uno que hablase de estética realista y vanguardias artísticas. Quien conocía el código, no tardaba en descifrar qué buscaba su interlocutor.

Mangieri no me miró, me escudriñó. Y, sin quitarme los ojos de encima, me dijo:

–Escucháme, ¿cómo alguien de tu edad puede saber con tanta precisión lo que anunciaba una editorial hace veinte años?

–Bueno –me defendí, con el tono de quien teme haber roto el juego por hacer una pregunta impropia–, durante todos estos años busqué en librerías de viejo y leí muchos de los libros que usted editó. Y usted tenía la costumbre de poner en una última hoja de cada libro un listado de los volúmenes aparecidos y de los que estaban por aparecer. En una de esas hojas, vi anunciado el volumen de Chiarini...

Mangieri, sin sacarnos los ojos de encima, hizo un silencio de algunos segundos y sin comentar nada del libro de Chiarini, nos dijo:

–Mañana es viernes. ¿Qué tienen que hacer a la noche? Bueno, entonces los espero en casa a comer un asado y vemos si tengo algunos de los libros que están buscando.

Ese viernes llegamos a la casa de Mercedes 936, en el barrio de Floresta. Era la típica casa chorizo porteña: por detrás de la reja de entrada, asomaba un jardín frondoso, selvático; a la derecha, la galería semicubierta; a la izquierda, las habitaciones dispuestas en forma sucesiva. Una vez que traspusimos la puerta de ingreso llegamos al primer cuarto, donde había un escritorio y un sofá que hacía también las veces de cama. A este cuarto lo seguía el living-comedor y después venía el cuarto de su madre (Mangieri, separado hacía poco tiempo, había vuelto a instalarse en la casa paterna, entonces habitada solamente por su madre, ya muy anciana, y su vida se concentraba en aquella primera habitación-escritorio). Al final de la casa estaba la cocina, atiborrada de enseres antiguos, sifones de vidrio en desuso y botellas de Ginebra Llave. Al fondo había otro pequeño espacio verde donde se levantaba la parrilla.

Los libros invadían literalmente todas las paredes de todos los cuartos. Había libros no sólo en las bibliotecas, sino también libros en los pasillos, libros en el cuartito de las escobas y los trastos de limpieza, libros bajo las mesas, libros apilados en el suelo, libros en el cuarto de baño...

Aquí conocimos al verdadero Mangieri, que no era el librero discreto de la Avenida Santa Fe. En su propio hábitat, era un demonio desatado: mientras servía entusiasta el asado y llenaba las copas con vino tinto, desbordaba historias de la vida política, poética e intelectual de los años ’60 y ’70. Nosotros lo asediábamos con preguntas, pero el relato de Mangieri no siempre se atenía a ellas. No es que no nos escuchara, es que su relato seguía su propio curso imprevisible e irrefrenable. Y muy por el contrario, lejos de no escuchar, registraba todo lo que oía, como si a pesar de su aire distraído fuera capaz de captar, acaso con ese ojo estrábico, una suerte de sintonía íntima en sus interlocutores.

Acaso por primera vez en varios años, aceptando el curioso pacto que este hombre había hecho con la vida y con la muerte, esa noche hablamos libremente de política, de revolución, de organizaciones armadas, de los desaparecidos, de los presos, de los exiliados, rodeados de libros prohibidos que se contaban por miles; hablamos como si no estuviéramos en dictadura, como si no corriéramos riesgo alguno en una casa que era una suerte de polvorín de papel.

Sus relatos invocaban figuras que, a nuestros ojos de recién llegados, eran míticas, legendarias, pero Mangieri las humanizaba al presentarlas a través de innumerables anécdotas y al llamarlas por sus nombres de pila o sus apodos: así, a poco de empezar la conversación, González Tuñón ya era simplemente Raúl, Codovilla era “El Gordo”, Gelman era “Juancito”, Brocato era “El Narigón”... Esa noche desfilaron también en sus recuerdos el Tata Cedrón (ya no el titular del mítico cuarteto, sino el que apenas tenía un trío y había comenzado grabando en el sello discográfico de Mangieri), Mario Roberto Santucho y el mismísimo Che Guevara reuniéndose clandestinamente en Buenos Aires con un grupo de argentinos entre los que, sin lugar a dudas, estaba el propio Mangieri... Buscando por la casa viejos objetos, hurgando entre los recuerdos, los discos, los libros, las revistas que ilustraban lo que nos contaba, nos transportó como un mago, o mejor como un médium, a aquellos años amados y trágicos, vividos con tanta intensidad y que nosotros necesitábamos conocer para poder entender dónde estábamos parados y por qué...

Pero a la noche tarde interrumpió aquel conjuro, al menos esa parte del conjuro, y me dijo:

–Vos estabas buscando libros marxistas. Bueno, revisá la biblioteca con atención y andá poniendo en estas cajas todo lo que te falte.

–Pero, José Luis... –alcancé a balbucear–, yo te pedía algún libro que tuvieras duplicado porque lo habías editado vos, ésta es tu biblioteca personal...

–Mirá, Horacito: ésta que ves es la enésima biblioteca que armo en mi vida. Ya no me acuerdo cuántas veces la cana me allanó la casa y cada vez que venía se llevaba cientos de libros... Al principio se llevaban los libros políticos, pero en el ‘66 tuve el peor allanamiento de mi vida: se llevaron todo, toda la biblioteca, hasta el último papelito... ¡Hasta el reloj, que era un recuerdo de mi viejo, se llevaron! Esa sí que era una linda biblioteca, no sólo de política, de teoría marxista, había de todo: poesía, narrativa, teatro, toda la literatura del Grupo de Boedo, las primeras ediciones de González Tuñón, de Girondo, de Roberto Arlt, de Borges, de Payró... La deben haber hecho guita los muy hijos de puta. Bueno, yo me dije: nunca más vuelvo a armar una biblioteca... Pero viste cómo son las cosas, uno edita libros, los amigos libreros te regalan libros, entrás a una librería de viejo, te tentás y empezás a comprar otra vez... Y esta biblioteca que ves es la que se fue armando, así, estos últimos años, medio a los ponchazos. Así que en la vida los libros van y vienen, la biblioteca un día se reduce, de pronto crece otra vez... A mí me gusta que los libros circulen, yo estas cosas ya las leí en su momento y otras, las que no leí, no sé cuándo las voy a leer... Vos haceme caso, Horacito, subite a esta silla o si hace falta, te subís al escritorio que es más alto, revisá la biblioteca y separá todo lo que te interese. Vos haceme caso, después conversamos.

Trepado a la silla o al escritorio, le pasaba a Mangieri los libros que más me interesaban. El miraba con invariable simpatía lo que yo había escogido, hacía algún comentario sobre el autor, o sobre la edición, e inmediatamente lo acomodaba en las cajas.

–Uy, ¿este libro te vas a llevar? ¡La Revolución Rusa de Rosa Luxemburgo! ¡Qué clara que la tenía esta mina! Este me lo armó el Gordo Pancho. Ah, El estudiantado antiautoritario, de Rudi Dutschke, ¡no dejes de leer este libro! ¿Podés creer que lo teníamos en la imprenta y en Alemania un facho le pegó tres balazos en la cabeza al pobre Rudi Dutschke...? Tuvimos que imprimir la noticia en la retiración de contratapa. ¡Por suerte sobrevivió! Un cuadro teórico y un dirigente de masas, mucho más interesante que Debray, el francesito que encanaron en Bolivia. Bueno, también lo editó a Debray, seguro que vas a encontrar el libro por ahí, llevateló también. ¡Uy, Batir al naziperonismo del Gordo Codovilla! Llevateló, que este libro el PC lo sacó de circulación cuando Perón ganó las elecciones...

Pasaban por mis manos los libros inhallables bajo la dictadura, los autores que tanto queríamos leer: las ediciones de La Rosa Blindada, los Cuadernos de Pasado y Presente, los libros de Siglo XXI, las obras de Marx, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Lukács, Gramsci, Della Volpe, Althusser, Mariátegui...

–No, Horacito, no te ofendás, pero esta edición peruana de las obras de Mariátegui la quiero conservar. Perdonáme, ¿no?, pero le tengo un cariño especial.

Mientras yo devoraba la parte política de la biblioteca, Laura hacía su parte, separando sobre todo libros de poesía. Atacada la biblioteca por dos flancos, a eso de las cuatro de la madrugada habíamos llenado dos grandes cajas de cartón.

–Bueno –dijo Mangieri–, es una locura que se lleven este cargamento a esta hora de la madrugada: me dan su dirección que mañana, sábado al mediodía, les mando las cajas a su casa por el remisero de la vuelta, que es de confianza, quédense tranquilos.

La escena se repitió ya no sé cuántas veces a lo largo de casi tres décadas de amistad. Siempre, desde aquella noche memorable en que Mangieri me obsequió lo que iba a ser mi plan de lecturas para los años venideros, siempre que volví a comer un asado a su casa de la calle Mercedes, regresaba con una caja de libros y revistas. Me consta que hizo otro tanto con mucha gente de mi generación.

Algunas decenas de esos libros hoy forman parte de mi biblioteca, así como algunas primeras ediciones de Gelman o de González Tuñón integran la biblioteca de Laura Klein. Pero la mayor parte de lo que nos obsequió Mangieri, cientos de libros, folletos y revistas, hoy forma parte del acervo del CeDInCI. Cuando en abril de 1998 inauguramos nuestro centro, Mangieri acudió entre los primeros. Incluso llegó con un paquete de libros en donación. Vio con satisfacción el traspaso de aquel legado desde una biblioteca particular a un centro de acceso público. También se emocionó con que hubiésemos designado una sala con el nombre de Aricó y otra con el nombre de Brocato, sus grandes amigos de aventuras editoriales y políticas. “Mirá: el Gordo Pancho..., el Narigón.” Pero enseguida me llamó aparte y me advirtió: “Horacito, ni se te ocurra, nunca en la vida, jamás de los jamases, ponerle mi nombre a una sala, a una biblioteca, a un pasillo, ni a una silla, por favor te lo pido, ¿estamos?”

José Luis falleció el pasado sábado 1º de noviembre, a la edad de 83 años, en su casa chorizo de la calle Mercedes. Hubiera querido homenajearlo poniendo su nombre al menos a una sala del CeDInCI, pero, nobleza obliga, me atuve al compromiso contraído diez años atrás. Sin embargo, Mangieri nunca me pidió que no revelara la historia que estoy contando aquí.

Los lectores del CeDInCI seguramente lo ignoran, pero cuando piden La Rosa Blindada o Pasado y Presente, o cuando solicitan un libro de Trotsky, del Che o de Mao, un poemario de Gelman o de Tuñón, con su consulta mantienen viva la biblioteca y la hemeroteca que Mangieri rehízo una y otra vez y conservó durante los años más duros de la dictadura militar, y que una noche de 1980 o 1981 comenzó a regalar con una generosidad sin par a la generación que tomaba la posta.

5.11.08

De nuevo en la brega

Diversos percances y dificultades, como el abrupto e inexplicable corte del pequeño subsidio que recibíamos de Statens Kulturråd, el encarecimiento de los costos de impresión y correo, y los mismos problemas de salud –felizmente ya superados- de nuestro editor, llevaron a que La Hoja Latinoamericana dejase de salir por cerca de nueve meses. Pero ahora, inspirados por el mismo ánimo y optimismo de aquellos que hace más de veinticinco años fundaron la revista, estamos de nuevo en la brega, aunque con algunos reajustes que buscan garantizar la continuidad de este impulso noble y generoso. Así, de acuerdo a lo que hemos podido programar, La Hoja Latinoamericana saldrá en forma semestral, apuntará a tener un carácter monográfico e irá creciendo en su número de páginas.

El primer fruto de este relanzamiento de La Hoja Latinoamericana es el número que acaba de salir, dedicado en su integridad a recordar la figura y la obra de Ernesto Che Guevara. Se trata, en realidad, de una edición de colección que reúne, en un pequeño tomo de 52 páginas, las entrevistas que dieron algunas de las personas, como Alberto Granado, Fidel Castro, Manuel Piñeiro y Harry Villegas Tamayo, que estuvieron muy cerca del Che y compartieron sus mismos sueños y esperanzas.

Apóyanos en el esfuerzo por sacar adelante la revista, adquiriendo un ejemplar suelto, comprando una suscripción o haciendo un donativo a nuestro PlusGirot.

La Hoja Latinoamericana es una publicación semestral
del Centro de Estudios y Trabajo América Latina (Cetal),
S: t Johannesgatan 2, 2tr.,
753 11 Uppsala (Suecia)

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Ejemplar suelto: 50 SEK (más gastos de envío)

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2.11.08

La crisis norteamericana

Entrevista Alfredo Vanini
La República, Lima, 02/11/08


Famoso economista y sociólogo brasileño, ideólogo de la teoría de la dependencia económica, autor de importantes libros, Theotonio Dos Santos (Minas Gerais, 1936) estuvo brevemente por Lima y dialogó con DOMINGO sobre la crisis norteamericana y la oportunidad histórica de los países del Tercer Mundo.

–Profesor Dos Santos, la crisis financiera norteamericana es una crisis interna del sistema capitalista, que se ha derrumbado estrepitosamente. Se vuelven a revisar en Europa y en EEUU las tesis de Keynes, de Schumpeter, incluso de Rosa Luxemburgo. ¿Es el fin de Adam Smith y el retorno de otros grandes economistas?

–Puedo responderle desde mi propia visión de la teoría económica. He trabajado mucho en estos últimos años dentro de la perspectiva de las ondas largas del economista ruso Nicolai Kondrátiev y su idea de los períodos de cincuenta, sesenta años, en los cuales los primeros 25 son de ascenso y los otros 25 de descenso. Esta idea fue trabajada por primera vez por Kondrátiev en 1922 cuando trabajaba en la dirección del Instituto de Estudios Estadísticos de la Unión Soviética. Él descubrió este fenómeno y buscó una explicación en el aspecto tecnológico y financiero. La relación tecnología y finanzas son los dos elementos claves que él detectó ligados a estos ciclos. Hay toda una corriente de schumpeterianos que trabaja sobre estas consideraciones.

Schumpeter absorbió muy bien los estudios de Kondratiev y los divulgó en un libro muy importante titulado Los ciclos económicos largos. Allí integró incluso otros ciclos más cortos: cuatro, diez años, como la modalidad del funcionamiento del capitalismo. Dentro de esta visión, en el siglo veinte hay un período de descenso que empieza desde los años 1914-1918, y que va hasta 1945. Después de la segunda guerra mundial sobreviene otra vez un período de ascenso. Comienza entonces el llamado "período de oro" del capitalismo que llega hasta 1967. Allí comienza otra vez una ola negativa con una gran caída del crecimiento capitalista.

–Crisis que tiene su punto más álgido en 1973. Pero después de ese momento, ¿los Estados Unidos no recomponen su economía?

–Vea, la decadencia de EEUU empieza muy lentamente en 1967. Definitivamente la guerra de Vietnam tiene mucho que ver porque termina con la posición extremadamente favorable que tuvo EEUU tras la guerra en Europa. En 1950 los EEUU tenían el 50% de la economía mundial, mientras que hoy están reducidos a un 16% más o menos.

–La guerra parece jugar un papel importante en la consolidación de las hegemonías globales.

–Los movimientos cíclicos están asociados a centros de poder. Primero tuvimos la hegemonía portuguesa y española (siglos 17 y 18), luego los holandeses y los ingleses y finalmente los Estados Unidos que asume el liderazgo durante la Primera Guerra Mundial y consolida su hegemonía tras la Segunda. Estos centros hegemónicos tienen una duración histórica de entre 150 y 200 años. Pero el ciclo de hegemonía norteamericano, y en esto sí estamos de acuerdo todos, será un ciclo más corto.

–¿Qué pasa exactamente en 1967 con la economía norteamericana?

–En 1967 se establecen situaciones básicas de desestabilización: uno, para poder mantener este sistema imperial (y la guerra es un elemento clave) es inevitable que se produzca un déficit fiscal. Pero al mismo tiempo también se produce un déficit comercial, pues EEUU no logra consolidarse como un país eminentemente exportador. En 1969 pasa de país exportador a importador y de país acreedor a deudor, sobre todo a causa del déficit fiscal.

Todo esto afecta el tercer elemento clave que es el dólar, moneda que reestructuró la economía mundial tras los acuerdos de Bretton Woods: hoy el dólar ya no tiene las condiciones para mantenerse como moneda de referencia mundial porque antes el dólar garantizaba una convertibilidad con el oro. A partir de 1971 los EEUU abandonan definitivamente esta equivalencia y entramos en una fase llamada "serpiente monetaria", en que las monedas se mueven sin una dirección definida.

–¿Con Clinton no hubo una leve recuperación del sistema financiero norteamericano?

–Entre 1993-94 se inicia un proceso de recuperación. Lo que pasó es que el gobierno de Clinton retomó el crecimiento económico a tasas moderadas y básicamente sobre una base tecnológica muy importante. Clinton dejó un superávit fiscal de más o menos 300 mil millones de dólares, destinados al sector educación y salud. Pero George Bush, tras su primer año, ya tenía un déficit de más de 100 mil millones. Y hoy el déficit es enorme, sobre todo con la guerra de Irak, que implica costos altísimos.

–Volvamos a la crisis y a la noción de períodos económicos ¿cuál es su año de origen?

–Empezamos en 1987 con la caída del dólar en un 40%. Luego se recupera cuando los bancos europeos y japoneses compran dólares con la intención de elevarlo otra vez y disminuir el impacto tan violento de esta caída. Pero a comienzos de 1990 la tasa de interés que había llegado al 18% cae a 4%.

Con Clinton se recuperan las inversiones productivas. En este período Japón entra en crisis. Por ello, la economía comienza a generar varias crisis locales: México (1992), Brasil (1994), Asia (1997), Rusia (1998), Brasil otra vez (1999) y Argentina (2000). Todas estas crisis, en un período tan corto, suceden dentro de esta burbuja enorme. Cuando todo se empieza a recuperar, sobreviene la crisis norteamericana que estalla en el 2001. Se vuelve al mismo sistema artificial de especulación y precios falsos de grandes especulaciones.

–¿Cuál es hoy el panorama de la crisis norteamericana? Según usted, ¿podrán salir de ella?

–Hoy se está buscando liquidez que no tienen, pues todos los países son deudores. Los EEUU van entonces a seguir endeudándose para entregar recursos a sus bancos ayudándolos a sobrevivir. Vamos a tener una salida a la crisis, pero con tres costos importantes: las tasas de crecimiento ya no van a poder ser tan altas como en períodos anteriores porque todo el financiamiento está ya comprometido con el sector financiero.

Segundo, este sector financiero va a seguir siendo muy grande y significativo y quien debe sostenerlo es el Estado, pero este sostenimiento, como se está viendo ahora, será muy dramático. Y tercero, el dólar cae como moneda porque no puede sostenerse. Y va a continuar cayendo. Hoy EEUU es un país con una crisis colosal que continúa endeudándose enormemente. Todo esto debe concluir, en unos siete años, con una crisis realmente dramática que va a arrastrar a todo el sistema mundial.

–La idea de James Tobin de aplicar un impuesto al flujo de capitales especulativos era interesante pero nunca se materializó. ¿De haberse adoptado en 1972, año en que la propuso, hubiera evitado esta crisis actual?

–No tanto como evitar la crisis, pero sí hubiésemos podido avanzar mucho en disminuir el impacto de la pobreza, que es el rostro más terrorífico de este sistema mundial que genera recursos tan gigantescos en manos de un pequeño grupo del sector financiero impidiendo que estos recursos se destinen a atender a más del 50% de la población del mundo que vive en pobreza.

–Usted dijo públicamente hace unos días que esta crisis es una buena oportunidad para los países llamados del Tercer Mundo.

–Es que pueden fortalecerse, ya sea por sus materias primas (cuyos precios van a caer, pero no tanto), ya sea por sus grandes reservas financieras. Ciertos países van a poder acumular recursos. Y son los chinos quienes se perfilan como los líderes de esta tendencia, y empiezan a exigir que se reestructure el sistema financiero mundial, ya que no quieren comprometerse con el actual.

Esta lucha va a ir poco a poco acentuándose en los próximos siete, ocho años. Y cuando sobrevenga la siguiente crisis, es muy probable que la hegemonía norteamericana sufra de una manera catastrófica. Difícilmente los EEUU van a poder mantenerse como país hegemónico. Los centros hegemónicos van a moverse hacia China, Brasil, Rusia e India. Se prevé seriamente que estos cuatro serán los países más importantes en veinte años.

–¿Qué ha pasado en la Argentina con las AFPs? Los neoliberales dicen que se trata de un robo del Estado en quiebra.

–¿De dónde sacan la idea de que Argentina está en quiebra? La Argentina está hoy en muy buena situación. Tiene poco más de 40 mil millones de dólares en reservas. Está claro que es una intervención para proteger el dinero de la gente. Las AFPs son las que están al borde de la quiebra. Lo que algunos le exigían al gobierno argentino es que ayude, pero que no se responsabilice. Lo cual es absurdo, justamente lo que está ocurriendo en los EEUU, entregando recursos a los bancos cuando el Estado ya no tiene dinero.

Es decir que este dinero saldrá de los ciudadanos norteamericanos que pagarán los errores de los verdaderos culpables de la crisis. La Argentina ha actuado conforme a una idea que en Europa es algo corriente, es decir que, en crisis, el Estado interviene y se hace responsable. Pretender que no es así, es el verdadero robo, un robo privado: el Estado roba el dinero de la gente para dárselo a unos incompetentes.

–"El Capital" de Marx se vuelve a vender hoy como pan caliente. Pero, dada su enorme complejidad, es probable que pocos lo entiendan ¿A qué economistas marxistas, menos densos, hay que leer hoy de manera imprescindible?

–Hay varios. Uno es el francés François Chesnais, útil para comprender cómo funciona el sistema financiero. Otro es François Morin, también francés, que va en la misma línea de Chesnais. Un gran economista marxista que ha investigado el papel del Tercer Mundo como protagonista activo en el proceso financiero mundial es el economista egipcio Samir Amin. Aunque no es economista, hay que leer a Immanuel Wallerstein.

Recomendaría también leer "Adam Smith en Pekín", libro importante de Giovanni Arreghi en el que discute la economía china y recuerda que ya Smith la quiso como modelo en el siglo 18. Y sin duda hay que leer al que yo considero el economista contemporáneo más discutido, André Gunther Frank, lamentablemente fallecido hace poco, quien escribió un libro fundamental titulado "Re-Orient".

26.10.08

Prohibido olvidar

Durante sus últimos días, solía llevar un libro del novelista Milan Kundera bajo el brazo. Tal vez era La insoportable levedad del ser o, de acuerdo con su caso, la intolerable forma de morir despedazada por un ‘sobre-bomba’ y rodeada, inmediatamente después, de un halo de incertidumbre e impunidad en torno a su muerte y a sus autores, que permanece hasta hoy.

Melissa Alfaro Méndez tenía 23 años, era pucalpina y cursaba el tercer año de Periodismo en la Escuela Jaime Bausate y Meza. Se deleitaba con los versos de Mario Benedetti y, el día que se fue, unos colegas en el Congreso, después de realizar la tarea informativa, la invitaron a almorzar. "No –respondió–, yo me voy a Cambio a comer mis frejoles". Ironías del periodismo, pues este semanario, en que fue primero practicante y luego jefa de Informaciones, la esperaba con el plato vacío.

Mensaje mortal

"Es algo que no se puede comprender", balbucea Norma Méndez, su madre, 17 años después de la muerte de la menor de sus hijas. ‘Calichina’, le decían a Melissa por su inexperiencia periodística, que suplía con entrega y sensibilidad social. Ahora el semblante de doña Norma Méndez se afecta de forma indecible. Y es que es difícil asimilar lo ocurrido el jueves 10 de octubre de 1991, a inicios del gobierno de Alberto Fujimori y en medio del caos generado por los grupos terroristas y las denuncias de excesos de las Fuerzas Armadas.

Melissa Alfaro había llegado a la oficina de la publicación, en Lince, luego de una comisión en el Parlamento y, tras saludar al recepcionista, tomar la correspondencia y subir a su oficina en el segundo piso, activó el sistema secreto de unos 200 gramos de anfo gelatina, material explosivo de frecuente uso militar. Promediaban las 2:30 de la tarde.

Un testigo de la revista lo ha descrito así: "El olor era insoportable. Descubrimos las lunas de la ventana totalmente destruidas, un fluorescente desprendido del techo y pedazos de periódico regados en el piso (…) al costado de esta escena yacía tendido el cuerpo exánime de nuestra estimada compañera. Melissa había encontrado la muerte instantáneamente".

En realidad, no la mató un sobre, sino un ‘periódico bomba’, aclara su madre. Se trató de un conjunto de hojas de prensa francesa atadas con una cinta de seguridad y abiertas a los costados, como para no despertar sospechas. Y es que los periodistas de Cambio ya estaban prevenidos por la detonación de otro objeto similar el 21 de junio de ese año al frente de sus oficinas. La presunta equivocación dejó sin vida a Víctor Ruiz León, un ciudadano común.

Los sobre eran dirigidos, en ambos casos, a Carlos Arroyo, director del semanario citado acusado de apología al terrorismo y señalado vocero tácito del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). "Melissa nunca fue emerretista ni tuvo filiación partidaria alguna. Y eso se respetaba", deslinda Dante Castro, escritor y entonces redactor de la revista opositora, caracterizada por sus denuncias de violación a los derechos humanos por agentes del Ejército y otras instituciones armadas.

Lo cierto es que la distribución de los ejemplares de la publicación, nacida en 1986, fue prohibida en algunas zonas del país y los canillitas que lo hacían fueron amedrentados por supuestos grupos paramilitares, según denuncia Arroyo en una nota de prensa de noviembre de 1989. Y es que la hipótesis de la responsabilidad militar en el caso del paquete bomba enviado a Cambio se nutre de algunos indicios tanto del momento fatal mismo como de la lentitud investigativa posterior.

Mucho por hurgar

Inmediatamente después del atentado, miembros de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDE) llegaron a la escena mortal con bolsas negras. Ellos, según denunció la revista Cambio, se habrían llevado evidencias importantes sobre la naturaleza del atentado, con el único fin de entorpecer las investigaciones.

El periodista Edmundo Cruz ha contado que ese mismo año el grupo militar "León Dormido" difundió un comunicado que "menciona al oficial Víctor Penas Sandoval como uno de los presuntos autores (de los objetos bomba), pero las responsabilidades son de más alto rango". En un sentido similar se ubican las indagaciones de Ricardo Uceda, que, además de considerar que la sofisticación de los explosivos los hace suponer provenientes del Ejército, tejen una lógica entre los victimados acusadores y los victimarios acusados.

Pero el interés del periodismo por esclarecer el caso no ha encontrado la misma fuerza en las investigaciones fiscales y policiales. Lo dice la madre de Melissa Alfaro, quien el 24 de setiembre de 1994 interpuso, ante la Fiscalía Especializada en Delitos contra los Derechos Humanos, una denuncia penal contra quienes resulten responsables de la muerte de su hija. Norma Méndez afirma que su batalla hoy "no busca venganza, es solo una lucha por que no haya impunidad, pues esta permite la repetición de otras violaciones". A pesar de convivir con la incertidumbre legal de no haberse esclarecido el caso de Melissa, mantiene su fuerza, apoyada por sus otros cuatro hijos, y motivada por sus ansias de justicia.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señaló en 1997 que "el Estado Parte tiene el deber de investigar a fondo las presuntas violaciones de derechos humanos, en particular las desapariciones forzadas de personas y las violaciones del derecho a la vida, y de encausar penalmente, juzgar y castigar a quienes sean considerados responsables".

Destinatarios mortales

El 15 de marzo de 1991, a las cuatro de la tarde, se inició la racha de paquetes bomba en el local de la Comisión de Derechos Humanos (COMISEDH), donde el abogado Augusto Zúñiga Paz perdió el brazo izquierdo producto de la explosión de un detonante oculto en un libro. Zúñiga era conocido defensor de víctimas de violación de derechos humanos e investigaba, en esos días, la desaparición forzosa del universitario Ernesto Castillo Páez.

Otro capítulo no fue mortal. Solo seis días después del fallecimiento de Melissa Alfaro, el diputado Ricardo Letts recibió en su despacho un sobre bomba que no llegó a palpar, debido a la cautela de su secretaria. Con este hecho, y las incipientes investigaciones que incluyeron la constitución de una comisión congresal, posteriormente disuelta, se cierra un año caracterizado por el envío camuflado de muerte.

(La República, Lima, 26/10/08)

12.9.08

"Mis DDHH", "Tus DDHH"

Por Rodrigo Montoya Rojas
La República, Lima, 13/09/08


En 1984, el ejército peruano asesinó en Putis, una aldea quechua ayacuchana, a 123 personas identificadas por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, CVR. Los reunió con el pretexto de protegerlos de Sendero Luminoso y de ayudarlos con una piscigranja para su "desarrollo". Violaron a las mujeres antes de matarlas. Hubo 19 niños entre las víctimas. Les pidieron que cavaran una fosa grande y los enterraron. Esta es una historia como muchísimas otras. Basta leer el informe final de la CVR para conocer el horror producido por los dos bandos de la guerra.

24 años después, no hay una investigación sobre lo ocurrido en Putis. El Ejército y el Ministerio de Defensa se niegan a dar información alguna. Si todo sigue así, seguirá floreciendo la impunidad. Edwin Donayre, Comandante General del Ejército, se defiende diciendo: "Hay que tomar en cuenta el contexto en el que se produjeron esas muertes". En otras palabras, lo que querría decir sería: "Era correcto matarlos porque eran terroristas y el Presidente de la República había dado el encargo de acabar con el terrorismo para salvar la democracia". Lo mismo ocurrió a mediados del siglo XVI cuando el cura Juan Ginés de Sepúlveda publicó su libro Tratado de las justas causas de la guerra contra los indios, para que los soldados acaben con "los indios", por no ser cristianos y por no aceptar el dominio de los que se hacían llamar cristianos.

En el quinto aniversario de la entrega del informe final de la CVR, el Perú sigue reproduciendo sus fracturas profundas: "mis muertos", "tus muertos". ¿Cuántos podemos decir "nuestros muertos" hablando del Perú en general y reconociendo a los otros como parte de nosotros? Debiéramos estar de acuerdo en la defensa universal de los derechos humanos, de la vida, en particular, para no perderla en manos de los que con sus hechos gritan "viva la muerte". Para los generales y su comando de civiles (fujimoristas, apristas, derechistas de todo pelaje y el catolicismo oficial) los únicos que tienen derechos humanos son los oficiales y soldados caídos. Los del otro bando no cuentan, menos los pueblos indígenas de los Andes y la Amazonía que pusieron las tres cuartas partes de los 69 mil muertos entre 1980 y 2,000. Como en el siglo XVI. Otra vez la escisión: "Mis derechos humanos", "tus derechos humanos".

Pero los que niegan los derechos humanos de los otros son los primeros en hablar de la "reconciliación" entendida como perdón sin justicia y sin verdad. Por ese camino se cierran y reabren los ciclos de violencia, pero no terminan. Cuando en el mundo andino preguntamos por los desaparecidos y por los responsables de las masacres como la de Putis, hasta las piedras nos responden, pero los generales no. Son sordos, ciegos, y no sienten, aunque alguno como el general Edwin Donayre hable quechua. Por ese camino la reconciliación es y será, simplemente, imposible.

10.9.08

Celia, un huracán militante

Por Néstor Kohan

Es una pérdida enorme. Nos parece mentira. Celia Hart Santamaría acaba de fallecer junto con su hermano Abel en un accidente automovilístico en La Habana. Nos enteramos anoche. Pablo Kilberg, incansable amigo de la revolución cubana y de Celia (que son lo mismo), nos llamó y nos dio la triste noticia. ¡Justo ahora, cuando ella hacía más falta que nunca! Mucha impotencia. Una sensación muy fea en la boca, en la garganta, en el estómago.

Todo el mundo la presenta como "la hija de". No está mal. Su mamá fue Haydeé Santamaría Cuadrado ( 1922-1980), militante revolucionaria, emblema y símbolo de la revolución cubana, compañera de Fidel Castro desde los primeros días, asaltante del cuartel Moncada, fundadora de Casa de las Américas. Su papá, Armando Hart Dávalos (1930-) , dirigente histórico de la revolución cubana, fundador del Movimiento 26 de julio también junto a Fidel, ministro de educación de la revolución e inspirador de su célebre campaña de alfabetización. Además de sus padres, Celia contaba entre sus familiares con Abel Santamaría Cuadrado (1927-1953), colaborador político de Fidel desde antes del golpe de estado de Batista, luego asaltante del cuartel Moncada, capturado vivo, torturado y asesinado por la dictadura de Batista.

Pero Celia era mucho más que "la hija de" o la "sobrina de". Tuvo, tiene y tendrá una luz y un brillo propio. ¿A quien le cabe duda?

Trabé relación con Celia a través de su padre. Fue Armando quien más nos insistió con la necesidad de conocer a Celia. Había entre ambos, padre e hija, una relación muy fuerte, afectiva y emotiva pero también intelectual y política. Todo escritor, cuando escribe, tiene en mente un diálogo con alguien. Me animo a decir que Armando era uno de los interlocutores imaginarios de Celia, al igual que Fidel Castro. Siempre tenía en mente sus opiniones, en un diálogo real o imaginario. Cada vez que Celia me escribía, confesaba: "me imagino lo que estará pensando mi padre" o "lo que debe pensar Fidel de esto que estoy diciendo", "estoy segura que a Fidel le debe encantar".

Llegué a Celia por intermedio de Armando. Hace más de una década, en medio del desierto moral e intelectual de los años '90, durante el reinado feroz e implacable del neoliberalismo en todo el mundo, Armando Hart nos escribió después de leer un trabajo sobre Marx y el tercer mundo publicado en la revista Casa de las Américas. Entusiasmado como un chico, nos envió una conferencia suya sobre el Manifiesto comunista. Al intercambio de cartas y trabajos siguió el encuentro personal, gracias al amigo y compañero Fernando Martínez Heredia, igualmente guevarista como padre e hija.

El vínculo con Armando se estrechó. Él nos prologó un libro sobre el marxismo latinoamericano que lamentablemente hasta ahora no se publicó en Cuba (aunque ya estaba diagramado y listo). Tuve a su vez el honor de prologarle un libro suyo sobre Marx, Engels y la condición humana. Luego, en una de sus visitas a la Argentina, Armando Hart vino como expositor a la Cátedra Che Guevara. En esas conversaciones con el padre, además de Martí, Ingenieros, la Reforma Universitaria, Mella, Guiteras y Fidel, de Marx y Engels, del Che y Freud, siempre salía el tema de su hija Celia. Era recurrente. Armando le tenía una admiración que jamás ocultó. Nos decía, una y otra vez: "Celia es como Haydeé (la mamá de Celia) , pero ahora en tiempos del posmodernismo" .

La primera vez que la vi, Celia no comenzó hablando de la revolución latinoamericana, de Fidel, del Che o de Lenin, Trotsky y los bolcheviques. ¡No! Cuando todavía no habíamos abierto la boca, las primeras palabras que nos dijo, con una sonrisa amplia de oreja a oreja, fueron: "Estoy muy celosa de tu relación con mi padre". Así era ella, tremendamente irónica y tierna al mismo tiempo, profundamente humana, muy querible por sobre todas las cosas. La antítesis viviente del "aparato" impersonal que transforma la política de los revolucionarios en algo desalmado, frío, administrativo, burocrático. Repleta de afecto, de ternura, de humanismo, podíamos discutir sobre cualquier problema de la coyuntura latinoamericana, de Chávez, del futuro de Cuba, de los gusanos de Miami o de lo que sea, y en la mitad, siempre, invariablemente, intercalaba una broma, un chiste, una ironía o una alusión inesperada a un amor suyo, amigo mío. Celia hablaba, intervenía y escribía desacralizando, rompiendo los moldes y las consignas efectistas de volante, desoxidando las formas pétreas de los discursos acartonados y mustios de la izquierda tradicional. Era un torbellino de ideas. Hablaba a una velocidad increíble, a veces difícil de seguir. Generaba mucho entusiasmo en los jóvenes. Lo he comprobado en Cuba y también en Argentina. (hace muy poco tiempo, hermanos chilenos me decían que pensaban invitarla al país trasandino).

En estos años conversamos sobre muchas cosas, sobre acuerdos mutuos y también sobre matices diversos. Cuando la discusión se ponía fuerte, Celia me disparaba con una sonrisa: "Bueno, tú sabes que yo soy física de profesión". Y ahí afloraba la risa. Nos aflojábamos y entonces seguíamos.

Celia jugó un papel enorme en la batalla de las ideas de los últimos tiempos, dentro y fuera de Cuba. A mi modesto entender, la palabra de Celia Hart fue muy útil y muy eficaz. Sirvió, como decimos en Argentina, para "abrir cabezas", es decir, para hacer pensar. ¡Celia ayudó a pensar! Provocó a las distintas tribus de la izquierda latinoamericana obligándolos a escucharse mutuamente (una tarea nada fácil, por cierto).

A los comunistas tradicionales, formados en el mundo cultural de la Unión Soviética, los empujó contra la pared y los obligó a abandonar los prejuicios infundados y a leer, por fin, al "innombrable" y "demoníaco" León Trotsky, tantas veces borrado de fotos y de historias por la censura y también por la autocensura de varias generaciones educadas en el stalinismo. Aunque sea para discutirle, tuvieron que ponerse a leer a Trotsky. Alguno que otro reaccionó con encono, pero la mayoría adoptó otra actitud más suave y racional, tomó como un desafío el planteo de Celia y a partir de allí hubo que volver a pensar y repensar viejos dogmas, hoy apolillados y completamente ineficaces. ¿Quién podía acusar a Celia de desconocer el mundo cultural y político del Este europeo, afín a la URSS, aquel que se cayó con el muro de Berlín, si ella había vivido años y había estudiado física, precisamente, en la República Democrática Alemana (RDA)? ¿Quién podía acusar a Celia de ser "contrarrevolucionaria", "quinta columna" o vaya uno a saber qué, si ella amaba —no sólo admiraba sino que amaba— a Fidel Castro?

A los trotskistas, latinoamericanos pero también europeos, Celia los increpó y les habló de Fidel y del Che sin pelos en la lengua, con argumentos políticamente rigurosos y también con amor. Les dijo, una y otra vez, que el internacionalismo no se declama en panfletos y revistas universitarias o en la retórica de salón, que la revolución cubana envió casi medio millón de combatientes internacionalistas a Angola y a toda América Latina. Celia los obligó a reclamar por la libertad de los cinco revolucionarios cubanos encarcelados en EEUU. Los interpeló, cada vez que pudo, para que abandonen fórmulas cristalizadas y puedan mirar con otros ojos, no tan prejuiciosos, a Cuba y a su revolución.

En el caso del maoísmo, algunos de sus dirigentes estaban muy enojados con Celia por sus críticas a Stalin (figura también cuestionada, dicho sea de paso, por Armando Hart Dávalos en un trabajo suyo donde comenta la famosa biografía de Isaac Deutscher, autor que le dio a leer a su hija desde muy joven). En la Habana, al secretario general de un partido maoísta argentino le presentamos a Celia para que conversara personalmente con ella y pudiera de esa forma comprender quien era y cómo pensaba, más allá de sus artículos, tal vez de esa manera se romperían algunos prejuicios.

Insistimos. La gran virtud de Celia ha consistido en que sus intervenciones, no siempre planificadas ni calculadas con serenidad (lo cual le generó no pocas angustias y dolores de cabeza cuando la prensa burguesa intentaba manipularla o tergiversarla), obligaron a la izquierda a pensar. ¡A pensar! Esa actividad no siempre practicada cuando la pretendida "ortodoxia" del marxismo (sea cual fuera la familia ideológica en cuestión, se pertenezca al guetto que se pertenezca) se transforma en un salvoconducto para rumiar y repetir frases hechas, sin reflexión propia ni pensamiento crítico.

En el mundo cultural de las izquierdas Celia era mirada como una "rara avis". ¿Fidelista trotskista? ¿Crítica de la burocracia y el mercado y defensora a muerte de la revolución cubana? ¿Guevarista encendida que no acepta participar de homenajes oficiales e institucionales al Che? ¿Cómo es eso? ¡Qué me lo expliquen!.. . habrá pensado más de uno.

Lo que sucede es que las masacres y los genocidios militares de América Latina, perpetrados bajo mandato del imperialismo norteamericano, no sólo quemaron cuerpos y desaparecieron personas. También quemaron libros y pretendieron desaparecer pensamientos.

La propuesta iconoclasta y, en un punto, ecuménica, de Celia no partía de cero ni era producto de una nueva fórmula alquimista. Era un punto de llegada. Antes que ella lo propagandizara con su prosa tan personal, donde el brillo literario no era indiferente a la danza de las musas, otros compañeros habían intentado conjugar esa síntesis de tradiciones culturales y políticas diversas.

Por ejemplo, Michael Löwy, en su libro El pensamiento del Che Guevara de 1970 (ediciones varias), había intentado reivindicar al Che en su integridad —no sólo como guerrillero heroico sino también como pensador marxista de alto vuelo—, defender la revolución cubana y promover el guevarismo sin dejar de inspirarse en León Trotsky, en Rosa Luxemburg, en el joven György Lukács. Muy cerca de Löwy, el compañero Carlos Rossi (seudónimo) escribió dos años después, en 1972, La revolución permanente en América Latina (se puede consultar en amauta.lahaine. org ). Allí Rossi analizaba toda la historia contemporánea de nuestra América desde las teorías del desarrollo desigual y combinado y la revolución permanente, mientras hacía suya la estrategia de lucha armada a escala continental de la revolución cubana y el guevarismo. Dos antecedentes inequívocos de las propuestas y los ensayos políticos de Celia.

Cuando Celia nos pidió el año pasado, en junio del 2007, que presentáramos en Argentina su libro Apuntes revolucionarios. Cuba, Venezuela y el socialismo internacional (Buenos Aires, Fundación Federico Engels, 2007), colección de artículos suyos de internet, en gran parte publicados por nuestro común amigo y compañero Luciano Alzaga, quien mucho contribuyó a difundir el pensamiento de Celia y a hacerla conocida fuera de Cuba) se lo dijimos públicamente. Allí recordamos esos dos trabajos "olvidados", previos al libro de Celia y precursores con treinta años de distancia del de ella. Lejos de cualquier petulancia o autosuficiencia, tan común entre algunos gurúes de la izquierda académica, ella ni se ofendió ni se enojó. No pretendía descubrir por enésima vez la pólvora. Con humildad extrema, casi exagerada, Celia respondió que ella se consideraba una "recién llegada" al mundo de la teoría política y social y reconocía que sus planteos heterodoxos (se los mire por donde se los mire) no nacían de la nada, sino que prolongaban una tradición previa.

¡Esa era Celia! Ese gesto la pintaba de cuerpo entero. No necesitaba vanagloriarse de nada. Sencillamente porque tenía mucho para decir. Sólo los mediocres necesitan aferrarse a las formas, porque carecen de contenido propio. Esa noche, en la presentación de su libro, casi doscientos jóvenes desbordaron el lugar. Celia terminó hablando encaramada a una mesa, rodeada de un mar de militantes de diversas tribus de izquierda (no sólo argentina, hasta sandinistas había y Celia discutió con ellos, sin dejar de reivindicar la revolución de 1979). Ella sola logró reunir las diversas capillas de nuestra dividida izquierda, luego de años y años de hegemonía populista, reformista y posmoderna.

El propio Löwy hace referencia a Celia en su última investigación sobre el Che y el guevarismo actual. Cuando el investigador brasileño nos envió los borradores de un capítulo de su libro para recibir sugerencias y opiniones, le preguntamos: "¿No vas a incluir entre los guevaristas actuales al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) de Chile? ¿Y a Celia en Cuba?". Igualmente, con la misma humildad, el historiador e investigador los incluye en la edición final. Sobre ella, Löwy hace referencia allí a " los escritos fogosos de Celia Hart " destacándolos entre las últimas expresiones del guevarismo contemporáneo (Véase Michael Löwy y Olivier Besancenot: Che Guevara: una braise qui brûle encore (Che Guevara una brasa que todavía quema) París, Mille et une nuits, 2007. Capítulo "La herencia guevarista en América Latina". p. 153). Cuando ese libro ganó la calle, sus dos autores, inspirados en Trotsky pero también en el Che Guevara, fueron acusados inmediatamente —como si fuera algo gravísimo— de "guevaristas"...

Irrefrenable, repleta de entusiasmo militante, Celia escribía siempre con urgencia. Mandaba a sus amigos sus textos pidiendo observaciones de última hora, preguntaba en qué página de qué libro se encuentra tal o cual cita y así discutíamos, con franqueza, con lealtad, fraternalmente, sin dobles mensajes, sin calcular favores institucionales o conveniencias mezquinas.

El último intercambio que tuvimos fue sobre una subvariante del trotskismo argentino: el morenismo, corriente que la invitó por última vez a nuestro país. Cuando nos pidió nuestra opinión, volvimos a reiterarle lo que siempre le habíamos manifestado. Desde una posición de respeto por la abnegación de una militancia muchas veces sacrificada, considerábamos inocultable, y así se lo transmitimos a ella, la enorme distancia que separaba en el morenismo una retórica altisonante y una escritura encendida de una prolongada historia mundana, terrenal, en gran medida reformista. Le proporcionamos ejemplos concretos de la historia argentina que Celia no tenía porqué conocer. Conductas no siempre dignas ni decorosas que, a nuestro modo de ver, no derivaban de la "maldad" y menos de la "traición" individual de tal o cual dirigente político —por lo general esforzados y muy sacrificados— sino de una concepción y una estrategia política a nuestro modo de ver errónea, muchas veces acríticamente institucional y electoral.

A partir de este ejemplo puntual y de muchos otros interrogantes compartidos durante años, con Celia conversamos sobre las polémicas históricas que en su oportunidad enfrentaron a los partidarios de Nahuel Moreno con los de Mario Roberto Santucho, asesinado por la dictadura militar en 1976 (uno de los principales líderes del guevarismo en Argentina y en el cono sur latinoamericano —donde compartió trincheras y organizaciones con el chileno Miguel Enríquez, el uruguayo Raúl Sendic y los hermanos bolivianos Inti y Coco Peredo). Celia siempre me repetía la misma frase, me lo transmitió oralmente, cara a cara, en más de una conversación, y también por escrito: " Tú sabes, querido Néstor, que mi partido es el del Che Guevara y el de Robi Santucho". Nunca me lo dejó de repetir.

Celia tenía insistencias. Una de ellas era la necesidad de diálogo real y unidad concreta entre las diversas izquierdas. No unidad con fracciones del poder sino unidad de las izquierdas, donde las diferencias no siempre son contradicciones antagónicas.

Por ejemplo, cuando en septiembre de 2007 el Colectivo Amauta y la Cátedra Che Guevara organizaron un corte de avenidas (Callao y Corrientes, en pleno centro porteño) y una clase pública en defensa de los presos políticos, Celia no falló. Junto a mensajes recibidos de todo el mundo, la extensa, emotiva y comprometida carta que Celia nos envió por los presos representó con dignidad la voz cubana en esa actividad unitaria, donde convergían corrientes muy diversas. Celia actuaba eludiendo cualquier tentación de guiarse por la razón de Estado. No tenía en mente ni priorizaba las relaciones diplomáticas entre el Estado de su país y el gobierno de Kirchner, sino que estaba más preocupada por la situación de los presos políticos argentinos entonces en huelga de hambre. Era lo más lógico.

Más tarde, el Colectivo Amauta y la Cátedra Che Guevara lanzaron la iniciativa de organizar un Seminario Guevarista Internacional para junio de 2008. Celia nos volvió a escribir. Nos contó que la habían invitado para inaugurar un monumento oficial al Che en la ciudad de Rosario (Argentina), donde junto a sectores de izquierda también concurrirían otros afines al gobierno de Kirchner y a corrientes de la socialdemocracia local. Según ella nos dijo, no aceptó aquella invitación. Nos aclaró que ella no buscaba lucirse haciendo "portación de apellido prestigioso". Tampoco quería contactos oficiales del gobierno argentino ni le interesaban. Optó por apoyar la iniciativa del Seminario Guevarista Internacional pero con un planteo propio. Se ofreció a participar personalmente (viaje que no se pudo concretar pues los organizadores no oficiales no contaban con dinero para su pasaje) y además prometió batallar por convencer a los numerosos nucleamientos inspirados en el trotskismo para que apoyen la movida que se hacía en defensa del Che y de la revolución cubana. Le aclaramos que probablemente esas organizaciones no apoyarían, pero ella insistió y trató de convencerlos. Así se lo hizo saber a varios compañeros a quienes les envió cartas con sus reclamos. Delante de varias organizaciones piqueteras leímos su adhesión al evento, con gran entusiasmo.

¿Por qué Celia apoyó esta otra iniciativa? ¿Habrá sido por amistad personal? Sinceramente no lo creo. Estoy seguro que también tenía muchos amigos y admiradores en las filas afines al acto oficial. Quizás nos equivoquemos, pero sospechamos que su intención apuntaba siempre a sacar al Che del póster y la estatua, para recuperarlo como quien fue realmente, alguien indomesticable, que no generaba suspiros condescendientes o nostálgicos sino enojos, diatribas e incomodidades en la sociedad oficial y en las corrientes reformistas que tanto lo denostaron.

En la última conversación que mantuvimos antes de este desafortunado accidente, Celia me llamó por teléfono desde Buenos Aires. Había estado pocos días en Argentina. Cuando me dijo que no iba a poder participar esta vez de la Cátedra Che Guevara la insulté cariñosamente, dada la confianza mutua que teníamos. Pegó una carcajada. Volvió a pedir disculpas y de ahí en más la conversación derivó hacia los problemas de la política argentina y el debate latinoamericano sobre la insurgencia colombiana y los ataques de Uribe. Celia tampoco vaciló en ese tema. Empezó con el entusiasmo de siempre a defender a los hermanos y hermanas de las FARC colombianas y nos planteó su convencimiento de que hoy más que nunca la izquierda latinoamericana en sus diferentes variantes y grupos debería apoyar a la insurgencia. La interrumpimos recordándole que los teléfonos en Argentina están intervenidos por la policía y no convenía discutir sobre ese tema de esa manera. Se rió mucho cuando le dije que recordara que no estaba en Cuba, y que era mejor que retomara las prácticas de los tiempos en que su mamá y su papá tenían que cuidarse de los cuerpos represivos y de inteligencia. Ese fue nuestro último diálogo, hace apenas pocos días.

Así fue siempre Celia. Un tanque vietnamita ingresando en la embajada yanqui, un tanque soviético tomando por asalto Berlín. ¡Imparable! Nada la detenía. Un huracán de energía militante.

Nunca asumió ni le interesó una posición "decorativa" . Podría haber vivido cómoda, disfrutando, ajena a la política, de sus apellidos prestigiosos. Esa opción no la sedujo en lo más mínimo. Es más, estoy seguro que la despreciaba. Siempre su interés era militante, incluso si eso le traía "problemas" por los líos en que se metía. Sus palabras preferidas no eran "a ver cuando nos tomamos unos tragos" (aunque también los hemos tomado) sino que priorizaba invariablemente el debate político, las tareas, los desafíos militantes a escala continental, sin perder el humanismo cotidiano.

Nada de nostalgia por el pasado, toda la voluntad puesta hacia adelante. Quizás por eso Celia amaba tanto a Julio Antonio Mella, quien alguna vez escribió "Todo tiempo futuro tiene que ser mejor".

Muy lejos geográficamente de Celia pero siempre muy cerca suyo en el corazón y en los ideales, le enviamos un abrazo enorme a su papá Armando Hart, a sus hijos, a toda su familia, a sus compañeros de Cuba y de todo el mundo, que tanto la quisieron y la querrán.

¡Querida compañera Celia, hasta la victoria siempre!

Buenos Aires, 8 de septiembre de 2008

19.7.08

Historia trágica de Chile

Por Oscar Ranzani
Página/12, Buenos Aires, 19/07/08

En 1970, cuando Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales de su país, se produjo un hecho histórico mundial: el socialismo llegaba al poder por la vía democrática. Estados Unidos vio en aquella situación un “grave problema” que podía extenderse al resto de Latinoamérica y puso en marcha un impresionante operativo para derrocar al médico cirujano, incluso antes de que asumiera. La participación de la CIA tanto en los preparativos como en el golpe fue determinante. Así queda confirmado por la historia. Y así lo ratifica también el documental Allende y la Casa Blanca que se emitirá hoy a las 18 por Canal 7 en el ciclo Ventana Documental, que conduce Víctor Laplace. Basado en el libro Salvador Allende. Cómo la Casa Blanca provocó su muerte –que contiene una investigación de la prestigiosa periodista chilena Patricia Verdugo– y en documentos desclasificados de la CIA, el especial del director chileno Diego Marín Verdugo y del español José Angel Alayón Dévora, muestra el complejo mecanismo implementado por la CIA de manera encubierta.

Por qué Estados Unidos optó por un método encubierto para dar el golpe sin invadir Chile es una pregunta que tiene una respuesta concisa: la intervención directa no les estaba dando resultados. “Entonces, en ese momento, yo creo que a EE.UU. le pareció que era más peligroso intentar una acción de ese tipo que podía tener evidentemente como consecuencia un levantamiento no solamente en Chile, sino también repercusiones en América latina muy potentes y también en Europa, porque en ese momento el eurocomunismo estaba centrando muchísimo su mirada en lo que estaba pasando en Chile”, señala Marín Verdugo en diálogo telefónico con Página/12, desde España.

Buena parte del documental pone el acento en que a Allende se lo intentó derrocar antes del día en que asumió, ya que hubo un lapso entre que resultó vencedor y la ratificación posterior del Congreso. Esto fue así porque había ganado con mayoría relativa (36,3 por ciento) y no con la absoluta. Como el Congreso tenía que ratificarlo, Estados Unidos puso en marcha dos planes: el Track One y el Track Two. “El Track One es el constitucional, según la CIA. Es aquel en que deciden que van a comprar votos del Congreso”, explica Marín Verdugo. La idea era que los legisladores ratificaran a Jorge Alessandri (el candidato de la derecha). Evidentemente, era de suponer que el pueblo se iba a levantar. Por eso el plan previó que Alessandri renunciaría y que retornaría a La Moneda Eduardo Frei, quien era el presidente en ese momento. “Lo que pasó fue que no todos los senadores chilenos quisieron y el presidente Frei, sobre todo, no quiso participar en esa acción”, explica Marín Verdugo.

Se estableció el Track Two, donde “se pone toda la energía y la fuerza de la CIA para provocar un golpe de Estado. Ellos intentaron hacer un golpe de Estado inmediatamente cuando asumió Allende, pero se dieron cuenta de que el ánimo de las fuerzas armadas no era golpista. Había un fuerte alineamiento constitucionalista”, relata el director. Entonces, la idea fue provocar un caos en Chile a través de la economía para que, entonces, las fuerzas armadas decidieran unirse a la idea de un golpe. “Lo primero que hizo de entrada Estados Unidos fue tomar gran parte de la reserva de cobre que ellos tenían en Estados Unidos, la venden al mercado y hacen bajar el precio del cobre que, evidentemente, es el motor de la economía chilena.” Estados Unidos logró también que el Banco Mundial no diera nuevos préstamos a Chile en el período ’70-’73, que los préstamos del BID bajaran a un 10 por ciento de lo habitual y que no se otorgaran más créditos para repuestos. Además, se presionó en el Club de París para que no se renegociara la deuda externa chilena y también al resto de los gobiernos de la región para que no hicieran acuerdos bilaterales con Chile. La economía del país trasandino llegó a un punto muy complicado.

“La ITT funciona en dos sentidos –explica Marín Verdugo–. Por un lado, le propone a Estados Unidos financiar parte del caos necesario. Y también funciona para pasar dinero del gobierno de Estados Unidos e inyectarlo dentro del caos. Ahora, hay que tener en cuenta que en una compañía como la ITT, de teléfonos, no era raro que el director en ese momento fuera John Mc Cone, un ex director de la CIA. O sea, evidentemente (y así ocurre probablemente en otros países) hay un interés a nivel de espionaje, de controlar las comunicaciones: ex directores de la CIA están metidos en esas grandes transnacionales.” Allende y la Casa Blanca también se refiere al Comité 40, un organismo presidido por el todopoderoso Henry Kissinger, cuyo objetivo era aprobar y ejercer control político sobre las acciones encubiertas en el exterior. El especial destaca que la idea de “ejercer control político” estaba vinculada con que esas acciones debían ser tan clandestinas que, en caso de ser descubiertas, pudieran ser negadas por el gobierno de Estados Unidos. Así se explica que durante la gestión Allende, el Comité 40 aprobó más de siete millones de dólares de apoyo clandestino a grupos de oposición en Chile. Según la investigación, esa cifra debe multiplicarse por 200; es decir, el resultado fueron 1400 millones de dólares a precio de mercado negro.

Como ya se señaló, a Estados Unidos lo detenía en su intentona golpista la presencia de un comandante en jefe constitucional. La idea fue, entonces, secuestrar al general René Schneider, ocultarlo y provocar inestabilidad. Cuando Schneider buscó defenderse, fue baleado y murió. “Había que reemplazarlo por uno que estuviera de acuerdo con un golpe. El problema fue que les salió mal: lo sacaron a Schneider y pusieron a Prats, que era igualmente constitucionalista. Al general Prats lo mata la dictadura chilena en Argentina”, explica Marín Verdugo, quien recuerda que fue precisamente el general Prats quien le sugirió a Allende que Augusto Pinochet lo sucediera. “Hasta ese momento se estimaba que Pinochet era leal. Hasta ese momento él no había dado ninguna muestra de participar en alguna acción golpista. De hecho, Pinochet es el último en sumarse al pacto golpista.” Pero días antes del 11 de septiembre de 1973, firmó el destino de su país. “El día D será el 11 y la hora H las 6 AM”, escribió el dictador. La CIA confirmó todo. El resto forma parte de la gran tragedia de la historia chilena.

10.7.08

Paro general en Perú

Lima, 9 de julio. Un paro nacional de 24 horas en Perú para protestar contra las políticas del presidente Alan García se cumplía este miércoles con bloqueo de carreteras y marchas, en una jornada en la que 200 personas fueron detenidas en diferentes enfrentamientos entre manifestantes y la policía

Los disturbios alcanzaron incluso la frontera del país con Brasil, donde fue saqueada e incendiada la sede del gobierno regional de Madre de Dios, en la ciudad de Puerto Maldonado, en lo que probablemente fue el más grave enfrentamiento de la jornada de huelga, en que no hubo heridos.

El gobierno y el sindicalismo presentaron reportes contradictorios del paro nacional, pues mientras Lima aseguró que 93 por ciento de los trabajadores acudió a su lugar de labor, la izquierdista Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP) dijo que fue mayoritario el cese de actividades.

Los medios coincidieron en un punto medio al señalar que había partes del país prácticamente paralizadas mientras en otras existía relativa normalidad.

Según Dpa, el consenso de los medios era que el mayor acatamiento al paro se localizaba en los Andes sureños, en el centro y en la Amazonia. Ciudades como Cusco e Iquitos estaban paralizadas, mientras que en esta capital y departamentos vecinos todo transcurría con relativa normalidad.

En Lima el paro tuvo el efecto de producir una sensible disminución del transporte público, a la vez que se advertía discreta presencia de militares en varias vías.

La CGTP, que llamó a la protesta, calificó la paralización de “contundente y exitosa a escala nacional”, según Mario Huamán, secretario general del gremio.

Huamán afirmó que el llamado a huelga se acató de manera absoluta en sectores como comercio minorista, textiles, agroindustria, agricultura, transporte, petróleo, pesca y educación. Los campesinos se mantienen movilizados en las regiones sureñas de Cusco, Puno, Apurímac, Arequipa, Tacna, Moquegua y Ayacucho.

En esta última ciudad el cívico Frente de Defensa de los Intereses del Pueblo exige la expulsión de unos 200 soldados de Estados Unidos que desde junio pasado cumplen actividades cívicas, y sostiene que esa es una presencia que afecta la soberanía nacional.

El paro fue originalmente convocado para protestar contra las promesas incumplidas del gobierno y el alza en el costo de vida, pero ha servido para expresar inquietudes sobre múltiples temas sectoriales y regionales.

“Hay hasta el momento 200 detenidos a escala nacional al haber intentado hacer actos ilícitos”, dijo por su parte el ministro del Interior, Luis Alva Castro, quien sin embargo señaló que no hubo muertos o heridos. Añadió que “el paro no ha tenido la acogida que sus dirigentes imaginaban”.

Poco más tarde, el presidente Alan García celebró que “la población ha demostrado que no tenía ni tiene la voluntad de paro, de detener al país paralizando las actividades productivas (…) éste es un tema positivo de destacar, porque a pesar de la insatisfacción que podría sentir (la población), sabe que no es la manera de expresar su descontento. Por ese camino (los sindicalistas) no van a torcer lo que el gobierno viene haciendo de manera sensata por el país”.

Las detenciones se produjeron por intentos de huelguistas de bloquear carreteras, sobre todo en regiones del sur del país, las más pobres y que son las mayores opositoras al gobierno de García.

El gobierno se vio obligado a sacar a las calles a las fuerzas armadas en apoyo a la policía, encargándose de la vigilancia de aeropuertos y empresas estratégicas como agua y electricidad.

Cientos de trabajadores marcharon a media mañana desde varios lugares de Lima al centro de la ciudad, lo que generó gran congestión vehicular. Los manifestantes se reunieron en la céntrica Plaza 2 de Mayo, para asistir a un mitin contra el gobierno.

Marchas similares se produjeron en ciudades del interior, donde grupos de manifestantes cortaron las principales rutas y sostuvieron escaramuzas con la policía.

El paro de la CGTP coincide con una paralización de 48 horas que se inició el martes y fue convocada por los dos principales gremios agrarios, la Confederación Campesina de Perú y la Confederación Nacional Agraria.

Ambos gremios rechazan una reciente ley que permite el ingreso de empresas mineras en territorios de las comunidades campesinas, lo que significaría la disolución de las mismas, según denuncian.

Huamán dijo que los trabajadores exigen al gobierno un aumento general de sueldos y salarios para compensar “el alza incesante del costo de vida”, así como “el cambio de la política económica neoliberal que atenta contra los intereses de los más pobres”.

El paro se produce en un momento en que Perú atraviesa por un periodo de euforia económica, beneficiándose de un crecimiento cercano a 10 por ciento.

Este crecimiento, sin precedentes en este país de 28 millones de habitantes, se da especialmente en la capital y en las zonas costeras, mientras que las regiones selváticas y andinas en el este y el sur se sienten abandonadas por la acción del Estado.

En la región amazónica de Madre de Dios, al este de Perú, manifestantes incendiaron la sede del gobierno local, según medios de comunicación locales, en tanto que hubo bloqueos y marchas en las regiones andinas de Cusco, Puno y Ayacucho, y también en Chiclayo, en la costa norte.

En el sur del país, la policía dijo que usó bombas lacrimógenas para despejar la carretera en Ica, mientras que en Arequipa mujeres golpearon cacerolas.

(Fuente: La Jornada, Ciudad de México, 10/07/08)

2.7.08

Salvador Allende y el Perú

Por Antonio Zapata
La República, Lima, 03/07/08


Hace pocos días se celebró el centenario del ex presidente chileno Salvador Allende. Con este motivo, en Tacna algunos periodistas han recordado que pasó su infancia en esa ciudad. En efecto, Allende nació en Valparaíso pero muy niño llegó a Tacna y ahí estuvo sus diez primeros años. El niño Salvador Allende fue a la primaria durante la época más dura de la ocupación. Esos años se conocen como la chilenización, un proceso violento y drástico ordenado por el ocupante; se expulsaron a los peruanos recalcitrantes y toda la sociedad adoptó un patriotismo chileno encendido.

El padre de Allende era notario y participó del nacionalismo de sus días, escribiendo versos que celebraban la victoria mapochina contra el Perú. El niño Salvador Allende no conoció a su abuelo, pero él había sido médico, gran maestre de los masones y fundador del Partido Radical. El abuelo ausente había sido un decidido anticlerical y se convirtió en el paradigma del futuro presidente. Más tarde, al terminar la secundaria en su Valparaíso natal, Allende hizo el servicio militar y se alistó como subteniente en el regimiento Lanceros de Tacna. Según sus biógrafos sentimentales, quería lucir el uniforme delante de su primer amor, la joven peruana Blanca Barreto.

Más de tres décadas después, convertido en un político experimentado, Allende visitó Lima en un momento fundamental. Pocas semanas antes de su llegada, el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, emprendió una gira latinoamericana y fue recibido con marcada hostilidad en Lima. En San Marcos los estudiantes lo abuchearon ruidosamente y se tuvo que retirar de la Casona. Los estudiantes eran firmes entusiastas de la revolución cubana. La protesta antinorteamericana fue dirigida por el entonces presidente de la Federación de Estudiantes, Alfonso Barrantes. Los jóvenes apristas se dividieron en dos grupos. Unos con Barrantes junto a Cuba y contra los EEUU. Los otros jóvenes apristas, con Orestes Rodríguez a la cabeza, prestaron apoyo al desplazamiento de Nixon.

En un ambiente de intensa lucha interna, Alfonso Barrantes y Héctor Cordero fueron separados del PAP, que a continuación convocó a la IV Convención Aprista. Este evento se realizó en octubre de 1959 en el local de Alfonso Ugarte. Fue una convocatoria masiva que se desarrolló contando con más de 2,500 delegados plenos. El tema fue la infiltración marxista y se resolvió expulsando a ocho militantes, entre los que se encontraban Luis de la Puente Uceda, Carlos Malpica y Gonzalo Fernández Gasco. La mayor parte del núcleo de expulsados formó luego el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, que protagonizó la trágica guerrilla de 1965. Los otros se encuentran entre los forjadores de la izquierda legal de los años 80.

En esa ocasión, Allende visitaba Lima como parte de una delegación invitada por el APRA. Eran varios líderes de partidos socialdemócratas latinoamericanos que habían venido para el mitin de la Fraternidad de 1960. Fue multitudinario, se reunieron miles de personas para escuchar a Ramiro Prialé y a Víctor Raúl Haya de la Torre. Eran los días de la convivencia con Manuel Prado y el mensaje fue bastante conciliador.

Al día siguiente hubo una nueva concentración. Fue en Chacra Ríos para escuchar a los invitados internacionales. En esa manifestación se produjo un serio debate entre José Figueres, ex presidente de Costa Rica y Salvador Allende, quien había sido candidato a presidente por la izquierda chilena, arribando en segundo lugar muy cerca del ganador. Figueres estuvo a favor del alineamiento con los EEUU contra la insurgencia comunista. Por el contrario, Allende defendió la unidad de las izquierdas contra el imperio. La multitud se alineó completamente con el líder chileno y lo premió con calurosos aplausos. Cuentan que Haya se molestó mucho, tanto que pronunció el discurso más corto de su vida. Apenas unos minutos para agradecer y despedirse.

Así era Allende. Conoció el Perú desde pequeño y fue muy cercano al APRA de ese entonces. Su simpatía se basaba en una idea básica: buscar la igualdad social dentro de la democracia. Pero, discrepaba del PAP porque era partidario de marchar con la izquierda por un camino antiimperialista. Ese rumbo lo llevó al martirologio. Como él mismo dijo en su último mensaje, "se abrirán las anchas alamedas". Por ellas transitan los héroes populares

30.6.08

El Che y la recreación del marxismo

Por Atilio A. Boron
Página/ 12, Buenos Aires, 14/06/08


Una de las mejores maneras de conmemorar el octogésimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la más olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, valiente como el que más y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en épocas como éstas, en las que la traición a los viejos ideales –o la desconexión entre lo que se piensa o dice y lo que se hace– ha adquirido proporciones escandalosas.

Como bien lo recordaba días pasados Miguel Barnet, este extraño guerrillero cargaba en su mochila la poesía de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tenía más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo. El primero, burlándose en su breve escrito a propósito de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”, de la interpretación canónica de El Capital del principal teórico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los “ladrillos soviéticos” que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.

Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideología dominante de su tiempo.

Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío. Y si los “manuales” postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisión y reconstrucción, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostró también que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estará desahuciado antes de nacer.

El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recién ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran día a día, desde los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton hasta las torturas a niños y niñas iraquíes de 10 a 12 años definidos por Bush y su pandilla como “amenazas imperativas”, tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnóstico sobre la centralidad de la ideología cuando dice que “el capitalismo recurre a la fuerza pero además educa a la gente en el sistema” y lo viene haciendo desde hace quinientos años, con lo cual nos convoca a librar la “batalla de ideas” en todos los frentes. Y así podríamos seguir enumerando hitos de una reflexión teórica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensión cada vez más profundos y abarcativos. Cuatro décadas después de su cobarde asesinato, el Che está más vivo que nunca.

14.6.08

Los 80 años del Che

Por Laura Vales, desde Rosario
Página/ 12, Buenos Aires, 14/06/08


Lo primero que habría que decir es que el Che no nació el 14 de junio de 1928, como figura en los papeles. Su verdadera fecha de nacimiento fue el 14 de mayo, pero su madre, Celia de la Serna, lo anotó un mes más tarde porque se había casado embarazada y no quería que su familia lo supiera. La habían criado unas tías muy católicas que hubiesen hecho un escándalo; así que viajó a Rosario para estar lejos cuando llegara el momento de dar a luz y después le dijo a todo el mundo que el bebé era sietemesino. Esta es la razón de que el Che naciera en esta ciudad, donde anoche empezaron tres días de festejos para celebrar el 80 cumpleaños de Guevara y en la que, como era de esperar, que la fecha sea verdadera o falsa a nadie le importa en lo más mínimo.

La actividad central de esta tarde será la inauguración del monumento hecho por el artista Andrés Zerneri, una escultura de bronce de cuatro metros y tres toneladas realizada con la participación de 15 mil personas que donaron llaves. Anoche, en la apertura de las festejos por el 80 aniversario, hablaron el gobernador Hermes Binner y el intendente Miguel Lifschitz (ver aparte). Los festejos fueron organizados por la Municipalidad junto al gobierno de Santa Fe (ambos socialistas), la Embajada de Cuba, la multisectorial de Solidaridad con Cuba y los independientes que se juntaron en la Comisión del Monumento al Che. Mañana, un recital hará el cierre. Alrededor de estos tres grandes eventos se organizaron además talleres, paneles, encuentros internacionales, muestras de fotos, actividades en las plazas y música en los bares.

Con tanto homenaje, la agenda tenía el gran riesgo de convertirse en un ataque masivo de retórica, pero la sorpresa fue que no, o por lo menos no en todos lados. Pasó que a la ciudad llegaron antiguos amigos de la infancia de Ernesto Guevara, compañeros en la Sierra Maestra, tres de sus hermanos y tres de sus hijos. Eso hace que se puedan escuchar menos discursos y cosas más de entrecasa.

Camilo y Ernesto son dos de los hijos del Che. Vinieron con Aleida, la mayor y más conocida de los hermanos, y a diferencia de ella no quisieron participar en paneles ni dar entrevistas. Ayer a la mañana estaban parados en la vereda del edificio de Luz y Fuerza, donde la CTA organizó un encuentro sindical, tomando aire entre las exposiciones de dos panelistas y tratando de escapar inútilmente a los pedidos de autógrafos y fotos.

Debe ser mucha carga ser el hijo del Che.

–¡¡Es una carga!! –confirma Ernesto, decidido a espantar cualquier posibilidad de una entrevista. Pero es sociable, y después de un rato agrega–. ¿Qué voy a hacer?... es lo que me tocó.

Cuenta que la que habla es sobre todo la mayor, Aleida. A él, en cambio, le gusta más escuchar a los que vivieron cosas con su padre. “Porque yo no tengo recuerdos de él. Nací en el ’65 y lo mataron en el ’67”. En la vereda y aprovechando el sol cuenta algunas cosas más, como que el Che tiene en Cuba nueve nietos. Que él estudió leyes como su hermano Camilo, que otra de sus hermanas es veterinaria y otra doctora.

Que es cierto que sus abuelos tenían apellido de familias acomodadas, pero que en Alta Gracia siempre alquilaron, y por eso andaban de casa en casa.

A Camilo, su hermano, le gustaron las anécdotas que adentro, en el auditorio de Luz y Fuerza, contó Orlando Borrego en un panel. Borrego peleó con el Che y lo acompañó después en el Ministerio de Industria, donde fue su mano derecha. En la charla, ante un auditorio de trabajadores e integrantes de la juventud de CTA, habló sobre el pensamiento económico del Che. En realidad, habló de su gusto por aprender. Contó que al convertirse en ministro, el Che estudió Economía Política, hasta que terminado el programa un día le pidió que le consiguiera un profesor de matemática. Estudiaba de noche, con el mejor profesor que le encontraron en la universidad; después pidió que le enseñaran Investigación de Operaciones. Y siguió con contabilidad. “Usaba una lapicera de tres colores, rojo, azul y verde, para hacer los balances.” Mandó a buscar profesores para que sus guardaespaldas aprendieran a leer y escribir y completaran el secundario, y mandó a algunos a la universidad. Borrego reveló también que a Guevara lo fascinaron las primeras computadoras y fue el que llevó la primera a Cuba, una IBM que mandó comprar quién sabe cómo a Estados Unidos e instaló en el Ministerio de Trabajo. “Tenía una cosa ligada a la cultura que era muy argentina. Por ejemplo, en los viajes tenía la costumbre de escribir”, señaló su antiguo colaborador, quien apostó a que si viviera, “a los 80 años el Che estaría sentado frente a una Pentium 4 volviéndolo loco a (Hugo) Chávez como su asesor”.

A cinco cuadras del edificio de Luz y Fuerza, en el rectorado de la Universidad, se hacía a la misma hora el Encuentro de Cátedras del Che, que reunió a docentes y estudiantes de 21 provincias argentinas, de Cuba, Paraguay y Venezuela. Ahí estuvo Aleida, que criticó el lockout agropecuario y se dijo impactada por las imágenes de los camiones tirando leche a la ruta en un país donde hay chicos para alimentar.

Otros de los que se puede cruzar caminando por la ciudad: Alberto Granado y Carlos Calica Ferrer, compañeros de los viajes por Sudámerica del Che; Harry Antonio Villegas Tamayo, el general Pombo, combatiente del Che en todas sus campañas, que se sumó a los revolucionarios a los 14 años.

Aunque los cortes de ruta y la falta de gasoil para los colectivos restaron algunas delegaciones que no pudieron viajar, los tres días de festejo son un lugar de encuentro para grupos de todo el país. Entre ayer y hoy también va a sesionar, por ejemplo, unas jornadas de organizaciones sociales. Hay un campamento de jóvenes y en el Club Central, del que se dice que era simpatizante el Che, se hace un campeonato de ajedrez para chicos. Los veteranos son mayoría en las charlas y paneles, mientras que a los sub 30 se los ve motorizando las actividades al aire libre. Alejandro Orellanos, de 28 años, es uno de los que llegó de Mendoza con Jóvenes de Pie. Con 140 compañeros, llevaron a una plaza una murga, una muestra de videos y pintaron un mural. “Mañana inauguramos un parque en un barrio, hecho con trabajo voluntario. Tratamos de traer a los festejos cosas concretas”.

30.5.08

El dominio enloquece al mundo

Por Armando G. Tejeda (Corresponsal)
La Jornada, Ciudad de México, 30/05/08


Madrid, 29 de mayo. A sus 63 años, Eduardo Galeano se dedica a diario a intentar resolver el mayor desafío del lenguaje, sabedor de que eso es “imposible”: utilizar en sus textos únicamente las palabras que sean mejores que el silencio.

Desde esa voluntad de depuración del idioma, el escritor uruguayo escribió su libro más reciente, Espejos: una historia casi universal (Siglo XXI), en el cual mediante 600 historias breves ofrece un panorama inquietante sobre el devenir del mundo y la historia de la humanidad.

En entrevista con La Jornada, Galeano levanta la voz ante el “sistema mundial de dominio que nos está llevando a todos al matadero o al manicomio”.

Ante el empecinamiento del ser humano por “mutilar” el arco iris terrestre con “el racismo, el machismo, el elitismo y el militarismo”.

Todos somos africanos emigrados

–Da la impresión de que con este libro se ha vaciado, ha volcado el conocimiento, las lecturas y los aprendizajes acumulados a lo largo de su vida.

–Creo que sí. La idea era reunir en un solo libro estas 600 historias o relatos que viajan por el mundo y por el tiempo sin límites, sin fronteras.

“Y van y vienen por el mapa del mundo y por el del tiempo. Y sí que recogen una experiencia de toda la vida, muchas lecturas y muchas preguntas.

“Sobre todo recoge las preguntas que yo me he ido formulando a lo largo de mi propia vida.

“Desde que era chiquito e iba a la escuela y la maestra me decía que el vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio los dos océanos desde una cumbre de Panamá. Y yo levantaba la mano y le decía: ‘Señorita, señorita, entonces los que vivían ahí eran ciegos’. Y ella me echaba de la clase por insolente.

“Y las preguntas que después me fui formulando, que se fueron quedando y esperando respuestas que fueran a su vez nuevas preguntas.

“Por ejemplo, otra que abre el libro, cuando pregunto que si Adán y Eva eran negros, porque si el viaje humano empezó en África, desde ahí partieron nuestros abuelos a la conquista del planeta y el Sol fue el que hizo el reparto de todos los colores, pues somos todos africanos y somos todos emigrados.

“Es bueno recordar ahora que todos somos africanos emigrados, ante tanta demonización que hay de la emigración como si fuera un crimen.

“Pero sí, también es un libro de las preguntas incómodas. Yo siempre digo que una buena respuesta es una fuente de nuevas preguntas, así que el libro está escrito por un preguntón, por un curioso, que quiere despertar curiosidad en quien lo lee.”

–Esas 600 historias, contadas así, de manera aparentemente inconexa, ¿es porque también pretendía llamar la atención ante la anarquía que hay en el mundo y en la historia de la propia humanidad?

–Sí, pero que están atadas por hilos invisibles que hacen que esa aparente desconexión no sea más que una expresión de la diversidad de la vida humana, de la historia y de la presencia dominante en esa diversidad de los negados por la historia oficial. Que es una historia que sacrificó, que mutiló el arco iris terrestre.

“Siempre digo que el arco iris terrestre tiene más colores que el celeste. Es mucho más bello, más fulgurante, pero ha sido mutilado por el racismo, el machismo, el elitismo, el militarismo… Entonces no somos capaces de vernos en toda nuestra plenitud asombrosa, en toda nuestra prodigiosa capacidad de hermosura.

“El libro rinde homenaje a la diversidad humana y a la diversidad de la naturaleza, de la que también formamos parte.

“Entonces en apariencia puede parecer inconexo, pero cuando uno se mete a leerlo está armado de tal manera que hay muchísimo trabajo detrás. Es como un río que corre a veces por debajo de la tierra, otras por arriba, pero que nunca deja de correr. Es un solo flujo de un río de muchos ríos.”

Discípulo de Juan Rulfo

–Como una sinfonía.

–La literatura y la música se parecen mucho. Por eso es bueno leer en voz alta. Cuando uno escribe, cuando uno termina un texto se lee en voz alta porque esa lectura te da la música de las palabras. Y la música manda. Tiene que haber una continuidad de la música.

–Después de tantos libros y, sobre todo, aprendizajes, ¿cree que ha llegado al máximo de depuración de su propio lenguaje literario?

–Creo que sí. El lenguaje que yo utilizo no quiero que se vea, pero cada uno de estos relatos ha tenido 15 o 20 tentativas. Como decía un escritor chileno cuando reditaba sus cuentos: edición corregida y disminuida. Yo también los voy disminuyendo, en un trabajo de quitar la grasa para que sólo quede la carne y el hueso de lo que se quiere contar. Es un trabajo de desnudamiento y purificación del lenguaje.

–Un lenguaje poco frecuente en las letras latinoamericanas, en ocasiones demasiado tendentes a la verborrea, ¿no le parece?

–Puede ser, pero yo no creo que la literatura latinoamericana deba ser esto o lo otro, porque lo mejor que tiene esta región nuestra es que es tan diversa. O sea que contiene todos los colores, los olores, los sabores del mundo.

“Si lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene, pocas regiones del mundo contienen tantos mundos como la nuestra. Y, por tanto, hay una diversidad de lenguajes y esa es nuestra riqueza.

“Yo escribo a mi manera, lo que siento y me sale, pero hay muchas otras formas de escribir. Todo lenguaje es legítimo en la medida que las palabras nazcan de la necesidad de decir.”

–Pero hay influencias, generaciones literarias.

–Sí, yo escribo a mi manera, que es a su vez una manera muy influida por mi maestro Juan Rulfo. En una entrevista, hace ya algún tiempo, me pidieron que eligiera a los escritores más importantes en mi formación literaria. Yo contesté: Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo.

Historias sentipensantes

–En su búsqueda de nuevos lenguajes, supongo que también está al tanto de la evolución de nuestro idioma en la sociedad actual.

–Sí, es un aprendizaje cotidiano. Recibo muchas voces de la calle, que son las que más me alimentan. Y es un trabajo de recreación de las voces que uno recibe. Cuando Rulfo me decía que se escribe más con la goma que con el lápiz, y eso es verdad, pero no toda. Porque también hay que ver cuáles son las palabras.

“Otro maestro mío, Juan Carlos Onetti, con quien compartí pocas palabras y muchos silencios, siempre me decía que había un proverbio chino que decía que las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio.

“Es una idea muy hermosa, porque el silencio es un lenguaje hondísimo y profundo; entonces es muy difícil que las palabras sean mejores que el silencio.

“En realidad eso es imposible, pero uno tiene que intentar esos imposibles. Es el mayor desafío del lenguaje.”

–Precisamente su libro Espejos tiene muchos silencios y mucha calma en su lectura.

–El libro pide lentitud como el amor. Y silencio para que las palabras suenen de verdad.

–¿Usted también asume la literatura como ese juglar que va de pueblo en pueblo contando historias, declamando, leyendo en voz alta esas historias?

–Sí, pero si son conocimientos solos, es decir, mensajes de la razón van a tener poco recorrido. Tienen que ser historias sentipensantes para llegar a quien las lea, tienen que venir de la razón y del corazón. Tienen que unir lo que ha sido desvinculado por la cultura del desvinculo, que es la cultura dominante. Que entre otras cosas ha desvinculado la razón de la emoción, como ha desvinculado el pasado del presente.

“Por eso en el libro se mezcla muchísimo el pasado y el presente; el exterminio de Irak a manos de un señor que cree que la escritura fue inventada en Texas y, al mismo tiempo, el nacimiento del primer poema de amor de la historia humana, que es un poema escrito en Irak, cuando todavía no se llamaba así, en lengua sumeria y en tablillas de barro.”

–Una de esas líneas invisibles que dan sentido a las 600 historias de Espejos, ¿sería la vocación del hombre por la guerra, por esa tendencia a destruirse a sí mismo?

–Creo que los que creyeron que la contradicción es el motor de la vida humana no se han equivocado. Somos una contradicción incesante. Y eso te ayuda a sobrevivir en un mundo difícil; la certeza de que no hay horror que no implique alguna maravilla. La certeza de que somos mitad basura y mitad hermosura. Entonces el libro se alimenta de esa contradicción incesantemente. No sólo del horror sino también del amor.’

–Con especial fijación en las guerras, ¿no cree?

–Sí, porque la guerra es parte del horror. No pienso que la guerra sea un destino humano, pero sí sigue siendo una realidad de nuestro tiempo.

“Cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños en el mundo. ¡Cada minuto! ¡Y cada minuto Estados Unidos gasta medio millón de dólares matando inocentes en Irak!”

–También el machismo es una constante de la historia de la humanidad.

–Sí, por eso menciono la paradoja de las vidas de Santa Teresa y Sor Juana Inés de la Cruz. Las dos perseguidas por la Inquisición, los sectores más dogmáticos y feroces de la Iglesia católica y de sus verdades únicas. Sospechosas por ser mujeres inteligentes, creativas, por tener tanto o más talento que los hombres. Y, por tanto, culpables del imperdonable delito de ser ellas mismas.

“El caso de Santa Teresa es el más trágico. Pienso que un brazo de Santa Teresa acompaña a Francisco Franco en su larguísima agonía porque la descuartizaron y mandaron los pedazos a todas partes, y el brazo incorruptible –como le dicen– en la mesita de luz de Franco. Es una broma de mal gusto de la historia.

“Ella, que había sido víctima de los equivalentes de Franco en su tiempo.”

–¿Cómo ve Eduardo Galeano lo que ocurrió recientemente en Sudáfrica, que desconcertó al mundo: el estallido xenófobo en el país que sufrió durante tantas décadas el apartheid?

–Creo que hay un sistema mundial de dominio que está convirtiendo al mundo en un matadero y también en un manicomio. Nos está enloqueciendo a todos y la prueba de esto se está convirtiendo en una locura total es que ese sistema de dominio mundial ha logrado que los negros se maten entre ellos, como está ocurriendo en África del Sur, o que los iraquíes se maten entre sí, como ocurre en Irak, o que los palestinos se maten entre ellos. Nos enloquecen. Ya no sabemos quién es quién, ni por qué ni para qué.

“Ahora el mundo ha entrado en un periodo de crisis muy peligroso y esto va a generar explosiones de racismo por todas partes. El inmigrante, el venido de fuera, sobre todo si es de piel oscura será el chivo expiatorio del paro, del desempleo, de la desocupación.”

–Da la impresión de que el mundo no reflexiona ni guarda silencio para analizar esto así, como sí podemos hacer con su libro, por ejemplo…

–Sí, porque vivimos en un vértigo incesante. Somos presos. Instrumentos de nuestros instrumentos. Máquinas de nuestras máquinas. Y el vértigo de la vida urbana nos impide disponer del tiempo necesario para recuperar la memoria perdida y para recordar las cosas más obvias. Que a Colón nadie le pidió pasaporte, que a Hernán Cortés nadie le exigió contrato de trabajo, que a Francisco Pizarro nadie le exigió certificado de buena conducta, que además no lo hubiera obtenido porque era un tipo con antecedentes muy jodidos.

“Como decía al principio, somos todos africanos emigrados. Son cosas elementales que hemos olvidado por completo y que debemos recuperar para hacer preguntas, como: ¿es un destino este mundo?, ¿no estará embarazado de otro?”

–En el libro también reflexiona sobre la conquista, después de cinco siglos. ¿Cómo ve la situación de los pueblos indígenas?

–Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor.

“Todas estas cosas que se han heredado de las culturas originales y que han tenido una persistencia admirable porque han sobrevivido a todo y que se manifiestan ahora.

“Por ejemplo, la nueva Constitución de Ecuador, que lleva nombre indígena, por primera vez en la historia de la humanidad consagra a la naturaleza como sujeto de derecho. Nunca a nadie se le había ocurrido.

“En Ecuador, a pesar de ser un país muy infectado de racismo, como México y todos en América Latina, se ha podido perpetuar una memoria subterránea que hace posible esta recuperación de verdades pronunciadas por voces del pasado más remoto, pero que hablan al futuro.”

Muda de amo

–Y el hecho de que ahora se esté en plena “celebración” del bicentenario de las independencias, ¿qué le parece?

–Las independencias fueron en general los certificados de nacimiento de las naciones, mentira en las que vivimos. Porque todas las constituciones de nuestras repúblicas independientes negaron los derechos a quienes habían derramado la sangre por conseguir esas independencias. Fueron emboscadas contra los hijos más pobres de las Américas. Eso fue unánime y siempre fue así.

“Fueron repúblicas nacidas para la negación de derechos, para la maldición y para el desprecio de la mayoría de sus habitantes, muchos de los cuales pasaron a una peor vida de la que tenían bajo el predominio colonial. O en todo caso se limitaron a mudar de amos. Como decía un grafiti anónimo en una pared de Quito, cuando se promulga la independencia de Ecuador: ‘Último día del despotismo y primero de lo mismo’.”