Escribe
Massimo Modonesi
La primera semana de octubre, en la Universidad de París X, se realizó el v Congreso Marx Internacional que, en esta ocasión, centró la mirada sobre el altermundismo y su relación con el anticapitalismo y un cosmopolitismo alternativo.
A lo largo de varios días y de múltiples y simultáneas mesas de trabajo, casi 150 académicos e intelectuales de todos los continentes dieron vida a una gran variedad de debates relacionados con la comprensión del mundo actual.
Destacó la presencia latinoamericana por cantidad de participantes, pero, sobre todo, por el interés que despierta el momento histórico que vive la región y los movimientos contrahegemónicos que lo protagonizan. En este sentido, los marxistas europeos miran y admiran las experiencias latinoamericanas como un escenario de apertura de posibilidades alternativas a partir de la emergencia de las luchas sociales y sus cristalizaciones políticas. Por otra parte, la notable presencia latinoamericana demostró cómo una parte significativa de la intelectualidad de la región usa el marxismo como instrumento de crítica social como herramienta teórica para entender a los conflictos que atraviesan a sus países y como referente para proyectarlos a partir de la acción militante, tanto intelectual como propiamente política.
Justamente es en esta triple dimensión del marxismo donde radica su vigencia. El Congreso mostró la vitalidad de un pensamiento que combina crítica, conocimiento y acción de cara a la realidad del neoliberalismo capitalista mundializado. Es evidente que, conforme se fue agotando la capacidad hegemónica de este modelo, fue creciendo y cobrando relevancia la recuperación y renovación de un pensamiento antisistémico como el marxismo. Al mismo tiempo, como se hizo patente en el Congreso, el marxismo contemporáneo se enriquece y alimenta no sólo de la polémica contra el pensamiento dominante, sino también a través del debate en su propio seno. La proliferación de enfoques marxistas parte de una matriz común que, más allá de las referencias a la obra de Carlos Marx, se alimenta del consenso en torno a una forma de pensar la estructura y la dinámica social, una apuesta por la articulación de las dimensiones que las componen y el ensanchamiento de la mirada más allá de las concreciones nacionales. Como se pudo observar en las numerosas mesas y presentaciones del congreso de París, de esta matriz se desprenden tanto aproximaciones disciplinarias como líneas de debate a partir de un tronco teórico que se ramifica y florece en distintas direcciones. Los debates en el marxismo, o entre los marxismos, fueron y son la fuente que aporta un sorprendente flujo en el tiempo a una corriente de pensamiento que tanta veces en la historia fue dada por muerta y enterrada.
En la Babel que fue la Sorbona y la Universidad de París X, se escucharon los análisis sobre la mundialización y el imperialismo de un economista egipcio que vive en Senegal (Samir Amin), la valorización de la resistencia de la mujeres campesinas por una socióloga de India que estudió en Inglaterra (Gayatri Spivak), las reflexiones sobre el internacionalismo por un filosofo francés que nació en Argelia (Daniel Bensaïd), la evocación de la memoria del Che y sus lecciones para el presente por un intelectual brasileño que vive desde hace décadas en Francia (Michael Löwy), el balance y las perspectivas de las luchas latinoamericanas por un sociólogo brasileño que dirige una institución latinoamericana (CLACSO) con sede en Buenos Aires (Emir Sader), el análisis de las luchas anticapitalistas en el mundo por un alemán itinerante (Wolfgang Fritz Haug), el análisis de las nuevas formas de explotación del trabajo por parte de otro brasileño (Ricardo Antunes), la valorización creativa del corazón teórico del pensamiento marxista por un filósofo y un economista franceses que encabezaron la organización del congreso (Jacques Bidet y Gérard Duménil) y muchas más intervenciones críticas y propositivas sobre el tiempo que nos tocó vivir. En particular, además de los típicos tópicos marxistas, fue notable la calidad y cantidad de estudios sobre el campo y la ecología, nuevas y fecundas vetas de comprensión de la realidad actual.
Internacional no fue sólo la forma que asumió el Congreso, sino que internacionalistas tuvieron que ser sus conclusiones. Afloró el internacionalismo de una forma de pensar el mundo, acompañado del internacionalismo de la búsqueda de respuestas políticas a la opresión, la alienación, la explotación y la mercantilización. Sintonizado con las luchas emancipatorias que recorren el globo, el Congreso de París cumplió con su propósito de avanzar hacia un cosmopolitismo alternativo tanto a la mundialización capitalista como a los nacionalismos egoístas y racistas que la atraviesan. Como escribía Antonio Gramsci: “Se puede preveer ‘cientificamente' sólo la lucha, pero no los momentos concretos de ella”. A pesar de la incertidumbre del proceso histórico, los marxistas reunidos en París parecen no titubear frente al compromiso político e intelectual que les corresponde.
(De La Jornada Semanal, N° 658, México, 14 de octubre de 2007)

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