30.9.07

Los treinta años de las Abuelas de Plaza de Mayo

La lucha por recuperar los chicos secuestrados por la dictadura o nacidos en cautiverio, que fueron apropiados por los mismos represores, cumple tres décadas. Una historia y muchos relatos de una experiencia terrible, dolorosa y llena de esperanza, tal como puede leerse en este interesante artículo que hoy ha aparecido en el diario argentino Página/ 12.

Escribe
Victoria Ginzberg

Paula Eva Logares fue apropiada por un represor que la anotó como hija propia e hizo figurar en su documento que tenía dos años menos de los reales. Las Abuelas de Plaza de Mayo la localizaron cuando tenía siete años, pero su físico y su madurez eran más parecidos al de una nena de cinco. Había sufrido una retracción en el desarrollo por el trauma causado cuando la separaron de sus padres. Después de que recuperó su identidad, creció hasta alcanzar a los niños de su edad. “Al principio, hasta nosotras nos preguntábamos si estábamos haciendo bien al pedir que los niños desaparecidos volvieran con sus familias. La reacción de los chicos fue la respuesta”, dice Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. En los últimos treinta años, la institución buscó a los niños secuestrados durante la dictadura o nacidos en cautiverio. Muchos de aquellos bebés que hoy rondan los treinta años tocan ahora la puerta de la casa de las Abuelas para buscar su historia.

Treinta años son muchos días de espera. Muchos días de búsqueda. Muchas miradas atentas para reconocer un gesto familiar, unos ojos que reflejen otros. Hace treinta años nacían las Abuelas de Plaza de Mayo. Fue un parto largo. Fue darse cuenta de que los militares de la última dictadura no sólo se habían llevado a sus hijos y sus hijas: también se habían quedado con sus nietos. Desde 1977 hasta hoy, las Abuelas recuperaron la identidad de 88 chicos, pero más de 400 jóvenes siguen desaparecidos. “Cada caso es un triunfo de la verdad sobre la mentira. Nos faltan muchos nietos. Nos faltan la verdad y la justicia plenas, pero mientras caminamos cada vez falta menos”, asegura Carlotto.

Las Abuelas representan, tal vez, la herida más abierta que dejó la dictadura. Los familiares de desaparecidos nunca se resignaron a la ausencia. Pero con los años, y sin ceder en el reclamo de saber qué ocurrió con ellos y que sus asesinos vayan a prisión, dejaron de esperar que sus seres queridos regresaran. Los secuestros de embarazadas o de niños pequeños implicaban la posibilidad –con los años cada vez más cierta– de que los chicos estuvieran vivos. Y generaban en sus familias la impotencia de saber que estaban creciendo sin conocer su historia, con un nombre falso y al lado de una persona que podía estar involucrada en el asesinato de sus padres.

La agrupación se gestó en La Plata, en los encuentros entre Licha de la Cuadra y Chicha Mariani, las primeras presidentas de la institución. Salió a la luz con la visita del entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Cyrus Vance. Allí fueron las mujeres a manifestarse junto con las Madres de Plaza de Mayo y llevaron carpetas en las que relataban las historias de sus nietos secuestrados o nacidos en cautiverio.

Durante la dictadura, el mayor reto fue conseguir información y comenzar a organizarse. “Al principio creíamos que nos iban a devolver a los chicos. Muchas preparamos un ajuar o dejamos de trabajar con la idea de que íbamos a dedicarnos a criarlos. Hubo que asumir riesgos y anteponer el amor y la necesidad de encontrara a los hijos y nietos. Sabíamos que buscarlos era peligroso pero era un mandato del corazón. Lo bueno fue hacerlo juntas, darnos la mano”, dice Carlotto.

Juntas recorrieron juzgados, iglesias, hospitales, institutos de menores y despachos militares. En Europa y Brasil, donde viajaron para denunciar al terrorismo de Estado, recibieron los primeros testimonios sobre los partos clandestinos. Sobre mujeres –sus hijas, sus nueras– que habían dado a luz encadenadas y con los ojos vendados, que eran separadas de sus bebés recién nacidos y luego “trasladadas”, es decir, asesinadas. La suma de relatos de sobrevivientes de los diferentes centros clandestinos permitió que se dejara de hablar de casos “aislados” y se desentrañara el plan sistemático para apropiarse de los hijos de desaparecidos.

Mientras los militares se mantenían en el poder las Abuelas se reunían en confiterías, simulaban festejar un cumpleaños y se pasaban papelitos por abajo de la mesa. Eran tiempos de esperar escondidas a la salida de los colegios para ver la cara de un niño o niña que, según una denuncia acercada con total discreción, podía ser un nieto o nieta buscado.

El 1º de agosto de 1979, la organización brasileña Clamor localizó en Valparaíso, Chile, a Anatole Boris y Eva Lucía Julien Grisonas. Los había adoptado un dentista. Estaban desaparecidos desde el 26 de septiembre de 1976, cuando fueron secuestrados con sus padres en San Martín, provincia de Buenos Aires, donde estaban exiliados a causa de la dictadura que había en su país, Uruguay. En marzo de 1980 las Abuelas lograron la primera conquista propia: la identificación de Tatiana Ruarte Britos y Laura Malena (Mara) Jotar Britos. Las hermanas habían sido adoptadas por Carlos e Inés Sfiligoy, que contribuyeron a que recuperaran su identidad y se reencontraran con su familia. Las niñas siguieron viviendo con ellos y aún hoy llevan el apellido Sfiligoy (ver aparte).

La llegada de la democracia no allanó el camino de las Abuelas. “Pensábamos que el Estado se iba a hacer cargo de recomponer la situación y que nosotras íbamos a ser colaboradoras indirectas. Fuimos de una ingenuidad muy grande. Y finalmente nos dimos cuenta de que teníamos que seguir siendo las actoras principales en la búsqueda”, recuerda Carlotto. Encontraron en la ciencia su gran aliada, ya que lograron que se elaborara “el índice de abuelidad”, que permitía establecer con una muestra de sangre la pertenencia de los niños a un grupo familiar aun cuando faltaran los padres. Luego, el ADN facilitó las cosas. En cambio, tuvieron que padecer campañas mediáticas que sostenían que era mejor no remover el pasado ya que si bien las desapariciones habían sido “lamentables”, no había por qué “sacar” a los niños de sus “nuevas familias”.

A pesar de que el escenario no era el que imaginaban, las Abuelas siguieron con su trabajo hormiga. Paula Eva Logares fue la primera niña recuperada en democracia y el primer caso en que se usó el análisis de sangre para lograr la identificación. Había sido secuestrada con sus padres, Claudio Logares y Mónica Grispon, el 18 de mayo de 1978 en Montevideo, Uruguay, cuando tenía 23 meses. Y había sido anotada como hija propia por el represor Rubén Lavallén y su mujer. En 1986 se localizó a Elena Gallinari Abinet, la primera niña nacida en cautiverio, que estaba en manos de un subcomisario de la policía de la provincia de Buenos Aires. Para su 20º aniversario, las Abuelas organizaron un recital de rock y colgaron en la Plaza de Mayo un enorme cartel con la leyenda “¿Vos sabés quién sos?”. Fue el inicio del acercamiento a los chicos que podrían ser sus nietos desde otro lado. Hijos e hijas de desaparecidos que buscaban a sus hermanos o jóvenes que ya habían sido restituidos se habían sumado al trabajo activo del organismo de derechos humanos. Las Abuelas entendieron que ya no debían rastrear a niños, sino que su búsqueda debía orientarse a adolescentes y adultos. Se propusieron interpelarlos directamente. De hecho, hicieron que una generación entera se preguntara por su historia.

A fines de la década del ’90, la satisfacción de ver a los primeros jóvenes que se acercaban solos a la institución fue seguida por otra alegría: el regreso a prisión de los dictadores Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera y otros represores acusados de ser los responsables del plan sistemático para robar a los hijos de desaparecidos y convertirlos en parte del “botín de guerra”. Si los tiempos judiciales no vuelven a dilatarse, el año próximo el caso se ventilará en un juicio oral y público.

La Abuelas provocaron, a fuerza de necesidad, el avance de la ciencia en la identificación de personas, la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, la incorporación del Derecho a la Identidad en la Convención Internacional del Derecho del Niño aprobada por las Naciones Unidas y la formación de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.

Hoy, los años de soledad pasaron. Deportistas, escritores, dibujantes, músicos, plásticos, actores, periodistas, colaboraron con concursos literarios, festivales de música, confección de afiches, obras de teatro y películas, videos y campañas publicitarias en apoyo de Abuelas. El año pasado, la telenovela Montecristo llevó una historia de apropiación a miles de hogares de todo el país en horario central. Pero cada “caso”, como cada biografía, sigue siendo único. Todavía hay más de 400 historias inconclusas. Las más difíciles de completar son aquellas en las que militares o miembros de las fuerzas de seguridad se quedaron con los niños y los criaron como hijos propios. Por eso las Abuelas piden que el examen genético sea obligatorio cuando haya sospechas fundadas de que un nieto o nieta está cerca. Por eso buscan vías alternativas al pinchazo, como la recolección de ADN en cepillos de dientes o restos de pelos en toallas y sábanas.

La reacción de los chicos –hoy jóvenes adultos– que recuperan su identidad sigue siendo el motor central de las Abuelas. “Me di cuenta de que inconscientemente tenía un peso que no percibía. Ahora me siento más completa, más tranquila. Ahora no soy parte de una mentira”, le dijo en una entrevista a Página/12 Claudia Poblete en 2004. “No existe verdadero hombre sin verdadera identidad”, aseguró Horacio Pietragala en la conferencia de prensa en que se anunció su reencuentro. “La mentira pesa y si alguien te quiere, te quiere ver feliz, y para ser feliz uno tiene que saber quién es”, aseguró Victoria Donda en un reportaje en este diario. Dos meses después de conocer su historia Juan Cabandié habló en el acto que se realizó el 24 de marzo de 2003 en la ESMA. Allí definió: “La verdad es la libertad absoluta”.

27.9.07

Por la memoria y la justicia


El pasado 23 de setiembre, los peruanos y peruanas recibimos consternados la noticia que daba cuenta de la bárbara agresión cometida en contra del memorial “El Ojo que llora”, obra construida en honor a las víctimas del conflicto armado interno que vivió nuestro país entre los años 1980 y 2000. Creemos que este hecho debe ser condenado enérgicamente, por ello, los invocamos a sumarse a esta campaña de firmas por MEMORIA y por JUSTICIA.
¡Apoya con tu firma!

Atentado contra el memorial dedicado a
las víctimas de la violencia El Ojo que Llora

El día domingo 23 de septiembre, se produjo un ataque al memorial dedicado a las víctimas de la violencia, llamado El Ojo que Llora. Los atacantes, cuya identidad es hasta ahora desconocida, agredieron e inmovilizaron al vigilante que ahí se encontraba, después de lo cual destruyeron una parte fundamental de la piedra central y la cubrieron casi enteramente con pintura de color naranja; a la vez, sacaron de su sitio muchas piedras con los nombres de las víctimas, rompieron parte de ellas y marcaron el laberinto que es parte del monumento con grandes huellas de pintura de color naranja.

Las circunstancias que rodean a este imperdonable acto de vandalismo sugieren que los autores de la agresión han sido seguidores de Alberto Fujimori, quien acaba de ser extraditado al Perú para que enfrente juicios por los graves crímenes que se le imputan. Refuerza esta suposición el hecho de que, desde que se dio la noticia de la extradición, se han registrado algunos conatos de violencia en distintos lugares de la capital, incluyendo una incursión en el Palacio de Justicia.

Sin embargo, no se puede descartar que el ataque al memorial haya sido realizado por otros sectores que ya en varias oportunidades han dado muestras de su intolerancia y de su incomodidad frente a cualquier expresión de respeto a la memoria de quienes perdieron la vida durante el periodo de violencia que afectó al país entre 1980 y 2000.

Los suscritos expresamos nuestra más firme condena a este acto que constituye, en primer lugar, un agravio más a los peruanos fallecidos durante la violencia y que, además, es una muestra flagrante del espíritu autoritario de quienes se oponen a todo paso hacia la construcción de una verdadera paz con justicia en el Perú.

Este acto constituye además un atentado contra el patrimonio monumental de la capital y pone de manifiesto la baja comprensión que sus perpetradores tienen del valor de las manifestaciones artísticas como elementos indispensables de nuestro espacio público.

Exigimos a las autoridades el inmediato esclarecimiento de estos hechos y la aplicación de la ley a quienes pretenden imponer por la fuerza sus ideas antidemocráticas y despectivas del respeto a la vida humana. Al mismo tiempo, expresamos nuestro renovado respaldo a quienes hoy día luchan por construir una memoria incluyente y respetuosa de las víctimas de la violencia.
Francisco Soberón
Miguel Jugo
Gloria Cano
Rosario Narváez
Liliana Panizo
Lucy Chávez
Sandra Mendoza
Patricia Quiroz
Juan Carlos Palomino
Susana Velásquez
Christian Huaylinos
Esperanza Roncal
Manuela Montes
Sofía Jiménez
Diana Rebaza
Paulina Quispe
Elmer Espinoza
Gianella Sánchez
Maite Cortez
Carlos Ramírez
Oscar Sánchez
Julio de Olarte
Katya Pinedo
Rocío Peñafiel
Raquel Palomino
Wilfredo Ardito
Lenin Cárdenas
Julio Merino
Ana Correa
Débora Correa
Rebeca Ralli
Miguel Rubio
Augusto Casafranca
Socorro Naveda

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24.9.07

Seminario sobre la película "Svarta Nejlikan"


INSTITUTO CERVANTES/ DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL, PORTUGUES Y ESTUDIOS LATINOAMERICANOS DE LA UNIVERSIDAD DE ESTOCOLMO

Presentan:

Den svenske ambassadören Harald Edelstams roll efter statskuppen i Chile 1973

Fernando Camacho Padilla
Lärare vid Institutionen för spanska, portugisiska och latinamerikastudier (Stockholms universitet)

Med anledning av premiären av Svarta Nejlikan, en film av Ulf Hultberg, organiseras ett seminarium som har för avsikt att belysa den situation och de händelser som den svenske diplomaten Harald Edelstam omgavs av och genomlevde efter statskuppen i Chile 1973. Seminariet är baserat på vittnesmål från denna periods huvudaktörer, samt på relevanta dokument från diverse arkiv. Harald Edelstam räddade livet på hundratals förföljda chilenare genom att erbjuda dessa diplomatisk asyl. Detta bidrog till att Edelstam förklarades som ”icke önskvärd” av militärjuntan i december 1973 och var tvungen att lämna landet. Det svenska åtagandet och engagemanget vad det gäller de mänskliga rättigheterna i Chile upprätthölls trots det under alla år som diktaturen varade.

Vid seminarietillfället kommer det visas fotografier från denna period, samt av huvudaktörerna från densamma. Utöver detta kommer personer som hade en nära relation till Edelstam under hans vistelse i Chile att närvara, bland andra svenska diplomater och exilerade chilenska politiker. Några av dessa är Pierre Schori, Carl-Johan Groth, Sonja Martinsson, Martin Wilkens, Håkan Wilkens, Henrik Janbell, Rolf Bengtsson, Jorge Godoy och Germán Perotti, vilka kommer att dela med sig av sina minnen från denna tid.

Efter konferensen kommer att serveras av ett glas vin.


Plats: Instituto Cervantes
Adress: Bryggargatan 12A. Stockholm
Datum: Torsdag den 27 september 2007 kl. 18.
Språk: spanska med svensk översättning

För information vänligen kontakta Fernando Camacho: camacho_f@lai.su.se

22.9.07

Pronunciamiento público de la CNDDHH sobre la extradición de Alberto Fujimori


La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) expresa su satisfacción por la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Chile que concede la extradición de Alberto Fujimori Fujimori para casos de graves violaciones de derechos humanos y actos de corrupción.

En particular, la resolución favorable del tribunal chileno en los casos "Barrios Altos", "La Cantuta" por los delitos de Homicidio Calificado-Asesinato y Lesiones Graves -adoptada por unanimidad-, y "Sótano SIE" por Secuestro constituye un trascendental precedente para la lucha contra la impunidad en el mundo y contra las vulneraciones de derechos fundamentales en la región.

La sentencia reconoce la existencia de argumentos sólidos para sustentar que Alberto Fujimori fue el líder de una organización delictiva que, desde el gobierno, pervirtió el combate contra la subversión y el sistema político, y extendió una red de corrupción que atravesó las instituciones democráticas y alcanzó a toda la sociedad peruana.

La CNDDHH formula una invocación al Poder Judicial peruano para que su actuación en los procesos que se desarrollarán contra Fujimori permita alcanzar justicia y se ajuste a nuestros compromisos internacionales en materia de derechos humanos, y al ordenamiento jurídico, constitucional y legal.

Resulta urgente que se adopte las medidas necesarias para asegurar que Alberto Fujimori sea internado en un centro de detención acorde con la gravedad de los delitos imputados y sus antecedentes como prófugo de la justicia peruana, sin desmedro de las garantías necesarias para un efectivo procesamiento.

Lima, 21 de septiembre de 2007
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos


19.9.07

Cine peruano en Uppsala


Mänskliga rättigheter - rättigheter för alla!

Den väpnade konflikten son Peru genomled under åttio och nittiotalet kostade uppemot 70.000 människoliv enligt landets sannings- och försoningskommissions slutrapport. Konflikten fick också långtgående konsekvenser för den civila organiseringen i landet.

Lördagen den 22 september arrangerar Peru- kommittén för Mänskliga Rättigheter filmvisning på Uppsala Bokcafé för att uppmärksamma denna konflikt och hur den påverkade de mänskliga rättigheterna i landet.

Visas görs:
Dias de Santiago – En av de mest prisbelönta peruanska filmerna under senare år.
Samt
Paloma de Papel –om ungdomar i den väpnade konflikten.

Tid: 16-22
Plats: Uppsala Bokcafé, Kungsgatan 41

Filmerna kan upplevas som våldsamma och rekommenderas därför inte för barn under 16år, lekhörna för mindre barn kommer att anordnas i anslutning till filmvisningen.

För information kontakta: jesper.wiklund@pol.uppsala.se
eller per telefon: 0708-257692

17.9.07

Gala artística cultural "De Pueblo a Pueblo"


CAMPAÑA:
“Apoyo directo a los damnificados por el terremoto en el Perú”
Fecha: viernes 21 de septiembre de 2007
Hora: de 18:30 a 20:30 horas
Lugar: ABF (sala 2), Sveavägen 41 - (T) Rådmansgatan (línea verde)
Entrada: 60 kr. adultos y 30 kr. niños

Programa cultural:
GRUPOS DE BAILE: -HIJOS DEL SOL -ANTAWARA -INKA PERU -NUEVO PERÚ GRUPOS DE CANTO: -CORAZÓN ANDINO -LUIS DANERI -BEATRIZ PIÑEDA -MERCEDES FLORES -ROMANCEROS DE AMÉRICA -PA'JARANEAR POESÍA: - DAVIS SALGUERO - NELSON MONSALVE - CARLOS ALBERTO MUÑOZ - RAÚL-ERNESTO DE LA TIERRA

RIFA: SE RIFARÁ UN CUADRO DEL PINTOR LUIS DEZA

CONTINÚA LA RIFA DE UN PASAJE A LATINOAMÉRICA O SU EQUIVALENTE EN 8.000 KR. (al haberse postergado para el Sábado 27-Octubre siguen las opciones de sacarse el pasaje)
Los ingresos económicos recaudados serán íntegramente destinados para apoyar a las zonas populares más necesitadas de los Departamentos de Ica y Huancavelica!

Tambien puedes hacer una donación en efectivo en el Nordea Bank a la cuenta “De Pueblo a Pueblo”- Nro. 3206 2149 654

Organiza : Red de Solidaridad "De Pueblo a Pueblo"
Comisión Coordinadora de solidaridad con los damnificados por el terremoto en Perú
Silvia Leiva - Carmen Blanco V. - Gustavo Ríos - José Collazos - Isabel Arias - Oliver López
Contacto directo a través de: reddepuebloapueblo@hotmail.com
O a los telefonos: 08-760 12 43; 073-683 80 96; 018-400 589; 070-723 63 21; 073-585 93 42; 070-448 44 16

15.9.07

La Vida de Harald Edelstam


La coproducción cinematográfica sueca-danesa-mexicana El Clavel Negro filmada en Chile y interpretada por Michael Nyqvist y Kate del Castillo, fue dirigida por Ulf Hultberg y producida por Åsa Faringer.

El legendario Embajador Sueco en Santiago de Chile durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, salvó muchas vidas y su nombre quedará grabado, para siempre, como ejemplo de diplomacia comprometida, coraje civil, y hombría de bien.

Harald Edelstam no fue un burócrata más: al contrario, se jugo su carera por la defensa de los Derechos Humanos. La vida de este héroe olvidado de Suecia se presenta ahora en el largo metraje El Clavel Negro ( Svarta Nejlikan).

Ambientada en los lugares reales cuenta la historia de los días trágicos del golpe militar en Chile, en septiembre de 1973. Harald Edelstam era entonces Embajador Sueco en Santiago. Harald fue el primero en criticar los crímenes atroces de la dictadura pinochetista y rescató de la tortura y la muerte a más de mil personas. Fue declarado Persona non grata por el régimen chileno. Es considerado un héroe de los Derechos Humanos tanto por Amnesty Internacional como muchos gobiernos Latinoamericanos. En Suecia, lamentablemente, es una figura olvidada.

Dirijido por Ulf Hultberg y producido por Åsa Faringer, el film es el resultado de la cooperación entre Suecia, Dinamarca, México y Chile.


14.9.07

Hacia una historia de las izquierdas argentinas

ENTREVISTA CON
HORACIO TARCUS

Horacio Tarcus, director del Centro de Investigación y Documenta­ción de la Cultura de Izquierdas, de la ciudad de Buenos Aires, acaba de publicar dos trabajos capitales para la historia de la izquierda en la Argentina. Por un lado, un diccionario biográfico que se remonta a 1870 y que dará que hablar tanto por sus exclusiones como por sus hallazgos. Por otro, una investigación sobre la recepción de Marx en la Argentina desde un temprano 1871. El punto de contacto entre ambos libros es el belga Raymond Wilmart, enviado por Marx a Buenos Aires para controlar la presencia anarquista en la sección lo­cal de la Internacional, y en cuyas cartas, inéditas hasta ahora en castellano, Wilmart expone los motivos por los que cree imposible un destino marxista para este país. Bajo una simbólica nevisca, Tarcus habló con la periodista María Moreno, del diario Página/12, de estos monumentales trabajos que recorren casi 150 años de historia argen­tina. Dicha entrevista fue publicada el 15 de julio de 2007 en el su­plemento Radar de este importante diario argentino.

Detrás de los cristales, los copos de nieve caían sobre la calle Sarandí. No eran consistentes, pero bastaban para que Horacio Tarcus se riera de los grandes libretos de la historia menuda. El estaba hablando de la publicación de su Diccionario Biográfico de la Izquierda Argentina, de los anarquistas a la “nueva izquierda”, 1870-1976, que publicará Emecé en los próximos días, y su barrio hacía una copia tímida de San Petersburgo. En la cercana avenida Rivadavia más de uno intentaba recordar la letra de Ferradás Campos, ésa donde los lobos aúllan de hambre y Olga no vuelve. Y Tarcus traducía en voz alta una carta a Carlos Marx escrita por su enviado en la Argentina, el belga Raymond Wilmart, y que es la estrella de otro de sus libros que saldrá próximamente editado por Siglo XXI (Marx en la Argentina), porque él, di­rector del Centro de Investigación y Documentación de la Cultura de Iz­quierdas en la Argentina (Cedinci), es hombre de revistas, de archivos y de diccionarios para registrar lo que según se mire es tiempo pasado o herencia a interrogar.

“En Marx en la Argentina yo intento retomar el proyecto de José Aricó de estudiar la recepción de Marx en nuestro país. El la dejó establecida en sus trazos más generales, pero la muerte le impidió ir más allá. A mí me dejó muchas preguntas... ¿Por qué se recepciona a Marx tan tempranamente? ¿Es un mito que la Argentina recepciona las ideas europeas casi en simultanei­dad? Las primeras referencias a Marx aparecen en el diario La Nación en 1871. Con la Comuna de París, su nombre empieza a figurar regularmente. A principios de 1872 aparece la primera biografía de Marx, también en La Na­ción y, a su muerte, en 1883, una reseña elogiosa escrita por el cubano José Martí. Y simultáneamente empiezan a aparecer los primeros grupos socia­listas que se dicen marxistas, los folletos de La Internacional y los primeros fascículos de El Capital. Mi idea fue rastrear cómo llegó Marx a la Argentina, a través de qué vías, qué traducciones, qué debates, qué políticas de adapta­ción, recreación, reelaboración y no solamente por parte de los marxistas sino de todo el espectro de los posibles receptores. Tomé un período: desde 1871, que es la primera vez en que veo mencionado el nombre de Marx en un medio gráfico, hasta 1910.”

Tarcus dice que su trabajo de recopilación comenzó con unas cuantas biografías de izquierdistas argentinos destinadas a integrar un diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas del francés Robert Paris.

–El quería hacer un diccionario a la manera de los grandes diccionarios del Movimiento Obrero Europeo, que son diccionarios totales en el sentido fuerte del término: cualquier personaje que aparezca referido en un libro de historia o en una entrevista oral existió y tenés que rastrear algún dato bio­gráfico, algo que requiere de financiación y de un equipo muy grande. El gran referente para todos nosotros que es el Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français de Jean Maitron, de 100 mil entradas, se pudo hacer en el contexto de la posguerra y en parte por la gran voluntad prome­teica de Maitron, que se encontró con cientos de investigadores dispuestos a trabajar gratis, ya que no tenían que desviarse de su propio tema. Gente que podía producir treinta, cuarenta, cincuenta biografías de militantes de su provincia. Cuando Maitron estaba armando su proyecto, existía un movi­miento obrero potente con una agenda política, con peso social, político y cultural.

El proyecto de París se frustró porque, como en Europa hay modas cien­tíficas e intelectuales, el movimiento obrero entró en un reflujo y dejó de tener interés académico y editorial. Además, muchos de los exiliados con los que trabajaba se volvieron a sus países de origen.

-Pero eso parece mucho menos azaroso que un síntoma. Hay un contexto de de­rrota de las izquierdas en Latinoamérica. Tu diccionario puede ser un epitafio o una apuesta.

–Mi posición es que, aceptando que hay un cierre histórico –para mí, el comunismo, el anarquismo, el trotskismo, el maoísmo, son un ciclo cerrado, porque las condiciones que permitieron que fueran grupos activos, militan­tes y con fuertes mitos colectivos capaces de alimentar los diferentes pensa­mientos, desaparecieron y hoy estamos en los albores de un nuevo pensa­miento de izquierda y de nuevos movimientos que todavía no constituyen un paradigma como podría haber sido el marxismo a fines del siglo XIX–, me preocupa encontrar el modo en que la crítica y los relatos históricos acerca del pasado se mantengan como una memoria viva de aquel momento histórico en el presente.

-¿Y cómo te ubicás vos en ese espacio?

–Yo me veo en un lugar de bisagra, lo que significa que para algunos ortodoxos puedo aparecer como demasiado posmoderno o demasiado anti­guo como posmoderno, el historiador de las clases subalternas del siglo XX. Es decir, entiendo las razones de la militancia presente y la necesidad de establecer un corte, pero al mismo tiempo pienso en la necesidad de hacer un balance con beneficio de inventario. No creo que de las experiencias del comunismo, del socialismo, del anarquismo, sea necesario hacer borrón y cuenta nueva. Hay vidas que nos conmueven, nos ayudan a pensar y que permiten alumbrar pensamientos del presente, al mismo tiempo que son callejones sin salida, aporías que se corre el riesgo de repetir.

El departamento de Tarcus es muy socialismo siglo XIX, con sus empapela­dos discretos, sus máscaras indígenas –Trotski debía tener unas parecidas– y el lujo concentrado en libros de pared a pared. El mismo parece una cita, con sus anteojos de aro fino y su barba moderada.

Si se sospecha que su diccionario puede ser parcial, hay que reconocer que hizo cálculos que apuntaban a un cierto equilibrio, dando cuenta de “una treintena de biografías de precursores del siglo XIX, ciento veinte anar­quistas, ciento veinte socialistas, una decena de sindicalistas revolucionarios, más un centenar de comunistas, cuarenta trotskistas, diez maoístas, treinta guevaristas y cincuenta peronistas de izquierda”. Y antes de que salten las feministas: “Cuarenta y dos biografías de mujeres, siete anarquistas, una de la corriente sindicalista, once socialistas, siete comunistas, tres trotskistas, cinco guevaristas, cinco peronistas, una psicoanalista independiente vincu­lada con la nueva izquierda, una feminista librepensadora y una sufragista simpatizante del socialismo”.

En la introducción, Tarcus describe la satisfacción de haber reconstruido vidas militantes a partir de los folletos y documentos que denuncian a los “agentes del desorden público”, de volver los archivos policiales a favor de sus perseguidos.

–La memoria de la izquierda es demasiado angosta, demasiado acotada, fuera de media docena de figuras canónicas. Están los 30 mil desaparecidos y personajes como Rodolfo Walsh o John William Cooke, que utilizan los estudiantes universitarios para nombrar a sus agrupaciones. ¿Por qué fraca­só el proyecto revolucionario de las izquierdas, pero también el civilizatorio –en los movimientos armados de los ’70 estaba muy desdibujada–, el de la cultura anarquista, la socialista, el comunismo como cultura alternativa y de la que se nutrieron los combatientes armados a través de revistas, editoria­les, todo un espacio cultural? ¿Es posible refundarlo? ¿Es en vano? ¿O se pueden recuperar conceptos, momentos de aquella cultura, esfuerzos mili­tantes? ¿Es un ciclo completamente cerrado? Yo no lo puedo saber. Si bien hay un cierre y no va a haber ya estos mismos ismos, va a haber otros que se van a nutrir de los del siglo XX. Quería además recuperar la idea del itinera­rio, más allá del enunciado de que alguien participó en tal huelga o estuvo en tal congreso, si fue anarquista y después se hizo socialista. Es decir, no quería hacer una recopilación de datos sino –en el armado discursivo de las biografías, en la medida en que el género lo permite– recuperar un cierto dramatismo de la vida militante.

-Para incluir a ciertos personajes de Montoneros, por ejemplo, era complejo deci­dir un criterio de inclusión o no de los que se definieron en conflicto explícito con la izquierda o con origen nacionalista católico, pero que fueron hacia la izquierda. Pero, ¿y un Galimberti?

–Nuestra historia tiene este tipo de tensiones y el peronismo, como ano­malía entre comillas, nos coloca fuera de los parámetros tradicionales. Mi idea fue incluir en el diccionario todo el espectro político que iba del anar­quismo a la nueva izquierda y dentro de la nueva izquierda, al nacionalismo revolucionario, el peronismo revolucionario o el populismo revolucionario. Dentro de esto hay muchas figuras que fueron socialistas o comunistas en su juventud y después se transformaron en liberales o desarrollistas. Hay tam­bién socialistas que se hicieron tan moderados o conservadores que termina­ron apoyando el golpe militar del ’76, pero durante mucho tiempo cantaron la Internacional. Es decir, el criterio fue más inclusivo que exclusivo.

-¿Tu diccionario discute con el de Galasso?

–El sacó hace un par de años uno que se llama Los malditos: ahí están desde Juan Manuel de Rosas a Evita Perón, pasando por Abelardo Ramos. Son las figuras que él construye como no reconocidos por la historia oficial, que es una construcción como cualquier otra. A su vez se construye él mismo como maldito. Yo creo que ni esas figuras son hoy malditas en la historia, ni en la política, como tampoco lo es hoy Galasso, un best-seller que vende muchísimo y es más leído que Tulio Halperín Donghi. En la Feria del Libro había un puesto dedicado a Norberto Galasso, que escribe más de lo que yo puedo leer. Roberto Baschetti acaba de publicar dos tomos de los militantes peronistas. En un tono mucho menos historiográfico, con muchas menos pretensiones de rigor, de cientificidad y de completud que el que yo me propongo –pero él aclara ya en el prólogo sus intenciones que tienen más que ver con el afecto y el interés por determinados militantes que con hacer algo exhaustivo–, reconstruye de algún modo el mundo de la militancia peronista y, dentro de éste, el de la militancia peronista de izquierda. Yo me propuse incluir todo el conjunto del espectro de la izquierda, más allá de si me simpatizan o no me simpatizan los personajes.

-¿Estás seguro? ¿Nunca dijiste: “Este no entra y listo”? Más allá de los olvidos inconscientes...

–Al revés. Por ejemplo: “¿Quién me podría escribir hoy una biografía de Victorio Codovilla?”. Pero ahí reaccioné a la inversa. Dije: “Claro, hoy es fácil cuestionar a Victorio Codovilla”. Y te puede resultar paradójico que yo, que he sido parte de mi vida un trotskista y a mi modo lo sigo siendo, te diga esto. Pero una cosa era combatir a Victorio Codovilla cuando era poder y el stalinismo era poder. Hoy es muy fácil cargárselo, mostrarse pluralista, especialista democrático, comunista posmoderno, autonomista, todas las cosas que ahora pueden estar de moda para darlo por antediluviano, pero fue una figura prototípica de la izquierda del siglo XX. Entonces no lo podía dejar afuera. Con esto no es que lo esté valorizando. No digo “Codovilla es de izquierda y lo legitimo”. Como no digo “Galimberti es de izquierda y lo legitimo”. Los dos son personajes que, desde el punto de vista de lo que podría llamar casi mi sensibilidad de izquierdista, me repugnan.

-Dentro del nacionalismo ponés a Eduardo Astesano y no a Fermín Chávez...

–Porque hay algo de la autodefinición que yo respeto. Hay una distin­ción entre un Fermín Chávez nacionalista que publica sus libros en la edito­rial Teoría, nacional-fascista, un Jauretche que es un peronista orgánico antiizquierdista y un Hernández Arregui que sí incorpora el marxismo y quiere correr a los comunistas por izquierda pretendiéndose más marxista que los marxistas comunistas. Fermín Chávez es un tipo al que le fascina la figura de Germán Ave-Lallemant, autor de un libro, Memoria descriptiva de la provincia de San Luis, de 1882, que puede considerarse el primer esbozo de una interpretación marxista de la estructura social argentina a partir de la lectura del primer volumen de El Capital, un marxista argentino. Pero Chá­vez lo recupera desde el nacionalismo. Porque Fermín Chávez es un nacio­nalista cabal, como Arturo Jauretche es un populista antiizquierdista. Juan José Hernández Arregui, en cambio, es un nacionalista discípulo de Rodolfo Mondolfo, un lector de Marx que está permanentemente disputando el marxismo con la izquierda. Y Jorge Abelardo Ramos, si bien terminó siendo un funcionario de Menem, lo hizo desde un origen de izquierda. Es discuti­ble con relación a lo que yo sostengo –si me apurás hasta digo que es una claudicación de las ideas de izquierda frente al populismo–, pero la suya era una de las formas posibles de ser de izquierda en el siglo XX sin convertirse en un marginal como Milcíades Peña o Silvio Frondizi. Hay peronistas que re-radicalizan por izquierda y que vienen de la resistencia y se convierten en figuras de la JP, la JTP y de Montoneros.

-¿Y Felipe Vallese? ¿Por qué quedó afuera?

–Fue un clásico de la resistencia, una figura del peronismo combativo que por una cuestión epocal uno puede presuponer que se hubiera converti­do en una figura del peronismo revolucionario de los años ’60 y ’70, pero se murió sin recorrer ese espectro. Es más una construcción de la memoria que un itinerario militante. En las lecturas que se hace de cada una de las co­rrientes, para los socialistas los anarquistas son provocadores policiales, para los anarquistas los socialistas son politiqueros que transan con el Estado burgués, para los comunistas los socialistas son reformistas que claudicaron a la lógica del orden mercantil y del orden estatal, para los socialistas los comunistas son totalitarios que no responden a los verdaderos ideales del socialismo, y así hasta el infinito. Entonces yo tenía que descentrar cada una de las corrientes para tratar de pensar como historiador que la izquierda del siglo XX estalló en una multitud de líneas en disputa entre sí, una de las cuales es el peronismo revolucionario.

-Hay una tradición de no incluir a los vivos, pero eso también permite eludir a los adversarios presentes.

–Es una tradición que responde a una lógica atendible; ¿viste que Hegel decía que era posible conocer la historia cuando se cerraba un ciclo histórico y partía diciendo que el búho de Minerva emprende el vuelo de noche? De algún modo, el cierre de una vida te permite un balance de esa vida y de los distintos sectores que, a través del obituario de La Nación o el de la prensa partidaria, te permiten cerrar. La biografía de un Firmenich, en cambio, es una biografía relativamente abierta.

-Contame concretamente la historia de un perfil en donde hayas utilizado diver­sos materiales.

–Por ejemplo, muchas figuras que aparecen mencionadas alguna vez en las historias del movimiento obrero argentino, al cruzarlas con el diccionario de Maitron, me revelan que son figuras que tuvieron significación en Francia y aquí. Descubrí a un León Massenet que aparecía al mismo tiempo en una historia de la ópera en la Argentina, hermano menor de Jules Massenet, el músico francés. Un comunard que había sido teniente coronel del Batallón 215 de la Guardia Nacional durante el sitio de París, jefe militar durante La Comuna que se tiene que exiliar aquí. ¿Y de qué vive? De organizar eventos musicales. Entonces, con información de un diccionario del movimiento obrero francés, de una historia del movimiento obrero argentino y una histo­ria de la música, de tres pinceladas, armó un primer perfil.

-Tampoco incluiste a contemporáneos que fueron muy conocidos en su momento dentro de la cultura de izquierda, como un Mario Jorge de Lellis, Armando Tejada Gómez, Gerardo Pisarello o Nira Etchenique.

–Tomé tipos de mayor proyección político-intelectual como Álvaro Yun­que o Leónidas Barletta. Me parece que los otros giraron en torno de su órbita. Algunos fueron compañeros de ruta como Pedro Orgambide, Gerar­do Pisarello o Mario Jorge de Lellis. En cambio, un tipo como Alfredo Varela no ofrece ninguna duda porque fue un comunista orgánico. Ganó el premio Lenin, viajó varias veces a la Unión Soviética. Es una figura más representa­tiva del intelectual integrado en un partido que un Juan L. Ortiz, por ejem­plo. Porque, ¿quién no tuvo alguna vinculación o publicó alguna cosa en Cuadernos de Cultura u Hoy en la Cultura?

-¿Y Néstor Pelongher?

–Perlongher se hace más conocido después del ’76. Si extendiera el dic­cionario al año 2000, lo incluiría.

-Su militancia trotskista fue anterior.

–Pero se constituye después del ’76.

-Pero hay figuras que rescatás sin tener en cuenta la relevancia. Ahí está, me pa­rece, el límite de tu gusto.

–Seguramente el diccionario va a ser juzgado desde ahí.

-¿Cuáles personajes considerás como hallazgos de tu investigación?

–Hay un personaje que aparece en la fundación de la Primera Internacio­nal en la Argentina que se llama Stanislas Xavier Pourille, editor del periódi­co Le Revolutionnaire, adonde pone avisos ofreciendo todo tipo de servicios. Por ejemplo, ofrece lecciones de francés, inglés, ruso, alemán, latín y griego, y agrega: “Dirigirse de ocho a nueve de la noche al Sr Stanislao, Calle Co­rrientes 227, en el patio, altos”. Y debajo, otro aviso que dice: “Estanislao de París, discípulo del famoso doctor sifilógrafo Ricord. Curación sin mercurio de las enfermedades de las vías urinarias: sífilis, accidentes secundarios, llagas, incordios, acortamientos, etcétera”. También vende preservativos en frascos a 50 pesos la botella. Este personaje extraordinario de la época, mez­cla de racionalismo con misticismo, autodidacta, tipógrafo, es en Buenos Aires uno de los mentores de la segunda Section Française de la Association Internationale de Travailleurs au Buenos Aires.

-Descubriste algunos ascendientes, también militantes, de personajes de la iz­quierda actual en la Argentina.

–Los parientes, en muchos aspectos, saben menos. Entonces yo les cuento la historia pública y ellos me cuentan la privada. Intercambié información con Ricardo Janin, el marido de Maristella Svampa, que es bisnieto de Fran­cisco Janin, estibador anarquista francés, militante destacado de la Federa­ción de Estibadores de la Argentina, luego deportado por la Ley de Residen­cia. Alicia Dujovne Ortiz, para escribir El camarada Carlos, su padre, se instaló varios días en el Cedinci. La hermana de Daniel Hopen, dirigente estudiantil y organizador del frente cultural del PRT-ERP, sólo tenía de él una foto de documento. Pero yo tenía una de Joe Baxter en Cuba, adonde estaba con alguien que, tuve el pálpito, era Hopen. Y así fue; entonces, se la pasé a la hermana. En un momento me interesé por un Rinessi, estudiante de Derecho rosarino que formaba parte de la extrema izquierda militante por la reforma universitaria. Era antiparlamentarista, pro-revolución rusa, un anarco-co­munista. Lo llamé a Eduardo Rinessi. El me dijo: “Una tía abuela dijo que sí, es el abuelo, pero no lo vayan a poner dentro de un libro de izquierda”. Porque había terminado siendo un juez liberal conservador en Rosario. Me encontré con Luis Grüner, abuelo de Eduardo, conseguí una serie de docu­mentos y de cartas. Luego no incluí ni a Grüner ni a Rinessi porque no con­seguí suficientes datos.

-¿Preferidos?

–Hay personajes extraordinarios en los que para mí fue un placer bucear, como Virginia Bolten, una obrera del calzado feminista y anarquista. La imagino en el 1º de mayo de 1890 hablando en la Plaza López de Rosario y con esa bandera roja y negra que decía “1º de mayo Fraternidad Universal”. O Félix Weil, el hijo de un exportador de granos alemán que se convierte en el financista y fundador de la Escuela de Frankfurt, como decía él, “un co­munista de salón”. O Silvio Gesell, el padre del fundador de Villa Gesell, una especie de economista anarco-liberal que termina siendo ministro de la República de los Consejos de Baviera y que es presentado como un econo­mista por encima de Marx. O Raymond Wilmart, un enviado de Marx a la Argentina que se queda a vivir acá con una dama de la oligarquía cordobesa, estudia Derecho y se convierte en un abogado de la elite, socio de Aristóbulo del Valle, totalmente modernizador, prodivorcista, defensor de la autonomía del Poder Judicial frente al Ejecutivo. Ninguno de sus cinco hijos hereda las ideas del padre. Las cartas de Marx que él tenía, las de Paul Lafargue, yerno de Marx, fueron quemadas por una de sus hijas. Que alguien que había sido tan importante en el foro porteño hubiera sido un izquierdista resultaba incómodo. El cura Jerónimo Podestá es descendiente de Wilmart.

-¿Cómo llega a la Argentina?

–Desde el momento en que se decide mandar a un hijo rebelde de la no­bleza al culo del mundo es porque Marx le dice que en Buenos Aires surgió una sección de la Internacional y es posible que los anarquistas la monopoli­cen. Entonces tiene que llegar como marxista a dar un informe sobre el últi­mo Congreso y controlar el peso de los anarquistas. Pero se da cuenta de que acá no hay marxistas ni anarquistas. Los internacionalistas acá son socialistas internacionalistas en un criterio muy genérico, premarxistas y prebakuni­nistas, no entienden por qué la Internacional se divide en el último Congre­so. Hay, sí, exiliados franceses que tuvieron que salir corriendo luego de la Comuna, pero son cuadros medios que no han leído los textos fundaciona­les. Para Wilmart es un gran desconcierto, se decepciona del grupo que integra y que enseguida se disuelve. Entonces le explica a Marx –podés verlo en la carta– algo así como: “Acá es muy fácil llegar como inmigrante trabaja­dor y convertirse enseguida en pequeño patrón. No hay condiciones para la emergencia de un proletariado moderno y por lo tanto –te lo resumo– no hay posibilidades de leer El Capital. Yo repartí los fascículos de El Capital en francés, quedé para una reunión la semana que viene y no vino nadie. Toda­vía existen levantamientos de la barbarie en las provincias”. Lo dice por el de López Jordán. ¿Y qué hace este joven belga deseoso de aventuras revolu­cionarias? Se alista en las tropas para ir a sofocar la rebelión de López Jordán y termina siendo ayudante de Lucio V. Mansilla.

Conmueve ver en el diccionario la biografía política de muchos desapa­recidos integrada a un vasto cuerpo común de militantes revolucionarios de diversos períodos, una necesaria inscripción simbólica más allá del campo específico de los derechos humanos. Wilmart, el belga reconvertido en ar­gentino, todavía puede seguir su vida aventurera después de muerto y vol­ver, como en su juventud, a correr peligros: convertirse en personaje de novela histórica.

(Publicado también en La Hoja Latinoamericana, Nr. 101,
Uppsala, julio-septiembre de 2007)