23.1.08

Recordando a Rosa Luxemburgo

Escribe
Antonio Zapata

En estos días se cumple un aniversario del asesinato de Rosa Luxemburgo, una importante lideresa revolucionaria que fue ultimada por tropas irregulares de la extrema derecha alemana en 1919. Ella fue una personalidad excepcional, que contribuyó a fundar el socialismo democrático y liberal. Por ejemplo, anticipó el curso que tomaría la revolución rusa, denunciando la amenaza de burocratismo y autoritarismo que conllevaba el poder bolchevique. En octubre de 1917, Lenin y sus camaradas habían tomado el poder en la vieja y atrasada Rusia zarista. Pero, durante 1918 disolvieron la Asamblea Constituyente y establecieron el sistema de partido único. Con esas reglas políticas, en diez años, la revolución rusa caería en manos de Stalin, quien ordenó purgas inmensas y el ajusticiamiento de toda la vieja guardia revolucionaria. Pero, cuando esos males comenzaban, la única que los vio y denunció fue Rosa Luxemburgo. Ella fue la primera crítica del comunismo en nombre de la libertad popular.

Joven judía polaca, había crecido y estudiado en Varsovia. Luego fue a la universidad en Zurich y se formó en economía política. En 1898 se instaló en Berlín, donde realizó una brillante carrera como dirigente del poderoso partido socialista alemán, fundado por el viejo Engels y que se había enrumbado por la ruta del parlamentarismo. Era una mente creativa y talentosa oradora. Intentó combinar la organización obrera propia del socialismo alemán con las ideas libertarias que tenían su origen en el anarquismo. Pronto fue arrinconada por la dirección del PS que la relegó a tareas de educación y le quitó capacidad de decisión política. Opuesta a la Primera Guerra Mundial fue arrestada y acusada de traición a la nación germánica. Formó una tendencia revolucionaria dentro del viejo PS denominada espartaquista, en recuerdo de Espartaco, el esclavo romano que había conducido la gran revuelta contra el sistema esclavista de la antigüedad clásica. Fue liberada recién en noviembre de 1918, apenas dos meses antes de ser asesinada, en medio de la gran crisis que siguió a la derrota del Káiser en la Primera Guerra Mundial.

Mujer en una Europa donde sólo los hombres se ocupaban de la cosa pública, polaca en tierras germanas, Rosa Luxemburgo supo estar en contra del sentido común. Por ello fue libertaria en un mundo que amaba la organización, el funcionamiento de la maquinaria partidaria que asemejaba el trabajo de los obreros en la fábrica. Ella había discrepado de Lenin y sus escritos desde tiempo antes de la revolución rusa. Le parecía demasiado autoritario, muy centralista, emparentado con los conspiradores amantes del golpe de estado, pero no de la revolución fruto de la conciencia popular. Rosa quería convencer, ganar adeptos gracias a la madurez del programa socialista y la entereza moral de sus líderes.

En un breve libro escrito hace casi 90 años anticipó la censura de prensa que vendría tras el triunfo bolchevique, la dictadura del partido único, el terror en masa y hasta los campos de concentración. En oposición a ese curso, Rosa Luxemburgo concibió el socialismo como prolongación de la democracia. Es decir, luchaba por una radicalización social de las libertades políticas. Ya que gobernaban las mayorías a través de las urnas, pues que las mayorías también impongan su voz en el reparto de la riqueza.

Su muerte como heroína le permitió intervenir en el imaginario político colaborando con una tradición: la del socialismo democrático. Esta propuesta no tuvo un destino masivo durante el siglo XX, dominado por los grandes totalitarismos: el comunista y el fascista. Pero, al final del siglo, el inesperado triunfo de la democracia parlamentaria le ha devuelto actualidad a su actitud básica. ¿Es ella un anticipo del caviar? Difícil, porque en el caviar prototípico hay una sumisión al poder social del dinero. El caviar ama el fasto, por ello recibe ese nombre. El caviar peruano, que es objeto de reflexión de la última edición peruana de Le Monde Diplomatique, es un ser muy mundano que circula intensamente en fiestas e inauguraciones. Es en ese espacio que realiza su práctica política. Mientras que, por el contrario, el campo abierto por Rosa Luxemburgo es la democracia radical, una tradición revolucionaria que propugna la libertad irrestricta como camino de la justicia social.

(Publicado originalmente en La República, Lima, 23 de enero de 2008)

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