Los historiadores e investigadores Froilán González y Adys Cupull son los autores del libro Sin olvido crímenes en La Higuera, publicado por la Editora Política (La Habana, 2007), y presentado en la Feria del Libro de la Paz, capital de Bolivia, así como en la patria chica del comandante Ernesto Guevara de la Serna.En ese texto, escrito con apego a la verdad histórica y afecto entrañable a la legendaria figura del Guerrillero Heroico, los también escritores y periodistas incluyen las palabras de los colegas Miralys Sánchez Pupo y José Dos Santos, vicepresidente primero de la Unión de Periodistas de Cuba, así como las reflexiones del escritor Enrique Cirules y una valoración del analista político Ramiro Bouzón García.
Dicha obra se sustenta en una exhaustiva pesquisa histórica que duró varios años, y se estructura en una serie de valiosísimos testimonios obtenidos mediante entrevistas a militares, intelectuales, periodistas, médicos forenses, sacerdotes y ciudadanos bolivianos, pertenecientes a los más disímiles estratos sociales, que estuvieron implicados -de una u otra forma- en los hechos que culminaron con el asesinato del Che en la escuelita pública de La Higuera el 8 de octubre de 1967; y que, en una primera indagación realizada in situ por los colegas Froilán González y Adys Cupull, se negaron a revelar su verdadera identidad, porque sobre ellos pesaba la “ley del silencio” (al estilo de la mafia siciliana), ya que la orden de eliminar al mítico combatiente argentino-cubano salió de la Casa Blanca, mientras que la tenebrosa CIA -a través de sus agentes en la nación andina- la transmitió al general René Barrientos y a un selecto grupo de oficiales, para que se cumpliera sin excusa ni pretexto… Lo que ignoraban, tanto en Washington, como en el cuartel boliviano de la CIA y en la cúpula militar gobernante, era que ese monstruoso crimen le abriría la puerta ancha de la historia, y por ende de la inmortalidad, al Héroe de la Batalla de Santa Clara. Ahora bien, los entrevistados accedieron a revelar sus nombres, direcciones, profesiones y demás datos generales que permiten su identificación, ya que esa página sangrienta en los anales de la historia del país suramericano quedó sepultada para siempre.
En Sin olvido…, los autores muestran el dossier de los asesinos directos e indirectos del Che: el sargento del ejército boliviano Mario Terán (ejecutor material), así como los cubano-americanos Félix Rodríguez, quien le ordenó al militar “[…] que debía dispararle [al comandante Guevara] por debajo del cuello, porque tenía que parecer muerto en combate [...]” (p. 146), Julio Gabriel García, quien le mutiló las manos al cadáver, y Gustavo Villoldo Sampera, quien maltrató de obra y de palabra al combatiente herido y lo despojó de muchas de sus pertenencias personales, que ahora está subastando en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana.
Froilán González y Adys Cupull describen -por boca de los oficiales entrevistados- las tirantes relaciones entre las fuerzas castrenses, los diplomáticos norteamericanos y los agentes de la CIA (el poder oculto), quienes consideraban intelectualmente inferiores a los bolivianos, así como al resto de los hijos de Nuestra América; actitud prepotente, que José Martí recoge en una de sus frases antológicas: “[…] solo desdeña a los demás quien en el conocimiento de sí halla razón para desdeñarse a sí mismo”.
Con apoyo en fuentes documentales y en informes aportados por los legítimos protagonistas de Sin olvido…, se demuestra la autenticidad de los restos del comandante Guevara, que hoy duermen el sueño eterno en el monumento escultórico erigido en honor al Guerrillero Heroico en la indómita ciudad de Santa Clara, donde los miembros del Destacamento de Retaguardia esperan la orden de su jefe para entrar de nuevo en combate por la libertad de la patria grande latinoamericana soñada por Bolívar, Martí y el Che.
La lectura serena y profunda del libro Sin olvido crímenes en La Higuera, cuyo proceso de elaboración y redacción Froilán González y Adys Cupull lo percibieron como vivificante ejercicio intelectual y espiritual, deviene suave caricia a la mente y el alma de los amantes de la vida y la obra del comandante Ernesto Guevara de la Serna.
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