
Escribe
Abelardo Oquendo
Treinta años después de su prólogo a la edición de los 7 ensayos de José Carlos Mariátegui hecha por la Biblioteca Ayacucho en 1979, Aníbal Quijano precede la reedición de esa obra con un nuevo texto introductorio llamado a provocar un debate no menos fecundo que el de tres décadas atrás. La introducción de 1979 cuestionó las versiones ‘oficiales’ de la obra y la figura de JMC. Quijano implicaba allí que muchas de las ideas fundamentales de JMC continuaban incomprendidas o marginadas cuando no tergiversadas. Por eso su propuesta, enunciada desde el título: "Reencuentro y debate".
Efectivamente, Quijano lo abrió en torno a cuestiones que desde entonces centraron la discusión más seria sobre la obra mariateguiana. Gracias a él, en buena medida, esa obra se liberó de la vulgata marxista que la difamaba al proclamar su mariateguismo al tiempo que su adhesión al socialismo real. La discusión pudo, así, orientarse hacia la crítica del poder vigente. Treinta años después –dice Quijano– ese patrón de poder avanza hacia la formación de un bloque imperial mundial e induce "la desdemocratización y la desnacionalización del estado y de la sociedad (…) a escala planetaria". Esto por un lado, por el otro se trata del predominio definitivo de los niveles hipertecnologizados del Capital, en los cuales se reduce la necesidad y el interés de asalariar la fuerza de trabajo".
Es decir, el mundo de hoy tiene profundas diferencias con el de hace tres decenios; sin embargo, Quijano señala que en el pensamiento mariateguiano se encuentran elementos de una racionalidad alternativa. Y es desde aquí, desde este punto inadvertido por sus estudiosos, que plantea la pertinencia de ese pensamiento precursor en los debates de un aspecto hoy clave en el proceso de superación de la racionalidad eurocentrista.
Quijano encuentra en JCM indicios de una subversión epistémica y teórica que –afirma– "podría reconocerse como la fuente de producción de la idea latinoamericana de heterogeneidad histórico-cultural, como un modo históricamente constitutivo de toda existencia social, rompiendo de este modo con el dualismo radical del cartesianismo, que está en el origen del eurocentrismo (…) Y sin este nuevo punto de partida no podríamos explicar el nuevo debate teórico y político, dentro y fuera de América Latina, sobre el carácter y la historia del actual poder mundial." Un debate en el cual Quijano desempeña, según se sabe, un papel principal.
Efectivamente, Quijano lo abrió en torno a cuestiones que desde entonces centraron la discusión más seria sobre la obra mariateguiana. Gracias a él, en buena medida, esa obra se liberó de la vulgata marxista que la difamaba al proclamar su mariateguismo al tiempo que su adhesión al socialismo real. La discusión pudo, así, orientarse hacia la crítica del poder vigente. Treinta años después –dice Quijano– ese patrón de poder avanza hacia la formación de un bloque imperial mundial e induce "la desdemocratización y la desnacionalización del estado y de la sociedad (…) a escala planetaria". Esto por un lado, por el otro se trata del predominio definitivo de los niveles hipertecnologizados del Capital, en los cuales se reduce la necesidad y el interés de asalariar la fuerza de trabajo".
Es decir, el mundo de hoy tiene profundas diferencias con el de hace tres decenios; sin embargo, Quijano señala que en el pensamiento mariateguiano se encuentran elementos de una racionalidad alternativa. Y es desde aquí, desde este punto inadvertido por sus estudiosos, que plantea la pertinencia de ese pensamiento precursor en los debates de un aspecto hoy clave en el proceso de superación de la racionalidad eurocentrista.
Quijano encuentra en JCM indicios de una subversión epistémica y teórica que –afirma– "podría reconocerse como la fuente de producción de la idea latinoamericana de heterogeneidad histórico-cultural, como un modo históricamente constitutivo de toda existencia social, rompiendo de este modo con el dualismo radical del cartesianismo, que está en el origen del eurocentrismo (…) Y sin este nuevo punto de partida no podríamos explicar el nuevo debate teórico y político, dentro y fuera de América Latina, sobre el carácter y la historia del actual poder mundial." Un debate en el cual Quijano desempeña, según se sabe, un papel principal.
(De La República, Lima.16.03.08)
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