22.5.08

Las raíces intelectuales de la izquierda

Por Luis Muñoz Oliveira
Milenio Diario, México, 22/05/08

La izquierda perdió fuerza creativa y polémica cuando dejó de ser universitaria y se volvió legislativa, señala el escritor Héctor Aguilar Camín. En la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, en Ciudad de México, la gente charlaba mientras esperaba la presentación de Pensando en la izquierda, nuevo libro de Héctor Aguilar Camín. Martí Soler introdujo a Jesús Silva-Herzog Márquez y al autor: “No vienen a presentar sino a dialogar”.

Silva-Herzog agradeció: “Las presentaciones son espectáculos bastante incómodos pero si esta fuera una presentación tendría que decir que… celebro los argumentos, el tono del análisis que siendo severo es cordial, riguroso pero sin saña ni rabia. Para comenzar el diálogo diré que hay dos fechas clave para la izquierda actual mexicana: 1988, la toma priísta de la izquierda, y 1994, año en el que el EZLN se levantó contra el Estado”.

Héctor Aguilar Camín: Así es, 1988 es el momento en el que se fundó la izquierda con capacidad de ganar elecciones. Esta izquierda surgió de la mezcla resistente a la mezcla de un PRI desgarrado y las izquierdas legalizadas en 1978.

S-HM: Anthony Giddens escribió hace poco que hay que cruzar el eje “izquierda-derecha” con el eje “liberal-conservador”. Si hacemos esto con la izquierda mexicana nos topamos que es izquierda, pero también profundamente conservadora, “hay izquierdas que ven el futuro como propio, la mexicana lo ve con recelo, está anclada al pasado”.

AC: Y es que la izquierda de este país se olvidó del espíritu internacionalista que quería, por ejemplo, la universalización de los derechos, la izquierda mexicana ha perdido la dimensión de sentirse cómoda en el mundo, no tiene propuesta de futuro, tiene propuesta de resistencia, y se refugia en el nacionalismo y el estatismo.

S-HM: Al hablar de la izquierda te refieres a dos linajes: la izquierda revolucionaria y la utópica. Yo veo más una izquierda pragmática, la toma de tribuna no es la toma de palacio, es aprender que los actos de fuerza reditúan; en cambio, a los linajes que mencionas los veo muy disminuidos.

AC: Las izquierdas que nombro no tienen contingentes pero no son importantes por la cantidad de gente que las apoya sino por las pulsiones que representan. La izquierda mexicana se mueve entre la utopía y la revolución. No se van al monte a empuñar las armas, pero en su discurso siempre subyace la legitimidad de la violencia.

S-HM: ¿Pero no es esta una pulsión mexicana?

AC: Sí, pero gracias a ello embonan tan bien la izquierda revolucionaria y el nacionalismo. Es una pulsión constante. La otra es la utopía, nunca una reforma es suficiente, siempre hay una reforma que no se ha hecho. En mis épocas, cuando sugerías cambios graduales te decían “traidorefo", "traidor reformista”.

S-HM: Y la izquierda intelectual está en extinción.

AC: La izquierda perdió fuerza creativa y polémica cuando dejó de ser universitaria y se volvió legislativa. La izquierda con pasión por el debate y la teoría se perdió en la inmediatez, los intelectuales en el pragmatismo de izquierda pierden peso, no hay espacio para las ideas.

S-HM: Yo te propondría un capítulo: “la izquierda emocional”. Ahora se trata de inscribirse del lado correcto de la historia, los argumentos valen por quién los esgrime, no por su fuerza.

AC: La izquierda necesita volver a sus raíces intelectuales y reconocer que las sociedades que más se parecen a sus ideales son las capitalistas desarrolladas, donde la socialdemocracia moduló el capitalismo.

S-HM: Tu libro es una denuncia desesperada ante una izquierda sin ideas, pero creo que esta es una enfermedad nacional.

AC: Claro, pero es que hoy hablamos de la izquierda, si habláramos del PRI o del PAN encontraríamos “un desierto de ideas igual o peor”. La épica de la Revolución Mexicana se acabó y la democracia no tiene aquella fuerza. Nadie ha planteado algo que le de a la sociedad mexicana esperanza de futuro, es ahí donde la socialdemocracia tiene un gran espacio de crecimiento para construir un proyecto que le ofrezca al país un futuro deseable.

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