29.4.08

Perú: Por la libertad de pensar diferente

Ante el creciente clima de intolerancia y criminalización de la protesta y de las ideas, evidenciado en:

-El asesinato de cuatro campesinos durante la represión contra el Paro Agrario de febrero, y las detenciones y la brutal respuesta policial frente a las recientes protestas en Pichanaki y Andoas;

-La detención de siete ciudadanas/os bajo cargos de terrorismo por el 'delito' de haber participado de un evento público realizado en la ciudad de Quito; y la apertura de procesos también por terrorismo contra 28 ciudadanos que organizaron la consulta popular sobre la explotación minera en la sierra de Piura;

-Los reiterados episodios de represión y censura contra artistas y trabajadores de la cultura, por ejemplo las recientes agresiones que han tenido lugar en el Jirón Quilca y alrededores;

- La persecución judicial contra líderes campesinos, indígenas, sindicales y de diversos sectores que tiene lugar a lo largo y ancho del país;

-El permanente hostigamiento y las trabas puestas a la organización de la Cumbre de los Pueblos, espacio amplio y democrático para pensar alternativas al modelo económico neoliberal;

-Los ataques mediáticos contra el diario La Primera a raíz de sus investigaciones del supuesto surgimiento de un escuadrón parapolicial para amedrentar a las organizaciones sociales;

-El ataque contra la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) tras emitir de manera legítima su opinión acerca de que el fantasma del terrorismo está siendo usado como excusa para reprimir la protesta social;

-Y el sicosocial lanzado la semana pasada por la señora Cecilia Valenzuela en su programa de televisión en canal 2, para exacerbar el miedo de la población y justificar la arbitraria detención de Melissa Patiño.

Las organizaciones, colectivos y movimientos abajo firmantes:

-RECHAZAMOS la manipulación de la información y la utilización política del miedo. La objetividad periodística consiste en presentar todas las versiones de un caso, más aún cuando no existe ningún fallo judicial. La objetividad para un medio de comunicación ético es respetar la voz del otro y no hacer uso de juegos de cámara y música para crear sicosociales que avalen una versión interesada.

-DENUNCIAMOS la creciente complicidad entre el poder político y medios de comunicación que se ponen al servicio de los intereses del gobierno de turno, tal y como ocurrió en las no tan lejanas épocas de la dictadura fujimontesinista.

-ALERTAMOS contra la estrategia en marcha para acusar y perseguir a todo aquel que alce su voz de protesta. Los graves casos que enumeramos arriba no son hechos aislados: son parte de una política de represión cada vez más agresiva y descarada.

-RESISTIMOS la imposición del modelo neoliberal que ha entrado en crisis en toda América latina y que en el Perú solo se sostiene gracias a dicha política de represión.

Alan García, poco antes de las elecciones del 2006, declaró a un medio local que buscaría 'una nueva democracia social que respete las libertades de expresión y de reunión, el equilibrio de poderes e impida el autoritarismo y el abuso'. Hoy, sin embargo, hace gala de su incoherencia.

La criminalización de la disidencia responde al retorno de una lógica autoritaria que el Perú no puede aceptar. Rechazamos el terrorismo, venga de donde venga, y apostamos por una sociedad justa y solidaria. Nos reafirmamos en nuestra apuesta por una acción política coherente, horizontal, participativa y que valore la diversidad.

Es hora de actuar en defensa de la democracia, la libertad de expresión,
LA LIBERTAD DE PENSAR DIFERENTE.

LAS Y LOS JOVENES NO NOS CALLAMOS, NOS ORGANIZAMOS.

EL COLECTIVO//
JUVENTUD MALPICA//
ACCIÓN CRÍTICA//
MOVIMIENTO JOSÉ MARÍA ARGUEDAS//
COLECTIVO CONTRANATURAS//
COMUNIDAD DEL RÍO HABLADOR//
MOVIMIENTO SOCIALISTA SAPICHAY//
COLECTIVO ECOVIDA//
COLECTIVA LA MESTIZA//

RUMBO A LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS: ENLAZANDO ALTERNATIVAS
Lima, 13 al 16 de mayo

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28.4.08

Naomi Klein y el capitalismo del desastre

En reciente diálogo con Ivana Costa, de la revista Ñ, del diario argentino Clarín, la conocida periodista y activista canadiense Naomi Klein, autora del exitoso No Logo, reiteró que el proceso de globalización lleva este mundo al desastre. Las políticas neoliberales, señaló, son terapias de shock que desarticulan la resistencia. Entusiasmada con los movimientos originados por la crisis de 2001 en la Argentina, hoy dice que han desilusionado, pues no cumplieron con las expectativas.

Argentina ha sido inspiración para la tesis inicial del último libro de Naomi Klein. Lo escribió allí y lo explica mejor en la entrevista: "Vivir en la Argentina y saber sobre la dictadura me había dado la tesis del libro: esta ideología del capitalismo del desastre comenzó con la tortura y el derrocamiento de gobiernos y, tras un período de calma, ha vuelto". No sólo esto inspiró la Argentina. Aterrizada en Ezeiza en medio de la efervescencia de enero de 2002, dos años después Naomi Klein dio a conocer la película La toma, sobre la experiencia de trabajadores de fábricas recuperadas, realizada aquí junto a su marido, Avi Lewis, a quien Klein le ha dedicado sus dos libros: el best-seller No Logo y el más reciente La doctrina del shock - El auge del capitalismo del desastre. De este último dice Klein que "no habría sido física, intelectual o emocionalmente posible sin mi marido... mi colaborador en todo, mi editor, mi compañero de viaje, y la persona que hace mi vida mejor". Avi Lewis, de hecho, monitorea las entrevistas a Klein: revisa qué periodistas vendrán, cuál es su background personal, la orientación ideológica del medio para el cual trabajan, etc. Salvo en lo que hace a la maquilladora y a la peluquera exigidas por la autora de No Logo durante su visita a Buenos Aires, del resto se preocupa también su esposo.

Periodista y columnista en diversos diarios, Naomi Klein se hizo muy conocida tras la publicación de No Logo, en el cual, como en La doctrina del shock, se combinan la investigación periodística y académica (a veces muy rigurosa) con algunas hipótesis básicas sobre la globalización, y conclusiones en las que no siempre queda claro qué es causa y qué es efecto, confirmadas por un universo de prueba tan vasto como inabarcable. No Logo fue elevado al rango de manifiesto del movimiento anti-globalización que irrumpió en 1999 en medio de la Cumbre Mundial del Comercio en Seattle (cuyo eco muchos, también Lewis y Klein, han querido ver en las complejas reivindicaciones del año 2001 en Buenos Aires). Pero La doctrina del shock es un libro más complicado, más difícil de transformar en logo.

"Cuando empecé tenía pensado un libro muy diferente –explica–; quería tomar sólo Irak, el tsunami y el huracán Katrina y analizar el capitalismo contemporáneo del desastre. Como había vivido la experiencia en la Argentina y sabía sobre la dictadura, la tesis del libro era que esta ideología había comenzado con la tortura y el derrocamiento de gobiernos, y que luego, tras un período de calma, ha vuelto. Pero el problema es que estaba equivocada.

A medida que trataba de hallar contrastes, me iba encontrando con los mismos patrones. Por ejemplo yo no sabía que la transición en Rusia había sido tan violenta; sólo lo estaba investigando para tenerlo como punto de contraste pero veía que mi percepción era errada y que tenían mucho más en común con las tácticas originales que lo que había imaginado.

Por eso, el libro me llevó dos años más de la cuenta y no fue un proyecto de investigación coherente sino muy caótico. Para ser franca, me sorprende que tenga sentido porque ese período intermedio fue muy desprolijo. La investigación modificó la tesis. No me proponía escribir una historia alternativa del neoliberalismo sino sólo sobre el capitalismo contemporáneo del desastre, trayendo algunos ecos del pasado. Si me hubieran dicho que iba a escribir una historia alternativa del neoliberalismo no habría encarado el proyecto. Me habría parecido demasiado ambicioso. "Es cierto, es un libro demasiado ambicioso, con muchísimas entrevistas y algunos datos valiosos, pero con una desmedida vocación por mostrar que –como repite Pancho Ibáñez– todo tiene que ver con todo: la terapia de electroshock con la que la CIA pensaba lavar cerebros en los años 50, las dictaduras en la Argentina y Chile en los 70, la política de refundación de la industria turística tras el tsunami en Sri Lanka, la libertad restringida de la democracia sudafricana, la política de Bush frente a la catástrofe del Katrina, Polonia, Irak, Rusia, China. . . En muchos casos Naomi Klein llega hasta esos sitios en persona. El capítulo sobre el tsunami arranca así: "Fui a la playa al amanecer esperando encontrarme con algunos pescadores..." El que se dedica a la invasión de Irak empieza: "Marzo de 2004. Llevaba menos de tres horas en Bagdad y las cosas no iban bien". El tratamiento del huracán Katrina se inicia con un: "Conocí a Jamar Perry en setiembre de 2005 en el gran refugio que la Cruz Roja había organizado en Baton Rouge, Louisiana".

Pero esta técnica no siempre da buenos resultados. Al caso argentino también se acercó Naomi Klein en persona, y sin embargo las inexactitudes y simplificaciones en las páginas dedicadas a este país son tan grandes que, después de pasar por ellas, el lector atento empieza a dudar si las descripciones referidas a Polonia o Sudáfrica –ni qué hablar de las conclusiones generales– no estarán igualmente viciadas de esa miopía que revela un árbol y esconde el frondoso bosque.

Por ejemplo, sin entrar en cuestiones de interpretación política, cuando relata la captura de Rodolfo Walsh y su asesinato en 1977 por un grupo de tareas, Naomi Klein escribe que "Massera ordenó a los soldados: Traedme a ese bastardo, es mío". El lector que reconozca los hechos tiene que aislar primero la bestialidad de la traducción hecha en España y luego la gruesa imprecisión sobre el tipo de agente encargado de los "operativos" para poder hallar en esa frase alguna semejanza con la situación original. El ejemplo con el que ilustra Klein la metodología de las FF. AA. en sus primeros días tras el golpe parece igualmente inverosímil: "La Junta hizo una única y dramática demostración de su disposición a usar la fuerza de modo letal: un hombre fue sacado a empujones de un Ford Falcon (el vehículo habitual de la policía secreta), atado al monumento más famoso de Buenos Aires, el Obelisco, blanco de 67,5 metros, y ametrallado a la vista de todos los transeúntes".

Aunque contribuyan todos juntos a una conclusión no siempre errada, los datos así amontonados componen una pintura por lo menos ajena. No obstante, uno de los propósitos de este libro –como el de Susana Giménez y jabón Cadum– es advertir al lector sobre el shock. Empecemos por allí.

¿Qué quiere decir con "shock"? ¿Cómo definiría a la "doctrina del shock"?

Un shock es cualquier acontecimiento catastrófico que nos desorienta. Mi forma preferida de entender el shock es decir que es la brecha entre un acontecimiento y el relato que lo explica. Ese lapso, esa brecha que se abre entre acontecimiento y relato es el estado de confusión en el cual somos vulnerables. La doctrina del shock es la filosofía del poder que entiende que esa brecha es el mejor momento para imponer un programa radical pro-empresas.

Pero esa brecha ¿no es buen momento para tratar de imponer cualquier programa? En el libro demasiados shocks convergen para mostrar un mismo cuadro. ¿No es forzado equiparar Irak y Rusia, Sudáfrica y Polonia?

Esta no es una historia de esos países, es una historia del neoliberalismo. Esta ha sido una campaña ideológica y económica que sirve a las elites de todo el mundo, que tiene sus libros sagrados y su filosofía del poder. Esa filosofía es como el médico de shock. En el libro cito abundantemente a los arquitectos del neoliberalismo cuando dicen que necesitan crisis: "Cualquier crisis sirve". Cito al ministro de Economía de Polonia cuando dice que puede ser "Una rápida transición económica, el fin de una guerra, cualquier cosa". El shock es un período en el que la gente pierde la orientación. La izquierda no entendió que hay una filosofía del poder en las crisis que ha permitido el ascenso de esta ideología. Las crisis son todas diferentes pero, en los últimos 30 años aparece este hilo conductor: fueron sistemáticamente aprovechadas por un grupo pequeño que comprendió y estudió la utilidad de las crisis. Todo esto era nuevo para mí cuando empecé la investigación. Es sorprendente tomar el huracán Katrina, el tsunami, Irak o el fin del comunismo y ver que en todos los casos aparecen las mismas recetas. Tienen una sola idea muy redituable: enriquece a los políticos y a las empresas.

El acontecimiento que inicia el shock puede ser predecible o impredecible, una catástrofe natural o de la política. ¿Esto no marca una gran diferencia en cuanto a las responsabilidades en cada "doctrina del shock"?

No es inevitable que reaccionemos ante los acontecimientos difíciles con un shock, un estado de desorientación. Pero el factor determinante de que nos sintamos desorientados, de que nos volvamos maleables y entremos en regresión es que tengamos o no un relato que explique lo que pasa. En estado de shock uno se vuelve vulnerable. Con un electroshock la persona pierde control de su cuerpo, tanto en psiquiatría como en una tortura. La pregunta es cómo mantenerse fuera del shock, porque no podemos evitar que ocurran pero sí podemos controlar el hecho de entrar o no en ese estado de regresión y desorientación o al menos cuánto tiempo permanecemos en él.

Dice que la tesis inicial surgió en Argentina, ¿cómo nació la idea de convertirla en libro?

Lo que me motivó fue presenciar los efectos increíblemente dañinos del prolongado estado de shock en el que entraron los norteamericanos después del 11-S. Fue la quintaesencia de la brecha entre acontecimiento y relato. "¿Por qué nos odian?" se preguntaban. Uno tendría que hablar de las fallas de los medios, de nuestro sistema educativo, de la cultura que creó una situación en la que los estadounidenses quedaron totalmente sorprendidos de tener enemigos que querían su aniquilación, de los cuales no tenían ni la menor idea hasta el día anterior. El shock no fue el atentado sino el hecho de que parecía llegado de otro planeta. Eso creó el contexto para que el gobierno de Bush se adueñara del poder para destruir las libertades civiles, invadir Afganistán e Irak, crear Guantánamo, etc. Yo quería entender la teoría del shock. Se combinaron la necesidad de ver los efectos nocivos que esto tuvo en el panorama político del lugar donde vivo y el hecho de haber venido a la Argentina después de un shock, después de la crisis. En enero de 2002, cuando vine por primera vez, todavía reinaba una gran confusión pero lo que me impactó –y esa es la raíz de la tesis de este libro– fue escuchar los relatos de la gente sobre por qué el país había reaccionado así el 19 y 20 de diciembre. Tantas personas contaban la misma historia: "De la Rúa habló por televisión, declaró el estado de sitio y esa situación nos recordó el pasado". En 2001 ustedes tenían el contexto clásico para la aplicación de la doctrina del shock; esa vez no funcionó pero, recordémoslo, se intentó hacerlo.

¿A qué se refiere?

Ustedes tenían una crisis económica, hubo un intento del FMI y de Domingo Cavallo de aplicar un programa de austeridad total, de aprovechar esa crisis económica para llevar el neoliberalismo aún más lejos. En los Estados Unidos había un grupo de economistas de derecha, como Rudiger Dornbusch, que proponían que la economía de Argentina se trasladara offshore. Es la idea más radical que jamás se haya oído. Ninguna de esas ideas prendió y la gente las rechazó porque había aprendido de aprovechamientos anteriores del shock. Cuando De la Rúa declaró el estado de sitio, la gente recordó 1976. Ustedes tuvieron una memoria histórica. En un momento en el que la gente podría haber sido vulnerable a otra terapia de shock económico, algo la mantuvo fuera. Sorprendente. Lo contrario de un shock, como una hiper-orientación. Todo el mundo estaba súper despierto.

Detectar las motivaciones de "todo el mundo", despiertos o dormidos, no es tan sencillo.

Mucha gente salió por propio interés, sin duda. Pero la experiencia cambia a la gente.

Aquellos días de diciembre son interesantes en contexto: por ejemplo, con los cacerolazos de los días previos, una práctica que nace en el Chile anti-Allende. Días atrás tuvimos nuevos cacerolazos y protestas en calles y rutas. ¿Cómo interpreta estos acontecimientos?

No los interpreto porque no los he investigado. Es fácil olvidar que había un programa ambicioso de aprovechar ese shock para adueñarse de la economía argentina, y eso no ocurrió.

Es consciente de que el proceso es muy complejo.

Sí. En este gobierno se han producido algunos cambios muy simbólicos. y creo que la postura de Kirchner ante el FMI fue importante para el debilitamiento del FMI. Ahora el Fondo está en una profunda crisis y la Argentina desempeñó un papel significativo en ella. Dicho esto, no creo que los Kirchner realmente rechacen muchos postulados del neoliberalismo: le pagaron al FMI y la cuestión crucial es la redistribución de la riqueza. El legado neoliberal es la desigualdad masiva y la aniquilación de la clase media, por eso, la reconstrucción pasa por abordar la desigualdad y eso no ocurre aquí de manera significativa. ¿Es este un gobierno anti neoliberal? No sé. Pero diciembre de 2001 fue un tiempo de cambio y también de desilusión porque había muchas esperanzas en ese potencial y creo que hubo muchas oportunidades perdidas.

¿Por ejemplo?

Una de las desilusiones es la de las fábricas recuperadas. Eso podría haber sido un cambio de política pero para que eso ocurra hace falta un gobierno al que le interese cambiar la dinámica (y gente que se lo exija), alejándose de la asistencia y la beneficencia para acercarse a la autosuficiencia, que es la amenaza fundamental porque el modelo clientelista es una maquinaria política. Las cooperativas autónomas no necesitan tanto a los partidos políticos. Esto no sólo ocurre en la Argentina. Ese nuevo paso para institucionalizar otro modelo económico no se dio y esa es otra desilusión. Pero creo que sí se está haciendo en otros países que tienen otra relación con los movimientos sociales, una relación más igualitaria. Mire a Evo Morales: tiene que dar respuesta a los movimientos sociales pero no existe esa maquinaria política tan difícil de desarticular. Es un desafío muy particular. Pero el peronismo –eso aprendí en la Argentina– es único.

Bueno, esa singularidad se pierde en el libro, muchos datos parecen inverosímiles; por su complejidad o quizá porque se basan en fuentes secundarias.

¿Cree eso? Sí, me apoyé en fuentes secundarias. No es lo ideal. Había hecho algunas investigaciones aquí pero profundicé más de lo que esperaba y por eso me basé en algunos libros publicados en inglés. Ahora estamos haciendo un documental y podremos hacer más investigación. Lo acabamos de empezar con el director Michael Winterbottom; el viernes (por ayer) haremos la primera filmación. Winterbottom quiere ser muy fiel al libro. Los capítulos de Chile y Argentina lo impresionaron así que vamos a filmar aquí y en Chile.

En la reseña que hizo Joseph Stiglitz de su libro dice que, en verdad, nunca hubo teoría alguna para esas políticas.

Creo que él dice que las teorías de estos economistas eran aún más endebles. Malos economistas. Stiglitz disiente más en la tortura y la metáfora del shock.

Recientemente escribió sobre un arma nueva, Tazer, una pistola que lanza una descarga, como una picana. El video en YouTube donde se ve cómo guardias disparan Tazer y asesinan a un polaco en un aeropuerto canadiense es aterrador.

Sí, ya hubo muchas muertes causadas por el Tazer. Son un producto de consumo. Es increíble: vienen en rosa, con estampado de leopardo o con música. Este es el Estados Unidos post-11 de setiembre. Los padres las están usando con sus hijos, los maridos con las mujeres. Es un arma de abuso en el hogar; y justamente porque tienen fama de seguras son mucho más peligrosas. La empresa repite: "Esto es seguro. No es fuerza mortal. " Hay historias de padres que la han usado contra chicos de tres años porque lloraban. Es una epidemia de shock.

La metáfora de la tortura por electroshock sigue viva.

Hay un tercer shock que es necesario para hacer cumplir con la doctrina y no fui lo suficientemente firme al respecto en el libro. Si volviera a escribirlo dedicaría un capítulo a las cárceles estadounidenses; al hecho de que uno de cada cien estadounidenses adultos está preso, que Estados Unidos tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo y que esa población carcelaria está compuesta mayoritariamente por negros y latinos. Nueva Orleans tiene al 30% de su población tras las rejas. Algunas de estas cárceles usan armas de shock. Las poblaciones que estuvieron en la línea de frente de estas políticas económicas sufrieron un nivel increíble de disciplinamiento y brutalidad policial.

Esto contrasta con su pintura de la dictadura argentina en la que, dice, "todos callaban lo que ocurría". Hoy cualquiera puede aplicar picana a otro y se supone que está bien.

Es más: es entretenido. Uno ve el shock en el cine, en TV... en los reality shows hay como una competencia: quién puede soportar un shock. Uno de los motivos por los cuales es tan difícil hablar de esto en los Estados Unidos es que los medios ejercen una amortiguación. La gente no confía en sus propias reacciones emocionales cuando no recibe confirmación de los medios. Y uno empieza a pensar que está loco, que es el único que piensa así. Porque a uno algo le parece chocante pero la televisión está hablando de otra cosa. Para que estas cosas lleguen a ser una controversia hace falta más que un artículo. Tiene que haber un contexto, que los medios electrónicos digan: "Usted tiene razón en opinar que esto está mal". Si uno no recibe esa confirmación, piensa que esa violencia es normal. Por eso el uso de blogs es alentador. En Canadá nos llegó la noticia de que alguien había muerto por el uso del Tazer en un aeropuerto como la nota de un día. Recién cuando se vio el video en YouTube esto se convirtió en una polémica y en investigación.

¿Cuál es el lector ideal de "La doctrina del shock"?

El objetivo era prepararnos para el próximo shock. Y es muy gratificante recibir e-mails de gente que usa el marco de La doctrina del shock para interpretar la actualidad. Esa es mi meta como analista desde que empecé a escribir columnas: dar herramientas para leer mejor los diarios. Esa es mi misión. Por eso, es hermoso recibir mensajes de correo electrónico de gente de todo el mundo que me dice: "Está ocurriendo aquí. Están tratando de hacerlo. Lo están haciendo en la junta escolar, con la crisis alimentaria para introducir alimentos genéticamente modificados" o "con la crisis económica quieren privatizar la seguridad social". Ahí me siento muy gratificada porque significa que la gente tiene otra herramienta para interpretar las noticias. Soy bastante realista en cuanto a qué puede y no puede lograr un libro. Los libros no crean movimientos.

¿Cómo fue recibido este libro en el ámbito académico?

Depende del académico. Creo que muchos docentes valoran a quien divulga y sintetiza. Algunos valoran que use como fuente el trabajo tan cuidadoso que hacen ellos. Me invitan a hablar en universidades porque para los alumnos es útil tener el panorama general. Pero el punto de vista de algunos académicos depende de su orientación: para los marxistas o trotskistas, el libro es demasiado keynesiano. Para los neoliberales, es demasiado marxista.

Al presentar "La toma" su marido explicó que habían eliminado opiniones de especialistas porque la película expresaba un "echen a los expertos".

Eso estaba más bien dirigido a los economistas que habían hecho tal desastre. Tengo un gran respeto por quienes dedican tanto esfuerzo a ser precisos. Sin ellos no podría hacer mi trabajo.

24.4.08

Gelman y la misión de la poesía

Discurso de Juan Gelman
Alcalá de Henares, 23/04/2008

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores:

Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, "que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa" para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en "Viaje del Parnaso",

"puede pintar en la mitad del día
la noche, y en la noche más escura
el alba bella que las perlas cría...
Es de ingenio tan vivo y admirable
que a veces toca en puntos que suspenden,
por tener no se qué de inescrutable".

A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos "Dürftiger Zeite", estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose "Wozu Dichter", para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de 5 años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.

Safo habló del bello huerto en el que "un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía", Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de más vida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino "que no es sino morir muchas veces", comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra "desaparecido" es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.

Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: "Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada", que nada me decía, salvo la mención de sus "alegres ojos". Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en "Viaje del Parnaso" y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: "el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto", uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: "Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos".

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿"En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería"?

He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. "¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!", exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque "esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso". Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran "lastimándolo" desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice "siempre mañana y nunca mañanamos" agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: "[...] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección". Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.

19.4.08

Licencia para matar en Perú

JUAN JESÚS AZNÁREZ
El País, Madrid, 20/04/2008


Perú era un matadero cuando Alberto Fujimori, presidente del país desde 1990 a 2000, autorizó el terrorismo de Estado contra el terrorismo maoísta de Sendero Luminoso. Desde hace cuatro meses se juzga al ex gobernante en la capital peruana, como inductor de las graves violaciones de los derechos humanos cometidas en aquel decenio de sangre y atropellos. Su actitud consiste en negar toda responsabilidad sobre lo sucedido: "Si se cometieron algunos hechos execrables los condeno, pero no fueron orden de quien habla", ha declarado en el juicio. El reo se enfrenta a una pena que podría llegar a los 30 años de prisión.

Cerca de 70.000 personas murieron durante la violencia política registrada en Perú entre los años 1980 y 2000. Sendero Luminoso comenzó destripando campesinos en las serranías de Ayacucho y llegó hasta las residencias de la burguesía limeña con más de 50 coches bomba. Y la ley del Talión contra el terrorismo guerrillero comenzó a ser aplicada por los escuadrones de la muerte el 3 de noviembre de 1991, hacia las 10.30 de la noche, en un primer piso de Barrios Altos, en Lima.

Aquel día, un grupo de vecinos discutía sobre el arreglo de los deteriorados servicios comunitarios. Inopinadamente, entre seis y diez encapuchados forzaron la entrada a patadas, insultos y mentadas de madre. "¿Qué pasa, jefe? ¿Qué pasa?", preguntó Manuel Isaías, de 33 años. Una ráfaga de metralleta en el pecho le tumbó sin vida cuando preguntaba al jefe del grupo armado por los motivos de su abrupta irrupción. "Su hijo [de ocho años] se abrazó con el padre y le cayó un balazo", confesó desde la clandestinidad Jesús Sosa, uno de los asesinos, ex agente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y miembro del grupo secreto denominado Destacamento Colina.

Aquel día, el grupo paramilitar mató a 15 personas e hirió gravemente a cinco más, por su supuesta colaboración con Sendero Luminoso, la guerrilla empeñada en sustituir, a cuchilladas y cargas de dinamita, las instituciones burguesas por el colectivismo campesino concebido por el profesor de filosofía Abimael Guzmán, presidente Gonzalo (preso desde 1992 en las mazmorras de la base naval de El Callao).

"Me enteré [de los sucesos de Barrios Altos] por la radio", ha asegurado el ex presidente Fujimori en una de las sesiones del juicio que se le sigue en Lima como "autor mediato" -es decir, inductor- de aquella matanza. Y también de los hechos ocurridos en la Universidad La Cantuta, donde resultaron muertos nueve estudiantes y un catedrático. También se le imputan los secuestros del empresario Samuel Dyer y del periodista Gustavo Gorriti.

Un ex miembro del Destacamento Colina ha revelado, a través de una instrucción judicial, que los primeros disparos del 3 de noviembre fueron efectuados por el oficial Martín Rivas, jefe del grupo. Uno tras otro, boca abajo, fueron asesinados. "En ese momento salió un niño a auxiliar a su padre que ya estaba en el suelo herido, y es cuando Yarlequé le dispara al niño (...) Martín Rivas le increpa a Yarlequé por haber matado al niño. Yarlequé dijo: 'El jefe ha dicho que no queden huellas". Los peritos recogieron en el lugar 133 casquillos y la prensa de oposición comprobó las huellas del amparo oficial al asalto: el piso en el que se produjo la matanza está cerca del Congreso y rodeado de instituciones policiales. A 30 metros, la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional y una comandancia militar y a una manzana, una comisaría.

La segunda matanza se produjo la madrugada del 18 de julio del año 1992, apenas un día después de que un coche bomba matara a 20 personas en un barrio limeño. El Destacamento Colina reaccionó en cuestión de horas. De madrugada asaltó la residencia universitaria de La Cantuta y se llevó a nueve estudiantes y un catedrático, a los que se implicó en el atentado. Nada se supo de ellos hasta que el semanario culpabilizó al Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), cuyo jefe real era Vladimiro Montesinos, el Rasputín de Fujimori, que despachaba directamente con el jefe del Estado. El 8 de julio de 1993, esa publicación descubrió los cadáveres de los secuestrados, calcinados, en el fondo de una quebrada. "Fueron llevados a un campo de tiro [de la policía nacional]. Algunos se arrodillaron y otros se sentaron. Uno habló con desafío. Eso, en parte, enervó a los muchachos", explicó el ejecutor castrense Sosa. "No me siento un asesino. He peleado contra el terrorismo".

Entre esas dos matanzas, Fujimori había ejecutado un autogolpe para quebrar el orden constitucional, concentrar poder y evitar la fiscalización de sus acciones por los poderes judicial y parlamentario. Fue el 5 de abril de 1992.

Ahora, el juicio contra el ex presidente se desarrolla en la dirección pretendida por sus víctimas: probablemente se incluirá como prueba contra el acusado una reciente sentencia de la Primera Sala Anticorrupción de Perú, que el pasado día 9 condenó a 35 años de cárcel ex jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, el ex general Julio Salazar, como uno de los inductores de los asesinatos de La Cantuta. La sentencia afirma que el Grupo Colina actuó "con el consentimiento de los altos jefes militares", que debían obediencia a Fujimori como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

El fallo contra Salazar utiliza el término de "autor mediato"; es decir, culpable de haber inducido a un subordinado a cometer delito valiéndose de su rango. La sentencia citada establece una relación directa con los servicios de inteligencia "y cómo estas acciones derivaban de una política gubernamental de guerra contrasubversiva", según Miguel Jugo, director de la Asociación Proderechos Humanos de Perú.

Fujimori, el ingeniero agrónomo de origen japonés triunfador de las elecciones de 1990 -frente al escritor Mario Vargas Llosa- nada reconoce y rechaza cualquier responsabilidad en el criminal derramamiento de sangre. "Yo, como presidente de la República, sólo impartía directrices, no daba órdenes". Apenas ha reconocido haber firmado los documentos presentados por Montesinos, asociado en el delito con el jefe del Ejército, Nicolás de Bari Hermoza, según la acusación. Durante algunas de las vistas celebradas ha sido frecuente que Fujimori perdiera la memoria ante el fiscal.

Fiscal. ¿Se enteró usted de que una de las personas involucradas en los crímenes fue su asesor Vladimiro Montesinos?

Fujimori. No, no tenía conocimiento.

Fiscal. Usted leía el diario La república. Estaba informado.

Fujimori. No, la verdad es que no reparé en ese aspecto.

Fiscal. ¿No le dio ninguna importancia a esa información?

Fujimori. No reparé.

Fiscal. ¿Le mencionó su asesor Montesinos que el grupo Colina contaba con el apoyo de los principales jefes del ejército?

Fujimori. No, tampoco.

Los mecanismos judiciales y legislativos establecidos durante su mandato impidieron la investigación de los crímenes atribuidos al tridente Fujimori-Montesinos-Hermoza, y garantizaron la impunidad de los asesinos. El carpetazo fue definitivo con la ley de amnistía del 14 de junio de 1995, aprobada con nocturnidad por un Congreso sumisamente oficialista. Todos los oficiales policiales, soldados y civiles encausados fueron liberados. La ley prohibió la investigación de los delitos.

Mientras se somete a juicio esta negra historia en Lima, el ex presidente Fujimori bosteza a veces, se duerme profundamente o manifiesta desánimo, exaltación e histrionismo. A voz en cuello reclama el agradecimiento de la patria. "¡Yo recibí el país casi en colapso, agobiado por la inflación, el aislamiento financiero internacional y el terrorismo generalizado", grita. "¡Lo recibí desangrándose, con el 50% del territorio controlado por los terroristas! ¡Mi gobierno rescató los derechos humanos de 25 millones de peruanos!".

Los derechos humanos fueron una entelequia. El 25 de junio de 1991, con el Destacamento Colina aun en formación, Fujimori felicitó públicamente al grupo, al "equipo de análisis" como se le denominó inicialmente. No les aplaudió por "el análisis de documentación", sino "por lo que ellos venía preparando: la guerra sucia", según fuentes de la fiscalía peruana. Fue un mensaje al Ejército en el sentido de que se había tomado la decisión política de respaldar los macabros planes en preparación.

El juicio ha sido puntualmente seguido por la prensa peruana. En medios judiciales peruanos se espera un fallo probablemente condenatorio. "Pero cuando se trata de organizaciones ilegales, secretas, clandestinas, usted no puede exigir un vídeo, un audio, una filmación, del preciso momento en que ordena a Martín Rivas [jefe operativo del Grupo Colina]: 'Usted ingresa por el callejón, toma su fusil y...", agregan las fuentes consultadas. "No. Eso no es así, pero se le condenará". Lo esperan los deudos de las víctimas. Durante más de un decenio reclamaron, inútilmente, una justicia entonces inexistente.

18.4.08

Los problemas del hambre

Escribe
C. Barrios

La inseguridad alimentaria no sólo atenta contra el más fundamental de los derechos humanos, sino que también limita las posibilidades de participación social, económica y política de las personas.

Hace dos siglos Malthus pronosticó hambrunas como resultado de los inevitables desequilibrios entre el crecimiento geométrico de la población y el crecimiento aritmético de la producción de alimentos. Sin embargo, avances sin precedentes en la ciencia y la tecnología aplicadas a la agricultura han permitido que el incremento en la producción de alimentos haya superado ampliamente el crecimiento de una población que se duplicó entre 1960 y el 2000 y se cuadriplicó en el curso del siglo XX. Por ello, resulta incomprensible e inaceptable que, a pesar de que la producción agrícola global sea más que suficiente para alimentar al Planeta entero, hoy en día alrededor del 14% de la población mundial sufra de subnutrición.

Resulta paradójico hablar de hambre en un mundo que ha alcanzado niveles de riqueza extraordinarios. No obstante, los modelos de desarrollo predominantes durante las últimas décadas han favorecido no sólo el crecimiento y la generación de riqueza, sino también la agudización de las desigualdades. En la actualidad coexisten la riqueza y la abundancia en manos de pocos y la pobreza y el hambre en la vida de millones de seres humanos: mientras que el 10% de las personas más ricas, en su mayoría habitantes de los países de ingresos altos, acaparan el 54% de los ingresos mundiales o 600 personas en el mundo poseen un patrimonio personal mayor a 1.000 millones de dólares, mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, 854 millones de personas se acuestan todos los días con hambre y cada año seis millones de niños menores de cinco años mueren por causas relacionadas con el hambre.

La inseguridad alimentaria no sólo atenta contra uno de los derechos fundamentales del ser humano, que es el derecho a la alimentación, sino que también limita la participación social, económica y política. El hambre deteriora las capacidades físicas e intelectuales de los individuos, condiciona las posibilidades de educación y desarrollo de los niños y afecta a las capacidades productivas de millones de personas, provocando una disminución de la productividad, la producción y los ingresos. Por ello, reducir a la mitad la proporción de personas hambrientas constituye una de las dos metas del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio.

Las poblaciones rurales, de manera particular las mujeres, las minorías étnicas y las poblaciones indígenas de los países en desarrollo, se encuentran entre los habitantes más pobres, hambrientos y desprotegidos del mundo. De los 1.200 millones de personas que viven en condiciones de extrema pobreza, el 75% habita en las áreas rurales y la mayor parte depende directa o indirectamente de la agricultura para subsistir. De los 854 millones de personas que están desnutridas, 820 viven en los países en desarrollo y la mayoría de ellas son campesinos y campesinas. Cerca del 13% de la población de los países en desarrollo y los países en transición residen en zonas montañosas remotas, aisladas y ambientalmente frágiles.

Dado que la inseguridad alimentaria se concentra principalmente en las áreas rurales de los países en desarrollo es precisamente allí donde se ganará o perderá la batalla contra el hambre. No obstante, el sector rural y sus poblaciones se han visto continuamente discriminados, ya que las políticas gubernamentales, el gasto público y las inversiones, tanto públicas como privadas, han privilegiado históricamente el desarrollo urbano e industrial y más recientemente el sector de los servicios. A lo largo de los últimos veinte años, la asignación de recursos nacionales e internacionales a la agricultura y al desarrollo rural ha disminuido sustancialmente. Mientras que la participación de la agricultura en la asistencia oficial para el desarrollo se redujo entre 1979 y 2004 desde el 18% al 3,5%, su participación en el gasto público decayó del 11,3% al 6,7% de 1980 a 2002. La escasa prioridad concedida a la agricultura y a las poblaciones rurales por parte de las políticas y los programas de desarrollo puestos en marcha durante los últimos decenios en la mayoría de los países en desarrollo explica, en gran parte, la persistencia del hambre.

Según estimaciones de la FAO, en el año 2050 la agricultura deberá alimentar a nueve mil doscientos millones de personas, es decir, una población un 50% más numerosa que la de la actualidad. Contemporáneamente, la agricultura y la seguridad alimentaria se verán cada vez más afectadas por fenómenos como el cambio climático, la difusión de plagas y enfermedades, la profundización del proceso de globalización, la creciente demanda de bio-combustibles, el agotamiento de los recursos naturales, la escasez de agua y el cambio en la composición de la mano de obra agrícola debido a la acentuación de los procesos migratorios.

Algunas cosas están cambiando. Hay señales positivas que muestran que la agricultura ha comenzado a recuperar espacios dentro del panorama internacional, entre ellas el hecho de que el Banco Mundial haya dedicado su último Informe sobre el desarrollo a la agricultura. El Informe argumenta que ha llegado el momento de situar a la agricultura en el centro de las acciones orientadas al desarrollo. Otro signo alentador lo constituye el interés manifestado por los países africanos en la Declaración de Maputo del año 2003 de aumentar el gasto público dedicado a la agricultura del 6% al 10% del PIB. El reciente y marcado aumento de los precios de los alimentos tendrá un impacto negativo sobre los consumidores, pero puede traducirse en mejores condiciones de vida para los productores y ha generado el interés de la opinión pública por la agricultura. Es de esperar que la nueva toma de conciencia que se ha iniciado se manifieste en acciones concretas y que tanto los Estados como la comunidad internacional diseñen políticas y programas dotados de los recursos adecuados para invertir en la agricultura y en las economías rurales y para hacer frente a los nuevos desafíos mundiales basándose en los principios de justicia y de equidad de género y social. Las experiencias positivas de países como China, Vietnam, Tailandia, Brasil y Perú han demostrado que la voluntad política puede reducir significativamente el hambre y la pobreza, mejorando a su vez el desempeño de la economía global.

Según la FAO, para conseguir una reducción rápida, eficaz y sostenible de la pobreza y el hambre se requiere una estrategia doble. Por una parte, son necesarias medidas directas para mejorar el acceso a los alimentos de aquellas personas que se encuentran sumidas en una pobreza extrema y cuyas capacidades para producir y generar ingresos y para participar en el proceso de desarrollo se han visto menoscabadas. Al mismo tiempo, es necesario impulsar la promoción de un desarrollo agrícola y rural de base amplia y participativo, fundamentado en principios de equidad e inclusión, en el que se tengan en cuenta las necesidades, los intereses y las problemáticas diferenciadas de los hombres y las mujeres y se valoren y aprovechen los valiosos conocimientos tradicionales sobre las técnicas de producción y la biodiversidad.

La humanidad ha demostrado que todos los obstáculos para erradicar el hambre del Planeta pueden ser superados. Sin embargo, estamos lejos de alcanzar la meta fijada por La Cumbre Mundial de la Alimentación. Y aun si se alcanzara, no menos de 400 millones de personas seguirían yéndose a dormir cada noche con hambre.

La humanidad ha sido capaz de impulsar la ciencia, la tecnología y de generar los recursos necesarios para solucionar este problema, pero no tiene la voluntad política necesaria para desarrollar las soluciones en la práctica. Los artículos que se presentan en este número de Temas analizan la inseguridad alimentaria en relación a nuevos y viejos desafíos. Con ellos pretendemos propiciar la reflexión y abrir el debate sobre un problema mundial en el que cada uno de nosotros tiene un papel que jugar, un problema que a la luz de hoy resulta simplemente inaceptable.

(Publicado originalmente en Temas para el Debate, N° 161, Madrid, abril de 2008)

4.4.08

Armando Hart y el liberalismo latinoamericano

La Habana, 3 de abril. En América Latina no existe el neoliberalismo, porque nunca hubo liberalismo, sostiene Armando Hart Dávalos, uno de los líderes históricos de la Revolución Cubana, polemista y fundador de dos ministerios clave en la isla: Educación y Cultura.

Con 77 años de edad, unido a Fidel Castro desde antes del asalto al Cuartel Moncada (1953), Hart explica cómo llegaron las ideas socialistas a la generación cubana que encabezó la revolución el siglo pasado, en una secuencia que va de Bolívar a Martí, la Revolución Mexicana y su Constitución de 1917, Zapata, la revolución bolchevique, Mella, Sandino y Cárdenas.

“Todo eso influía mucho en nosotros”, dice a La Jornada el veterano ensayista, quien vuelve a México, después de seis años de ausencia, para presentar un fondo editorial sobre historia y pensamiento de Cuba y América Latina.

Hart dice que el liberalismo latinoamericano nació con la independencia de Haití, a finales del siglo XVIII, libertario y antiesclavista, pero Estados Unidos impidió su triunfo, mientras el liberalismo europeo surgió asociado a la propiedad privada, contra el orden feudal.

“Hay que rescatar el pensamiento liberal latinoamericano en oposición al liberalismo europeo”, señala Hart y cita a “tres figuras esenciales para la época en que estamos viviendo”: el mexicano Benito Juárez, el ecuatoriano Eloy Alfaro y el colombiano Eliécer Gaytán (quien cumplirá 60 años de muerto este 9 de abril, el día de la insurrección popular de 1948 conocida como El Bogotazo).

“Los tres eran figuras jurídicas”, añade el ahora director de la Oficina del Programa Martiano. “Tenían un pensamiento radical y al mismo tiempo consecuente, dentro de la ley”.

Con la herencia intelectual que tiene y la emergencia de gobiernos progresistas, “no hay una zona del mundo con mayor posibilidad para hacer una síntesis universal del pensamiento que América Latina”, considera Hart, protagonista en 1957 de una espectacular fuga de una prisión cubana.

Entre el 6 y el 12 de abril, Hart presentará en Monterrey y en Zacatecas el Proyecto Crónicas, de la Sociedad Cultural José Martí, que incluye una revista y cuatro volúmenes coeditados con Plaza y Valdés.

Líder operativo de la campaña de alfabetización de 1959, cuando era ministro de Educación, Hart dice que frente a la desviación estalinista que “deformó la expresión” marxismo-leninismo, se acoge a la vieja institución jurídica de aceptar la herencia “a beneficio de inventario” (es decir, sin asumir las deudas).

“Y el inventario –agrega el escritor– siempre lo hace un especialista, que puede ser Mariátegui, Gramsci, Mella, Rosa Luxemburgo, Fidel (...) Hacemos el inventario y entonces así asumo la herencia de Lenin”. En las conferencias, dice Hart, “procuro no decir marxismo-leninismo, sino pensamiento de Marx, de Engels, de Lenin y de todos los habidos y por haber.

“Para mí el socialismo es como una aspiración, es como el horizonte. A mí no me gusta decir: ha triunfado el socialismo. Ha triunfado la aspiración al socialismo. Porque el socialismo es mundial o no es socialismo. Hay que tenerlo como concepto, como aspiración. Y no hay nada más importante que una buena teoría.”

El nombramiento de Hart como ministro de Cultura en 1976 se considera aquí como el final simbólico del quinquenio gris, la primera mitad de los años 70, en la que rigió una política dogmática, homofóbica y represiva en el sector, aunque también es sabido que los efectos de esa línea se extendieron durante años.

El cambio de política, dice ahora Hart, se produjo porque “Martí decía que la justicia primero y el arte después. Yo dije: ha triunfado la justicia, adelante el arte. Me di cuenta que Fidel me había situado ahí para resolver los problemas y no para complicarlos. La clave de esa diferencia de política era comprender que la justicia es la primera categoría de la cultura”.

(La Jornada. México D.F, 04.04.08)